Síguenos

Destacada

La dolorosa caída ante Cobresal en El Teniente

Publicado

el

– Era predecible: si el equipo no ganaba, todos se iban encima contra técnico y dirigencia, terminó siendo así en un partido que se les vio nerviosísimos por la presión de su hinchada. ¿Lo peor? Que frente a Audax Italiano hay tres bajas confirmadas: Albert Acevedo, Gonzalo Ludueña y Marco Villaseca.

Alexis Apablaza Campos
Fotos: Héctor Vargas

La condena de O’Higgins parecía clarísima en la previa: sólo un triunfo podía salvarlo de ella, mientras que un nuevo traspié podía definitivamente mandarlo al infierno con todo el Estadio El Teniente como verdugo. Ya pasó hace un año con Jorge Sampaoli, y de acuerdo al ambiente previo, no podía sorprender que ocurriera lo mismo la noche del viernes con la escuadra de Roberto Hernández.
La imagen que quedó en Concepción de un equipo nervioso y presionado no cambiaría demasiado en El Teniente. Los jugadores acusaron al final del partido que los insultos venían desde el momento en que comenzaron el trabajo precompetitivo: es decir que la situación estaba mal antes del inicio de esta historia.
Que O’Higgins salió a buscar el triunfo desde el inicio es algo que a nadie le queda duda, en lo que puede variar el análisis es en el cómo lo hizo. Al frente tenía a un Cobresal dirigido por Luis Musrri, un técnico que como tal sólo ha sacado sonrisas de Rancagua porque pareciera que su estilo pragmático siempre le da buenos dividendos en El Teniente, si no pregúntenselo a Jorge Sampaoli y todos los dolores de cabeza que le dio cuando el ex capitán azul dirigía a Palestino.
Con ello el libreto de los primeros minutos consistía en que el Capo de Provincia saldría a buscar, con poca claridad eso sí, y Cobresal a esperar la generación de espacios o bien a disparos mediante pelota parada.
La primera ocasión clara del partido llegó a los 15’, la que se generó gracias a un tiro libre de Mauricio Aros que da en el poste, rebota en la espalda de Luis Rogel y termina en el lanzamiento de esquina.
Mientras el cuadro de El Salvador no tenía las opciones, una llegada cambia todo. Enrique Osses ve una falta en el área celeste y decreta penal a favor de Cobresal. Federico Elduayén no duda en reclamar aduciendo que la jugada fue fuera de la línea, algo que el juez ratifica al consultarle a Marcelo Barraza, el asistente que corre por esa banda.
Lo que pasa con el lanzamiento es intrascendente, pero sin duda que marcó un precedente para el trámite del partido. Cobresal entendió que podía hacer daño ante un cuadro nervioso y que ante el leve estímulo podía caer en el juego brusco producto de la ansiedad. Así a los 34’ una falta pasados los tres cuartos de cancha celestes, permiten que José Galvan ejecute un tiro libre, éste la levanta al área y encuentra totalmente libre a Jean Paul Pineda que de cabeza bate a Elduayén en la entrada del área chica.
¿Derrota merecida? Con Musrri en el banco no se puede hablar de aquello, puesto que su libreto siempre ha consistido en esperar que el espacio aparezca y hacer daño. La historia, en el primer tiempo, sólo un atisbo de cambiar a los 41’, cuando Samuel Teuber encara por su derecha y antes de llegar a la línea de fondo decide darle al arco, el balón sorprende a Rogel e incluso éste cruzó más de la mitad del arco sin ingresar totalmente hasta que el portero se quedó con el balón.

PERDIÓ LA BRÚJULA
Las expectativas para el complemento estaban en el banco, se esperaba que los ingresos de Gonzalo Ludueña y Roberto Gamarra le dieran otro tinte al equipo. El trasandino partió en cancha con el inicio del segundo tiempo e ilusionó a los cuatro minutos tras conectar un tiro libre que pasó cerca del palo, pero nada más; en tanto que el guaraní entró minutos después y nuevamente se le vio desenchufado de sus compañeros.
A los 65’ Álvaro Pintos se ve libre, por lo que al levantar la cabeza y notar los metros de adelanto de Elduayén, optó por levantarle la pelota, obligando al “Vikingo” a quedarse con la bola en segunda instancia. En el intertanto los gritos exigiendo la salida de Roberto Hernández y la petición a los jugadores de “ir para adelante” se hacían más latentes.
Así llegó el minuto 72, momento de la mejor jugada del partido de los celestes por su asociación colectiva. Samuel Teuber agarra el balón en la entrada del área e intenta darle, pero la defensa despeja; el balón lo toma Aros por derecha buscando el centro, pero nuevamente la última línea lo impide; quien insiste es Ludueña quien sí logra que el balón llegue a la zona de peligro de los rivales, Rogel puñetea y es Yerson Opazo quien de la entrada del área le da de lleno pasando el balón bastante cerca de la portería.
Fue el momento para los aplausos. Independiente de que no fue gol, la jugada plasmó el deseo del hincha: fútbol ofensivo, asociado y colectivo. El problema fue que la tregua entre los más de 2 mil espectadores y el equipo duró bastante poco, sólo bastaron los groseros errores de Ludueña y Marco Villaseca para que O’Higgins terminara con nueve hombres.
El pitazo final significó el inicio de otro partido, en él la cabeza de Hernández era apetecida, y si bien el técnico no dio muestras de ceder ante el agobio de la gente local, sí tendrá dolores de cabeza bastante más intentos que los habituales en este momento. Es que ante Audax Italiando la próxima jornada en La Florida no podrá contar ni con los expulsados Ludueña y Villaseca, junto con Albert Acevedo, suspendido por acumulación de amarrillas.
Un negro fin para un equipo que hace rato perdió la brújula y que definitivamente no sabe cómo encontrarla. Lo peor es tener la sensación de que los hinchas a favor son un problema mayor que el rival que está en cancha. En la medida que no se mejore eso, el futuro de auspicioso pareciera tener poco y nada.

Todos contra Michael Kanaan

Terminado el partido, la lógica apuntaba que los problemas se darían en el sector de camarines con los hinchas pidiendo en las afueras la salida del técnico haciendo famoso el “apretón”, durante las declaraciones del técnico en la sala de conferencias. Lo que concretamente ocurrió fue que en el sector de platea, los hinchas apostados tanto en marquesina como en bancas descargaron toda su furia contra Michael Kanaan, gerente general de la institución.
Mostrándole su carnet de socios e insultándolo le criticaban el hasta cuándo van a seguir jugando con las ilusiones del hincha, mientras se llenaban los bolsillos de dinero. Esta situación obligó a que el gerente fuera custodiado por la fuerza policial y sólo pudo ser sacado de su ubicación pasada casi media hora después de terminado el partido.
“Veía a un grupo de hinchas que me manifestaba su rabia con la mala actuación del equipo. Decirles que sufrimos tanto como ellos, es cierto que el que está parado en el tablón lo vive de distinta manera que nosotros, pero obviamente es una decepción tremenda cuando el equipo no juega bien con la diferencia de que nosotros debemos sacar adelante el proyecto. El criticar y pensar que se vayan todos para la casa no es la solución. No tengo ninguna duda que la gente que vino al estadio ama el club, esperamos que ese amor esperamos que nos sirva para sacar todos adelante la institución”, explicó.

Samuel Teuber y la semana negra del plantel:

Sin duda que la semana fue compleja para O’Higgins no sólo por el actual momento y por lo que ya en la previa se sabía que iba a ser complejo el partido ante Cobresal. El problema fueron una serie de fallecimientos que afectaron al plantel, esto comenzó con la madre de Gonzalo Ludueña que tuvo que ser operada de urgencia, situación que obligó al jugador a viajar de emergencia a Argentina el domingo pasado.
Luego con el correr de los días se sucedieron los fallecimientos de las abuelas de Juan Luis González, Leonardo Saavedra, Juan Pablo Carrasco y del utilero Andrés Rojas. Ello sumado a la muerte de la esposa de Raúl Venegas, uno de los funcionarios más antiguos de la institución.
Esto obviamente conllevó al respectivo homenaje al principio del partido y a que el equipo saliera con la jineta negra en sus brazos. “Es triste y molesto porque vivimos una semana muy dura en lo particular, muchas muertes en el equipo. No es justificación, pero cuesta salir de una semana así”, analizó Samuel Teuber comparando la situación con lo ocurrido en la cancha.
“El Canguro” además se refirió a cómo se siente el equipo, considerando los insultos que salían desde las gradas. “De los cinco minutos que nos están puteando, entonces eso te genera desconfianza y se siente eso”, explicó.

Roberto Hernández:: “No se puede manejar lo que pasa afuera”

“Es muy intranquilizante jugar en un ambiente así. En general es complejo hacer algo cuando se hace muy complejo, entiendo la situación del equipo porque los he visto con las ganas de que se han dispuesto para revertir su momento y la realidad es que en un clima de esta naturaleza en que están jugando en su casa y tienen a todo el mundo en contra es muy duro.
Aquí hay una explicación que está en lo externo, en el ambiente del estadio, en lo que pasa alrededor. Los que importan en esta situación son los jugadores, los que en un clima así les cuesta mucho concitar su juego y realizar lo que ellos quieren, se van intranquilizando. La verdad es que los primeros minutos intentaron y después de estar jugando notoriamente mejor que Cobresal nos hacen un gol de una jugada que no debía complicarnos, algo que es producto de las mismas cosas: la intranquilidad que se empieza a generar.
Desde ahí para adelante nos costó mucho más, crear juego, incluso hilvanar una jugada clara. Reitero que en esta condición lo que más siento es el estado de los jugadores, los estoy viendo en el camarín de que no pueden realizar lo que quieren hacer. Los siento en la semana, sé que tienen una voluntad tremenda para hacerlo y están en un ambiente que les está costando. Hay que mirar para adelante con tranquilidad y buscar mejorar esa situación, no se puede manejar lo que pasa afuera. No es algo que dependa de uno”.

Eduardo “Lalo” Soto: “Vamos a sacar esto adelante”

“La gente está en una disposición tremendamente negativa. Soy ohigginiano, a mí me gusta O’Higgins, jugué en este club y lo respeto, ojalá que mucha gente pueda respetar a este club también, respetar a los que están corriendo, a los que están ahí e indisponerlos desde el primer minuto lo que no corresponde.
Hay un grupo de hombres importante que vamos a sacar esto adelante porque van a dar la pelea hasta el final, así que se queden tranquilos que vamos a seguir peleando. Todavía no jugábamos y ya nos estaban dando, pero está bien, cada uno hace lo que quiere. Soy ohigginano, lo vuelvo a decir, tengo afecto por la gente de acá y no voy a cambiar mi discurso. Ellos son los que tienen que replantearse y darse cuenta de que este grupo de jugadores va a entregar todo.
Lo dije a principio de año, estamos para dar la lucha y seguimos convencidos en hacerlo. Lo importante no es como uno empieza, sino como termina y esperamos hacerlo de buena forma”.

Anuncio Publicitario

Actualidad

Lanzan libro con cartas escritas por Óscar Castro a su amor de juventud

Publicado

el

La publicación fue realizada a través de Ediciones UC. El volumen contiene alrededor de 70 misivas, redactadas por el poeta cuando tenía 23 años. Las epístolas datan de 1933.

Marcela Catalán

Este jueves y en dependencias de la Casa de la Cultura de Rancagua, se realizó el lanzamiento del libro ‘Óscar Castro. Cartas Inéditas’. La publicación ve la luz a través de Ediciones UC, en el contexto de un convenio con el municipio local. La obra contiene alrededor de 70 misivas, redactadas por el poeta cuando tenía 23 años y dirigidas a Estela Sepúlveda, de quien estuvo profundamente enamorado. Los textos datan de 1933 y también dan cuenta sobre el literato de aquella época, su diario vivir, entre otros aspectos.

El volumen fue presentado por Luis Agoni, profesor de Castellano y doctor en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile, quien ha investigado sobre el vate. De acuerdo con el experto, el autor quedó prendado de la joven luego de que ella visitara la capital regional en marzo de 1933, con el fin de vacacionar. “Como él era bibliotecario, ella pasaba por fuera, se conocieron e hicieron amigos”.

De tal modo empezaron a intercambiar correspondencia, aunque el especialista comenta que la destinataria de los mensajes jamás dio indicios de sentir lo mismo. “Nunca le dijo que sí o no, pero se escribían (…) Él le pregunta ‘¿qué soy yo para usted?’ Ella siempre le respondía ‘no se lo voy a decir’ (…) En todas las cartas él expresaba su amor. Ella las guardó cuidadosamente, les puso una cinta muy bonita, a pesar de que se casó. Su hermano menor encontró este paquete, lo abrió y se percató de su valor”.

Sobre la importancia de una obra de esta índole, Agoni explica que las misivas de un autor “son por sí mismas muy interesantes, porque iluminan su vida y revelan sus inquietudes, sentimientos, emociones y vicisitudes. En este caso, demuestran que él ya era un poeta, uno que estaba empezando. Se nota en cómo emplea los recursos poéticos para dirigirse a la dama”. En su presentación, el experto agregó que Castro prescindía de referencias eróticas al cuerpo de la mujer, incurriendo en “una idealización extrema de la amada (…) La percibe plena de cualidades espirituales que él valora al máximo”.

El profesor señala que las epístolas dan luces de la relación del autor con Rancagua. “Era una persona muy sensible, que leía mucho y hacía poesía, enviándola a revistas. Aquí se sentía aburrido, falto de espacio vital y cultural. Lo que más deseaba era viajar y salir afuera, pero luego se enfermó y no pudo. Como máximo iba a Santiago o Pichilemu”, relata.

Además de las cartas, el libro contiene un prólogo de Patricio Lizama, profesor de Letras de la Universidad Católica y doctor en Literatura. De acuerdo con María Angélica Zegers, dicha sección “guía al lector en cuanto a cosas en las cuales debería fijarse”.

Respecto a las misivas, detalla que “recorren un año de la vida de Óscar Castro. Lamentablemente no tenemos las respuestas de Estela, porque él pidió quemar su correspondencia no sólo (dirigida) a ella, sino que a diferentes personas (…) Son cartas que hoy a cualquier joven le pueden parecer fuera de lugar, (ya que emplean) un lenguaje que no se usa. Incluso pueden ser consideradas como cursis, pero los invito a leerlas, porque el sentimiento que producen es atemporal”.

A su juicio, las epístolas “ tienen sentimiento, pasión y de verdad enternecen, porque también dan cuenta de la vida en Rancagua a principios del siglo XX. Además el libro posee muchos elementos anecdóticos acerca de la cotidianidad. A pesar de que no fueron hechas para ser publicadas, son una obra literaria. Eso siempre representa una tensión para la familia y el editor. Pero como dijo Luis Agoni, cuando alguien pasa ser a parte del patrimonio cultural del país, uno se da ciertas licencias. Porque es tan bonito, da valor a la cultura del país. Dar a conocer estas cartas, es más importante incluso”.

Horacio Sepúlveda es sobrino de Estela. En sus palabras, la enamorada del poeta le encargó a su padre que las misivas “se fueran a la tumba con ella, pero él prefirió cederlas al municipio (…) No vislumbramos la importancia que podían tener, pero creo que el más visionario fue Roberto Sepúlveda; percibió su relevancia y buscó el modo de donarlas a quien las atesorara por lo que son. Se trata de un aporte valiosísimo, ya que son textos de los cuales los cercanos al poeta no tenían noción”, remata.

Continuar Leyendo

Actualidad

Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

Publicado

el

Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tantas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

Continuar Leyendo

Cultura

En Requínoa graban cortometraje de ficción sobre microtráfico

Publicado

el

Detrás de la puerta’ se titula la producción, dirigida por Aldo Massera. Su realización es financiada por el equipo detrás de la idea.

Marcela Catalán

‘Detrás de la puerta’ se titula el cortometraje que por estos días es grabado en Requínoa, idea que trata sobre un hombre envuelto en el microtráfico de drogas. La propuesta es llevada a cabo por la Productora Aldo Massera, quien también es su director, siendo financiada por el equipo ejecutor de la iniciativa.

Juan tiene un trabajo común y corriente, pero vía telefónica es interceptado por la policía, cuenta el realizador. De tal modo se producen altercados y el protagonista es detenido, dejando solo a su primogénito en casa.

La historia es representada por Juan Francisco Caroca en el papel estelar, Héctor López (Compañía de Teatro Tiara) como su padre y Benjamín Massera como el hijo del microtraficante. Marcelo Olivares estuvo a cargo del sonido y la música.

El equipo espera terminar todo el proceso en septiembre, con el fin de lanzar el corto y difundirlo a través de la televisión local y mediante entidades educativas regionales.

El director llama a los realizadores de la zona a reunirse y concretar sus ideas audiovisuales, aunque no cuenten con financiamiento para materializar sus proyectos. Por lo mismo exhorta a sus colegas a laborar de manera conjunta. “A veces no es necesario tener dinero, sino juntarse, poner una cámara, equipo de edición, y trabajar”, argumenta.

Éste es el primer cortometraje de Massera, aunque tiene dos documentales en su filmografía: ‘Historia de la Población Centenario’ e ‘Historia del Parque Koke’. En tal sentido, destaca que le interesa dar cuenta del patrimonio regional.

Continuar Leyendo

Síguenos en Facebook

Lo más visto

Oficial Carlos María O'Carrol 518, Rancagua, Chile - Mesa Central: +56 72 276 6080