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EDITORIAL: El martirio marista de Zaire

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Hoy 31 de octubre, justo en la víspera del día de Todos los Santos se cumple un nuevo aniversario del martirio de los Hermanos Maristas de Zaire, en este contexto quisimos repetir este editorial escrito ya hace 4 años.
Ese trágico día de octubre de 1996 los hermanos Fernando, Julio, Servando y Miguel Ángel murieron asesinados en el campo de refugiados de Nyamirangwe. En esa zona de África se producía una cruenta guerra civil, donde las matanzas y la limpieza étnica eran comunes. Miles y miles de refugiados que huían de la violencia.
Según publica el sitio web www.maristasjaen.es, los hermanos vivían en un barracón, construido con planchas de madera y un tejado de chapa. El interior estaba separado por plásticos de la misma calidad que aquellos con que estaban hechas las tiendas de los refugiados de los campos. La vivienda constaba de siete pequeñas habitaciones, una capilla, un comedor, un pequeño cuarto de aseo y dos duchas. También había un espacio para almacén. El barracón lo habían construido los Hermanos ruandeses durante los años 94-95, al empezar a trabajar con los refugiados. Detrás de la casa había un pozo de unos 12 metros de profundidad para recoger las aguas residuales. Dentro del pequeño poblado de Bugobe y a unos 200 metros de los Hermanos vivían doce religiosas ruandesas que también trabajaban con los refugiados.
Entre los días 26 y 30 de octubre, llega al campo de Nyamirangwe una gran cantidad de refugiados procedentes de otros campos. El día 30, el H. Miguel Ángel escribe en su diario: «una marea humana huye de Bagira y Bukavu hacia Walungu. Me paseo por la ruta. Saludo. Veo niños que lloran… Se siguen oyendo fuertes bombazos que se confunden con los truenos. Oigo en la «fonía» (la radio de los misioneros) que el arzobispo de Bukavu ha sido asesinado y que las calles están llenas de cadáveres. Se me pone unos instantes la carne de gallina. El que daba la noticia se despedía hasta el cielo, con una voz angustiada… La tensión es fuerte. Nos despedimos hasta mañana, si Dios quiere»
El día 31 de octubre llegan nuevos grupos de milicias hutus fuertemente armados que controlan los caminos, roban y obligan a huir a la gente de los alrededores. Los campos de refugiados quedan vacíos y la gente huye en desbandada.
A las diez de la mañana los sacerdotes que vivían con los Hermanos y las religiosas de Bugobe abandonan el poblado, utilizando la camioneta de los Hermanos. Ellos deciden quedarse con su gente.
No se sabe el número de milicianos que asaltaron la casa de los Hermanos, el 31 por la tarde. Ese día, hacia las 20 horas, algún vecino oyó gritos en la casa de los Hermanos, ruido de vajilla, gemidos y la expresión: «Señor, Señor, ten misericordia, que nos matan». Los vecinos huyeron de sus casas para esconderse en el monte.
Recién el 8 de noviembre, dos Hermanos logran llegar hasta el campo para saber qué había pasado con los religiosos. Los del poblado les muestran el lugar donde pueden estar los cuerpos de los Hermanos: se encuentran en el pozo de las aguas residuales a bastantes metros de profundidad.
Se preguntarán por qué a tanta distancia en el tiempo y en el espacio recordamos este cruel asesinato, es porque uno de los mártires tiene fuerte lazos con nuestra región.
Él era español de nacimiento, pero era conocido como “el chileno” en África. El Hermano Fernando De La Fuente siendo rector del Instituto San Fernando se presenta de manera voluntaria para un cambio radical, deja este colegio particular, con todas las facilidades para enseñar y se dirige al Zaire. No conocí mayormente al hermano, pero sí compartí con varios de quienes fueron sus alumnos quienes tienen muy cariñosos recuerdos del maestro.
Luis Fernando González
Sub director 

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La capacidad productiva chilena para la edificación acelerada en escenarios de catástrofe

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Por Marcos Brito A., gerente de Construye202

China es hoy, sin lugar a dudas, un referente mundial en desarrollo industrial en la producción masiva de productos de todo tipo. Pero, donde ha venido destacando en los últimos años es en la edificación acelerada. Así lo demostró frente a la rápida expansión del COVID-19, originado en Wuhan, al construir dos hospitales de emergencia en tiempos extremadamente acotados.


Solo 10 días bastaron para que China edificara dos hospitales, uno con mil camas y otro con 1.600 camas en 25.000 m2 y 36.000 m2, respectivamente. El mundo entero quedó impresionado por este gran logro, fruto del esfuerzo humano que, según diversos expertos, no requirió de más innovación que la capacidad de planificación y experiencia productiva industrial.


Pues bien, en Chile está la tecnología y la capacidad productiva industrial para edificación acelerada como la que se hizo en China. De hecho, el país tiene vasta experiencia en campamentos mineros y cuenta con redes internacionales de colaboración con otras industrias. Esto nos lleva a pensar en la urgente necesidad de conectar el knowhow con los servicios públicos que requieren dar respuesta rápida y eficiente que exigen escenarios de catástrofe.


El Consejo de Construcción Industrializada, impulsado por Construye2025 de Corfo, está preparado para ser el referente experto -desde la industria y la academia- para asesorar y brindar todo el apoyo para que el país pueda dar una calidad de respuesta de clase mundial frente a emergencias. Por lo tanto, ambas partes deben trabajar en conjunto para posicionar a Chile es como referente mundial en rapidez y eficiencia en la construcción.

¿Cómo edificar hospitales en 10 días?
En China, los dos recintos levantados para enfrentar la crisis del COVID-19 fueron basados en diseño y planificación, tal como sucedió cuando se construyó en solo siete días el hospital Xiaotangshan, en Beijing (2003), para afrontar la emergencia sanitaria del virus SARS. Desde entonces, los modelos pudieron ser mejorados en cuanto a sus procesos de logística y suministros, además de corregirse elementos de funcionalidad, en base a la experiencia de haber operado el primer modelo.
Además, China consideró factores concretos de aceleración en obra, como el uso intensivo de maquinarias, incluyendo 100 equipos de trabajo para lograr nivelar el terreno en solo 48 horas. Para esto, se organizaron turnos 24/7 con una alta participación de técnicos especialistas en montaje que, a pesar del mayor costo (150USD/día), logran importantes ahorros en tiempo gracias a su experiencia.

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OPINION: No es tiempo para individualismos

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Juan Carlos Jobet, ministro de Energía.

Vivimos la peor pandemia en siglos. Vemos en Chile y en tantos otros lugares del mundo cómo una nueva enfermedad, para la que todavía no hemos descubierto vacuna ni tratamiento, se expande a gran velocidad.

Una crisis de esta envergadura demanda esfuerzos de todos. La mayoría del país ha entrado en un ritmo más lento. Hay comunas en cuarentena obligatoria, se recomienda el teletrabajo, hay ciudades y zonas con cordones sanitarios.

Todo esto es necesario para proteger vidas, especialmente de los más frágiles, los mayores y los que sufren de enfermedades que podrían complicarse con el coronavirus.

Tenemos que quedarnos en casa, todos los que podamos hacerlo. Y para quedarnos en casa, necesitamos contar con los servicios básicos. Muchas familias estarán en dificultades para pagarlos. Por eso, el Presidente Sebastián Piñera, junto a ministros sectoriales, anunció un plan de ayuda al que podrán acceder siete millones de habitantes, alrededor del 40% de la población de Chile.

Para el sector eléctrico, este plan dispone que durante el Estado de Catástrofe las empresas no podrán cortar servicios básicos por deudas impagas; esa deuda se prorrateará en doce meses, sin intereses; y quienes tengan el servicio cortado, podrán solicitar su reposición.

Estas medidas –dirigidas a las familias del 40% más vulnerables- también estarán a disposición de personas que, durante el Estado de Catástrofe, demuestren su vulnerabilidad o imposibilidad de pagar servicios debido a las medidas que promueven o exigen el aislamiento social: mayores de sesenta años, personas que han perdido su trabajo, y otros casos excepcionales.

El Gobierno ha conseguido un acuerdo de las compañías y cooperativas del sector, grandes y pequeñas, para impulsar estas medidas sin costo fiscal y los parlamentarios de todos los sectores hicieron sus aportes para su diseño. Juntos debemos poner el cuidado mutuo en el centro.

Cuando hablamos de cuidado no se trata solo de proteger la salud de otros, se trata de buscar una mirada compartida sobre lo que nos está ocurriendo. La solidaridad no implica solo el aislamiento para no afectar a otros, sino también una solidaridad activa.

¿Qué significa esto en el caso de la energía? Que los que puedan pagar, paguen. Eso también es un acto de solidaridad con la marcha general del país. Estamos funcionando con mayor lentitud, pero, en sectores como el de energía que provee un servicio fundamental para la vida en sociedad, no podemos detenernos.

Y para eso es necesario que quienes pueden mantener el pago de sus cuentas, lo hagan. Esos recursos van a pagar los sueldos de los casi 100.000 trabajadores del sector y permiten financiar la operación que sustenta el suministro de electricidad.

Necesitamos esa electricidad para el funcionamiento del transporte, de los hospitales, clínicas y centros médicos, de nuestros electrodomésticos, de las redes que nos permiten seguir comunicados e informados.

Tenemos que mirar hacia el futuro. La crisis del COVID-19 es muy dura, pero pasará; y creo que una gran lección de la crisis será recordarnos la necesidad de la solidaridad mutua para salir adelante. Otro país emergerá de esta crisis, un país más consciente de que cada uno es responsable del bienestar de todos.

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OPINION: A no olvidar las personas mayores en tiempos de Covid-19.

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Finalmente, en Chile sucedió lo que hace unos meses parecía remoto: la propagación de Covid-19, nombre brindado a la enfermedad causada por coronavirus. Tras 10 días de la detección del caso cero en Chile, el Ministerio de Salud anunciaba que los casos confirmados de Covid-19 ascendían a 43 personas. Hasta ese momento existía cierta incredulidad que la Región de O’Higgins no tuviera casos confirmados, pese a que era consabido que esto sería pasajero.


Fue así como el 18 de marzo se informaron los primeros casos confirmados de la región: un hombre de 40 años de la comuna de Machalí y una mujer de 39 años de Requínoa. El Covid-19 ya era una realidad en la VI región e inauguraba su aparición durante la Fase 4 (transmisión sostenida de Covid-19 con capacidad de generar brotes en la comunidad), momento en que se extremó la alerta a grupos vulnerables como los mayores de 60 años, quienes tienen un alto riesgo de presentar un cuadro grave de infección asociado a una alta mortalidad.


En la Región de O’Higgins, el último censo poblacional estimó que el 11% de la población corresponde a mayores de 65 años, lo que hace que más de alguna persona mayor integre nuestro círculo social más íntimo. En consecuencia, es urgente reforzar las medidas preventivas en todo el país, como lavar frecuentemente las manos con agua y jabón y mantener distanciamiento social de al menos un metro entre personas.


Sin embargo, al acatar esta última medida, se puede de manera inconsciente segregar u olvidar a las personas mayores, en especial a quienes viven solas. Por lo mismo es que el esfuerzo y compromiso por cumplir con estas simples medidas serán claves para atenuar una transmisión desbordada de Covid-19 en los próximos meses. Complementar estas medidas con llamadas telefónicas o videollamadas, permitirán aminorar los sentimientos de aislamiento, tristeza e incertidumbre que se viven por estos días; además de ofrecerles nuestra colaboración para comprar lo que necesiten en farmacias o supermercados para evitar una exposición innecesaria de las personas mayores a aglomeraciones.


Juntos podemos superar esta catástrofe sanitaria causada por Covid-19 que ya cuenta con más de 2.000 casos confirmados y ocho fallecidos a nivel nacional, la que también nos exhorta a ser conscientes y solidarios con nuestra sociedad, en especial con quienes ya dieron todo por Chile.


Dr. Hugo Juanillo-Maluenda
Docente Adjunto
Escuela de Salud de la Universidad de O´Higgins

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