Desempeñó tantos y honrosos cargos, ejerció tantas tareas públicas, brilló en numerosas de sus actividades y dejó tantas huellas de su paso por la vida en su patria chilena, que es fácil omitir u olvidar algunas cuando se intenta reducir a pocas líneas algunos rasgos biográficos de don José Victorio Lastarria, el más ilustre de los hijos de Rancagua en el siglo XIX.
Nacido en la ciudad que aún estaba destruida tras la sangrienta batalla que la arrasó el 1 y 2 de octubre de 1814 y de la cual sus padres fueron testigos presentes, el pequeño José Victorino abrió sus ojos a la vida en 1817, con el sello imborrable de “rancagüino”.
Como en esta columna disponemos de pocas líneas, no puedo evocar, en forma extensa, la actuación como Diputado por Rancagua, de don José Victorino, elegido en 1849, con 32 años de edad. Al asumir su cargo, lo primero que hizo fue enviar, impresa en un folleto, una “carta a los rancagüinos”, agradeciendo la elección y fijando claramente su posición política y sus ideas sobre la legislación y el Gobierno de la nación. Muy pronto se convirtió en el virtual “jefe” de la oposición. El historiador Virgilio Figueroa dijo que “sus discursos eran metralla que aportillaba los bastiones ministeriales”.
Pocos meses después, en noviembre de 1850, se produjo un comienzo de motín en Aconcagua. El Gobierno reaccionó decretando el estado de sitio y ordenando la detención de varios opositores, entre ellos Lastarria, junto a otras conocidas figuras políticas, como Francisco Bilbao, José Zapiola y otros. Lastarria fue desterrado al Perú y permaneció un tiempo en Lima, hasta que pudo regresar a Chile. Pero, en abril de 1851 fue nuevamente desterrado al Perú.
En 1855 fue elegido diputado, pero por Copiapó y Caldera. Tres años más tarde se presentó a la reelección, esta vez por Valparaíso, volviendo a la Cámara.
Fue famosa la frase con que respondió a un ataque verbal de otro diputado, que en forma de burla, dijo que le reconocía su talento. La respuesta de don José Victorino fue altiva y tajante: “Sí, tengo talento y lo luzco”…
Terminado el período, se dedico preferentemente a escribir, publicando varias obras y desempeñándose como Ministro y como embajador de Chile en el Perú, Argentina, Brasil y Uruguay.
En 1864 volvió a ser elegido diputado por Valparaíso y posteriormente por La Serena y después por Quillota. Más tarde fue nuevamente Ministro de Estado y luego Ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago y Ministro de la Corte Suprema de Justicia.
Lastarria falleció en Santiago el 14 de junio de 1888. La noticia fue recibida con hondo pesar en Rancagua, en donde se rindieron merecidos homenajes a su memoria.