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Hoy se firma el documento:  Niños pre escolares de Santa Cruz podrían ser futuros bilingües.

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– Esto gracias a la firma de convenio para la ejecución del programa de inglés AMCO, un sistema de enseñanza del inglés cuya metodología consiste en clases 100% en lengua británica, en un aula que integra equipamiento y plataformas digitales para la mediación y gestión docente.

 

Gisella Abarca

 

Hoy, a las 10:00 horas, en  la escuela municipal Luis Oyarzún Peña de la comuna de Santa Cruz, se firmará un convenio para la ejecución del programa de inglés AMCO en niveles de educación parvularia, en establecimientos municipales. Documento que será firmado por la subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro y el alcalde de Santa Cruz, William Arévalo.

El programa de inglés AMCO, es un sistema de enseñanza del inglés cuya metodología consiste en clases desarrolladas completamente en la lengua británica en un ambiente estimulante, que integra equipamiento y plataformas digitales para la mediación y gestión docente que beneficiará a los establecimientos municipales con niveles transición de educación parvularia de la comuna; es decir, alumnos del Primer (pre-kínder) y Segundo nivel de Transición (kínder) de Educación Parvularia, en un año de duración que incluye capacitaciones y acompañamiento al equipo docente.

Así lo explicó la subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro “Para nosotros la calidad se da en la sala de clases y este programa AMCO, es un programa de aprendizaje en inglés, una metodología que consiste en trabajar 100% en inglés en un ambiente muy estimulante, que integra equipamientos y plataformas tecnológicas digitales con un profesor que va mediando entre lo que va ocurriendo en esta plataforma digital y los estudiantes, un programa que ha tenido éxito en otros países, que a través de su metodología genera compromiso en los estudiantes, motivación y un aprendizaje mejor del inglés”, argumentó.

Así, el objetivo del programa AMCO es potenciar la adquisición del lenguaje especializado del inglés de la misma manera en que se aprende la lengua materna; es decir, generando un nuevo canal neurológico para el idioma lo que evita continuos procesos de traducción y garantiza que los niños sean capaces de utilizar el inglés de forma pragmática y comunicativa. También busca impactar en la calidad de las interacciones en el establecimiento y en la gestión de aula.

“Este es un programa que está partiendo en Santa Cruz, porque el alcalde ha sido muy proactivo en esto, es un programa que implementaremos como piloto por medio de la Subsecretaría y luego lo iremos ofreciendo a quienes quieran, para otras municipalidades, colegios, etc. El lanzamiento de AMCO constituye el primer hito del programa de calidad de la Subsecretaria de la Educación Parvularia”

Destacó que fue elegido Santa Cruz porque “hemos pensado y diseñado cada programa pensando en las realidades de cada región, concretamente Santa Cruz es un área muy turística, donde el inglés es clave. Previo buscamos alianzas con aquellas regiones, que de alguna manera sabemos tienen la necesidad y Santa Cruz era una de esas siendo el corazón turístico de la Sexta Región”.

Cabe destacar que el  convenio se enmarca en las políticas que impulsa la Subsecretaría de Educación Parvularia (SdEP) para velar por el desarrollo del nivel mediante el aseguramiento de la calidad en los procesos de aprendizaje.

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Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

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Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tantas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

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“Presuntas desgracias”: El doloroso camino de reencontrar a los seres queridos

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  • En nuestras páginas hemos informado de una serie de personas desparecidas si bien algunos casos se han resuelto con éxito, también hay otros que terminan con trágicas consecuencias.

  • Uno de los casos emblemáticos es la desaparición de Nicole González hace 8 años, a la fecha no hay rastro de su paradero.

Fernando Ávila Figueroa

Durante este año 2019, nuestras páginas constantemente han estado informando una serie de casos cuyo denominador común es la desaparición de personas. Como los menores de edad que deciden huir como lo ocurrido el pasado 22 de mayo, donde familiares informaban la desaparición de dos jóvenes de la comuna de Rengo, los que fueron encontrados sanos y salvos en Bucalemu durante la misma semana. Finalmente M.V de 16 años, y R. G de 15 años, habían decidido escapar de sus hogares.


También hay casos, con desenlaces mucho más tristes, donde personas enfermas que se desorientan y pierden su rumbo, unos pocos que lamentablemente han decidido quitarse la vida, así como casos en los que se ha determinado que hay participación de terceros -como lo ocurrido con el joven scout de San Vicente- son algunos de los hechos que han sido denunciados como “presunta desgracia”, en Carabineros o la Policía de Investigaciones.


Sin duda el caso que más nos ha conmovido este año es el del joven scout Tomás Ignacio Acevedo Olea, de 17 años de edad, quien en la comuna de San Vicente de Tagua Tagua fue encontrado asesinado con más de 230 heridas corto punzantes, esto luego de que participara el día sábado 27 de julio en una reunión de su grupo scout en el Colegio España, retirándose a eso de las 12:30 del día, perdiéndose su rastro. El domingo fue encontrado en un sitio eriazo, ubicado en la ribera poniente del río Tinguiririca, cercano al Estero Zamorano. Se trata de uno de los casos más macabros del último tiempo, ya que en su crimen habría participado una menor de 15 años junto a su pololo de 23 años.


Todos estos casos partieron con la desesperación de familiares que tras largas horas de espera interpusieron la denominada denuncia de “presunta desgracia”, que como hemos visto en algunos casos dan con el paradero de la persona, pero en otros lamentablemente tras años de búsqueda aún no se sabe que sucedió con ellos.


Según el Jefe del Departamento de Operaciones de la Sexta Zona de Carabineros, Coronel, Juan Baeza Gaete en la región de O`Higgins el año 2018 hubo 766 denuncias de este tipo, y hasta el mes de junio se han generado 421 denuncias.

Jóvenes que huyen de sus casas


En el mes de julio dos menores de edad habían desaparecido de sus domicilios. En la comuna de Santa Cruz la menor de 15 años edad, M.A.A, se encontraba desaparecida debido a algunos síntomas de crisis de pánico, así como había tenido algunas diferencias familiares.

Afortunadamente apareció en buen estado la noche siguiente. Por otro lado, en la comuna de Rengo el día 12 de julio había desaparecido desde su hogar la menor, D. A.C Ayala, quien finalmente apareció sin problemas de salud ni lesiones físicas.


Pero, ¿cuáles son las causas que hacen que algunos jóvenes decidan huir de su hogar?. Según los análisis que ha realizado la Jefatura Nacional de Ubicación de Personas de la PDI, en adolescentes que están en la pubertad y adolescencia, indican que pueden ser conflictos propios de esa etapa de vida, por lo que tienden a abandonar su hogar por un periodo de tiempo breve, presentándose sentimientos de incomprensión por parte de su núcleo familiar, carencias emocionales, inadecuada disponibilidad del tiempo libre, problemas de comunicación y de conducta; tales como violencia y rebeldía.


Existen otros factores que también es importante tener en cuenta, como lo que se da en aquellos menores entre los 6 y 17 años de edad y que residen en hogares de transición, los cuales hacen abandono en su mayoría por carencias afectivas, actuando de forma rebelde a su realidad, buscando experiencias fuera de estos hogares, teniendo una conducta inadecuada y riesgosa. Pese a ello, gran cantidad de los menores regresan de forma voluntaria al poco tiempo de haberse fugado.


¿DÓNDE DENUNCIAR?
Es en la Policía de Investigaciones, Carabineros o Fiscalía donde se pueden realizar las denuncias por “presunta desgracia”. El Comisario Jefe de la Brigada de Homicidios Rancagua, Iván Larregla, explicó que cuando reciben alguna denuncia de este tipo, existen protocolos que se deben cumplir.
Lo primero que realizan es tomar contacto con familiares y el círculo cercano de la persona. En el caso de los menores, se trabaja con el colegio, con sus amigos, y profesores. Es por ello que dio a conocer que respecto a esperar 48 horas para realizar la denuncia, es un error que comete la comunidad, calificando esa situación como “un mito”, ya que la persona que denuncia puede acercarse de manera inmediata a las policías o al Ministerio Público para que sea investigada. “Nosotros tomamos la denuncia y hacemos el encargo de forma inmediata. Ese encargo queda registrado a nivel nacional, en la policía en general y en Extranjería en caso que la persona abandone el país”, dijo Larregla.


Como protocolo, luego la PDI realiza las consultas a todos los servicios de urgencia, esto debido a que la persona puede haber tenido algún accidente, pero también se extiende a instituciones como Gendarmería, en caso que la persona pudiese haber sido detenida, al Servicio Médico Legal, o Extranjería, diligencias que se derivan al Ministerio Público, a la espera que el Fiscal disponga hacer una investigación más amplia del caso.


Como punto a destacar, la Policía de investigaciones posee en su página web un link donde pueden ser apreciadas presuntas desgracias históricas, casos complejos donde están los datos de la persona, con su fotografía, incluso en algunos casos con fotografías donde se realizó una progresión en el tiempo, lo que hace que si alguien tiene alguna información la pueda entregar al 134.


Larregla adujo que actualmente la información que aportan las redes sociales, más que una dificultad para encontrar a alguien en caso que se entregue información errónea, son tomadas como un aporte, ya que cree que si alguna imagen se difunde por redes sociales, sirve para dar a conocer el tema de manera masiva, alguien pudo haberla visto y entregar la información a la PDI. “Cuando se entrega información por las redes sociales, nosotros la chequeamos y hacemos un análisis respecto a esa información, se toma contacto con esa persona para ver qué tan efectiva es esa información y ver los antecedentes que tienen ellos. Hay ocasiones que esa información puede que no sea cien por ciento efectiva, por lo que antes de entregar esa información al Ministerio Público, o algún familiar, siempre se chequea esa información a través de la investigación”, sostuvo el Comisario.

CIFRAS Y EL MITO DE LA 48 HORAS
Otra de las instituciones donde la comunidad puede realizar la denuncia por “presunta desgracia” es en Carabineros. Es por ello que conversamos con el Jefe del Departamento de Operaciones de la Sexta Zona de Carabineros, Coronel, Juan Baeza Gaete, quien entregó algunos datos más concretos respecto a las denuncias.


Fue así como informó que el año 2018 hubo 766 denuncias por presunta desgracia, mientras que el presente año, hasta el mes de junio, las denuncias indicaban 421 denuncias, lo que hace un total de 1. 187 en los dos años, datos que corresponden a la Región de O’Higgins.


De estas denuncias se mantienen con encargo vigentes, vale decir, sin solución, 245, esto en todo el territorio de la Región de O’Higgins. A nivel nacional este año se han realizado cuatro macro operativos tendientes a la búsqueda de personas realizado por personal especializado, estos entre los meses de marzo a junio. En estos operativos en la Región de O’Higgins se han logrado aclarar 99 casos.


El Coronel fue enfático en aclarar que desde el año 2003 cuentan con protocolos obligatorios en el marco de las presuntas desgracias, ya que existe un sistema computacional denominado, “Encargo de Personas”, instalado en todas las Comisarías del país, lo que permite tener un registro actualizado para el tratamiento de la información.


Con respecto a la denuncia, enfatizó que esta se puede hacer en cuanto se presuma que le pasó algo a quien está desaparecido, concurriendo lo antes posible a estampar la denuncia. “Carabineros se la debe acoger de manera inmediata, y requerir los antecedentes necesarios que permitan requerir el encargo. Esta denuncia origina un encargo que debe registrarse en un plazo no superior a una hora en el sistema de Encargo de Personas, que está monitoreado por personal de Servicio de Encargo y Búsqueda de Personas. Una vez generado el encargo al margen de que el proceso de solucione de inmediato, se indica en el protocolo que hay diligencias que hacer dentro de las 24 horas”, dijo Baeza.

RAZONES DETRÁS DE LOS ABANDONOS DE HOGAR Y EXTRAVÍO EN ADOLESCENTES


Fracaso y frustración escolar: La obtención de bajas calificaciones como asimismo una negativa conducta escolar genera que los jóvenes, como respuesta de temor a la reprimenda que puedan recibir por parte de sus padres, induce el abandono de sus domicilios, siendo habitual que concurran en dirección a algún hogar ya sea de una amistad o bien otra persona con la que mantiene un vínculo.


Problemas sentimentales no entendidos por los padres: Suele suceder que la pareja de él o la adolescente desaparecido/a, no es del agrado de la familia de la víctima (por motivos como edad, drogas, alcohol o antecedentes personales). También se presentan embarazos como producto de un inicio de la vida sexual, lo que genera que por miedo a la represión y al castigo, las menores de edad en esta situación prefieran abandonar a sus familias, dejando avisos a través de cartas, correo electrónico, WhatsApp, mensaje telefónico, o simplemente, se van sin dar mayores antecedentes.


Violencia Intrafamiliar: en esta situación existen problemas de fondo que actúan sobre la psiquis del menor, alterando el estado de ánimo y conducta cognitiva. Por mencionar algunos se encuentra el abuso sexual, violación, violencia física y psicológica por parte de las parejas de la madre, padre o tutor, así como también los problemas de adultos dentro de una familia, como el alcoholismo, infidelidad, precariedad económica y las drogas, las cuales pueden generar estados de violencia entre los padres (desavenencia) lo que al ser presenciado por los hijos, produce un estado de depresión que los lleva a dejar su hogar, con el fin de evitar ver continuamente la discusión entre ellos.


Irresponsabilidad y rebeldía: existen casos en los cuales la familia no posee mayores problemas, se encuentra bien constituida, goza de estabilidad económica y laboral sustancial, o bien posee escasos recursos pero sin desavenencias. No obstante, los hijos tienden a generar cambios conductuales debido a los vínculos con sus amistades del colegio, universidad o barrio, entre otros. Las reiteradas fiestas o “carretes” de fin de semana, generan que los padres tomen las medidas necesarias para corregir y poner en línea esta conducta, sin embargo, los hijos no responden generando a su vez un decaimiento en el rendimiento escolar y un estado de rebeldía. Los menores se van de su domicilio a fiestas, sin avisar donde, cuando, ni con quien.

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Nicolás Rivera, Gerente General de El Teniente: “Tenemos una cartera de proyectos muy importante para los próximos años”

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A pocos días de dejar su cargo para asumir como gerente de Chuquicamata señaló sentirse “orgulloso de que el 2018, con el esfuerzo de toda la organización, alcanzamos una producción de 465 mil toneladas de cobre fino y costos de 107 centavos de dólar por libra, 6% más bajos que el año anterior. Logramos también un aumento de 7% en nuestra productividad y excedentes de 1.047 millones de dólares, que van al Estado para financiar inversión social”.

Hace un par de días Codelco anunció que Andrés Music, quien se desempeña como gerente general de Ministro Hales, asumirá a partir del 1 de septiembre como gerente de El Teniente.
En tanto, Nicolás Rivera, actual gerente general de la minera local, se desplazará al norte para hacerse cargo de las operaciones de Chuquicamata. En su paso por nuestra zona Rivera ha mantenido a El Teniente como la operación más productiva de Codelco, con resultados destacables en producción, productividad y control de costos.

En este contexto, a pocos días de dejar el cargo que desempeñó en Rancagua, nos entrega su visión de lo realizado y la proyección que debiese tener El Teniente para los próximos años.

¿Cuáles son los desafíos que tiene la división para los próximos años?
Lo primero es desarrollar exitosamente los proyectos que permitirán que El Teniente siga aportando al desarrollo de Chile y la Región por los próximos 50 años, esa es nuestra prioridad número uno. Sin embargo, en paralelo tenemos que asegurar excedentes para el dueño y eso pasa por seguir mejorando nuestra posición competitiva.
En esa línea hemos definido un plan de trabajo para aumentar nuestra producción anual y llegar hacia el 2025 en torno a las 500 mil toneladas de cobre fino al año y también aumentar la entrega de excedentes al Estado en al menos 20%. Estos desafíos son muy importantes porque consolidarán a El Teniente como el mejor negocio para Chile y la región de O’Higgins.
Esta hoja de ruta la estamos llevando adelante con el convencimiento de que nuestra gestión ambiental y comunitaria tiene que ser de excelencia y en ello estamos poniendo los mejores esfuerzos.
Y en este camino ya tenemos diversos avances, que dan cuenta de nuestro potencial. En el periodo 2014-2018 El Teniente, utilizando los mismos activos, incrementó su capacidad de procesamiento en casi 5%, alcanzando el 2018 un record de 52,5 millones de toneladas de mineral.

En un nuevo Día del Minero ¿Cómo se encuentra División El Teniente hoy?
Vivimos un momento de transformación como empresa. Necesitábamos vencer al quinquenio más difícil de nuestra historia, 2018-2022, donde íbamos a experimentar una disminución de la ley del mineral en torno al 14% y, en consecuencia, un deterioro del negocio. Sin embargo, como ha sido una característica de El Teniente en sus más de cien años de historia, definimos un camino común para contener el aumento de costos, mantener la producción y aumentar la productividad.
La buena noticia es que estamos logrando el objetivo. Me siento orgulloso de que el 2018, con el esfuerzo de toda la organización, alcanzamos una producción de 465 mil toneladas de cobre fino y costos de 107 centavos de dólar por libra, 6% más bajos que el año anterior. Logramos también un aumento de 7% en nuestra productividad y excedentes de 1.047 millones de dólares, que van al Estado para financiar inversión social.
Los años que vienen vamos a mantener este esfuerzo porque el camino sigue siendo complejo, la carrera no está ganada totalmente.

¿Cuando hablamos de mineros hablamos de mineros y mineras?
Por supuesto. Hemos hecho importantes avances en la inclusión de la mujer y nos estamos desafiando a avanzar más aún en la materia. La certificación en la Norma Chilena 3262 de igualdad de género y conciliación de la vida laboral, familiar y personal que obtuvimos en septiembre del año pasado, es parte de la transformación que estamos llevando adelante en El Teniente. Somos la empresa más grande a nivel país que se ha certificado en este sistema.
A la fecha el 6 por ciento de nuestra dotación propia son mujeres. Si sumamos trabajadoras propias y de empresas colaboradoras ya tenemos a mil mujeres laborando en nuestras faenas, eso hace años era impensable.
Nuestro propósito es ser una empresa más rentable, más productiva, más segura, más eficiente y más sustentable, con la participación de las distintas miradas, experiencias, géneros, credos y nacionalidades.

¿En qué grado de avance va el proyecto Nuevo Nivel Mina? ¿Se están cumpliendo los plazos en este proyecto?
Luego de reformular el Nuevo Nivel Mina (hoy Andes Norte), los plazos se han ido cumpliendo, lo que nos tiene muy optimistas.
Tenemos una cartera de proyectos muy importante para los próximos años que implican desarrollo y crecimiento para la región pero como le dije anteriormente, para el año 2025 no solo esperamos mantener nuestra producción, sino que aumentarla.
Hoy tenemos en marcha los proyectos Andesita, Diamante y Recursos Norte, que permitirán mejorar nuestra capacidad de generar excedentes en los próximos años, ello mientras desarrollamos Andes Norte (Nuevo Nivel Mina) a mayor profundidad.
En este punto quiero destacar que vamos a adelantar en casi un año la entrada en fase de producción del proyecto Recursos Norte, un tremendo logro. Respecto a Andesita y Diamante estos ya realizaron su primer desarrollo y también tenemos el objetivo de adelantar su puesta, que era inicialmente para el 2023.
Lo que no vamos a perder de vista en ningún momento es que tenemos que ir a buscar un mejor rendimiento de nuestros activos, generar valor para el país, esa es la promesa que tenemos y vamos a cumplir.

¿Cómo ve la relación entre trabajadores y empresa?
En El teniente las relaciones laborales se sustentan en el diálogo y el pleno respeto a la autonomía sindical, lo que ha permitido en los últimos años alcanzar acuerdos de mutuo beneficio, tanto para mejorar el desempeño de la empresa como calidad de vida de trabajadores, trabajadoras y sus familias.
Yo agradezco este clima de entendimiento al que contribuyen todos los trabajadores y trabajadores. En esta división se percibe el cariño por la empresa, por la caminera y por tener siempre presente que es una compañía que le pertenece a todos los chilenos.
Me siento muy orgulloso de que todas nuestras negociaciones colectivas –que involucran a la supervisión y a los 6 sindicatos de trabajadores- las termináramos con acuerdo por adelantado, sin conflicto, introduciendo incentivos que buscan el cumplimiento de metas de producción, donde ganan ambas partes.
En este punto, no puedo dejar de mencionar a la dirigencia sindical por su altura de miras y su responsabilidad de buscar siempre lo mejor para El Teniente, lo trabajadores y para el país.

¿A su juicio, cómo se inserta División El Teniente en la región?
Somos un actor relevante que aporta al crecimiento y desarrollo de los territorios, de hecho aportamos cerca del 20% del PIB regional. Nuestra mirada es de largo plazo, queremos seguir en esta región por 50 años más y el diálogo y el trabajo conjunto con la comunidad es clave.
A través de diversos programas, hemos aportado a desarrollar capacidades y a mejorar la empleabilidad de vecinos y vecinas y estamos haciendo importantes inversiones para reducir al mínimo nuestros impactos en el entorno, con proyectos emblemáticos como la introducción de la electromovilidad para el transporte de personas, el que se irá expandiendo a toda nuestras operación paulatinamente, con la perspectiva de abandonar los hidrocarburos hacia el 2030.
Hemos abierto a la comunidad nuestros activos, El Estadio El Teniente, la Casa 100, la Hacienda Cauquenes y Sewell.

¿Qué debe esperar la comunidad de El Teniente?
Nuestro territorio es extenso y heterogéneo, con actividades productivas diversas, realidades e intereses muy variados. Por eso contamos con un plan de relacionamiento por localidad. Esto va más allá de colaborar en la ejecución de iniciativas y programas, nuestro foco está en poder aportar a desarrollar capacidades de los vecinos, para que puedan emprender, generar un valor agregado al entorno, construir confianzas, que la comunidad sienta orgullo de compartir el territorio.

¿Y cuáles son los desafíos que vienen en esa relación con la comunidad?
El entorno y la comunidad cambia, los problemas son otros y por eso estamos avanzando hacia una gestión más cercana, de escucha activa, con transparencia y una mirada sustentable en todo lo que hacemos. Somos un actor que permanecerá por muchos años y creemos que la región es mejor con El Teniente. Por eso el desafío es el trabajo conjunto, la colaboración y que ello se traduzca en acciones para mejorar la calidad de vida de todos los que vivimos en esta región.

¿Usted asumirá un nuevo cargo como gerente general de Codelco Chuquicamata, cuál es su impresión de lo que viene?
Lo primero es que me llevo un enorme cariño por esta región y por su gente. Solo tengo que agradecer a las personas que conocí en la empresa y en nuestro entorno. Compartir con la comunidad, trabajar en conjunto con autoridades y actores de la región por el desarrollo local fue muy gratificante.


He podido contribuir a la transformación de El Teniente para que siga siendo el mejor negocio para Chile y la Región y por eso fue posible por el trabajo de los que me antecedieron y estoy seguro que así será con el nuevo gerente general que viene, que es un tenientino.
Parto con el desafío de trabajar para que Codelco siga siendo una empresa pública, que aporta excedentes y contribuye al desarrollo y crecimiento del país.

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