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Enfermedades de Transmisión Sexual y falta de políticas públicas

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Las Enfermedades de Transmisión Sexuales (ETS) en el último tiempo han ido en aumento, generando un importante cambio en las políticas de salud en Chile. Esto se debe a que el país se ve enfrentado a un proceso de transición sociodemográfica que impacta a nivel epidemiológico, repercutiendo en la salud de la población.
 
A mi juicio, hay cierto relajo por parte del Ministerio de Salud y las políticas de salud pública de Chile, que han generado una disminución en las campañas de prevención de las ETS y VIH, preocupación que sólo se reactiva cuando hay signos de alarmas en el aumento de los casos, transformando esto en un proceso discontinuo en el tiempo.
 
Además, hay que recordar que estamos frente a una población chilena joven y adulta muy poco empoderada en el control de su salud y menos en conceptos de prevención oportuna, especialmente cuando la población joven se ve expuesta continuamente a diversos medios y redes sociales que incitan indirectamente al desarrollo de conductas sexuales de riesgo.
 
Por este motivo, es de suma importancia comenzar a empoderar a la población en los conceptos de prevención y promoción en salud respecto a las ETS. Debemos potenciar aún más el desarrollo de la educación sexual en los colegios y universidades, porque es ahí donde está el aumento de casos en la población chilena. Aumentar aún más las campañas de difusión y no solo en TV, sino en todos los medios de difusión y redes sociales para generar un impacto transversal en toda la sociedad.
 
 
Emmanuel Sánchez Donoso
Académico Facultad de Enfermería U. Andrés Bello
 

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Son el alma de un equipo confuso

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La opinión de Manuel Polgatiz:

Periodista y comentarista deportivo

El abrazo con la hinchada de galería norte, siempre es el más dulce y apasionado en el estadio El Teniente. Allí están los que sufrieron descensos o amargas y humillantes goleadas en casa.

En ese lugar estuvieron los que vibraron bajo la lluvia en esa primera final del club, ante Universidad de Chile el 2012.

Ahí cantaron y expandieron la alegría por el recinto, los 16 que perdieron la vida en Tomé. En ese lugar se lloró la derrota ante Universidad de Concepción, que impidió conseguir la segunda estrella.

Y también por cierto, ahí se despidió el último gran ídolo celeste: Pablo Ignacio Calandria. Arrodillado y sumiso frente a su público, regaló con los ojos humedecidos, su final conquista en la redes nacionales en el partido con Audax Italiano el año pasado.

Y no es casualidad, créanme, que en la noche gélida de este sábado, los dos goles del triunfo fueran en esa zona del campo. Coincidencia o no, ambos son de aquellos guerreros que se disfrazan de futbolista para emocionar hasta al “Flaco Paul”, ya fallecido, que en esta ocasión los vio desde los cielos.

Maximiliano Salas y Juan Fuentes, son el alma de un equipo confuso, que se ve superado por el rival, pero que saca adelante los partidos con empuje, fuerza y el corazón de estos compañeros de profesión.

Ambos resistidos en el inicio, porque no poseen la virtud técnica de los volantes barcelonistas, ni la elegancia de los mediocampistas del Liverpool. Pero quién puede discutirles su tesón, constancia, inteligencia y disciplina para jugar.

Ya vendrán los chaqueteros de siempre para enrostrarme que elevo a jugadores de O’Higgins a lugares que aún no merecen. Pero si no lo hacemos ni los reconocemos nosotros, ¿Quién lo hará? ¿La prensa nacional? o ¿Los representantes, que ya los deben tener en la mira para ubicarlos en mejores instituciones?

Mi consejo es a disfrutarlos y aplaudirlos mientras podamos. No siempre encontramos, como en el caso de Fuentes, a un jugador-hincha. Que no besa el escudo para la foto del reportero, sino más bien, porque ama la camiseta donde se crió, formó y desarrolló.

Los goles que favorecieron el triunfo frente a Everton (muy buen equipo, pero tanto o más desequilibrado que O’Higgins) son el justo premio de una batalla que ellos encabezan y se han ganado en cancha, sin más riqueza que la entrega absoluta para conseguir el objetivo.

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La Gruta de Lourdes de Baquedano.

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            Hace 160 años, en Massabielle, en los roqueríos que bordean el río Gave, la Virgen María se apareció a una humilde pastorcita, María Bernarda Soubirous. Era el 11 de febrero de 1858. La Virgen se apareció a Bernardette dieciocho veces entre febrero y el 16 de julio de ese año. El párroco del lugar pidió a la vidente que preguntara a la celeste aparición cuál era su nombre. En la visión del 25 de marzo, la Virgen le dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Las palabras de María venían a corroborar el dogma que San Pío IX había proclamado solo cuatro años antes. Nació así no solo uno de los más famosos y concurridos santuarios del mundo, (cada año 80 mil enfermos acuden a Lourdes en busca de salud espiritual y corporal) sino también una de las advocaciones marianas más populares del mundo católico.

            En Chile, esta devoción a la Madre de Dios bajo la advocación de Lourdes se debe al Pbro. José Jacinto De la Arriagada, Capellán del Monasterio del Carmen de San Rafael. En 1878, el señor Alejandro Vigoroux (francés) donó el terreno en el cual hoy se alza el Santuario (Gruta y Basílica) más grande después del que se edificó donde Bernardette recibió los mensajes de la Virgen. El  Pbro. De la Arriagada encargó a Francia una imagen de Ntra. Señora de Lourdes, de madera policromada, la misma que fue solemnemente entronizada en el templo construido para ella en 1887. En 1919 (en Quinta Normal) se bendijo la primera piedra de la magnífica basílica estilo bizantino moderno y de la nueva gruta, que imita en lo posible a la de Massabielle. La nueva basílica solo se vino a inaugurar en 1958. (Cf. Miguel Laborde. Templos históricos de Santiago. 1967) La belleza y magnificencia de este templo, añadimos, hizo que desde su inauguración se le diera el tratamiento de Basílica. Fue el cardenal Carlos Oviedo (1990-1997) quien descubrió que nunca se había tramitado ante la Santa Sede el título de Basílica, situación que él se encargó de regularizar. Entre tanto, a lo largo y ancho de Chile fueron muchas las “grutas de Lourdes” que fueron surgiendo, no solo en torno o al costado de los templos, sino también en los patios y antejardines de las casas particulares. En muchos lugares, la fe del pueblo alzó grutas de Lourdes en paisajes rocosos, en algún cerro vecino o en espacios aptos para peregrinar o recogerse a orar.

            No nacía todavía la diócesis de Rancagua cuando se alzó la gruta de Lourdes de Baquedano. Funcionaba allí la Capilla de San Pedro Apóstol, desde 1915, y en la esquina de lo que hoy es Baquedano con Lourdes, el 11 de febrero de 1923, se inauguraba la Gruta de Lourdes que ahora está a punto de caer (usando un gastado lugar común) bajo la picota del progreso. Las generaciones nuevas rancagüinas, ignoran que todo lo que hoy es el Pequeño Cottolengo fue el Seminario Cristo Rey. El 30 de octubre de 1927 se bendijo solemnemente la Primera Piedra del seminario. La construcción se inició el 7 de marzo de 1928. El 30 de octubre de 1933 se bendijo el nuevo edificio y el 7 de mayo de 1934 se iniciaron las clases con 13 alumnos. Fue su primer Rector D. Eduardo Larraín Cordovez, que sería el segundo obispo de Rancagua. El Seminario tuvo primeramente el rango de seminario menor. La viceparroquia de S. Pedro (hoy Parroquia Cristo Rey) y la gruta de Lourdes adjunta, eran parte del seminario, edificado en terrenos que donó la Sra. Adela Errázuriz Salas al arzobispado de Santiago. Al crearse la diócesis, Monseñor Lira reclamó esa propiedad para la iglesia de Rancagua.

            El Seminario, como edificio, prestó sus servicios hasta 1972, año en que el Rector, Mons. Alfredo Salas traslada su domicilio a la casa parroquial de El Sagrario. (Catedral) Para entonces, en el edificio de Baquedano se alojaban 115 niños del Hogar Don Guanella, damnificados por la nevazón del 21 de junio de 1971. El 10 de mayo de 1972, los alumnos de la Universidad Técnica del Estado (Campus Rgua.) se tomaron el Seminario. El tema alcanzó ribetes internacionales porque se consideró que los religiosos y religiosas a cargo de los niños estaban secuestrados puesto que eran todos italianos. Se apeló al Subsecretario de Justicia (José Antonio Viera Gallo) y finalmente los universitarios depusieron la toma. En 1974 se creó la Parroquia Cristo Rey y el domingo 16 de marzo de 1975 se inauguró allí el Pequeño Cottolengo.

            En el pasado reciente, años 70, esta propiedad de la Iglesia que tantos servicios ha prestado a la sociedad rancagüina, fue violentada por las “tomas”. Mal endémico chileno. A la vergonzosa invasión de los universitarios hay que sumar las tomas que los pobladores hicieron por el costado sur de la propiedad. Nunca sabremos quiénes fueron los vándalos que en dos ocasiones consecutivas pusieron fuego al templo; una construcción que constituye todo un historial del arte de edificar en Chile. Gracias  al ahínco y fortaleza del Padre Giácomo Valenza, hoy luce restaurado. No obstante, pesa ahora sobre la ya casi centenaria gruta, la orden de expropiación, la que necesariamente lleva su demolición en todo o en parte. Lamentamos que así sea. Lo lamentamos, no por sentimentalismos nostálgicos, ni por remar contra la corriente. Sucede que, con frecuencia, se recurre a estas remodelaciones, ampliaciones o como quiera que se llamen y para eso se daña severamente el patrimonio. Porque, queramos o no, el ex Seminario Cristo Rey, con su templo y su gruta son un conjunto arquitectónico valioso para la Historia de Rancagua. Auténtico patrimonio, construcciones de la primera mitad del siglo XX de las cuales casi nada es lo que va quedando. Que no pase como en la Estación de Ferrocarriles. Pocas estaciones de provincia tenían un andén tan amplio, extenso y señorial como el de nuestra estación. Se lo intervino bárbaramente para hacer más expedito el paso de los viajeros. Y ahí está ese andén truncado, despilfarrada la primera belleza, inútilmente, porque casi no hay trenes. Lamentable esta expropiación de Baquedano porque además, aunque se construya una gruta nueva, igual o casi igual, (las “reconstrucciones” me hacen temblar) tendrá que pasar un tiempo para eso. Entre tanto ¿dónde irá a parar todo ese cúmulo abigarrado de ex-votos, dónde encenderán los fieles sus velas y adónde volverán sus ojos si ya no está la imagen que los acogía en esa gruta donde la ampelopsis compite por el espacio con esa vieja buganvilia? Es más importante que los vehículos tengan por donde circular. Una vez más el pobre sale perdiendo. El pobre fiel tendrá que esperar una nueva gruta. Los pobres de la calle, que en los bancos de la gruta dormitan sin que nadie los moleste y los pobres que allí se refugian buscando en la oración, en la promesa que se ilumina con una vela ofrecida con simple esperanza o en la flor que efímera muere con el sol de la tarde, todos ellos tendrán que esperar. Quiera Dios que me equivoque, cuando venga la nueva versión, se echará de menos la vieja gruta, con sus viejas enredaderas, con sus acacias apestadas y sus rejas enmohecidas. Porque, lo nuevo será más estrecho, más exiguo y si ahora la contaminación acústica todo lo invade, entonces será peor. Pobre futuro le aguarda a la única gruta de Lourdes (pública) que tenemos en Rancagua. Termino con un recuerdo. Yo no estuve allí. El 14 de noviembre de 1948, el obispo diocesano Mons. Eduardo Larraín C., bendecía la Gruta de Lourdes de Sewell. Eso de gruta de Lourdes, me cuentan, era algo sobremanera extraño para los norteamericanos de Braden. Nunca he ido a Sewell y no sé aún se conserva esa gruta que si Ud., saca la cuenta cumple 70 años. Quizás, ya hay muchos que, imbuidos por las nuevas formas de vida, se pregunten qué cosa será eso de gruta de Lourdes. Puede ser. Hoy, la fe vive su exilio en Babilonia. En 1858, el agua que brotó de la roca y la vela que ardía en las manos de Bernardita renovaron los corazones de muchos. Para todos aquellos que ven como se les cierran las puertas, la gruta de Lourdes (la de aquí, la de Santiago, la de Rengo, de donde sea) es como un remanso de paz. Allí Jesús, por medio de su Madre nos dice: “No temas. Tan solo cree”.

                                                                                  Mario Noceti Zerega       

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FOTO DEL RECUERDO: Camarotes de Sewell

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La imagen corresponde a un camarote de Sewell en construcción en el año 1924. La “ciudad de las escaleras” llegó a albergar a casi diez mil personas con muchos de estos edificios habitacionales en donde vivían por separado solteros y casados como también empleados y obreros. Muchos ex sewelinos recuerdan con nostalgia su vida en el campamento minero.

Puede enviarnos su foto del recuerdo a jefedeinformaciones@elrancaguino.cl

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