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Fieles despidieron al obispo Alejandro Goic

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-La actividad contó con gran presencia de fieles, la compañía del arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati; además de su sucesor, Monseñor Fernando Ramos.

 

Gisella Abarca
Fotos Héctor Vargas

 

Ante una Catedral de Rancagua repleta de fieles, autoridades regionales y nacionales, amigos, cercanos, el ahora obispo emérito de la ciudad, monseñor Alejandro Goic, entregó el Gobierno de la Pastoral de la Diócesis de Rancagua y se despidió este viernes de la jurisdicción luego de 14 años de servicio, y 40 años de obispo activo, hasta que el 28 de junio el Papa Francisco aceptara su renuncia al cargo, el cual será ocupado provisoriamente por el designado administrador apostólico, Fernando Ramos, obispo Auxiliar de Santiago.

La misa de despedida contó con la presencia de importantes figuras de la Iglesia Católica chilena encabezadas por el actual arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, junto a su antecesor, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, además de obispos, presbíteros y diáconos que lo acompañaron en el histórico momento.

En un grato ambiente de cariño comenzó el rito de toma de posesión en que Monseñor Fernando Ramos asumió por encargo del Papa Francisco, la conducción de la Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua como Administrador Apostólico.
Así y con la entrega del báculo a su sucesor Fernando Ramos, el ahora Obispo Emérito de Rancagua, Alejandro Goic, hizo el gesto ritual de traspasar la conducción pastoral de la diócesis entregándole a Monseñor Ramos, los signos distintivos de su nuevo encargo pastoral: La cátedra, signo visible de la presencia en la diócesis del sucesor de los apóstoles. El báculo, signo de su ministerio como pastor y guía de la comunidad.

En su discurso, Monseñor Alejandro Goic se refirió al momento complejo que vive la Iglesia Católica, señaló que Cristo ha estado en el centro de su vida, incluso en las malas decisiones que tomó como obispo, y reiteró que el actual momento de la Iglesia le imprime un sello amargo a su despedida.

En tanto en su homilía, Monseñor Fernando Ramos tuvo palabras de agradecimiento hacia la obra de Monseñor Goic expresando frente al pueblo “Tenemos que agradecerle a don Alejandro. Tenemos incluso que agradecerle la humildad y sencillez que ha tenido para reconocer y disculparse por sus errores y omisiones en el ejercicio de sus funciones episcopales, especialmente en este último tiempo. Esta actitud lo colma de humanidad, que reconocemos y agradecemos profundamente”, dijo.

En su salida, el obispo emérito sostuvo “Muy agradecido del pueblo de Dios que ama a Jesucristo, ama a su iglesia y reconoce en los pastores más allá de las limitaciones que todos tenemos, a los legítimos sucesores de los apóstoles. Realmente hemos vivido una fiesta de fe maravillosa, una expresión de afecto hacia el hermano que parte y hacia el hermano que llega, y tengo la certeza que esta iglesia va a seguir siendo fiel a Jesucristo, y que brillará el día de mañana la verdad que es la que nos libera”.
El obispo Goic, quien fue calurosamente aplaudido por los fieles, recibió visiblemente emocionado las muestras de cariño de los presentes.

 

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Falleció antigua profesora del Instituto Sagrado Corazón

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Durante la madrugada de hoy, en su casa falleció la antigua profesora del colegio Instituto Sagrado Corazón de Rancagua Violeta Pino . Ella por largos años enseñó a las alumnas de la congregación y terminó su vida laboral como bibliotecaria del establecimiento.

Sus restos están siendo velados en la capilla nuestra Señora de la Valvanera ubicada en av El Parque 309 en Rancagua , este viernes a las 15 horas en la misma capilla se realizará una misa por su eterno descanso. Posteriormente su funeral se realizará en cementerio Parque Jardín Las Flores en Machali.

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Coinco: Gobierno Regional confirma reconstrucción de Parroquia tras aprobación de recursos del Core

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“Nuestra convicción siempre ha sido que esta iglesia es el corazón de la comuna. Y tras el rechazo inicial nos propusimos acercar a las partes. Sostuvimos reuniones con la iglesia, con los Cores. Hoy ha triunfado la capacidad de diálogo, de buscar acuerdos, de privilegiar el bien de las personas y agradezco a gran parte de los consejeros que han entendido eso. Esta iglesia, que es monumento nacional, será oficialmente reconstruida”, señaló el Intendente Juan Manuel Masferrer.


La mañana de este martes 20 de agosto la comisión de Cultura del Consejo Regional, Core, aprobó por 10 votos a favor y 2 en contra, la propuesta presentada por el Intendente Juan Manuel Masferrer, para financiar el proyecto de reconstrucción de la Parroquia de San Nicodemo de Coinco, declarada Monumento Nacional el año 2009 y que fuera destruida en el terremoto del 27 de febrero del año 2010.

El proyecto que significará una inversión de 2 mil 600 millones de pesos provenientes del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, FNDR, del Gobierno Regional, fue aprobado por los consejeros Carla Morales, Johana Olivares, Jacqueline Jorquera, Monserrat Gallardo, Eugenio Bahuer, Luis Silva, Jorge Vargas, Juan Ramón Godoy, Juan Pablo Díaz y Edinson Toro, mientras que Bernardo Cornejo y Germán Arenas, rechazaron la propuesta.

De esta manera se puso punto final a un proyecto que fue votado por primera vez el pasado 24 de julio, jornada en la que el Core rechazó su financiamiento, tras una serie de diferencias con la Iglesia. Tras esta negativa, clave fue el papel que jugó el Intendente Juan Manuel Masferrer, que lideró una serie de reuniones que permitió acercar a ambas partes. Finalmente, el pasado viernes 9 de agosto y tras pactar una mesa de trabajo entre la Iglesia y el Core, el proyecto fue reingresado para su evaluación.    

INTENDENTE MASFERRER: “ESTA IGLESIA ES EL CORAZÓN DE LA COMUNA”

Tras concluir la votación con un gran aplauso de todos los presentes, entre los que se encontraban el concejo municipal en pleno, organizaciones pro-templo, vecinos y dirigentes sociales de la comuna, el Intendente Juan Manuel Masferrer destacó la aprobación del proyecto.

“Nuestra convicción siempre ha sido que esta iglesia es el corazón de la comuna. Y tras el rechazo inicial nos propusimos acercar las partes. Sostuvimos reuniones con la iglesia, con los Cores. Hoy ha triunfado la capacidad de diálogo, de buscar acuerdos, de privilegiar el bien de las personas y agradezco a gran parte de los consejeros que han entendido eso. Esta iglesia, que es monumento nacional, será oficialmente reconstruida”, señaló el Intendente Juan Manuel Masferrer.

La primera autoridad regional señaló que “para nosotros era muy importante que se hiciera justicia con los vecinos de Coinco y se pudiera aprobar este proyecto que permitirá recuperar este hermoso edificio. Fue complejo, pero las autoridades estamos para enfrentar estas situaciones y lograr grandes acuerdos y lo dije en mis palabras, cuando se logran acuerdos quien más gana es la gente. Así que contento por la aprobación del Consejo Regional, ya están los recursos en marcha para que tengamos nuestra iglesia ya recuperada”.

Juan Manuel Masferrer se refirió a la situación acontecida durante la primera votación. “Se enfrentaron varios temas, había un cuestionamiento legítimo del consejo regional respecto a las señales que no habría dado la iglesia en su minuto para otros proyectos sociales. Yo articulé estas reuniones, buscamos juntar a las partes y lograr acuerdos, y por lo tanto ahí hubo una apertura, además los Cores establecieron otro tema muy importante que es fijar mesas permanentes de diálogo. Todo esto, con el fin de lograr acuerdos que beneficien a las personas de nuestra región”.

CONSEJEROS DESTACAN MESA DE TRABAJO

El Consejero Regional y presidente de la Comisión de Cultura Juan Ramón Godoy, quién en un principio votó en contra del proyecto, pero luego y tras participar de estas reuniones junto a la iglesia aprobó los recursos señaló que “aquí había temas pendientes que era importante conversarlos sobre todo con la iglesia, temas sociales que lo que uno espera es una reciprocidad por parte de la Iglesia frente a la enorme inversión que este Gobierno Regional ha realizado. Esta aprobación pone en valor esta enorme iglesia y además deja esta mesa permanente que debe existir con la iglesia sobre todo en temáticas sociales”.

La Presidenta del Core, Carla Morales, que al igual que su par, también aprobó el proyecto en segunda instancia, tras liderar acercamientos entre el Consejo y la iglesia, manifestó que “finalmente después de largas conversaciones con la iglesia en conjunto con nuestro Intendente, hemos podido estar en terreno visitando a la comunidad y la parroquia, aprobando  este importante proyecto que tiene que ver con la reposición de un templo que necesita  reconstruirse porque es el centro de esta comuna. El Consejo Regional es una entidad que busca llegar a consensos en términos de distribución de recursos y eso es lo que hicimos. Por último, quiero agradecer el poder haber conversado con parte de la Iglesia en temáticas sociales”

En el mismo escenario, el también consejero Luis Silva expresó que “estoy contento de que se haya aprobado. Realmente creo que esta iglesia es parte importante de Coinco, es una institución presente en la comunidad y además arquitectónicamente es una obra que hacía falta en Coinco, por eso estoy contento, porque finalmente se hizo justicia y no se castigó a la comunidad de Coinco, por lo tanto, me voy contento”.

Cabe destacar que, tras esta aprobación, el proyecto de restauración de la Parroquia de San Nicodemo de Coinco, deberá ahora ser ratificado en el pleno, situación que debiera ocurrir dentro de los próximos días. Una vez concluido este proceso se espera que las obras inicien dentro de un plazo de 6 meses, mientras que su ejecución bordeará los 2 años.

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Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

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Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este

tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el

hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la

entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los

niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar

el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura

que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una

barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tan-

tas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo

a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

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