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Apuntes sobre la chicha

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Llega septiembre. Llega o se asoma la primavera y la palabra chicha va de boca en boca, de jarro en jarro, de vaso en vaso. ¡Chicha en septiembre! Las vendimias se hicieron en otoño, allá por finales de marzo o comienzos de abril. Los ingeniosos han guardado sus toneles de chicha cocida o preservada con métodos que dejarían boquiabierto a un enólogo. En septiembre, en Chile, se produce el apogeo de la chicha. Se canta a la chicha. Se produce un intervalo excepcional y por tácito acuerdo descansan los ritmos y canciones en inglés. Por doquier se escucha eso de: “Chicha de Curacaví, chicha baya y curadora…” con un apéndice trágicamente chileno: “Se acabó la chichita; allá va, también la vela; se curó la cantora, allá va, todos pa’ fuera”. Otra tonada, en tono imperativo ataca deshinbidamente: “Póngale chicha a los vasos…” Hablando en propiedad, el zumo sin fermentar de las uvas recibe el nombre de mosto. “Lagrimilla”, lo he oído llamar en más de una villa o aldea. El léxico chicha es una más de los centenares de palabras aborígenes que se quedó en el idioma castellano, como: maíz, quínoa, aguacate, camote, tomate, cacao, maní… Chicha es voz panameña “chichab”, propio de los indios cana y significa: maíz. Perfectamente identificados ambos vocablos, pues no había chicha sin maíz. De Panamá, en algún galeón de la flota española, subiendo y bajando por las cornisas andinas, a lomo de mulas o de jamelgos conducidos por los eternos andariegos, nos llegó la palabra chicha. Curiosamente, empezamos a llamar chicha al mosto, al caldo recién exprimido de las uvas: Chicha dulce… la misma que pasaba a chicha fuerte. Pero antes de la llegada de los hispanos, antes que los godos se apresuraran en plantar viñedos en esta “fértil provincia y señalada”, en la prehistoria, los indios fabricaban sus “chichas” a las cuales no les daban ese nombre porque la palabrita todavía no viajaba desde el remoto norte panameño. Encina nos dice que los diaguitas elaboraban chicha a partir de los frutos del molle, (Schinus molle) un árbol que alcanza hasta 2.25 m de altura, de hojas alternas pecioladas y borde aserrado, flores en racimos axilares que aparecen entre septiembre y octubre. El fruto del molle es una drupa globosa. Recurrían también a las vainas del algarrobo. (Prosopis chilensis) A la chicha de algarrobo los indios del Perú llamaban azúa. Los incas introdujeron el maíz en esta parte de su imperio que es Chile. (El dominio inca se extendía hasta el Maule) Por tanto habiendo maíz, también hubo chicha de maíz; los mapuches la llamaron “muday”. (Cf. Pedro de Oña: “Arauco Domado” Canto XIII, 1596) El Padre Alonso de Ovalle, aunque no trae el término “muday” es más explícito con respecto al uso del maíz en la dieta del mapuche: “es el sustento universal de los indios, porque no solo les sirve de comida, sino también de bebida, la cual hacen con harina tostada o desatada simplemente en agua, que como hemos dicho, o cociéndola y haciéndola chicha, que es su vino ordinario, el cual también hacen de otras frutas de árboles”. (Ovalle. Histórica Relación del Reyno de Chile. Habitación, muebles y alimentos. 1646. Selección de W. Hanisch, Ed, Universitaria 1974. Pág. 61 y 62) Esas otras frutas de que habla el P. Ovalle eran las bayas del michay (N. C. Berberis Darwinii Hook) o michay calafate. Esto lo confirma Eduard Poeppig, científico alemán que exploró el centro (Aconcagua) y sur (Concepción-Los Ángeles) de Chile entre 1826 y 1829. En su “Viaje en Chile, Perú y en el río Amazonas durante los años 1827-1832 (Cap. VI Pág. 771, Traducción de Carlos Keller) Poepping nos cuenta que además del michay, los mapuches y pehuenches, “para preparar bebidas embriagantes” conseguían chicha del chilco (Fucsia magallánica) y del maqui. (Aristotelia chilensis) Los mapuches llamaban Treco a la chicha del maqui; clon era el árbol y maqui el fruto. Según la revista “Chile Forestal”, el michay-calafate crece entre la VIII y la XII Región. Se menciona, además, el Berberis congestiflora Gay, (VIII a X Región) y el Berberis buxifolia que crece entre Santiago y Tierra del Fuego. Adriana Hoffmann en su “Flora Silvestre de Chile”, (Ed. Fud. Claudio Gay – 1998) menciona cinco especies familiares del michay, de las cuales una, la Berberis congestiflora sería la única cuyas bayas darían abasto para una cosecha aceptable. Rodolfo Lenz en su Diccionario de Chilenismos, al registrar la voz “litre” (Lítrea cáustica) señala que los frutos de este árbol se usaban para hacer chicha: “del fruto se fabrica en Curicó una chicha de litre”. (R. Lenz op. cit. Pág. 878) Curioso dato el que nos aporta el Dr. Lenz. Su obra data de 1910. Solo en textos culinarios y gastronómicos encontré mencionado el boldo (N.C. Peumus boldus) como materia para confeccionar licores. En los campos del valle central el maqui y el boldo se llevan la palma en esta materia. Si Lenz nos sorprende con su chicha de litre, los apuntes de Poepping no son menos sorprendentes. Ha cobrado importancia entre nosotros la quinoa. (Chenopodium quinoa) Esta planta vino a Chile con los incas y se cultivaba para usos domésticos en algunos lugares costeros. Hoy es un artículo muy apreciado y caro. Dice Poepping que: “en el Perú, donde se conservó desde el tiempo de los incas, mucho más que en Chile, el arte de preparar bebidas fermentadas de diversas sustancias vegetales, se emplea la misma semilla (de la quinoa) para confeccionar chicha, que tiene un sabor algo semejante al vino, de buen gusto, refrescante y considerada por el pueblo como diurético y como un remedio para los cálculos”. (E. Poepping, op. cit.)
En el sur de Chile, de la chicha obtenida de frutos de árboles nativos, los indios pasaron a la chicha de manzana, que no inútilmente habrán visto como algún gallego fabricaba su sidra. Además: “Los manzanos y duraznos parecen hallar en Chile las condiciones de temperatura y suelo que necesitan, pues ambas especies han emigrado de los huertos y forman a menudo bosques silvestres”. (E. Poepping. op. cit.) Gracias a la pluma de D. Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, hecho prisionero en la Batalla de las Cangrejeras (cercanías de Yumbel) en la cual los mapuches aniquilaron el Tercio de San Felipe de Austria, nos informamos que los mapuches con más cuidado que el blanco cultiva sus viñas, labran, ellos sus frutillares de que hacen mucha cantidad de pasas para sus bebidas”. (Pineda y Bascuñán: Cautiverio Feliz V Parte 7) Olvidamos –la mala memoria chilena- que la frutilla es una planta autóctona (Fragaria chilensis) y Pineda nos dice que las había de gran tamaño: “y sin exageración había algunas que de dos bocados no les podíamos dar fin…” (op. cit.) Un cacique (Lepumante) hará un obsequio al joven cautivo español: “el regalo fue compuesto de lo que referiré: Primeramente, cuatro botijas de chicha, dos de frutilla pasa, que es de las mejores que se beben y el género que más dura sin oxidarse, las otras de manzana, que como no esté pasada de punto, es cordial y lindo gusto”. (Pineda. Cautiverio Feliz. 13) La conquista de Chile había concluido en 1598 con el Desastre de Curalaba y la muerte del Gobernador Martín García Oñez de Loyola. Recién empezada la Colonia, junto casi con el siglo, XVII, los mapuches ya sabían hacer chicha de manzana. Lo que no muchos saben era que, testimonio de Pineda, fabricaban una rica chicha de frutillas. Haremos un “aro” (término quechua que significa descanso, parada) recordando que cuando la ambigüedad o la indiferencia es la tónica de un vecino, decimos que “no es ni chicha ni limoná”. El viejo adagio romano Pan y circo es entre nos: Chicha y chancho y de la persona que ríe con facilidad aseguramos que es “chicha fresca”. A falta de copas, los mapuches usaban una vasija de madera llamada malhue. Después se empezó a usar el “cacho”. (cuerno) Cobró tanto prestigio que la chicha en cacho es hoy ritual del protocolo.
Mario Noceti Zerega

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¡ADIÓS QUIJOTE DEL MICRÓFONO!

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Por Manuel Polgatiz
Periodista

En medio del estallido social, decidiste partir al infinito. Cuando el mundo habla de cambios radicales y el pueblo se manifiesta, tomaste el camino eterno, ese que te lleva a marcar una etapa en muchas vidas de los que se quedan.

Sin más compañía que tu alma olvidada por aquellos que alguna vez exigieron tu presencia, hoy eres guía de quienes optaron por la comunicación como núcleo de sus vidas.

Tal como el «Quijote de la Mancha», fuiste el «Caballero de la Figura Triste», de caminar errante y gentil. Luchaste contra todos los molinos de viento y te arropaste con armadura oxidada para conseguir tus sueños.

Ingenioso hidalgo medieval con cuerpo desgarbado y mirada perdida, valoro la actitud positiva de apreciar los senderos pedregosos que te instaló el destino. Sin embargo, nunca renunciaste a los principios de nobleza que motivaron tus objetivos.

Junto a «Rocinante», tu grabadora a pilas, recorrieron el hermoso mundo de la interacción con las personas. Ambos fueron capaces de construir noticias, sin importar la pobreza franciscana que jamás descolgó sus garras.

Lo de ustedes no era generar riqueza, sino más bien, ser idealistas locos en un mundo plagado de frivolidades, que se levanta para mostrarnos materialidad superflua en hechos y situaciones cotidianas.

La tarea fue «desfacer entuertos», como decía el gran «Quijote» para conocer historias y seres humanos de carne y hueso, a los que diste un lugar privilegiado en el micrófono, sin mirar la cantidad de consonantes que tuviera su apellido.

Patricio Iván Muñoz, el «Alonso Quijano» de nuestros tiempos, sé que la paz y el deber de la tarea cumplida acompaña tu último viaje. Que en tu pequeña maleta negra resquebrajada por el sol, llevas a «Rocinante» para inventar en el cielo azul, un nuevo noticiero central, en donde tu voz inconfundible será el vehículo del conocimiento.

Tus amigos y todos los que tuvimos la dicha de compartir junto a ti, te deseamos la mejor de las travesías hacia el realismo mágico de mejores expectativas. ADIOS «PATITO», «ADIÓS QUIJOTE DEL MICRÓFONO».

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OPINION: Rechazar para reformar

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Diego Schalper, Diputado distrito 15

El próximo 26 de abril se juega mucho más que la pregunta sobre el debate constitucional. Más bien, lo que está en juego es la manera en que Chile procesará el malestar social de acá en adelante. En ese contexto, es bueno evidenciar el trasfondo de las distintas alternativas.


Una alternativa es el inmovilismo y la desidia, que muchas veces ha padecido la elite. Es creer que todo está bien y hacer una especie de defensa apostólica de la Constitución. No parece que esta mirada es el mejor aliado de aquellos que quieren demoler lo avanzando. Las Constituciones no son una especie de piedra pétrea, y obviamente es posible introducir mejoras.


Otra alternativa es el extremo de la refundación revolucionaria, que consiste en creer que Chile tiene que sentirse avergonzado de las últimas décadas y, por ende, construir desde cero con una hoja en blanco. Ese es el planteamiento del libro “El Otro Modelo”, cuyo autor principal es Fernando Atria, quien expresó mediante un video su tesis de la “hoja en blanco”. La idea detrás de eso es que todo lo que no alcance los 2/3 de una eventual Convención Constituyente quedará en blanco, debiendo regularse por ley simple. Eso significa que solo bastaría la mayoría de los diputados y senadores para modificarse, lo cual es dejar materias relevantes al alero de mayorías circunstanciales.


La alternativa que hemos propuesto junto a 26 diputados y 8 senadores de Renovación Nacional (equivalente al 75% de la Bancada) se denomina “Rechazar para Reformar”, situándose como punto moderado de las dos alternativas que hemos expresado más arriba.


Queremos reformas, porque efectivamente la Constitución puede ser modernizada. Por eso dejamos presentado el 31 de enero de este año un proyecto de reforma constitucional que incorpora nuevos deberes del Estado – a una pensión digna con montos mínimos y reajustables; a una atención de salud sin listas de espera eternas; a una educación de calidad; y al orden público y la paz social –; y que propone un Estado regional y solidario, donde realmente nos juguemos por la descentralización. Sobre esa base, proponemos un “Rechazo proactivo”, donde rechazar no es sinónimo de no hacer nada, sino de no comprarse el camino de la refundación. Creemos que la ruta de dos años de la “Nueva Constitución” es incierta e inestable, y tendrá inevitablemente (es nuestro deber constatarlo) consecuencias nefastas en la economía, la inversión y el empleo, afectando especialmente a los sectores más vulnerables. Además el costo que el país deberá pagar – o mejor dicho, todos los chilenos – para instalar una “Convención Constituyente” nos resulta innecesario y cara.


No queremos inmovilismo, por eso presentamos reformas. No queremos refundación, por eso llamamos a rechazar. Creemos que lo que se juega el 26 de abril es si Chile seguirá la senda de países vecinos, o más bien seguirá trabajando sobre lo construido, mejorando lo que hemos hecho, sin por eso demoler lo avanzado.

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OPINION: Los sueños de Francisco

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La exhortación post sinodal “Querida Amazonia” debe haber sorprendido tanto a moros como cristianos, a destra como a sinestra y a más de algún “vaticanista”. Se esperaba con mucha expectación e incluso con algo de morbo, si el Papa aceptaría o no la propuesta del Sínodo de la Amazonía, de ordenar sacerdotes a hombres casados, y que las mujeres puedan ser ordenadas diaconisas.

Para sorpresa de los expertos, ninguno de los dos aspectos fue abordado directamente en el documento. ¿Por qué no abordó Francisco el tema de los viri probati? Esto puede ser interpretado de tres maneras: a) El Papa le resta importancia al tema, lo cual significa que las soluciones a los problemas de la Amazonía no pasan solo por aumentar el número de sacerdotes, sino por poner el foco en las situaciones de injusticia, abandono, destrucción ecológica, abusos y pobreza que asola a la región; b) el Papa no quiere dar por cerrada la discusión y estima que no es el momento para proponer cambios; c) es una forma elegante de esquivar la polémica, y darla por superada “desde arriba”.

En el otro tema conflictivo, ordenar mujeres como diaconisas, Francisco afirma que “gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo” se ha transmitido la fe en la región. “Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe”.

Una eventual ordenación de mujeres solo “nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable”. Agrega que “las mujeres hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la Madre”.

La exhortación, que no pretende según el Papa ni reemplazar ni repetir el Documento Conclusivo del Sínodo, sino “aportar un breve marco de reflexión que encarne en la realidad amazónica una síntesis de algunas grandes preocupaciones (…) y que ayude y oriente a una armoniosa, creativa y fructífera recepción de todo el camino sinodal”, cuenta con cuatro capítulos titulados respectivamente: “un sueño social”, “un sueño cultural”, “un sueño ecológico” y “un sueño eclesial”. Son 32 páginas, distribuidas en 111 números y 145 pies de página. El estilo del texto es directo, escrito en primera persona, pastoral y a veces coloquial. Como ya es costumbre, el Papa cita autores no canónicos. Esta vez, a varios escritores y poetas latinoamericanos, entre ellos Neruda.

¿Cuál es la esencia de la exhortación? El Papa deja “brotar una sana indignación” y critica a los poderes económicos y al paradigma tecnocrático responsabilizándolos de la destrucción ecológica del Amazonía, y de los abusos como no respetar “el derecho de los pueblos originarios al territorio y a su demarcación, a la autodeterminación y al consentimiento previo”. Según él a estos “emprendimientos” en la Amazonia hay que darles el nombre que se merecen: “injusticia y crimen”.

Destaca con dramatismo como estos pueblos, de los que tenemos tanto que aprender, son obligados a emigrar a las periferias de las ciudades viviendo no solo desarraigados, sino, además, en condiciones miserables.

Francisco se muestra escéptico de la posibilidad de un crecimiento armónico y sostenible entre el paradigma tecnocrático y la ecología integral. Su apuesta es por la inculturación, que significa evangelizar sin desarraigar, sin colonizar. Inculturación “que no desprecia nada de lo bueno que ya existe en las culturas amazónicas, sino que lo recoge y lo lleva a la plenitud a la luz del Evangelio”. La misión de la Iglesia, sacerdotes y en especial los laicos, es entonces, “cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir”, es decir, “no basta con llevar un “mensaje social”.

En síntesis, Francisco nos comparte cuatro sueños: a) social: luchar por los derechos de los más pobres de la Amazonia; b) cultural: preservar la riqueza cultural de la región; c) ecológico: custodiar la hermosura natural de la Amazonia; d) eclesial: desarrollar una Iglesia con rostro amazónico. ¿De qué depende que esos sueños de Francisco se hagan realidad? De muchos factores, de toda la Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad.

Eugenio Yáñez

Director Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián

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