Miércoles, 19 de Junio del 2013
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29 de Junio del 2012
La felicidad contenida de la hinchada celeste
El triunfo de de O'Higgins puso contenta a la gente de Rancagua. Todos celebraron y se emocionaron, pero con moderación. Todavía falta lo más importante para ser campeón.
Francisco Espinoza
Fotos: Marco Lara
En la galería angostura del estadio El Teniente no había espacio para más gente. Faltaban cuarenta y cinco minutos para el inicio del partido entre O'Higgins y Universidad de Chile y la tribuna norte ya estaba repleta. Los rezagados subían por las escaleras, sándwich de “potito” en mano, para tratar de conseguir una buena ubicación. Tuvieron que quedarse en las escaleras. “Esto está revendido”, reclamó más de alguno.
Una de las personas que llegó hasta El Teniente hizo un viaje de 24 horas, desde Antofagasta a Rancagua, para ver el encuentro más esperado de su vida. “Hace doce años me fui de esta ciudad, buscando un mejor horizonte. Fue un viaje atropellador, un día entero. Llegué hoy (ayer) a las seis de la mañana, pero todo vale la pena por la celeste. Soy fanático de toda la vida”, dijo Patricio Abarca, quien, a cinco minutos del pitazo inicial, vaticinó que O'higgins se llevaría el triunfo por 2-1.

La gente, bajo la constante lluvia, todavía estaba pidiendo que sacaran los paraguas que obstaculizaban la visión, cuando el paraguayo Rodrigo Rojas abrió la cuenta. No iba un minuto todavía y ya los hinchas celestes habían gritado un gol. No iban cinco minutos y ya se habían tomado la cabeza porque una pelota dio en el palo de Johnny Herrera y no quiso entrar para ser el dos cero.
La lluvia no molestó particularmente a la gente. Aguantó estoica, desde los más adultos hasta los niños, el agua que no paró de caer nunca. Los fanáticos estaba irritados con Jorge Osorio, árbitro del partido, y sus cobros, según los seguidores de O'Higgins, siempre favorables a Universidad de Chile. “El árbitro ha sido pésimo ha cobrado todo el rato contra O'Higgins”, dijo Paola Jara en el descanso, ya más calmada y sin recordar a la madre del juez. “Estoy contenta, porque los jugadores han jugado con mucho esfuerzo y ganarán porque se lo merecen”, agregó para olvidarse un poco del hombre que impartió justicia dentro de la cancha.

Con el partido empatado a un gol, los fanáticos se repartieron entre aquellos que no paraban de cantar y los que, de puro nervio, guardaban un forzado silencio. Pero todos se unieron en el grito de gol para festejar la anotación de Alejandro López a los setenta y dos minutos. Los abrazos, y más de alguna lágrima, aparecieron como nunca en la tribuna angostura, la trinchera celeste.
Al final, con el primero paso dado sobre tierra firme, la gente salió del estadio El Teniente con la esperanza de ser campeones el próximo lunes en Santiago. “Estoy feliz... falta un partido. Sufrí mucho”, dijo José Quezada, hincha de O'Higgins desde hace “hartos años”, con los ojos remojados en lágrimas.

“Estoy disfónico. No podré ir a Santiago, pero espero festejar el título acá en Rancagua. ¿Un resultado para la vuelta? Campeones, porque tenemos mucha hambre de ganar”, dijo Boris Paez.

Un hincha, embriagado por el triunfo y la emoción de título cada vez más cercano, aseguró que el último partido de este O'Higgins será contra el Barcelona, en Tokyo. “Allá nos juntamos todos”, afirmó el “maleta” Méndez, según el mismo dijo llamarse.

Estaban todos felices, eso fue innegable, a la salida del estadio. Pero era una alegría contenida, porque todavía falta el partido de vuelta. Aún restan noventa minutos para que la hinchada del Capo de Provincia, esa que repletó El teniente, pueda gritar campeón con todas las de la ley.
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