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Hermanos Maristas

Señor Director:
 
Me he enterado con mucho pesar sobre situaciones que son injustificables, como lo son en este caso los abusos sexuales reiterados en contra de menores de edad por parte de Abel Pérez, alguien quien, debido a los hechos deleznables de los cuales fue el autor, ya ni siquiera merece ser llamado Hermano Marista. Condeno profundamente su capacidad de utilizar de forma tan repugnante su cargo y su profesión, y al mismo tiempo lamentando que en la Congregación exista gente como él con tan poco sentido Marista, Cristiano y Humano.
Con la misma tristeza e impotencia, me ha tocado ver cómo la propia Congregación ha ocultado esta situación de la comunidad, e incluso encubierto al degenerado que cometió tales atrocidades por todo este tiempo. Lo digo con todas sus letras, ME INDIGNA el pusilánime encubrimiento cometido por la Congregación, el montaje que ha significado esta suerte de defensa corporativa a alguien que cometió un crimen contra quienes son el motor de la obra que fundara San Marcelino, y el justificar lo injustificable desde la inexistencia de protocolos. Mas, reconozco, especialmente en la figura de los laicos de la Congregación, la intención de manifestar su categórico rechazo y poner todos los antecedentes conocidos al servicio de la justicia, lo cual fue divulgado a través de una carta publicada el día viernes.
Ya siendo conocido todo lo anterior, me cuesta entender el nivel de violencia en lo publicado por exalumnos de distintos colegios de la Congregación al respecto, quienes escriben frases arrebatadas llegando al nivel de decir arrepentirse de ser (o haber sido) Maristas.
La reflexión que hago al respecto, la hago como exalumno que se educó por 13 años en el Instituto O’Higgins, como expresidente del Centro de Alumnos y hoy como uno de los Directores del Centro de Ex-Alumnos: tengo agradecimiento por la Congregación, pero aún más, por quiénes le dan vida a ella, los profesores, funcionarios y compañeros que conocí, muchos de ellos mis amigos; y así también, a los Hermanos, quiénes han levantado cada uno de los colegios y obras a lo largo del país, y de quiénes guardo grandes recuerdos producto de conversas, su sabio consejo, su saludo cordial. Y es por eso que no cometeré el error de generalizar y “meterlos a todos dentro del mismo saco”.
Nuestra Congregación es lo que es gracias a los Hermanos y Laicos visionarios que la han convertido en un referente en el evangelizar desde la educación, y, a mi juicio, no sería correcto empañar estos 200 años de existencia a nivel mundial, y más de 100 en Chile a raíz del error e inmoralidad de unos pocos. Hoy es momento de tomar lo que se ha hecho, remendar el rumbo, reconocer los errores, enmendarlos y hacer justicia; y sobretodo, que la Congregación sea coherente con el mensaje de Cristo, y sea capaz de pedir genuino perdón.
 
 
Benjamín Pérez Jofré
Ex-Alumno Marista IOH – G. 2016.

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