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Gobernación de Valparaíso se querelló contra hincha de O´Higgins

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La Gobernación Provincial de Valparaíso presentó una querella criminal en contra de C. E. M. , hincha del Club Deportivo O’Higgins de Rancagua, quien según señala la querella presentada por la gobernación habría sido  sorprendido en fragancia por Carabineros lanzando piedras y objetos contundentes durante incidentes que se produjeron en las inmediaciones del Estadio Sausalito de Viña del Mar, previo al partido que disputaron el domingo Everton contra los celestes.

 

La querella es por desórdenes públicos y se extiende a todos aquellos que eventualmente resulten responsables como coautores, cómplices o encubridores por los delitos previstos y sancionados en el artículo 13 de la Ley N° 19.327 de “Derechos y Deberes en los espectáculos del fútbol profesional” y en el artículo 269, inciso 1°, del Código Penal.

 

La detención se produjo el domingo, pasadas las 18:40 hrs, entre la Avenida Padre Hurtado y calle Alcalde Luis Trejo, y fue realizada por Fuerzas Especiales de Carabineros, durante los incidentes producidos entre barristas, señalaron desde Valparaiso.

 

Tras el control de detención en los juzgados de la ciudad jardín, el aludido quedó con la medida cautelar de prohibición de asistir a cualquier espectáculo del fútbol profesional a nivel país por el tiempo que dure el plazo de la investigación, el que quedó determinado en 90 días.

 

Al respecto, la Gobernadora de la Provincia de Valparaíso, María de los Ángeles de la Paz, insistió en el llamado al buen comportamiento de todas las hinchadas, con el fin de lograr el tan ansiado aforo completo en los estadios, característica que hace años no se puede lograr en los recintos de la región, lo que ha mermado la calidad deportiva de cada encuentro. “Esta es una tremenda señal como Gobernación Provincial – señaló -, especialmente para el llamado que ha hecho el Presidente Sebastián Piñera, de llevar nuevamente a las familias al fútbol. Este incidente producido en el pasado partido de Everton y O´Higgins da cuenta de que este tipo de conductas son las que queremos evitar”.

 

El imputado arriesga pena de presidio, además de una eventual pena accesoria de prohibición de ingresar a los estadios durante el desarrollo de un partido de fútbol profesional, señalan desde la gobernación.

 

 

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Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

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Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este

tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el

hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la

entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los

niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar

el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura

que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una

barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tan-

tas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo

a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

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Cultura

En Requínoa graban cortometraje de ficción sobre microtráfico

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Detrás de la puerta’ se titula la producción, dirigida por Aldo Massera. Su realización es financiada por el equipo detrás de la idea.

Marcela Catalán

‘Detrás de la puerta’ se titula el cortometraje que por estos días es grabado en Requínoa, idea que trata sobre un hombre envuelto en el microtráfico de drogas. La propuesta es llevada a cabo por la Productora Aldo Massera, quien también es su director, siendo financiada por el equipo ejecutor de la iniciativa.

Juan tiene un trabajo común y corriente, pero vía telefónica es interceptado por la policía, cuenta el realizador. De tal modo se producen altercados y el protagonista es detenido, dejando solo a su primogénito en casa.

La historia es representada por Juan Francisco Caroca en el papel estelar, Héctor López (Compañía de Teatro Tiara) como su padre y Benjamín Massera como el hijo del microtraficante. Marcelo Olivares estuvo a cargo del sonido y la música.

El equipo espera terminar todo el proceso en septiembre, con el fin de lanzar el corto y difundirlo a través de la televisión local y mediante entidades educativas regionales.

El director llama a los realizadores de la zona a reunirse y concretar sus ideas audiovisuales, aunque no cuenten con financiamiento para materializar sus proyectos. Por lo mismo exhorta a sus colegas a laborar de manera conjunta. “A veces no es necesario tener dinero, sino juntarse, poner una cámara, equipo de edición, y trabajar”, argumenta.

Éste es el primer cortometraje de Massera, aunque tiene dos documentales en su filmografía: ‘Historia de la Población Centenario’ e ‘Historia del Parque Koke’. En tal sentido, destaca que le interesa dar cuenta del patrimonio regional.

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Actualidad

Declaran a la Región de O’Higgins zona de Emergencia Agrícola por escasez hídrica

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  • Así lo anunció ayer en Mostazal el Ministro de Agricultura, Antonio Walker. La declaración ayudará a liberar recursos para apoyar a los agricultores más afectados por la sequía.

El Ministro de Agricultura, Antonio Walker, anunció ayer martes en Mostazal que se declaró zona de emergencia agrícola por escasez hídrica a todas las comunas de la Región de O’Higgins; puntualizando que se aportará la suma de mil 900 millones de pesos, de la cual una parte lo aporta el gobierno regional y 800 millones de pesos el Ministerio de Agricultura. “La idea es no dejar solos a los 3 mil agricultores que lo están pasando mal”, enfatizó el Ministro Walker.
El anuncio lo realizó junto al Intendente Juan Manuel Masferrer, al Seremi de Agricultura, Joaquín Arriagada; al director regional de INDAP, Juan García; y a la directora regional del SAG, Paola Conca.


El Ministro Walker indicó que la zona central de Chile está viviendo una de las peores sequías de los últimos 60 años, con un déficit de precipitaciones de un 70 por ciento, ante lo cual el gobierno a través del Ministerio de Agricultura ha declarado emergencia agrícola en las regiones de Coquimbo, Valparaíso y ahora en O’Higgins, principalmente, con el fin de entregar forraje para los animales, remedios y todos los insumos que sean necesarios para atender la bebida para el consumo humano.
“Después de que nos elevaron la solicitud de emergencia agrícola, nosotros procedimos a hacer un catastro en las 33 comunas de la región y la verdad, es que estamos atravesando por una situación muy crítica en O’Higgins, especialmente en el secano costero. Así es que nosotros hemos firmado el decreto de emergencia agrícola por escasez hídrica que nos solicitó el intendente, para poder activar los recursos de emergencia”, explicó el Ministro Walker.


En tanto, el Intendente Juan Manuel Masferrer precisó que “una inversión importante de parte del gobierno regional va a ir a agricultores y usuarios no INDAP que cumplan con los requerimientos de la ayuda. También se van a entregar recursos a través del INDAP para personas que son usuarios de este servicio. Esto se cristaliza con la entrega de forraje de animales, bombas de agua fotovoltaicas y cosechadores de agua. Y nosotros tenemos un programa de cambio climático que tiene que ver con compras de estanques y cosecha de agua”.


El Intendente agradeció al Ministro y al Ministerio “por acoger nuestro pedido rápidamente. Creo que es fundamental que se pueda ejecutar estos recursos rápido porque todavía estamos a tiempo. Y estas son las primeras medidas y vamos a seguir trabajando, porque no vamos a dejar solos a nuestros agricultores. Las primera medidas serán para el secano costero, porque son las primeras comunas afectadas, pero la emergencia es para todas las comunas de la región”.

DISTRIBUCIÓN DE LOS RECURSOS
Por su parte, el Seremi de Agricultura, Joaquín Arriagada, indicó que para la distribución de estos recursos asignados para atender la emergencia, en algunos casos se va a realizar concursos abiertos, entre ellos “el del SIRSD-S (Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios) del SAG, que tiene 790 millones de pesos y que estará abierto hasta el día 12 de septiembre. Entonces, los agricultores van a poder postular a estas prácticas de emergencia. También, a través de INDAP tendremos entrega directa de recursos a los pequeños agricultores que hemos catastrado, a quienes se entregará forraje. Además, habrá concursos del programa de Desarrollo de Inversiones para la compra de estanques y la construcción de abrevaderos”.


Agregó que a través del proyecto Cambio Climático “ya tenemos un catastro y se les va a implementar a estos agricultores del secano costero las soluciones de bombeo fotovoltaico y de construcción de cosechadores de aguas lluvias. Hay distintas modalidades. El llamado es a que los agricultores se acerquen a informarse, concurran a las oficinas de agencias de área de INDAP, al SAG y oficinas del Ministerio de Agricultura en la región para que las personas más afectadas puedan acceder a estos beneficios”.


El director regional de INDAP, Juan García, señaló que “la situación que está viviendo nuestra región y sus productores es complicada y hay que hacerse cargo. Por tanto, es vital que estemos todos los sectores (público y privado) dispuestos a cooperar, sobre todo en función de los que menos recursos tienen”.


Añadió que “en INDAP como equipo, hemos venido trabajando el tema desde hace ya más de un mes con el Seremi Joaquin Arriagada y con todo el apoyo del Intendente Juan Manuel Masferrer, y lograremos llegar con ayuda muy pronto, básicamente forraje y concentrándonos en el secano en esta primera etapa”.


Acotó que “en una segunda etapa llegaremos a sectores de secano que no hayamos logrado cubrir y pre cordilleras, poniendo el primer énfasis o ayuda en los sectores ganaderos y apícolas durante este periodo de septiembre-noviembre. El haber trabajado desde antes en la sequía y la emergencia que genera nos permitirá poder tratar de ser más oportunos en la entrega de ayuda, pero insisto, se debe actuar cautelosamente con la toma de decisiones productivas que algunos agricultores se aprontan a tomar en esta época, pues es fundamental tratar de ir minimizando los riesgos”.

Ministro Walker: “Hay que administrar mejor el agua”

La importancia de administrar mejor el escaso recurso agua resaltó el Ministro de Agricultura, Antonio Walker, quien agregó que “el haber decretado zona de emergencia agrícola en tres regiones es un esfuerzo del Ministerio de Agricultura que no teníamos contemplado. Ya INDAP ha aportado 4 mil millones de pesos solo por emergencia”.


Expresó que se espera tener algo más de precipitaciones en lo que queda de invierno; añadiendo que en la zona ha habido “buenas horas frío, lo que es importante para la región de O’Higgins”.
Reiteró que es necesario prepararse para enfrentar mejor esta situación de sequía. “Como Ministerio de Agricultura –dijo- estamos tomando medidas para administrar mejor el agua. Y hacemos un llamado a las asociaciones de canalistas, juntas de vigilancia y comunidades de agua a administrar mejor el agua”.


Puntualizó que se está destinando recursos para incorporar la telemetría en la administración del agua y para acelerar el proceso de tecnificación del riego en la agricultura. En esto último se invertirá la suma de 85 mil millones de pesos. “Esas son medidas a corto plazo, pero hay que pensar también en el largo plazo. Por ello, nos hemos contactado con el ministro de Obras Públicas para ver cómo acelerar el proceso de construcción de embalses, la infiltración de acuíferos y la factibilidad de ocupar la técnica de desalinización del agua. Estamos trabajando en varios frentes porque el tema de la sequía es grave”.

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