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Solidaridad: el Apostolado de algunos jóvenes de hoy

“Hay que tener enorme obstinación. Y no menos adaptabilidad. Hacer una obra grande con medios pequeños, con piedras desiguales, con piedras vivas, redondas, duras, blandas, con los hombres que están cerca de mí, con los genios, que cada día hacen problemas a propósito de todo, los hombres de rutina, que quisieran que todo fuera sobre rieles, los activos, que cada día quieren una obra más, los cansados, que encuentran que se hace demasiado, los salvajes, a quienes no interesa el trabajo en equipo” (Alberto Hurtado Cruchaga)
La cita anterior es sólo una nonada de la ingente obra de palabras y de acción que nos testimoniara San Alberto Hurtado. Y la elegí, entre un cúmulo de citas, pues, cuando aparece sobre la palestra el concepto “solidaridad”, los ojos de Chile, se devuelven a la intimidad del intelecto y del corazón, recordando el “Hogar de Cristo”, o citas que han traspaso nuestras fronteras como: “Contento, Señor, contento”, o bien “Hay que dar hasta que duela”…
Conozco un grupo de jóvenes que paga por ayudar: ¿qué? ¿Paga por ayudar? Sí, estimado lector, estos jóvenes universitarios solidarios desembolsan una cantidad de dinero –para muchos de ellos significativa- que los acredita para pertenecer a un proyecto equis cuyo único propósito es “dar hasta que duela”. ¡Inusitado!
Conversando con uno de sus líderes (Álvaro Marambio) me da a entender que independientemente de los proyectos que atienden durante el año, la “Fiesta Navideña de la Solidaridad” –en su séptima versión- tiene como gran propósito: “Celebrar y dar a conocer la natividad de Jesús, evangelizando a través de una jornada de reflexión y entretenimiento, para niños de entre 5 y 12 años provenientes de sectores de riesgo social de la Región de O’Higgins”. Cuentan con el apoyo de nuestro Pastor, Monseñor Alejandro Goic y de autoridades civiles como el Alcalde de Rancagua: Eduardo Soto. Junto a ellos, este año, nuestro diario “El Rancagüino” apoyará el tema comunicacional para estos jóvenes, pues la solidaridad debe ser comunicada, necesariamente.
Quizás sea ése el tenor de este artículo de opinión: el dar a conocer –siempre- lo que se hace por el bien de los demás. Estoy seguro que, estos jóvenes, ya dejaron atrás ese protagonismo burdo de los primeros tiempos de quienes desean, imperiosamente, sentarse en la testera de las autoridades, o bien en el pódium del poder, pues ya comprendieron –pese a su corta edad- que son tantas las necesidades de quienes las padecen que el efímero aplauso para la testera o el pódium, simplemente, puede esperar, pues no les es significativo; no así, el poder del agradecimiento o la sonrisa de un niño feliz “por un día”, pues vale más -con creces- que la frivolidad de los aplausos, palmaditas o parabienes extravagantes que ignoran, la mayoría de las veces, el verdadero proceso que hay tras un resultado.
Mi columna –hoy- persigue eso, estimado lector: no dejar de informar lo que algunos jóvenes hacen por los demás, sin pedir nada a cambio; salvo nuestra solidaridad para construir mayor y mejor solidaridad para los demás, pues –en los tiempos que vivimos- lo que no se informa, simplemente, no existe.
Santiago Vasconcello Uchida

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