Por: Francisco Espinoza
Foto: Marco Lara
Los cementerios estaban preparados para recibir a miles de personas en un primero de noviembre que se suponía sería caluroso. Sin embargo, el tiempo y el calendario cambiaron el panorama: el cielo amaneció nublado y el fin de semana de cuatro días mermó la asistencia de deudos durante el Día de Todos los Santos.
Al menos ese fue el panorama en el cementerio nº1 de Rancagua durante el mediodía de ayer. Los trabajadores del camposanto aseguraban que la gente decidió aprovechar los días extras de descanso para visitar a sus muertos antes. “Muchos prefirieron salir a otra parte, creo yo, y vinieron otro día”, apostaba uno de ellos.
En el exterior, las floristas miraban al público que llegaba al cementerio y hacían un análisis parecido al de los trabajadores. “El 31 de octubre vino harta gente para que el primero amanecieran lindas las tumbas. Aprovecharon, de venir antes y así también poder salir”, suponía una vendedora.
Quienes sí continuaron la tradición y visitaron a sus muertos, no escatimaron en esfuerzos y adornador las sepulturas con flores de varias tonalidades. Frente a un mausoleo o alguna de las interminables corridas de nichos con célebres habitantes como el pirata inglés William Cook o Betsabé Carrasco, las familiares se detenían a conversar con sus seres queridos.
“Yo vengo acá a ver a mi esposo, mi madre y padre. No los visito sólo los primeros de noviembre eso sí, vengo todos los domingos a tratar de conversar con ellos y tratar de saber si están bien, cómo lo están pasando”, dijo Sofía Escobar, quien era acompañada por una de sus hijas y dos nietas.
“Hay poca gente en el cementerio. Pero la gente aprovecha de salir y visitar a otras personas y cambiar de aire. A mí me gusta venir todas las semanas”, agregó, sentada frente a la tumba de su esposo, fallecido hace 20 años atrás.
