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Biblioteca Santiago Benadava celebró Día del Libro invitando a sus vecinos a escribir cartas

La actividad se llevó a cabo este lunes en sus dependencias, hasta donde llegó una veintena de adultos mayores. También se sumaron escolares del sector.

Marcela Catalán

Cada 23 de abril y a nivel global, se celebra el Día Internacional del Libro. La fecha fue escogida en virtud de que ese día, en 1916, fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, data que además coincide con el nacimiento o defunción de autores como Vladimir Nabokov, Josep Pla, entre otros. La conmemoración fue impulsada en 1995 por la Conferencia General de la Unesco, con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual.

En ese contexto es que vecinos del sector oriente de la capital regional fueron invitados a redactar misivas a sus seres queridos, las cuales efectivamente serán enviadas por correo. La actividad fue organizada por la Biblioteca Pública Santiago Benadava —Avenida La Compañía N°159, Población René Schneider, Rancagua—. “Quisimos sumarnos a los festejos de modo bien particular, recuperando una vieja costumbre de quienes tenemos cierta edad: escribir cartas a mano, ya que en ellas están presentes los autores y los lectores respectivos. Así pretendemos rescatar un gesto romántico que nos humaniza, pese a no ser muy practicado hoy, debido a la existencia de WhatsApp y de otras plataformas de transferencia de mensajes”, argumenta el director del espacio, Julio Moreira.

“Era muy bonito (hacer epístolas), porque uno no sólo recibía algo que estaba escrito a mano. Además las cartas podían portar pétalos de rosa y tener un aroma especial, ya que las mujeres a veces echaban una gota de perfume en el papel. Era bien especial. Por tanto, creemos que impulsar esto es una buena forma de celebrar el Día del Libro”, esgrime.

Una veintena de adultos mayores participó en la actividad, tratándose en su mayoría de vecinos del sector con distinta filiación con la biblioteca. Para amenizar el ambiente, el recinto puso música en un tocadiscos. En cuanto a la convocatoria, ésta se realizó entre usuarios de las instalaciones y por boca a boca. Además se sumó un curso de pequeños del Colegio Santa Filomena, alumnos que fueron acompañados por su profesora. “La idea es que los niños también sepan que existió esta manera de comunicarse, para que en algún momento vuelva a ser una práctica (frecuente). Me pongo en el lugar de una niña que recibe una carta y eso debe ser inspirador”, agrega Moreira.

Sin restricción de destinatario ni temática, todos tenían libertad para elegir a quién remitir su misiva. “Si quieren redactar algo para un familiar, amigo, vecino o amor que quedó en el pasado, no hay problema. Nosotros les damos las esquelas, los sobres y las estampillas”.

Hace un tiempo que Clara Rojas asiste a un curso de computación para adultos mayores que ofrece el espacio, en cuyo contexto se enteró de la actividad. Su instructora invitó a los alumnos a sumarse, recomendándoles pensar previamente acerca las ideas a escribir. “Como soy media activa y me gusta estar haciendo cosas, como ir a terapias, entre otras cosas, quise venir a esto. Mi carta es para uno de mis hijos que vive acá en Rancagua. Le cuento que lo quiero mucho, que deseo que le vaya bien en el colegio a mis nietos. Le digo que ojalá nunca les falte nada, que lo pasen bien y que siempre estén protegidos por Dios”. Respecto a si solía mandar misivas, confiesa que no. “Me incentivé a hacerlo ahora. Me gustan las cartas románticas, aunque nunca recibí una”, dice entre risas.

La epístola de Manuel Candia es para una comadre suya de Santa Cruz. “Debí llamarla antes de hacerla, ya que no recordaba su dirección y ella está un poco enferma, así que quiero que esta carta llegue a sus manos. Se me hizo fácil escribirla, hace como 50 años que no hacía algo así”, detalla. Él es usuario frecuente de la biblioteca, lugar al que recurre para “buscar El Rancagüino”.

En relación a sus motivos para asistir a la actividad, explica que quiso “revivir” esta experiencia que disfrutó en el pasado. “Ahora todos nos comunicamos por teléfono y esto me hace revivir la época en que yo enviaba cartas a diferentes personas. Tampoco hacía muchas, tenía un mal concepto al respecto: pensaba que sólo eran para las pololas. Una vez escribí una para una niña que conocí en Santiago, a través de paseos de colegios, pero nunca me llegó su respuesta. Las otras cartas que hice fueron para familiares”, recuerda.

Vicente Cáceres (9) asiste al Colegio Santa Filomena y no se restó de la iniciativa. “Hice una para mi compañero de clases Jojan, él es mi mejor amigo desde kínder. Le digo que es mi mejor amigo desde la infancia, que me gustaría que nunca se cambie de colegio ni de casa. Antes había escrito a mi mamá y a mi hermano, me gusta esto”, relata.

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