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Despiden a fundadora del tradicional local Lasagna

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Ayer fueron despedidos en la Catedral de Rancagua los restos de Edith Aurora Lasagna Pérez, fundadora de la tradicional fábrica de empanadas Lasagna, que por más de 30 años ha sido un punto de encuentro en la Capital Regional.
Conocida por ser una mujer emprendedora, muy trabajadora hasta sus últimos años y sobre todo innovadora para sus tiempos, Edita, como le llamaban sus más cercanos, se ganó el cariño de los que le conocieron, sobre todo sus colaboradores, quienes la acompañaron hasta su última morada.
Madre de cinco hijos, cuatro varones y una mujer, Edith Aurora le hizo siempre honor a su segundo nombre, al llegar de madrugada al local ubicado en Plaza Los Héroes, a un costado de la Intendencia Regional.
A las ocho de la mañana y cuando la ciudad comenzaba su quehacer diario, el desayuno con dobladas, marraquetas, o incluso empanadas a esa hora, era y es un imperdible. Ella atendía personalmente a sus clientes, y trabajaba codo a codo con quienes por años fueron sus trabajadoras y trabajadores. Generaciones enteras fueron educadas gracias a que ella siempre apoyó y sobre todo respetó a quienes pasaron por Lasagna. Es por eso que despedirla no fue fácil para sus amigos, familia y colaboradores. Un día de lluvia caía sobre Rancagua intensa mientras el cortejo pasaba por última vez frente lugar que por tantos años la vio esforzarse y compartir con periodistas, médicos, abogados, autoridades, alcaldes, funcionarios públicos, parlamentarios y hasta ministros de Estado. Y es que leer El Rancagüino disfrutando una empanada de pino, queso, aceitunas, pollo, camarones y hasta jaibas se transformó en un panorama perfecto en el Rancagua criollo del siglo XXI.
Edith Lasagna además de emprendedora fue una mujer innovadora. Sabía que el pino y el queso solo no eran suficientes para deleitar al exigente público que se veía venir por estos tiempos. Fue así como poco a poco comenzó a introducir nuevos sabores y variedades, pensando incluso en aquellos que por hoy prefieren las verduras y los productos del mar. Así nacieron las distintas variedades que envueltas en una masa única han dado el sello a la marca que la “”Edita” fundó.
Hoy su legado ha está más vivo que nunca, y sus hijos se han encargado de continuar con la empresa familiar.
Hace un par de años ella comenzó a dejar poco a poco el trabajo y a recorrer el camino hacia la despedida. Hasta el final estuvo acompañada de los suyos, quienes no la dejaron ni un instante, hasta su último suspiro. El lunes 2 de julio pasada las dos de la tarde partió al encuentro del Padre. En paz y rodeada del amor de sus hijos y nietos. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio Número 1 de Rancagua.

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