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Roberto Gallegos Olivares, ex profesor de matemáticas del Instituto O’Higgins

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Nadie imaginaría que este rancagüino —reconocido por su labor de docente durante 42 años en el colegio Marista de la ciudad— no haya querido serlo. “La arquitectura era lo que me gustaba, pero la vida quiso otra cosa”, dijo orgulloso de su decisión y de su trayectoria. Uno de los recuerdos más preciados por el profesor Roberto Gallegos: La camiseta de O’Higgins, regalada por el 4º C Matemático del IO, promoción 2001. Conozca de su vida como profesor, de sus gustos y reflexiones en esta entrevista que marcó el 2009 el término de una carrera docente —a todas luces— emocionante y exitosa.
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Alvaro Rivera E.

Fotos: Nico Carrasco / Alvaro Rivera

 

Gallegos cree que para estudiar matemática “uno debe ser constante. Porque si haces ejercicios, terminas dándote cuenta que la matemática es un juego”, explicó. Fueron 42 años. Todo ese tiempo enseñando matemáticas a más de seis o siete mil alumnos de diversos colegios de la ciudad. Pero, sin lugar a dudas, Roberto Gallegos Olivares se ganó un espacio en el colegio de toda su vida: el Instituto O’Higgins.

Ingresó a los seis años como alumno. “Desde 1951 que estoy en los Maristas”, cuenta de entrada. Y agrega: “lo que pasa es que en mi familia, los tres hermanos que tuvo mi mamá, estudiaron en el Instituto. Y sus hermanas lo hicieron en el Sagrado Corazón.

Mi madre quería que estudiara en los Maristas. Ella me llevó a una entrevista. En ese tiempo, estaba el hermano José Belarmino. Entonces, siempre cuento como anécdota, que cuando él me preguntó qué quería ser cuando grande, mi idea —porque vivía en el camino nuevo de la ciudad— era ser chofer de camión. Y quedé —en ese tiempo— en el kinder elemental. Y no sé porqué motivo, éramos 64 alumnos. Lo sé por la foto, porque me di el tiempo en el colegio de buscar dónde estaba. Y de ahí, nos separaron en tres cursos. No sé si fue por notas o por edad, pero yo quedé en segundo. Y de esos 64, nueve egresamos juntos de sexto humanidades, el 61’”.

 

LUEGO DE ALUMNO, PROFESOR

Volvió al colegio —ya como docente—, cuando se encontró de casualidad en la Plaza de Los Héroes –en 1967 con sólo 22 años- con el hermano español Eduardo Daniel Fernández. Cuenta Gallegos: “él había sido mi profesor de matemáticas y cuando me lo encontré, me dijo que andaba buscando un profesor del ramo. Yo ya estaba haciendo clases en la Escuela Industrial Superior Nº 1 que quedaba en Baquedano. Él tenía mucho trabajo como director del colegio y necesitaba dejar horas. Al principio, no quise aceptar, ya que estaba estudiando la pedagogía en la Universidad Técnica del Estado. Pero el hermano me dijo: ‘Roberto: me lo agradecerás después’. Entonces, a los pocos años, tenía la jornada completa. Y ahí ingresé de lleno a los Maristas. A quien le debo mi trabajo es al hermano Eduardo, que fue mi profesor de matemática. Así que imagínate: mi gusto por los números se lo debo a él”.

Como anécdota, Gallegos cuenta que años más tarde, Fernández fue director del Instituto Inglés. “Y también me vino a buscar. Fue a conversar conmigo, pero no acepté, porque yo llevaba hartos años en los Maristas. Cerca de 20 años. Y creo que le achunté medio a medio”.

Me imagino que cuando anda en el centro de Rancagua, se debe encontrar con muchos alumnos y ex alumnos que lo saludan…Roberto Gallegos recibió un reconocimiento de parte del Hermano Rector, Aldo Passalacqua.

-“Claro. Imagínate que he sacado la cuenta, y de los puros Maristas, deben ser unos tres mil ex alumnos acá en Rancagua. Y sus familias también me conocían. Pero ocurre que también trabajé en el Industrial, en el Inacap y en la Técnica del Estado, cuando en Rancagua estaba el Tecnológico. No (reflexiona)… acá en Rancagua debo haberle hecho clases a unos seis mil o siete mil alumnos, hablando en cantidad. Ahora, en el caso de los Maristas, generalmente, el ex alumno está bien posicionado. Entonces, organismo que uno vaya, siempre vas a conocer a alguien que te saluda”.

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Y ahí, ¿como está la memoria?

-“No. A mí, los apellidos se me olvidan, pero las caras no. Yo ubico a la mayoría”.

¿Cómo fue convivir durante tantos años con esa disciplina y con la calidad educativa del Instituto?

-“Antes la disciplina era más estricta. A mí, por ejemplo, me hizo clases el hermano Ismael, a quien le decían ‘el Rey de los Hunos’. Y en el tiempo que yo estudiaba, eran muy comunes los castigos. Nos colocaban frente a una columna los miércoles. Otras veces, nos hacían ir temprano en la mañana. Y te hacían estudiar El profesor Roberto Gallegos junto a su esposa Angélica Vargas, su hija Carolina y su nieto Pedro. cualquier cosa: una poesía, las tablas. Y en ese tiempo, uno respetaba mucho a los hermanos. Eran como dioses. Ahora, la posición del profesor creo que es más incómoda. Uno ve que —da no sé que decirlo—, pero ve mucho desastre en los cabros. Cosa que antes no ocurría”.

¿Cómo observa usted el tema de la educación en el país?

-“Es complicado. Porque creo que el profesor ha perdido autoridad. Ése es el problema. Hace 15 ó 20 años, todavía el profesor era autoridad. Pero yo creo que esa facultad se ha perdido en todo orden de cosas”.

 

DEL “CÍRCULO PERFECTO”, O’HIGGINS Y OTRAS HIERBAS

Muchos de sus alumnos y ex alumnos se preguntan, ¿cuál es la historia del “círculo perfecto”?

-“Siempre me ha gustado hacer geometría. Y las figuras geométricas dibujadas en la pizarra, me quedaban muy bien. Excelentes. Todos me echaban tallas, porque dibujaba un círculo perfecto. Y lo malo es que con la trombosis que sufrí, perdí esa habilidad. Perdí la movilidad de la mano derecha. Me cuesta escribir, y me cuesta ahora dibujar. Por eso, ahora me salen unos mamarrachos”, dice con un dejo de conformidad.  

Amante del ajedrez y de las canciones de Julio Iglesias —“mis hijos nos regalaron a mí y a mi señora las entradas para el concierto que dio en Santiago este año”— esto no se compara con su fanatismo por el equipo de sus amores: O’Higgins de Rancagua.

Socio del club, incluso recibió el homenaje de la institución, cuando en un acto realizado en el patio del colegio, se le entregó una camiseta firmada por todo el equipo. Rememora el profesor: “unos alumnos me habían dicho que andaban en el colegio algunos jugadores del plantel de O’Higgins. Yo no creía mucho. Pero cuando sonó el timbre, y hacen formar a los cursos, aparecen los jugadores con personeros del club, y por los altoparlantes, dicen: ‘además de saludar a nuestros hinchas, queremos en esta ocasión homenajear a un gran profesor, fanático del club rancagüino’. Y me hacen pasar adelante. Imagínate mi impresión. Fue un gran momento ese”, recuerda emocionado.

Y agrega otro detalle: “como los alumnos sabían de mi gusto por el fútbol, una vez un curso me regaló una camiseta de la selección chilena, firmada por Elías Figueroa, que decía: para mi gran amigo Roberto Gallegos. Y yo nunca conocí a Figueroa, salvo que lo admiré como jugador”.

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Asiste siempre que puede al Estadio El Teniente. “Mis alumnos me ven en el estadio. Y vibro con el O’Higgins. Ojalá alguna vez salga campeón”, es su deseo más profundo. 

Volvamos al tema de las matemáticas. ¿Cuál fue su mayor motivación para enseñarlas?

-“Si no hubiera hecho clases de matemática, no habría durado más de cinco años en los Maristas, porque no tengo mucha personalidad y la matemática fue como un escudo. Uno estaba viendo la materia, los ejercicios. Y si los alumnos no se subían al carro, estaban jodidos”. 

De la matemática, ¿qué le gusta?

-“Hacer y explicar ejercicios de geometría. Aunque sé que toda la matemática es fundamental. Pero me encanta la geometría porque uno lo ve y lo aprecia. A mí sólo me gusta hacer clases de esto”.

¿Y cuál cree usted que es el secreto, o el camino a seguir para alcanzar el éxito en la asignatura?

-“Para estudiar matemática, uno debe ser constante y hacer ejercicios, porque el problema es que los alumnos no se preocupan. Si haces ejercicios, luego te terminas dando cuenta de que la matemática es un juego. Pero si tú miras la materia, sólo haces tres o cuatro, y te va mal en la prueba. Ahí esta el problema. Uno debe dedicarse, ser constante”. 

 

MÁS AMIGOS QUE EX ALUMNOS (Y UNA EMOTIVA DESPEDIDA)

Uno de los recuerdos más preciados por el profesor Roberto Gallegos: La camiseta de O’Higgins, regalada por el 4º C Matemático del IO, promoción 2001.De sus más de tres mil ex alumnos, Gallegos dice que los recuerda a todos “con cariño”. “Es que no podría ser tan malo para no hacerlo. Hay mucha gratitud con muchos de ellos. Pero no me gustaría nombrar a nadie en particular, porque como le digo, la gratitud hacia mi persona ha sido mucha”. 

Y agrega uno de los momentos más emotivos de la conversación. “La gracia es que me fui del colegio con mi nieto Bruno. Él salió de cuarto medio, y le hice clases. Y siempre le decía: cuando egresemos los dos, ahí me voy”.

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La ceremonia de despedida y reconocimiento fue muy emotiva. Realizada el 17 de noviembre pasado en el Salón de Honor del colegio, participaron en ella el Hermano Rector, Aldo Passalacqua y todo su Consejo Directivo, los profesores, administrativos y auxiliares, sus actuales alumnos y los siempre fieles ex alumnos. Pero lo que más resaltó, fue la presencia de sus ex compañeros de curso, quienes asistieron en gran cantidad. Además, por supuesto, de los integrantes de su familia, esposa, hijas(os) y nietos.

Durante la presentación, se mencionaron diversos aspectos de la vida de Gallegos. Tanto como alumno y también como profesor, destacándose siempre por sus grandes virtudes como maestro, amigo, buen profesional, preocupado y siempre atento al cuidado de su familia. Todos estos antecedentes fueron conocidos por los diversos oradores que tuvo la ceremonia, entre los que estuvieron un compañero de su promoción, el actual diputado Esteban Valenzuela Van Treek (ex alumno), el profesor Antonio Aguirre y el alumno de 4° medio Guillermo Schade, más el emocionante testimonio de su nieto Bruno.                        

Luego vinieron los reconocimientos de todos los colegas, apoderados y de manera muy especial, una serie de saludos de Hermanos Maristas que compartieron en algún momento de los 42 años de docencia de Gallegos. Por esto, el Hermano Rector leyó los afectuosos saludos de los Hermanos Mariano Varona, Santiago Rosas y Jesús Pérez, como también de los Rectores Patricio Ramírez, Claudio Castillo y Claudio Arellano.

Al terminar, fue el propio Roberto Gallegos quien se dirigió a la audiencia para manifestar su más sincero agradecimiento por estos maravillosos años que lo ligaron al colegio.

¿Se emocionó en la ceremonia?

-“Sí. Es que estuvo muy bonita”.

¿Deja a grandes amigos en el colegio?

-“Es que me pasa igual que con los alumnos. A todos los estimo, pero si tengo que nombrar a alguien, nombraría a Pedro (González) y a Valentín (Palma). Mis colegas de departamento”.

Por último, en su casa —y particularmente en su oficina—, Gallegos dice que el “vive”. “Aquí yo hago lo ejercicios, las guías. Están todos mis libros. Y tengo todos lo materiales para trabajar”.

¿Se ha debido renovar?

-“Sí. Como en cualquier orden de cosas, si tú no te actualizas, estás condenado a que te vaya mal. Me pasó con la computación: estuve obligado a aprender. No soy un superdotado, pero sé ocupar lo básico. Además que el computador es una ayuda extraordinaria”.

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Por último, ¿es feliz con lo logrado?

-“Soy tres veces feliz”.

 

RECUADRO (CON FOTO FAMILIA)

 

LA FAMILIA

 

Gallegos lleva 38 años de matrimonio junto a Angélica Vargas. De la unión de ambos, nacieron tres hijos: la mayor, Carolina (técnico profesional); Jimena (diseñadora gráfica); y Roberto (ingeniero en Ejecución en Gestión Industrial de la Universidad Federico Santa María).

Y es feliz abuelo de cuatro nietos: Bruno, Pedro, Alonso y Raimundo. Explica Gallegos: “todos viven en Rancagua. Y mi hijo también es ex alumno Marista”. Y es también un feliz padre: “con mis niños he tenido suerte, son buenas personas y siempre vienen a almorzar conmigo los domingos. Además que todo el esfuerzo que uno hizo por ellos, está absolutamente retribuido. Siempre tuve que trabajar en dos partes, ya que con un sueldo no alcanzaba.  Trabajaba hasta las 11 de la noche. Y como tenía a mis tres hijos estudiando, debía hacerlo nomás, ya que mi señora siempre fue dueña de casa. Soy feliz como abuelito y como padre”.

 

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