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Cruce de la Cordillera de Los Andes por el paso Las Damas: Los límites están solo en la mente

El deportista paralímpico argentino, Juan Maggi, y el sobreviviente del “Milagro de Los Andes”, Gustavo Zerbino, llegaron a San Fernando tras recorrer las montañas a caballo desde Malargüe.

Ricardo Obando

Son dos historias que se unieron con un solo fin, romper los límites. Uno, sobreviviente del llamado “Milagro de Los Andes” (1972). El otro, abanderado trasandino en Vancouver 2010 y sin piernas producto de una poliomielitis que lo afectó, llegó hasta el Himalaya solo con su bicicleta de mano. El uruguayo Gustavo Zerbino y el argentino Juan Maggi cumplieron con el desafío que se propusieron, recorrer desde Argentina a Chile a caballo por el escarpado camino que cruza la frontera por el Paso Las Damas.

Con un espíritu aventurero, por su pasado como deportistas, la idea les pasó por la cabeza y no lo dudaron.

El cordobés Maggi, ni siquiera sabía montar comentó en un par de entrevistas. Con la mente puesta solo en lograr su objetivo, viajó hasta las inmediaciones de Malargüe (provincia de Mendoza) para poder aprender lo necesario y así tener la práctica para soportar el cruce de Los Andes.

Tras días de extenuante trayecto, la semana pasada arribaron al país por Las Damas y Termas del Flaco. Allí, en el balneario cordillerano, fueron recibidos como se lo merecían. No es menor que Maggi sea el primer deportista paralímpico en hacer esta hazaña.

Es más, su amigo Juan Ulloa (también argentino) fue impulsor de esta aventura, ya que, el año pasado, viajaron juntos al Valle de las Lágrimas, lugar donde hace 45 años un avión Fairchild Hiller FH-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya capotó con 45 pasajeros a bordo. De ellos, solo 16 jóvenes sobrevivieron, siendo rescatados tras el aplomo de Nando Parrado y Roberto Canessa que caminaron por 10 días (casi 60 kilómetros en la alta montaña) para encontrarse de milagro con el arriero sanfernandino Sergio Catalán que fue finalmente el que informó a las autoridades de la época para iniciar el rescate. En ese grupo que pasó 72 días a más de 4.200 metros sobre el nivel del mar. En ese grupo estaba Gustavo Zerbino.

Con ese ejemplo, más su esfuerzo, comentó Maggi, pueden decir que “hemos transitado una vida separado, pero cosas nos unen, como la cordillera. Donde los límites solo existen en la cabeza”.

Según dijo, esta parte de Los Andes, en San Fernando, es mágico. “Este lugar está encantado por el Milagro de Los Andes”, expuso, más cuando señaló que lo vivido junto a Zerbino arriba de las altas montañas, le permitió seguir rompiendo límites. “Lo que Gustavo me transmitió no es ni dolor, ni bronca, ni odio, es todo creencias, esperanza, amor”, aseguró, hecho que ratificó el ex rugbista en el diálogo que se sostuvo con personalidades colchagüinas.

Es más, sentenció que al charrúa “le agradezco que se haya hecho parte de mi causa”.

El grupo, que comenzó el recorrido el 4 de enero pasado en San Rafael, estuvo compuesto por 11 personas. Un equipo multiciplinario donde participaron, entre otros, Carlos Marcó (relator del viaje), Juan Luis Yáñez (asistente), Juan Ignacio Maggi (cocinero), Gerardo Merello (fotógrafo), Silvio Marchegiani (médico) y Juan Ulloa (guía).

APRENDIÓ DEL DOLOR

Junto a Maggi, el otro protagonista de esta historia es Gustavo Zerbino. De muy joven aprendió a ganarle a la vida al soportar 72 días atrapados en la cordillera. Cuando Juan viajó hasta Uruguay para proponerle la idea de realizar este periplo, no lo dudó.

“Quiero agradecer a Juan de permitirme acompañarlo al desafío. Yo como tengo el umbral del dolor tan alto, le dije que sí”, expuso.

Medio en broma, medio en serio, señaló que “él nunca había andado a caballo y al segundo día ya quería cruzar la cordillera. Eso confirma el diagnóstico inicial que está loco”.

Tras comenzar el recorrido, el clima comenzó a avisarles que no sería fácil lograrlo. El deportista uruguayo manifestó que “cuando arrancamos empezó un viento muy fuerte, y empecé a recordar lo que eran las tormentas. Ahí me di cuenta que el que estaba loco era yo, porque sabía dónde iba”.

En el cruce, recordó que en Los Andes “aprendí del dolor, de las lágrimas y del esfuerzo”. Al rememorar lo que vivió en esos 72 días, dijo que junto a sus compañeros sacaron lecciones rápido de lo que estaban viviendo, en el sentido de que “el construir una sociedad solidaria lo aprendimos en Los Andes”.

Junto con ello, Zerbino puntualizó que esta zona del país, para él sigue siendo “un lugar mágico. Nosotros nos caímos en la región del Tinguiririca, cerca del volcán”. Y eso, le permite explicar lo que hizo Juan Maggi. En el paso Las Damas, agregó “hay una grieta enorme, donde había una letra escrita hecha por un arriero, él subió y bajó como si nada, hasta se arrastró”.

Es por eso que, recalcó, “esto ha sido un aprendizaje muy grande. Nosotros nos caímos en el límite, compramos la tierra ahí y tiene nuestro nombre”.

Es más, dijo que la venida de este grupo hacia San Fernando es para “agradecer. Nosotros en este viaje nos venimos a liberar del viaje y las creencias limitantes”.

Viendo la condición de deportista paralímpico de Maggi, y sus ideales firmes en que se podía lograr, puntualizó que “el imposible está en la mente. La discapacidad está en la gente que tiene miedo”.

ANÍMENSE A SOÑAR

Gustavo Zerbino, en esta pasada por la capital provincial de Colchagua, no olvidó que, estando resguardados en el fuselaje del avión, escucharon por radio que ya no los buscarían más, que los daban por muertos. Eso, dijo, los hizo revivir y repensar en el cómo salir de donde estaban.

Además, aseguró que, en esta pasado, “vine en las huellas de mi padre, él junto a otros dos recorrieron todo, después que nos dieron por muertos. Eso lo escuchamos en la radio, ahí supimos que nos habían abandonado y fue la mejor noticia que pudimos escuchar, porque dependía ahí de nosotros. Solo tenemos que levantarnos una vez más después de caernos”.

De esta manera, expuso, “para vivir hay que estar más allá de los límites. A la juventud el llamado es a que se anime a soñar, y que lo único he los separa de su objetivo es el tiempo”.

Tras llegar a Chile, y ser recibidos en Termas del Flaco, la delegación se trasladó hasta el sector de Los Maitenes (aguas arriba de la confluencia entre los ríos Azufre y Tinguiririca) para descubrir una placa recordatoria en el lugar donde el arriero Sergio Catalán los avistó. Es más, se reunieron con él y su familia, para seguir con una amistad que recordó Zerbino ha persistido en los años.

Además, recibieron el homenaje de la comunidad de Puente Negro en la Plaza del Arriero, lo propio con la gente de la Cámara de Comercio de San Fernando y del Comité Pro Paso Las Damas.

Por eso, en el cierre, Zerbino recalcó que, en un ejemplo que es válido para todos, “la vida hay que vivirla con pasión, con alegría. Eso es lo único que depende de nosotros”.

EL GUÍA JUAN ULLOA

Los dos protagonistas de esta historia le dan todo el mérito a Juan Ulloa. El guía de la expedición, y quien operativamente preparó todo para no fallar en el cruce por el Paso Las Damas, comentó que no le queda otra que “simplemente agradecer, porque esto tiene un inicio en lo que significa la amistad. El deporte fue su movimiento inicial, y después con su familia pudimos compartir en la cordillera”.

En la gestación de la idea, dijo, con Juan Maggi “pudimos realizar el viaje al glaciar de Las Lágrimas y ahí me comenta que sería buena cruzar la cordillera con un sobreviviente”. Por eso hizo los contactos con Gustavo Zerbino y la historia tuvo un final feliz.

Es por ello que, recalcó, “fue un honor que hayamos iniciado esto, porque tiene una gran proyección. Ambos manejan bien los equipos y se armó. Es hermoso hablar de esos líderes como Gustavo”. (FOTOS: Gentileza Gerardo Merello).

 

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