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Desde el primer momento

 

Por Cristián Pizarro Allard, Gerente de Asuntos Corporativos, Comunicaciones y Sostenibilidad de Caja Los Andes.

 

Por estos días, la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras se encuentra celebrando por cuarto año consecutivo el Mes de la Educación Financiera, con una amplia agenda de actividades que incluye fuertemente al sector privado y académico.

Los enormes desafíos que tenemos como país en la materia, deben abordarse de forma mancomunada, y a nuestro modo de ver, el foco debe estar puesto en concientizar a nuestros niños y jóvenes sobre la importancia del endeudamiento responsable y el ahorro, a través de planes educativos que enseñen el manejo de conceptos financieros básicos, como herramientas que les permitan llevar sus finanzas sanas a lo largo de su vida.

Lo anterior, ya que el sobre endeudamiento es mucho más que un simple problema de números y “llegar a fin de mes”. Más bien, la mayoría de las veces trae consigo grandes cargas de estrés, afectando a todos los ámbitos personales, como son la estabilidad familiar, la relación de pareja, la salud y el propio rendimiento en el trabajo.

En ese sentido, un primer objetivo que debemos trazarnos como país, es revertir los magros resultados de la Encuesta Pisa sobre Educación Financiera 2017, que se aplicó por primera vez en Chile y que revela que el 38% de los estudiantes chilenos no ha desarrollado las competencias mínimas de alfabetización financiera, y que sólo 3% se encuentra en el nivel más alto, muy lejos del liderazgo de Canadá, China y Bélgica.

El endeudamiento en los segmentos más jóvenes de la población se debe, en parte, a la facilidad que tienen los alumnos de educación superior para abrir cuentas corrientes, sin mayores requisitos y que se traduce en que buena parte de ellos comienza su vida laboral ya con deudas proveniente de su época estudiantil, debido al incorrecto uso de los productos bancarios. En cifras de la SBIF, actualmente, el 98% de la población adulta, mayor de 15 años, tiene acceso a servicios financieros, y en promedio, los chilenos cuentan con 5,5 productos a su haber.

En ese sentido, el desarrollo de estas competencias de educación financiera en los jóvenes debe enfocarse, por un lado, en enseñar temas de economía personal y del hogar, transmitir el valor del trabajo, comprender que el dinero requiere esfuerzo y en la correcta utilización de tarjetas bancarias, cheques, cuentas y divisas. Mientras en una segunda dimensión, debe enfocarse en capacitarlo con herramientas que les permitan realizar planificaciones para la adecuada gestión del dinero a corto y largo plazo.

Una opción para avanzar de manera institucional en este sentido, es introducir la educación financiera como contenido obligatorio en las mallas curriculares de los niños en los colegios, y de este modo, que el país se sume a las más de 60 naciones que tienen, o se encuentran en vías de desarrollar, una política de educación financiera, tal como propone la OCDE.

En la actualidad, la Ley General de Educación no establece con claridad la obligación de impartir en la educación básica y/o media contenidos que entreguen conocimientos que permitan a las personas comprender mejor los conceptos, riesgos y oportunidades financieras, para tomar mejores decisiones que permitan su desarrollo económico.

En ese sentido, llamamos a nuestros legisladores a retomar esta discusión, que ya cuenta con dos proyectos de ley presentados en 2015, que buscan introducir como obligatorias estas ramas en los colegios y que todavía se encuentra primer trámite constitucional del Congreso.

 

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