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OPINION: Al comienzo de un nuevo tiempo eclesial en Rancagua

Una de las acciones que el Papa Francisco está emprendiendo para este nuevo tiempo que como Iglesia chilena estamos viviendo, es la designación de pastores que, en las Iglesias diocesanas, asumen la función de administradores apostólicos. En la Iglesia católica, un administrador apostólico es un presbítero o un obispo designado por el papa con poder episcopal para administrar una diócesis que se encuentre en situación de sede vacante, o sea sin su obispo definitivo. A nuestra Diócesis ha llegado Don Fernando Ramos, Obispo Auxiliar de Santiago y nuevo Administrador Apostólico de esta porción del Pueblo de Dios.

 

Al comienzo de un nuevo tiempo eclesial para la Diócesis de Rancagua, es bueno pensar hacia dónde esperamos que la acción pastoral de Fernando se vaya encauzando. En medio de esta renovación, es conveniente volver sobre las fuentes de la fe cristiana, y entre ellas la central: el Evangelio. Jesús, en el Evangelio de Juan declaró: “Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn 10,11). Al comienzo de un nuevo tiempo para la diócesis de Rancagua, damos la bienvenida al hermano Obispo Fernando quien ha sido enviado en misión por el Papa Francisco como Administrador Apostólico. Hermano Fernando, esperamos que te sientas como en casa, que podamos trabajar como miembros del Pueblo santo de Dios, y que podamos anunciar lo único digno de anuncio: Jesucristo, el Evangelio y el Reino de la misericordia, la justicia y la fraternidad.

 

El Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Iglesia (Lumen Gentium) recuerda en el número 27: “el obispo, enviado a gobernar tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor que vino no a ser servido, sino a servir y a entregar su vida por sus ovejas”. La vocación de los obispos se juega en la diaconía, en el servicio, en la forma auténtica de ser cristiano. Padre Fernando, desde ya pedimos al Espíritu que tu paso entre nosotros sea ante todo servicio, escucha de las comunidades, presencia de Cristo Servidor, maestro y creyente que busca la justicia, sobre todo para las víctimas. Si la Iglesia no se comprende como madre y, sobre todo, madre de los sufrientes, estará traicionando su misión fundacional.

 

Al ser Pueblo de Dios, nos une esencialmente el don del bautismo, que es anterior a todo ministerio ordenado. Es más, el ministerio ordenado sólo se entiende desde el bautismo. Por ello, hoy te acogemos como hermano. Padre Fernando: ¡hoy queremos una Iglesia que acompañe!, queremos una Iglesia que sea hospital de campaña (como nos indica Francisco) y no una Iglesia de palacios de invierno (como también dice Francisco. La renovación, dolorosa, confusa, pero profundamente sanadora de estos últimos meses, es sin duda un signo del Espíritu, del Espíritu que animó a Jesús y que envió a sus discípulos y discípulas la tarde del domingo de Pascua: “y sopló sobre ellos y añadió: reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,21).

 

Los gestos de Francisco, dentro de los cuales se ubica el envío de los Administradores Apostólicos, son de una densidad simbólica, teológica y pastoral enormes. Ahora, en las cercanías de los acontecimientos, podemos entender – quizás medianamente – varias de sus acciones. Pero, estoy con la certeza de que cuando en 50 años más leamos los hechos históricos de esta década 2008 – 2018 entenderemos que la Iglesia cambió. Es la esperanza que ponemos. De hecho, pienso en la lógica de las especies: si una especie no evoluciona, termina desapareciendo. La Iglesia, sin ser especie pero siendo una institución de millones de adherentes, debe necesariamente pensar en sus cambios internos. No podemos seguir con las culturas del encubrimiento, de la violencia y de la violación, de los secretismos, de las malas administraciones, de las transmisiones de la fe a medias. De alguna manera, es lo que también le pedimos al hermano Fernando Ramos al comienzo de su misión apostólica en medio de esta extensa, variopinta y particular Diócesis.

 

Finalmente, hermano Fernando, ponemos toda nuestra Diócesis bajo el cuidado maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, en sus múltiples advocaciones veneradas en esta Diócesis: La Compañía, El Carmen, Puquillay de Nancagua, de las Nieves, del Rosario. Que ella nos ayude a ser una Iglesia misionera, eucarística, fraterna, misionera y solidaria. ¡Bienvenido hermano Fernando!

 

Juan Pablo Espinosa Arce
Académico Teología UC

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