Síguenos

Sociedad

Liceo Francisco Tello González celebró sus 70 años

– El establecimiento educacional para adultos festejó sus siete décadas recordando la figura del hombre que le dio su nombre.
Ramón Baeza recibiendo su reconocimiento por más de cuarenta años trabajando en el Liceo Francisco Tello.

Publicado

el

Ramón Baeza recibiendo su reconocimiento por más de cuarenta años trabajando en el Liceo Francisco Tello. Por: Francisco Espinoza
Foto: Nico Carrasco

El liceo para adultos Francisco Tello González celebró el martes pasado su aniversario número 70 en el salón auditorium de la Municipalidad de Rancagua. La ceremonia estuvo marcada por el reconocimiento y evocación de la figura del hombre cuyo nombre bautiza este establecimiento.
En el evento estuvieron presentes Jaqueline Ramos, directora de la división de educación de la Cormun, Guillermo Barrios, director del establecimiento, profesores, alumnos y familiares de Francisco Tello González, entre ellos dos de sus cuatro hijos, Ilda y Frida, y uno de sus nietos, René Francisco Tello. “Este reconocimiento a mi abuelo llega en un momento en el que es importante destacar la labor de los educadores”, dijo este último.
El liceo nació en 1941 con la finalidad de completar los estudios de un grupo de personas. Las instalaciones del Liceo Oscas Castro fueron la sede para esta misión. En 1965, las clases se trasladaron al edificio que actualmente albergan las clases del liceo Francisco Tello en Estado 212. Bajo el nombre de Centro Educacional de Adultos funcionó hasta el año 1991, cuando cambió al nombre que lleva hasta ahora.
“El espíritu de don Francisco está en cada rincón, en cada educador. Esta era su escuela”, declaró Guillermo Barrios.
“La gente antigua de Rancagua sabe lo que era la “Universidad Tello”. Era la escuela número tres que estaba aquí y se destacaba por su labor”, agregó su nieto. “Mi abuelo se dedico a educar a gente adulta, a pobres, a la clase trabajadora. Él, desde 1920, estuvo dedicado a eso y salió adelante con pocos medios, su vigor y ganas de hacer las cosas bien. Incluso en esa época les hizo clases de inglés a los mineros de la Braden Cooper”, complementó.
En el aniversario número 70, también se destacó la figura de Tello González en otros ámbitos de la vida rancagüina. “Por más de sesenta años fue voluntario de bomberos. Recibió todas las condecoraciones posibles. Para los desfiles del dos de octubre, la gente miraba sorprendido a ese hombre bajito que desfilaba con el pecho lleno de medallas”, dijo su nieto.

Premios y reconocimientos
En la ceremonia efectuada en el salón auditorium de la municipalidad, fueron distinguidos los empleados con más años al interior del colegio. El más aplaudido fue Ramón Baeza, auxiliar con cuarenta años trabajando en el liceo. “Llegué a acá a los 25 años. Venía del campo y me quedé para no salir más. Yo habló con las personas que vienen a estudiar acá. Yo veo el mundo con otra mentalidad, porque vengo del campo, y trato de pasarles algo a ellos. Pero ya me jubilo el próximo año”, dijo Baeza.
Una vez finalizada la cita en la municipalidad, los asistentes se dirigieron hasta el edificio del liceo para destapar una placa en honor de Francisco Tello González, el hombre que todavía ilumina a e inspira a los profesores del colegio para adultos.

Anuncio Publicitario

Sociedad

Desde el 20 de agosto al 20 de septiembre: Con un abanico de actividades abiertas a la comunidad el Ejército celebra su mes

Publicado

el

– Día de puertas abiertas, operativo cívico militar en Mostazal, competencia de Bandas Escolares, intervención ciudadana, son algunos de los eventos que la BAVE tiene preparado para los rancaguinos.

Gisella Abarca

Fotos Héctor Vargas

Con el propósito de celebrar el mes de la Patria y conmemorar las Glorias del Ejército, la institución ha contemplado llevar a cabo y participar de una serie de actividades cívico-militares en el país durante los próximos días.

Y la región de O’Higgins no queda ajeno a estas celebraciones comenzando con el desfile en conmemoración al aniversario N°241 del natalicio de Bernardo O’Higgins en que se rinde homenaje al padre de la Patria, Bernardo O’Higgins Riquelme, con lo que la Brigada de Aviación dio inicio a las actividades del Mes del Ejército de Chile.

Así lo informó el Comandante de la Brigada de Aviación del Ejército de Chile (Bave), General de Brigada, Jorge Jaque Falcón “el ejército de Chile ha estructurado una serie de actividades que hemos denominado el Mes del Ejército que comenzaron el martes con la ceremonia del Natalicio del Libertador Capitán General Bernardo O’Higgins Riquelme y que en la guarnición de Rancagua, capital regional, tiene una particular importancia en atención al aspecto histórico que tiene nuestra querida ciudad”.

Es por esto y para resaltar la importancia del prócer de la historia, el Comandante de la Brigada de Aviación del Ejército de Chile, invitó a la comunidad rancaguina y de los alrededores a ser parte de este mes que está lleno de actividades que según sostuvo “en términos sencillos, el ejército del Chile es parte de la sociedad chilena y por lo tanto, esas actividades van en función de continuar integrando al ejército dentro de la sociedad del país y de proyectar nuestras actividades fuera de los cuartes”, acotó Jaque Falcón.

OPERATIVO EN MOSTAZAL

Una de las actividades que le sigue al hito cívico militar que se llevó a cabo en el corazón de Rancagua es la de este jueves 22 y viernes 23 de agosto donde durante todo el día en el Liceo Elvira Sánchez de Garcés de San Francisco de Mostazal, uniformados de la Brigada de Aviación Ejército, realizarán un operativo cívico militar donde acudirán electricistas, personal de salud, carpinteros, peluqueros, entre otros oficios para ayudar a la comunidad escolar en lo que sea necesario.

Vamos a concurrir con el objeto de continuar integrándonos en función de poder ir en apoyo a las necesidades que tengan. Es así que vamos a concurrir con un equipo logístico en coordinación con la municipalidad de Mostazal en apoyo a la infraestructura y personal de ese colegio”, sostuvo el  General de Brigada, Jorge Jaque Falcón.

El domingo 25 de agosto y lunes 02 de septiembre, en tanto, habrá una intervención ciudadana con la participación de la Banda instrumental del Regimiento N°19 “Colchagua” , la que se llevará a cabo en la Plaza de los Héroes y en el Mall de Rancagua, respectivamente.

Explicó también que dentro de las actividades tienen previsto realizar charlas de historia en colegios de la provincia de Cachapoal “para esto irán oficiales del cuadro permanente a hacer exposiciones a diferentes colegios de la provincia”, sostuvo.

DÍA DE LAS PUERTAS ABIERTAS

Mientras que el domingo 1 de septiembre, a las 11:00 horas, en el Día del Reservista, realizará  un reconocimiento al personal en retiro. Y Desde las 12:00 horas, hasta las 17:00 horas será el Día de las Puertas Abiertas en la Brigada de Aviación Ejército, jornada que tiene como finalidad que los vecinos conozcan de cerca el trabajo que realiza el personal de la Brigada, así como sus instalaciones, historia, patrimonio y tradición.

El viernes 6 de septiembre, a las 11:00 horas, se llevará a cabo la ceremonia de izamiento del pabellón nacional en la Plaza de los Héroes, mientras que el domingo 15 de septiembre, a las 09:00 horas, en dependencias de la BAVE habrá una competencia de Bandas Escolares.

El miércoles 18 de septiembre, a las 11:00 horas, Tedeum en la Catedral de Rancagua, para luego a las 12:00 horas, realizar la tradicional Parada Militar año 2019 en la Plaza Los Héroes de Rancagua. “Tenemos varias actividades en septiembre también, el Día del Reservista donde se hará un reconocimiento al personal en retiro del Ejército de  Chile y vamos a terminar ese día con el día del Patrimonio del Ejército y el Día de las Puertas abiertas, así que hago una cordial invitación a toda la comunidad de la región a que puedan venir a conocer la infraestructura, nuestro museo abierto y nuestras capacidades que van en apoyo a la comunidad”, sostuvo el Comandante de la Brigada de Aviación del Ejército de Chile.

Continuar Leyendo

Actualidad

Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

Publicado

el

Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tantas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

Continuar Leyendo

Sociedad

Organizada por El Rancagüino con motivo de su 104° aniversario

Publicado

el

Autoridades, empresas, colaboradores y lectores participaron de charla dictada por presidente de la Asociación Nacional de la Prensa

Fotos: Marco Lara

Juan Jaime Díaz, presidente de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), compartió con Diario El Rancagüino en plena celebración de sus 104 años de vida con la realización de una charla magistral dictada frente a casi un centenar de invitados, entre ellos autoridades, empresas, colaboradores, lectores y muchos otros amigos. 

Es que tener más de un siglo de vida informando a la Región de O’Higgins, es razón suficiente para llevar a cabo una serie de actividades con la comunidad completa. Una de ellas fue este encuentro realizado hace algunos días en el Centro de Eventos Los Tres Caminos ubicado en Graneros, y que titulamos “Información, publicidad y noticias falsas: Soluciones locales para un problema global”. 

Cabe destacar que Díaz expuso sobre la importancia de los medios regionales y su compromiso con la comunidad, el de combatir la desinformación aportando con un trabajo serio y responsable, ello de la mano de los cambios tecnológicos que los obliga a adaptarse.  Su presencia buscaba aclarar la mayor cantidad de dudas de los participantes buscando abrir nuevos caminos que refuercen los negocios, las marcas, las ventas o la reputación social.

Por su parte, el director de El Rancagüino, Alejandro González, dijo que esta invitación es la primera de un ciclo de charlas abiertas que se vienen a futuro. De igual manera presentó al público presente las nuevas plataformas informativas del medio periodístico las cuales se encuentran totalmente renovadas y adaptadas a las necesidades de cada empresa, emprendimiento o institución.

Continuar Leyendo

Síguenos en Facebook

Lo más visto

Oficial Carlos María O'Carrol 518, Rancagua, Chile - Mesa Central: +56 72 276 6080