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Mamá y papá ya no están juntos, las separaciones y los niños

 

Cuando ya no hay solución en los problemas de pareja, la separación es uno de los caminos más sanos para evitar que los conflictos escalen. Sin embargo, la mayoría de las veces se olvida los efectos que esta decisión provoca en los terceros involucrados, los niños.

Una separación o divorcio supone una de las situaciones más difícil para una familia. La ruptura siempre será dolorosa, aun cuando se desarrolle en términos amistosos y por acuerdo mutuo. Y si bien es un duelo para los adultos, son los niños quienes resienten de manera silenciosa y muchas veces se olvida que también están en juego sus emociones.

El psicólogo infanto-juvenil, Rodrigo Venegas, académico de la Universidad San Sebastián, explica que es importante entender que en una separación los protagonistas no son sólo dos, “el o los niños sufren la ausencia de uno de los progenitores que abandona la casa y piensan que todo su mundo ha cambiado, así como también sienten que han sido olvidados”.

Un estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias pueden ir de moderadas a graves, de transitorias a permanentes y que dependen del grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos; del ejercicio o no de la co-parentalidad, que es la crianza conjunta de los hijos; y de los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado.

El especialista en terapia familiar explica que lo primero que debe tomarse en cuenta es el período del duelo. “Es importante que se entienda que los miembros de la familia atraviesan por ese momento, se debe estar consciente de ello porque permitirá identificar las emociones”.

Sin embargo, también es clave comprender de qué forma los niños sufren sus duelos. “Cuando son niños menores de tres años, suelen tener conductas evolutivas que ya fueron superadas, como por ejemplo, la pérdida del control de esfínteres, irritabilidad y angustia al separarse de los adultos”, dice Venegas.

Así en cada etapa, los niños pueden tener distintas conductas. “Entre los tres y siete años, pueden idealizar al padre que está ausente, fantasear con la reconciliación de sus padres o también sentir temor de ser reemplazados por otros hijos. De los ocho a diez años sienten culpa por la separación, también puede disminuir la autoestima y presentar conductas irresponsables o antisociales”, detalla el psicólogo.

Y en el caso de los adolescentes también hay emociones porque “puede que el sentimiento de culpa sea más fuerte, así como el de abandono, mientas que probablemente culpará a uno de los padres de la situación sintiéndose aliado de la otra parte”.

Para el terapeuta familiar, lo relevante es que los adultos asuman su rol como tales, no disfrazando realidades para engañar a los niños, ni tampoco dando por hecho la comprensión de sus problemas por parte de los pequeños, “así, la comunicación a través del juego o la conversación franca permitirá identificar y entender las conductas descritas, para luego dar paso a un divorcio responsable, tomando medidas para disminuir el efecto negativo en los hijos”.

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