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Sacerdote Giampero Vigano Cincuenta años sirviendo a la comunidad

“Los chicos eran de familias irregulares. No podían volver a sus casas, porque sus padres eran alcohólicos y sus madres prostitutas”, recuerda Vigano sobre el hogar guaneliano que administraba en Rancagua. – De sus cinco décadas como religioso, este misionero italiano de la orden guaneliana pasó dos en Rancagua, cuidando a los niños vulnerables.

<img src="https://www.elrancaguino.cl/ran/news/wp-content/uploads/2012/02/211-300x225.jpg" alt="“Los chicos eran de familias irregulares. No podían volver a sus casas, porque sus padres eran alcohólicos y sus madres prostitutas”, recuerda Vigano sobre el hogar guaneliano que administraba en Rancagua. " title="“Los chicos eran de familias irregulares. No podían volver a sus casas, porque sus padres eran alcohólicos y sus madres prostitutas”, recuerda Vigano sobre el hogar guaneliano que administraba en Rancagua. " width="150" height="100" class="alignright size-medium wp-image-28999" />- De sus cinco décadas como religioso, este misionero italiano de la orden guaneliana pasó dos en Rancagua, cuidando a los niños vulnerables.

“Los chicos eran de familias irregulares. No podían volver a sus casas, porque sus padres eran alcohólicos y sus madres prostitutas”, recuerda Vigano sobre el hogar guaneliano que administraba en Rancagua. Giampiero Vigano cumple este año medio siglo como sacerdote. En la actualidad, con 78 años, vive en Italia, pero en 1978 llegó a Rancagua para quedarse por dos décadas y convertirse en uno de los personajes más destacados y queridos por la comunidad.
Con motivo de las celebraciones por sus cincuenta años de sacerdocio, Giampero Vigano, misionero guaneliano, volvió a Rancagua para saludar a la comunidad y recordar sus años en la ciudad.
En su memoria, el recuerdo más vívido es el del hogar de niños de la congregación guaneliana. “Los chicos eran de familias irregulares. No podían volver a sus casas, porque sus padres eran alcohólicos y sus madres prostitutas. Yo los recibía en el hogar y, cuando podía, los sacaba a pasear en la camioneta”, recuerda el sacerdote sobre su labor en aquella época.
En Chile, también estuvo en Renca, Región Metropolitana, y en la Patagonia, evangelizando. “Una vez, en pueblo, bauticé a 73 personas, porque hace años que no veían un cura”, dice Vigano.
El padre Vigano, por estos días, oficia misas en Italia. Pero en su viaje de cincuenta años como sacerdote, ha tenido residencia en México, Guatemala y Colombia.

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