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Fake News” o noticias falsas: Un viejo problema con nuevas tecnologías

 

Luis Fernando González V.

 

No es algo nuevo, las noticias falsas, la posverdad, las fake news han existido siempre. Pero varían sus características según varía la tecnología o formas de comunicarse. Nerón difundió noticias falsas sobre el incendio de Roma, los primeros cristianos fueron perseguidos debido a que circulaban rumores según los cuales ejecutaban prácticas repugnantes como el incesto, el infanticidio y el canibalismo. Siglos después, estas mismas acusaciones se utilizarían para perseguir paganos y judíos.
Lo mismo podría decirse de la leyenda de El Dorado, relatos de una gran riqueza muchas veces utilizados para impulsar a los hombres a unirse a tripulaciones que viajaban a América, o el tristemente plan Z del gobierno militar chileno.

Incluso, el papa Francisco señala que ya en el génesis se hablaba de noticias falsas:
“ En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6). Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos”
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES: Fake news y periodismo de paz

 

 

NUEVAS PALABRAS VIEJAS MENTIRAS

Pero definamos bien de que estamos hablando, cuando nos referimos a “fake news” o noticias falsas, en buen chileno podemos decir que es una forma cursi de nombrar las mentiras, una fuente no siempre cien por ciento confiable pero ciertamente muy utilizada como lo es wikepedia define el termino como un producto del pseudo periodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales cuyo objetivo es la desinformación deliberada o el engaño.
Se emiten con la intención de inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político.

Las noticias ficticias publicadas en medios satíricos, si bien son formas de desinformación, no son consideradas fake news en sentido estricto, ya que su objetivo humorístico, su evidente falsedad y el contexto del medio en que se emiten, no llevan a confusión a los lectores, señala el portal.

Al mismo tiempo la Real Academia de la lengua agrega otro termino a la mesa: La posverdad, que la describe como distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales, por su parte el papa Francisco en el ya citado mensaje señala que “esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”.

Un componente esencial de cualquier “fake news” es que parece creíble, en eso basan su gran poder de ser compartidas en internet, capturan la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos, muchas veces reafirman las propias creencias y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración.
Álex Grijelmo, Licenciado en Ciencias de la Información y doctor en Periodismo por la Universidad Complutense, de Madrid, señala que la sola utilización del término “posverdad” es un triunfo para quienes se aprovechan de estas mentiras. “Podemos preguntarnos sobre todo si ‘posverdad’ no formará parte de lo que la propia palabra denuncia, si no estará desplazando a vocablos más indignantes, como ‘mentira’, ‘estafa’, ‘bulo’, ‘falsedad’ ( …) El engaño siempre existió, sí, pero antes todos decían luchar contra él. Ahora, por el contrario, se empieza a cultivar como una buena técnica profesional el revoltijo de trampas de lenguaje basadas en el sensacionalismo, los sobrentendidos, la insinuación, la alusión, la presuposición, los eufemismos. Y si se trata de definir ese paquete, lo de ‘posverdad’ suena realmente a broma. Porque puede que estemos llamando ‘era de la posverdad’ a la ‘era de la manipulación’”, opinaba quien además fuese director general de Contenidos de Prisa Internacional.
Incluso hay investigaciones recientes que señalan que lamentablemente las fake news se comparten más rápidamente por las redes que las noticias verdaderas. Los expertos del MIT Sinan Aral, Soroush Vosoughi y Deb Roy, analizaron 126.000 historias difundidas en Twitter entre 2006 y 2017, con más de 4.5 millones de tuits de unos 3 millones de personas. El equipo, estimó que existen unos 48 millones de bots en Twitter y 60 millones en Facebook (bot: programas que replican de forma mecánica los tuit).

“La falsedad se difunde significativamente más lejos, más rápido, más profunda y más ampliamente que la verdad en todas las categorías de información, y los efectos fueron más pronunciados para noticias políticas falsas que para noticias falsas sobre terrorismo, desastres naturales, ciencia, leyendas urbanas o información financiera”, aclaran los autores a la revista Science.
En este contexto concluyeron que las noticias falsas inspiraban mayor sorpresa y disgusto, mientras que las verdaderas tenían más probabilidades de encontrarse con un sentimiento de tristeza, anticipación o confianza. Los autores sospechan que el valor novedoso de las noticias falsas alienta su difusión, pero también parece que el enfado motiva los retuits mucho más que la tristeza al leer un contenido.

De una conclusión similar es Pablo Boczkowski, profesor del Departamento de Estudios en Comunicación y director de la Maestría en Ciencia del Liderazgo para Empresas Creativas de la Universidad de Northwestern, en una entrevista dada al diario El Clarín de Argentina se pregunta ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad, en una sociedad determinada, que generan que una noticia que dice “El Papa Francisco apoya la candidatura de Donald Trump” sea tan leída? . Cualquiera que conoce a la Iglesia sabe que es una noticia imposible. El Papa no se va a meter en la interna de Estados Unidos. Aún así, esa nota fue compartida un millón de veces. Existe otra nota que muestra que eso es mentira y se compartió 30 mil veces, aproximadamente”, señaló.

 

EL PERIODISMO EN LA EDAD DE LA POSVERDAD
El diagnostico entonces parece ser claro, el problema es cómo combatir la actual situación de un fenómeno que siempre existió, pero que hoy tiene un alcance y una difusión impensados, en este sentido el buen periodismo sigue siendo tan necesario como siempre y está lejos de ser un oficio muerto. El periodista, por tanto, no puede limitarse a repetir mensajes oficiales, amplificar fenómenos virales y dar por buena la información sin un mínimo de revisión. Porque, como explica el historiador Timothy Snyder, “renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder, porque no hay ninguna base sobre lo que hacerlo”.

“Uno de los enemigos tradicionales del periodismo es la prisa. La rapidez es un elemento innegociable a la hora de trabajar en una redacción: el buen periodista debe ser rápido. Las redes sociales han multiplicado este efecto, por eso conviene distinguir entre rapidez, una característica necesaria, y premura, un factor que puede llevar a la irresponsabilidad. Vale la pena tomarse unos minutos para con rapidez, pero sin premura, comprobar la información”, señala Álvaro Pérez Decano 
de la Facultad de Comunicación
 de la Universidad de Montevideo.

Como en muchas cosas no existe soluciones mágicas, y el antídoto parece estar más en los lectores que en soluciones tecnológicas o en leyes restrictivas. Prohibir legalmente las fake news podría abrir puertas de consecuencias insospechadas de censura a medios, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

La solución parece ser entonces la educación, el fomentar el pensamiento crítico y en desconfiar. El New York Times, El Mercurio, La Tercera o El Rancagüino podemos dar una información errónea o sin contrastar, pero somos un canal más seguro que el “Blog de noticias del tío Juve”. Por otro, el uso de las fuentes que se hace en las informaciones puede también ayudar a detectar noticias falsas: una información sobre la calidad democrática de Venezuela no tendrá el mismo valor si se alude a un informe gubernamental que si se recogen datos de un organismo internacional e independiente, por ejemplo.
La otra gran vía para contrastar informaciones es internet: una búsqueda de información puede ayudar a detectar qué medios han confirmado una noticia y puede llevar a comprobar si una imagen corresponde de verdad al contexto atribuido por un medio.

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero, señala el papa Francisco.

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