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 Monseñor Alejandro Goic: “Estamos haciendo un esfuerzo gigantesco desde las bases de nuestra Iglesia para erradicar este mal”

– Esto lo declaró el Obispo Diocesano de Rancagua al recordar los mensajes que vino a dejar el Papa a nuestro país donde Su Santidad pidió perdón por los abusos sexuales cometidos contra niños por parte de algunos de los clérigos de la Iglesia católica chilena. 

 

 

Gisella Abarca

Fotos: Héctor Vargas/Archivo

 

 

A punto de hacer uso de unas merecidas vacaciones, el Obispo de Rancagua y Presidente del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a las Víctimas, Monseñor Alejandro Goic, se dio un tiempo en su apretada agenda para hablar sobre temas relevantes que atañen a nuestra sociedad.

Una de ellas fue la visita del Papa Francisco a nuestro país y el mensaje que el líder de la Iglesia católica dejó en Chile. Recordemos que en el Palacio de La Moneda pidió perdón por los abusos sexuales contra niños por parte de algunos de los clérigos de la entidad eclesiástica. Allí su Santidad dijo sentir “dolor y vergüenza por el daño hecho a los niños por parte de los miembros de la Iglesia”. Agregó en ese entonces: “Es justo pedir perdón y estamos haciendo lo necesario para que esas cosas no se vuelvan a repetir”.

Y es que en Chile, uno de los casos más emblemáticos que marcaron a la sociedad es el del sacerdote Fernando Karadima, denunciado en 2010 por diversas víctimas. Para la justicia chilena el caso prescribió y el Vaticano lo declaró culpable de abuso sexual y lo condenó a retirarse a una “vida de oración y penitencia”. No obstante, uno de los que participó activamente de las actividades en la visita del Papa fue el obispo de Osorno, Juan Barros acusado de encubrir delitos de abuso sexual por las víctimas del sacerdote Karadima. Barros estuvo presente la Catedral de Santiago, en Temuco y en Iquique, generando altas expectativas mediáticas entorno a sus apariciones.

En esta línea, en entrevista exclusiva con El Rancagüino, el obispo de Rancagua, comentó sobre la controversia que generó la presencia de Monseñor Barros manifestando “yo quedé con un cierto sabor amargo”, pues hubiera sido prudente solo ir a la Catedral, que era un acto propio de nosotros”, aseguró Goic.

En este mismo contexto, el Prelado se refirió al descrédito que ha sufrido la Iglesia “por lo que hay que trabajar” dijo. Habló del abuso que reciben los inmigrantes por lo que es “fundamental la aprobación de una nueva ley que permita acoger a estos hermanos”, subrayó.

Monseñor se refirió a su estado de salud dando a conocer que a fines de marzo se someterá a una nueva intervención quirúrgica y dejó un mensaje para el nuevo gobierno que el 11 de marzo toma las riendas políticas de nuestra nación.

 

 

-Luego de la reciente visita del Papa ¿Cuál fue el mensaje que dejó el Santo Padre para los chilenos?

Al mirar la homilía que el Papa nos dejó, nos llevó a lo fundamental del cristianismo que es la mirada a Jesucristo, los grandes valores del reino de Dios. Ser cristiano es volver a Jesucristo y desde ahí procurar estar cerca de todo, pero especialmente de los que más sufren. En ese sentido, su presencia, en la cárcel de mujeres, con la cercanía a los presos; en Temuco, con la preocupación con los pueblos originarios; en el norte, con su palabra acerca de las expresiones de religiosidad popular; en el Parque O’Higgins donde habló sobre la paz y la justicia, son tareas muy concretas en el mundo actual que la Iglesia está llamada a estar cerca de todas estas realidades.

 

 

-También en ese mensaje que trajo a Chile, su Santidad a nombre de la Iglesia pidió perdón por los abusos sexuales…

Lo que dijo en La Moneda es fundamental porque ahí estaban las más altas autoridades del país y allí con dolor y vergüenza (su Santidad) pidió perdón por el tema de los abusos a menores y que es una de las tareas como Iglesia tenemos que seguir trabajando. Estamos haciendo un esfuerzo gigantesco desde las bases de nuestra Iglesia para erradicar este mal; por lo tanto, lo que el Papa nos ha dicho y sobre todo los gestos que realizó, son un desafío muy grande.

 

 

-Usted declaró “Como Iglesia hemos sufrido un descrédito social por lo que hay que seguir trabajando”, ¿Cómo se puede seguir trabajando en medio de esta sociedad donde todo se pone en tela de juicio, teniendo en cuenta que la Iglesia es criticada por los abusos contra menores?

Reitero esa afirmación. Hemos experimentado sin duda un descrédito, especialmente en la jerarquía, lo único que cabe es hacer un autoexamen personal y colectivo para descubrir en qué hemos fallado y con la gracia de Dios, cambiar los fundamentos. Creo que el cambio vendrá con dos aspectos y juicios fundamentales, que el centro de nuestra vida, de todos los católicos, pero en este caso especial de los pastores, sea Jesús y su Evangelio. Y lo segundo que por esa fidelidad a Jesús y al Evangelio, nuestra cercanía con los que más sufren, los pobres, los enfermos, los encarcelados, los niños abandonados, los ancianos, las personas vulnerables, deben estar en el centro de la preocupación de la Iglesia. La única manera, para volver a recuperar la credibilidad de nuestro pueblo es volver a la fuente, que son Jesús y la preocupación por los más vulnerables.

 

 

 

-Usted junto con Benito Baranda fueron los únicos que se atrevieron a criticar la participación del Obispo Barros en la visita del Papa, ¿cree que esto opacó la visita del su Santidad?

Lo dije con profundo respeto, yo quedé con un cierto sabor amargo, porque en muchos aspectos los medios de comunicación destacaron a Monseñor Barros en desmedro del Papa. Creo que lo prudente era que no hubiera estado en las actividades masivas, que hubiera estado como yo que (que por razones de enfermedad) participé sólo en el encuentro en la Catedral, porque era eso lo propio y específico para nosotros. Él debió haber previsto las consecuencias mediáticas que esto trajo consigo.

 

 

 

-Como líder de la Iglesia Católica, ¿Cuál es su opinión respecto a la masiva llegada de inmigrantes y el trato que reciben?

Como Iglesia tenemos un equipo diocesano que está trabajando, personas especialistas, sacerdotes, religiosas y algunos laicos, varios inmigrantes de Venezuela. Chile ha sido siempre un país acogedor y es muy doloroso escuchar que a veces se abusa de los inmigrantes que todavía no tienen regularizada su permanencia en Chile con trabajos precarios, con sueldos miserables y sobre todo eludiendo todas las leyes sociales. Una canción dice “Y verás como quiere el Chile el amigo cuando es forastero”, lamentablemente esto no se ha visto en muchos sectores y por eso fundamental la aprobación de una nueva ley que permita acoger a estos hermanos. El mundo es tarea de todos y estos hermanos buscan o por razones económicas o políticas, refugio en otros países y Chile tiene que caracterizarse por ser un país acogedor y respetuoso.

 

 

 

 –Como  líder de la Iglesia Católica ¿Cuál es su mensaje para las autoridades entrantes?

Lo fundamental es procurar trabajar para lograr una mayor unidad del país y que todos, más allá de las legítimas diferencias políticas, apoyemos lo bueno que pueda surgir, que no haya una oposición  simplemente por oponerse. Que el nuevo gobierno,  que muchas de las propuestas que hagan, lo hagan para bien del país, si son buenas hay que apoyarlas; y hacer una crítica constructiva y positiva frente a las cosas que nos parecen que no van a ser buenas.

Todos debemos tener un ánimo positivo, porque en este país con mucha facilidad se descalifica al otro. Me impresiona el tema de las redes sociales en que está la posibilidad de que cada uno diga lo que piensa -y eso está bien-, pero que lo hagamos con respeto. Porque cuando uno lee la cantidad de comentario o juicios que se emiten sin ni siquiera conocer todos los antecedentes del hecho, crea una odiosidad en el país que no es bueno.

 

 

EL LLAMADO DE DIOS

 

-Hace 60 años sintió el llamado de Dios, ¿Le hubiese gustado haber tenido la posibilidad de ser el líder de la Iglesia Católica en el Vaticano?

No(ríe). Cuando sentí mi vocación, sentí que Jesucristo me llamaba a entregar mi vida y jamás imaginé que iba a ser Obispo, así lo quiso el Papa Juan Pablo II en esa época. Voy a cumplir 39 años de Obispo, 53 de cura, más los 7 años de seminarista y he sido muy feliz en medio de las contrariedades que la vida presenta, porque nadie está exento de problemas, preocupaciones y situaciones difíciles, pero en la suma total y un balance global, he sido muy feliz porque he estado en lo que Dios quería para mí y eso es lo importante. Nunca aspiré a tener ninguna responsabilidad especial, prefiero estar con la gente. El Vaticano es un gran servicio, es necesario, tiene que haber gente que trabaje allá, pero hay otros que han estudiado más y se han especializado más. Yo he sido feliz como pastor.

 

 

-Hace dos años, usted presentó su renuncia ante el Papa ¿en qué está este proceso?

Dejé el comité permanente de la Conferencia Episcopal, estuve 6 años de presidente y 6 años de vicepresidente, y por lo tanto no podía ser reelecto. Además cuando terminó el período de vicepresidente -hace un año- ya estaba renunciado pues había cumplido 75 años en marzo del 2015. Este marzo (2018) cumpliré 78 años y sigo siendo el Obispo de Rancagua porque el Papa me dijo que siguiera por un tiempo más, así que aquí estamos trabajando.

 

 

-Nos gustaría que nos informara cómo está su salud, luego de sus reiteradas operaciones.

De la columna he sido operado cinco veces, pero últimamente fui operado de la coronarias, me hicieron una angioplastía (cirugía para restaurar el flujo de sangre en arterias bloqueadas) que gracias a Dios resultó muy bien, tenía las dos coronarias obstruidas, corría el riesgo de ataque al miocardio, me operaron y quedé bien, pero lamentablemente se me produjo una obstrucción urinaria al momento de la operación que me ha acompañado tres meses y debo ser operado por segunda vez de la próstata, estoy esperando que el cardiólogo me dé el pase para poder operarme espero la última semana de febrero. Pero bien, tengo 78 años y es normal que los achaques lleguen. (ríe)

 

 

LO QUE SE VIENE

 

 

-¿ Y qué se viene para este 2018 en el ámbito pastoral en la Diócesis de Rancagua?

Hemos preparado un pequeño folleto con las grandes orientaciones, que toma 4 conceptos fundamentales para orientar nuestro trabajo. Uno es el Sínodo, donde debemos poner en práctica sus conclusiones y seguir en esa línea. Lo segundo, hemos puesto las principales palabras del Papa que seguiremos profundizando y ver cómo las hacemos operativas en la Diócesis. En tercer lugar, va a haber un mandato de la conferencia, la pos-visita, un Congreso Eucarístico Nacional y eso va a tener su réplica en cada Diócesis y lo cuarto, es que este año se va a realizar el Roma el Sínodo de los jóvenes, lo que va a tener una repercusión muy importante en la preparación y en la realización en el documento que dará el Papa. Ésta es la instancia máxima de la Iglesia donde se reflexionará el  proceso que se ha hecho con todas las diócesis del mundo y tratar de ver cómo podemos evangelizar mejor a los jóvenes, el desafío es cómo seguir anunciando el mensaje de Jesús.  Esas cuatro grandes proyecciones vamos a presentar y tendremos la asamblea el 21 de abril, unas cien personas para hacer operativa esas cuatro grandes tareas que estos principios nos señalan.

 

 

 

-¿Cree que se puede reencantar a los jóvenes?

Es una tarea difícil, pero hay que tratar de hacerla. Tuvimos más de 12 voluntarios de Rancagua  en la visita del Papa que  están muy entusiasmados en seguir trabajando, tenemos líderes en los Decanatos y confiamos con eso y escuchándolos a ellos como podemos llegar a otros jóvenes con la buena nueva de Jesús.

 

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