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¿No te ha pasado?

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Daniela Sánchez
Directora Ejecutiva Hogar de Cristo Sede O’Higgins

 

 

¿No te ha pasado que a los ocho años tu madre te haya echado de la casa? ¿Que a los 10 años la escuela te expulsó por consumo de marihuana? ¿No te ha pasado que, siendo muy pequeño, tu único lugar haya sido la calle, porque ni siquiera tus abuelos querían vivir contigo? ¿Y que, al final, pasaste de institución en institución, completamente solo?
Puede que te haya pasado que te encuentres con niños de 10 años en la calle, pidiendo una moneda a cambio de figuritas luminosas mientras comes en un restaurant o que te los encuentres en una esquina limpiando los vidrios de tu auto. Tal vez te haya pasado que en pleno horario escolar te preguntaras por qué ese niño está en la calle y no en el colegio, sin imaginar la dolorosa historia de abandono y violencia que a sus cortos años ha tenido que enfrentar.
Estudios de experiencias adversas en la infancia informan que la exposición de niños a cuatro o más factores de riesgo relacionados con maltrato y serios conflictos familiares, presentan 12 veces mayor riesgo de consumo problemáticos de alcohol y otras drogas, depresión y suicidio. Reciente evidencia muestra, además, que la pobreza y los trastornos de la salud mental, ahondan aún más este complejo escenario. La pobreza, da lugar a una privación múltiple, que se manifiesta en los planos psicológico, físico, social, económico y político. Sabemos que niños viviendo en situación de pobreza se ven particularmente afectados por eventos traumáticos altamente inhabilitantes, los cuales, al no contar con una red de apoyo y reparación, se transforman en una condición de permanente victimización. Sabemos también que las experiencias adversas en la infancia tienen un efecto inmediato en la salud y proveen las bases para posteriores problemas durante la adultez.
El problema reside en las desigualdades entre quienes tienen un lugar en la sociedad y los que están excluidos de ella. Niños con historias de pobreza son fuertemente estigmatizados y son vistos como culpables de lo que les ocurre, inconscientes de los daños que se causan a sí mismos y a los demás, incapaces de cuidarse e inclinados al mal. Como resultado, son sujeto de exclusión y discriminación en muchas áreas.
A quienes no nos ha pasado, tal vez no imaginamos la serie de obstáculos que debe enfrentar un niño pobre y excluido. La pobreza es la peor vulneración de los derechos humanos, afecta a las personas, limitando las posibilidades de desarrollo de su potencial humano.
Políticas cruciales para la integración de niños y jóvenes a la sociedad, como salud, educación, vivienda, esparcimiento y cultura, no tendrán éxito mientras las actitudes estigmatizantes tengan el nivel de penetración que muestran actualmente en nuestra sociedad. El estigma va más allá del estereotipo, ya que la percepción social acerca de qué o quién es esa persona, se transforma en su característica definitoria, oscureciendo otros aspectos de su individualidad, transformándose en una imagen muy difícil de cambiar. El estigma entonces sienta las bases para el prejuicio y la discriminación activa.
La campaña “no te ha pasado” de las Fundaciones Hogar de Cristo es un llamado a la justicia social. Es una convocatoria a reflexionar sobres las desigualdades de nuestra sociedad, a reconocer los derechos humanos de todos, a fomentar la dignidad y el respeto que merecen los niños y adolescentes. En el Día de la Justicia Social, conmemorado el 20 de febrero, te invitamos a que te involucres, que dejes a un lado los prejuicios hacia esos niños y jóvenes que te piden una moneda en la esquina de tu casa o tu trabajo, a quienes le ha pasado todo lo que ni imaginas hasta que son protagonistas de lamentables noticias.

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