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Experto advierte relación entre comunas con mayor actualización de planes reguladores y su calidad de vida

-Arturo Orellana es el coordinador del equipo de la UC que elabora el Índice de Calidad de Vida Urbana (Icvu), cuyos últimos resultados fueron presentados durante la segunda semana de mayo.

 

Marcela Catalán

 

El Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica y la Cámara Chilena de la Construcción presentaron hace un par de semanas los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana (Icvu). En este estudio, Machalí nuevamente figura como la mejor comuna para residir en la región, estando en el puesto N°14 a escala país, seguida por Rancagua (31°), San Fernando (53°) y Rengo (60°). En la lista de áreas metropolitanas a lo largo de Chile, Rancagua – Machalí ocupan la primera posición. Con el fin de abordar este panorama, los alcaldes de las 4 ciudades mencionadas fueron invitados a reunirse con el equipo a cargo de la indagación, coordinado por el experto Arturo Orellana. De los invitados, sólo llegó el edil de la capital regional, Eduardo Soto, y funcionarios del municipio machalino.

Consultado acerca de qué disposición tienen las autoridades locales para hacer cambios en torno a las variables donde sus comunidades tienen más problemas, Orellana parte por recalcar que la exploración no pretende evaluar la gestión de los alcaldes. “Lamentablemente, por la cobertura de la prensa y el impacto del indicador entre la ciudadanía, ellos lo toman como algo personal y entienden que la gente podría cuestionar sus decisiones o responsabilizarlos” de la posición alcanzada en el ranking”,  comenta. No obstante, argumenta que muchas de las resoluciones (que inciden en el tema) ni siquiera dependen de ellos, sino que de los ministerios, de la lógica del mercado y de otros actores.

En cuanto a la recepción de los ediles de Machalí, Rancagua, San Fernando y Rengo, declara que a Eduardo Soto le interesan estas mediciones, porque “le sirven para saber dónde poner el foco en los próximos años de su gestión”. En tanto, el equipo de Machalí compartía la mayoría de los resultados.

 

CIUDADES CONURBADAS

 

En el caso de Rancagua, el experto sostiene que dejó de ser una ciudad de provincia y se transformó en una de tipo capital. “Además está conurbada con Machalí y otros lugares. Bajo las nuevas definiciones del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, y de la nueva ley, será conocida como un área metropolitana. En ese sentido, (el desarrollo de) las actividades económicas, comerciales y de servicios debe ser mucho mayor”, comenta respecto al factor Ambiente y Negocios, donde las cuatro comunas mencionadas alcanzan un bajo puntaje. “No puede ser que, a la escala de una ciudad grande, no haya oferta recreativa, de restaurantes y de servicios. Ese déficit es evidente. Cuando se trata de recrearse, implica que mucha gente va a Santiago. Cuando alguien viene a las rutas del vino (de la región), se queda en los hoteles de la viña y no en los de la comuna. Su oferta en la materia es bastante mínima y restringida”, critica.

En esa línea, Orellana afirma que los lugares “no sólo deben ofrecer calidad de vida para sus residentes, sino que también deben tener la capacidad de atraer personas de afuera. Otros factores sobre los que se pronuncia son los de Conectividad y Movilidad, y Salud y Medio Ambiente. “Con las nuevas variables (que incorporó el estudio), Rengo fue muy castigado por Vivienda y Entorno. Allá hay una fuerte proliferación de viviendas sociales, lo que los afecta no porque sean (nuevos) vecinos, sino porque los barrios no están bien equipados y no tienen la infraestructura para acoger a esta nueva población”. Además, agrega que es menester proyectar a Rancagua en vista de la futura construcción del Paso Las Leñas.

Acerca de las áreas metropolitanas, éstas son definidas como zonas “con más de 250 mil habitantes, pudiendo estar configuradas por más de una comuna”. Aquello es lo que sucede con la capital regional y Machalí. Juntas, dentro de un universo de 10 sectores del país, encabezan el listado. Sin embargo, advierte que no hay grandes diferencias entre quienes aparecen en el ranking. “Están en el rango promedio, como todos los que aparecen. La ventaja es que, por separado, ambas tienen un estándar (de calidad de vida) más o menos similar. Es el único caso de dos ciudades conurbadas bien posicionadas”, explica.

Acerca de dónde se debe poner el foco para que el área metropolitana de Rancagua – Machalí ofrezca en conjunto una mejor experiencia de residencia, Orellana aconseja que su situación sea planificada a más largo plazo. “Se debe tener en cuenta que probablemente se conurben de modo funcional con Codegua, Graneros, Requínoa, Olivar, Doñihue, y no sé si Mostazal. De alcanzar este tamaño, se debe definir qué hacer con las zonas agrícolas que están entremedio (de las comunas), con suelos de alto valor. Tal vez se requerirá un pequeño aeródromo, pues si bien el aeropuerto está a 80 kilómetros, muchos servicios tienen necesidades de aeronáutica civil o de pequeña escala”, esgrime.

En esa línea, el experto manifiesta que hay problemáticas que “no pueden ser resueltas por un municipio”. Por ello, recuerda que en 2020 los gobernadores regionales comenzarán a ser elegidos de modo democrático. “La ley dice que deberán constituir una unidad a cargo del área metropolitana, el Consejo de Alcaldes, con quienes deberá negociar qué hacer. Por ejemplo, ¿dónde pondrán el próximo relleno sanitario? Quizá Requínoa se aburrió de tenerlo. Además hay que solucionar asuntos como el nuevo parque industrial. Cada comuna no puede tener lo que quiere, porque afecta a las otras”.

 

PLANES REGULADORES

 

Acerca de este punto, Arturo Orellana sostiene que, a lo largo del país, existe “una fuerte relación entre aquellos lugares que modifican o tienen un mayor nivel de actualización de sus instrumentos de planificación, como los planes reguladores, con la calidad de vida”. En sus palabras, estas herramientas determinan “una forma de ocupar el suelo de modo más integrado”.

De acuerdo con el coordinador del equipo de la UC, en Chile, desde la generación de un nuevo documento de este tipo hasta su aprobación, pueden pasar 5 ó 6 años. “Eso habla de una ineficacia y de un exceso de burocracia, porque durante dicho tiempo puede cambiar por completo el diagnóstico con el cual hicieron el plan. Estos instrumentos deberían ser actualizados cada 10 años. A nivel país, hay comunas que los tienen desde los 90. Algunas no los modifican en su totalidad, sino que hacen seccionales. Eso puede ayudar bastante”, desliza.

En relación a las ciudades que están mejor posicionadas dentro del ranking de calidad de vida, relata el caso de Las Condes. “Su plan regulador es de principios de los 90. Pero cada vez que hacen algo, realizan un seccional. Lo importante es redefinir algunos componentes de estas herramientas, para adaptarse al desarrollo del mercado. Éste opera sin regulación cuando ello no va de la mano. Aparte, el Estado no tiene la capacidad de responder a la velocidad que se requiere. Hay comunas como Rengo, y muchas de la periferia sur de Santiago, que históricamente han sido rurales, pero se han urbanizado. Sin embargo, sus instrumentos no están actualizados”, remata.

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