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OPINION: Colegio Antilén: El deber de garantizar el derecho a la educación

Senador, Juan Pablo Letelier

 

Hace algunas semanas, la comunidad educativa de Rengo estuvo atenta a una compleja situación que ha tenido ‘en vilo’ a más de 800 alumnos, apoderados, docentes y asistentes de la educación del Colegio Antilén. Un desacuerdo incorregible entre sus dueños dejó abierta la posibilidad de un eventual cierre de este Proyecto Educativo, si es que no surgía con celeridad alternativas que asegurasen su continuidad. De esta forma, el mal sueño que comenzó a fines del año 2017, se presentó como la peor de las pesadillas durante los primeros meses del año escolar 2018, para todos quienes son parte de dicho establecimiento educacional.

 

Con este escenario, fueron diversas las reuniones que apoderados, docentes y trabajadores sostuvieron con dueños del colegio, autoridades comunales y regionales, además de otros actores, hasta que finalmente este 14 de mayo, el Colegio Antilén recibió una muy buena noticia: mientras se logra un solución definitiva y adecuada para el problema que los afecta, se realizó nombramiento de un Administrador provisional, que permitirá la búsqueda de nuevos caminos -legales y prácticos- para garantizar el resguardo al derecho de educación de casi el millar de alumnos que ahí estudian; así como la permanencia laboral de quienes allí se desempeñan.

 

Así como están las cosas hay solo un objetivo que debe primar: la continuidad de un Proyecto que ha sido de gran aporte a la comuna de Rengo y que, ante su desaparición, negaría la posibilidad de ser parte de él no solo a quienes hoy cursan ahí sus estudios, sino que también a quienes esperaban sumarse a él en un futuro cercano ¿Cuál debiera ser el camino correcto? O ¿qué es lo más conveniente para esta situación? Son parte de las interrogantes que secundan a lo que realmente se debe perseguir.

 

A mi juicio, se presentan dos caminos bastante claros; uno con mejores proyecciones que el otro. Por una parte, el alcalde de Rengo, Carlos Soto ha planteado la voluntad y posibilidad de anexar al Colegio Antilén al Liceo Bicentenario. Esta, sería la mejor fórmula para asegurar que el Estado siga entregando la subvención al establecimiento, sin que ello signifique partir de cero y someterse a plazos que, seguramente harán más crítico este traumático proceso. A lo anterior, se debe sumar la posibilidad de mantener vigente la impronta que ha caracterizado este proyecto educativo: un colegio con valores religiosos definidos y con un sello de excelencia. Un bonito desafío para el municipio de la comuna.

 

Mientras que en otra vereda surge una propuesta que ya ha sido planteada por algunos: lograr constituir una nueva Corporación que podría albergar a esta comunidad ¿Pero qué pasa con elementos de continui-dad y otros elementos antes este escenario? Es importante comprender que la Corporación que daba vida al Colegio Antilén ya no existe jurídicamente, lo que implica que, ante la creación de una nueva Corpora-ción, requerirá una debida revisión y aprobación de parte del Ministerio de Educación, interrumpiéndose naturalmente la subvención.

 

Con todo esto, no me queda más que aplaudir la solución momentánea que se ha determinado y, expresar nuevamente, mi total y absoluto compromiso para apoyar cualquier iniciativa que garantice resguardar el derecho de educación de nuestros niños y jóvenes… ese es el deber y obligación de todos.

 

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