El primer informe del Estado de Medio Ambiente dio a conocer la realidad del país en este sentido, arrojando una situación muy preocupante para ciudades como Rancagua, Curicó y Coyhaique que presentan la peor calidad del aire en todo Chile. Estos resultados son una muestra más de los problemas que enfrenta la capital regional en esta materia, y que ponen en voz de alerta la salud de todos quienes viven en la ciudad y sus localidades aledañas.
La contaminación es un problema que tiene gran incidencia en la salud de las personas, aumentando la morbimortalidad, es decir, acelerando el número de enfermedades y la muerte de pacientes que ya están enfermos. Tal realidad tiene que ver con la situación geográfica de Rancagua, Santiago y otras ciudades, a raíz del cordón de montañas que propicia ciertas condiciones meteorológicas, las cuales impiden el recambio del aire urbano y por tanto, favorecen la acumulación de contaminantes en la atmósfera.
A lo anterior, se suma “la sobrepoblación de vehículos y de fábricas que son emisores de contaminantes, situación que se podría modificar en parte, cambiando los hábitos de movilización y las condiciones de desplazamiento de las personas, cosa que tampoco es muy fácil de hacer cuando los chilenos en Rancagua y Santiago se tienen que desplazar mucho rato respirando este aire contaminado”, explica la presidenta de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias y académica de la Universidad Andrés Bello, Carolina Herrera.
Según explica la profesional, la contaminación produce efectos inmediatos como, por ejemplo, “irritación de las mucosas, infecciones y agrava las enfermedades crónicas pudiendo llevar a la muerte. Además, puede generar consecuencias crónicas, propiciando el aumento sistemático en las descompensaciones de los enfermos crónicos y a largo plazo, aumento de los casos de cáncer en esas poblaciones”, agrega.
En este sentido, la doctora Herrera, indica que las partículas PM10 y PM2,5, material particulado de 2,5 micras, llegan a los alvéolos y producen irritación e inflamación y por tanto, son las causantes de un aumento en la incidencia y gravedad del virus sincicial en los niños o del virus influenza en los adultos.
En cuanto a los cuidados y precauciones, señala que es importante poner un mayor énfasis en las poblaciones más vulnerables como los menores de cinco años, los enfermos respiratorios y cardiacos crónicos, las embarazadas y los pacientes mayores de 65 años. Estos grupos deben ser vacunados contra la influenza estacional, neumococo y evitar hacer ejercicio físico durante los días de mayor contaminación.
Finalmente, destaca que el efecto a corto y mediano plazo de los contaminantes está determinado, fundamentalmente, “por la dosis efectiva producto de tres factores: el tiempo de exposición, la concentración aérea del contaminante y el nivel de contaminación. Como no se puede cambiar la concentración del contaminante y el tiempo de exposición si una persona tiene un recorrido que hacer para ir al colegio o a su trabajo que es fijo, lo único que se puede hacer es evitar que se exponga y eso significa suspender algunos días de clases, que no hagan ejercicio para que no aumente la ventilación y los adultos deben estar en sus casas”.