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El drama de la pequeña Valentina Ignacia

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- Francisco Salinas y Yáquelin Toro, viven en una pequeña mediagua del sector el Álamo, en Cunaco, comuna de Nancagua. Ambos son los padres de la menor que pesó 385 gramos al nacer, el pasado mes de junio. Ellos, junto a su hija de un año, Dominic, representan el gran drama de aquellos chilenos que, a su alta vulnerabilidad, se suma la enfermedad grave de un hijo.
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La joven madre estalla en llanto, con tan sólo pensar en la posibilidad de no poder ver llegar a  Valentina al hogar. Tania Arce Saavedra
Fotos: Marco Lara

“Amo a mi hija, y sólo deseo tenerla en mis brazos”. Así se refiere Yáquelin Toro a Valentina, la niña que nació pesando sólo 385 gramos el pasado mes de junio. La menor ya está por cumplir cuatro meses, y a pesar de su bajo peso al nacer, ha sobrevivido —sin mayores dificultades—, gracias a los cuidados y el profesionalismo de quienes trabajan en la Unidad de Neonatología del Hospital Regional de Rancagua. Pero si para la pequeña Valentina las cosas no han sido fáciles, lo que se viene tampoco lo será. Ella nació a las 28 semanas de gestación, y su peso en esos momentos distaba mucho de ser el normal para una criatura de ese tiempo. De acuerdo a lo indicado por los profesionales que atienden a la guagua, esta presenta serios problemas que hablan claramente de un daño congénito. Es por eso que El Rancagüino quiso conocer el entorno que rodeó a la madre durante el embarazo, confirmando muchas de las hipótesis que ya se manejaban al indagar sobre ello.
Yáquelin y Francisco viven en una pequeña mediagua en el sector de Cunaco, en la comuna de Nancagua. El lugar está rodeado de pequeñas parcelas, adornadas por muchos árboles frutales destinados a la exportación. A lo lejos se siente el ruido de un tractor, el que según dice una persona del sector, estaría realizando fumigaciones en el predio aledaño, “algo normal para esta época” dicen.
Al llegar al pequeño caserío conocido como El Álamo, nos encontramos con Yáquelin, la madre de Valentina, Karina, una prima de Francisco Salinas, el padre, y su madre. Al preguntarle sobre el estado de salud de su hija, la mujer nos cuenta que el día anterior estuvo con ella, y que trata de ir día por medio. Cuenta además que Francisco anda con Dominic, la hija mayor de ambos en Santiago, “buscando ayuda en el canal Chilevisión” asegura Yáquelin.
La pareja ya tenía una hija al momento de saber que llegaría Valentina. Es más ella— la madre— a penas se recuperaba de todo lo que significa dar a luz, y ya se enteraba de su segundo embarazo. “Aún ni dejaba de amamantar y ya se daba cuenta que estaba otra vez esperando guagüita” dice Karina Leyton. “Ella no se alimentaba muy bien, y además se sentía muy débil” asegura la mujer, quien además es vecina de ambos.
El lugar es muy precario, ni siquiera cuentan con agua potable. Es por eso que Yáquelin está muy preocupada por las condiciones en que deberá recibir a la pequeña Valentina. “En el Hospital me dicen que debo tener algo sólido para poder hacerme cargo de ella, o si no me la van a llevar a un hogar del Sename. Yo quiero a mi hija conmigo” dice la mujer con los ojos llenos de lágrima.

El sueño de tener a su hija en los brazos

Cuenta que tras el primer reportaje de El Rancagüino, recibió mucha ayuda de personas anónimas así como de instituciones. “Ahí nos dieron la mediagua, después de que salió la Valentina en el diario y en la tele” dice la madre.
Precisamente es ese el mayor problema que enfrentan los Salina Toro en estos momentos. La niña es de extremo cuidado, y no puede ser expuesta a condiciones adversas. En la Unidad de Neonatología del principal recinto asistencial de la región, la pequeña está en condiciones relativamente óptimas, las que le han permitido vivir, “a pesar de las dificultades que debe enfrentar una guagua de sus características”.
Pero, según lo señalado por el neonatólogo, Alexis Díaz, Valentina presenta problemas severos, los que incluyen daño neurológico, envejecimiento esquelético y una serie de malformaciones congénitas que son difíciles de sortear.
El drama mayor que enfrenta esta familia, es que su alto grado de vulnerabilidad, no les permite poder visitar a la niña todos los días. “Nosotros muchas veces no tenemos ni para comer. Francisco no tiene trabajo, y para poder viajar necesitamos dinero para pasajes. Hay que llevar pañales y muchas otras cosas que se hacen pocas cuando se tiene esta situación” dice Yáquelin.
Según nos cuenta, cuando fue conocido el caso de Valentina, muchas personas acudieron en su ayuda, y hasta le ofrecieron alojamiento en Rancagua para que así pudiera la joven visitar a su hija. “Yo agradezco a esas personas por su generosidad, pero para mi es muy difícil quedarme en otra casa. Tengo a mi otra hija y no podría ir sin ella. También quisiera agradecer a aquella persona que me ayudó con 200 mil pesos. Ese dinero nos fue muy útil, ya que nos sirvió para viajar y vivir varias semanas”.
La vida para esta madre se hace difícil, su pareja, Francisco Salinas, estuvo trabajando en una empresa de buses, pero lamentablemente según nos informó, “él no sabe leer y eso habría gatillado que no pudiera seguir trabajando”.
Yáquelin está muy afectada con la situación, ya que según relata, existían rumores de que ella no estaría asistiendo a visitar a la pequeña Valentina. Ella cuenta que hace poco más de un mes estuvo con una fuerte gripe, y que eso la habría obligado a dejar de asistir al hospital, “por el bienestar de la niña” dice. “Yo lo único que deseo es ver a mi hija, estar con ella, tomarla, tocarla, hablarle. No me importa que esté con problemas, no me importa que tenga daños. Yo la amo, es mi hija” dice la madre de Valentina, mientras estalla en llanto. Se resiste a pensar que por su condición social va a tener que dejar que la niña sea llevada a otro lugar.
Karina Leyton, la prima, contó que se hizo un partido de fútbol a beneficio de esta familia, en el que se reunieron 130 mil pesos. “Nosotros queremos tratar de conseguir artistas, para poder hacer un gran evento, ya que no sólo hay que pensar en los pasajes, los pañales o las mantillas, hay que pensar en tratar de construir algo óptimo para la Valentina” dice.

Falencias en Cunaco

Los problemas se acrecientan para esta madre de 20 años. Yáquelin está muy molesta con el personal del consultorio de Cunaco. Dice que se ha sentido humillada y discriminada por la encargada del programa Chile Crece Contigo. “Ellos dicen que tengo que llevar boletas para devolverme la plata de los pañales. Porque —según la encargada— me voy a comprar cosméticos con la plata y no pañales. Como ellas pueden pensar eso. Ahora cómo le voy a dar boletas si no tengo plata para comprarlos por mi cuenta” argumentó.
Este medio acudió al citado centro de salud, y no fue posible conversar ni con la directora, así como tampoco con la encargada del programa Chile Crece Contigo. Ambas estaban atendiendo “casos en terreno” dijo una secretaria que nos recibió. Finalmente fuimos recibidos por la psicóloga del lugar, Ximena Pérez, quien está encargada de la salud mental de la población beneficiaria, además de ser parte del equipo del programa antes mencionado. “Yo soy parte el equipo y he sabido del caso, pero no lo conozco mayormente” dijo la profesional. “Se que ella no se controlaba siempre en el embarazo y también se que no han visitado regularmente a la bebé en el hospital, pero más información no manejo. La verdad es que ni siquiera la conozco físicamente, o talvez la he visto pero no la recuerdo” dijo Ximena Pérez.
Al ser consultada por el hecho de que ella ve la salud mental de los pacientes del consultorio, y el porqué no atendió a Yáquelin Toro, considerando su alta vulnerabilidad social y psicológica causada por el nacimiento de Valentina, Pérez dijo que “esas derivaciones las hacen los otros profesionales” y que no había sido resorte suyo. “Insisto, yo se del tema de manera tangencial, pero más allá no se que podría aportar” finalizó la psicóloga.
Este miércoles y continuando con su rigurosidad, Yáquelin visitó una vez más a la pequeña Valentina. “Me costó mucho llegar, logré conseguir dinero para los pasajes como a las once de la mañana y más encima los buses no me paraban”. Yáquelin vive a metros de la ruta 90, y los trabajos del sector hacen que los buses interurbanos pasen muy rápido, ya que hay una sola vía. Llegó al hospital Regional a las 13:00 horas, y pudo estar con la menor hasta las 14:30. Luego emprendió rumbo nuevamente hacia Nancagua. Y según nos contó, es muy posible que hoy jueves, eso sí si consigue dinero, podrá volver a visitar a su pequeña hija.

La madre de la menor vive rodeada de árboles frutales, los que son fumigados permanentemente. Plaguicidas y pesticidas rodean el hogar de la familia

Hay un factor que pudo haber influido claramente en las condiciones que hicieron que la pequeña Valentina Ignacia trajera consigo una carga que claramente no la hará una persona normal. Yáquelin Toro, la madre, estuvo desde el primer día de su embarazo expuesta a la agresiva acción de pesticidas y plaguicidas. Su pequeña mediagua está rodeada de frutales, los que cada año reciben una importante carga de estos elementos químicos nocivos para la salud humana.
Si bien científicamente aún no es posible comprobar fehacientemente que la acción de estos químicos puedan ocasionar daños neurológicos y genéticos, cuando padre o madre se exponen a estos riesgos, está claro que para nadie son beneficiosos. Menos estar a su alrededor.
La joven madre estuvo expuesta a ellos durante todo el embarazo, especialmente los primeros meses. Eso concuerda con la tesis, ya que además, informes científicos avalarían no sólo la influencia de estos en la salud del bebé. También en la posibilidad de que aquellas mujeres que estén expuestas, tengan partos prematuros. Paradójicamente, más del 50 % de los menores hospitalizados en la Unidad de Neonatología del Hospital Regional, nació en forma prematura. Siendo la mayoría, provenientes de sectores agrícolas, donde se usa y se abusa de pesticidas y plaguicidas.
Valentina nació a las 28 semanas, pesando 385 gramos, no ha logrado el peso que para su edad corregida debiera tener. Posee daño neurológico, malformación en sus manos, y envejecimiento esquelético. “Nadie se explica porque ha podido resistir a esas condiciones tan adversas” señaló el neonatólogo Alexis Díaz.
Una guagua de 28 semanas de gestación debiera alcanzar los 800 gramos como mínimo, y durante periodo de recuperación, debiera llegar a los dos kilos. O sea, en el momento en que se cumple la fecha en que debiera haber nacido. “Valentina se aleja de todo esos parámetros” aseguran desde el Hospital.
Yáquelin no es temporera, pero se expone a los pesticidas de igual forma, como si realmente lo fuera.
El problema de los pesticidas es un tema de Estado, y desde el Ministerio del Trabajo han anunciado severas medidas para combatir el mal uso y la exposición a estos químicos.
Sebastián Piñera a un día de haberse concluido el rescate de los 33 mineros, anunció fuertes medidas, para combatir ciertos problemas que aquejan a los trabajadores chilenos. Aseguró que para que Chile pueda competir en las grandes ligas, hay que brindar condiciones seguras y dignas a los trabajadores.

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