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Recuerdos regionales acerca de la epopeya del No

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Marcela Catalán

 

 

El cinco de octubre, se cumplieron 30 años del plebiscito de 1988 que permitió más tarde el regreso de la democracia a Chile, en una contienda en la cual votaron más de 7 millones de personas. Se trata de una jornada inolvidable para todos los compatriotas que, independiente de sus posturas, vivieron la intensidad del referéndum.

 

“Abracé a mi esposa, hijos y familia, lloré y pensé que para nuestros hermanos se terminaban los asesinatos”, recuerda Eugenio López, ex dirigente demócrata cristiano del cobre, mientras que el entonces reportero de este diario, Julio Moreira, apunta a que “fue un día para periodistas prudentes y con nervios de acero. Para mí, la jornada estuvo cruzada por expectativas e incertezas, como para la mayoría de los rancagüinos y rancagüinas”.

 

A continuación, revise testimonios acerca de cómo se vivió el referéndum en la Región de O’Higgins.

 

 “En esa época teníamos ideales”
Patricia Vásquez, apoderada del No en el Colegio Moisés Mussa de Rancagua.

 

En ese entonces yo tenía 22 años y no militaba en un partido político, pero participé en el plebiscito a través de la DC. Este proceso representaba algo nuevo e histórico, y quería aportar de algún modo. Yo cursaba Derecho en la Universidad Católica de Valparaíso y la directiva de la federación de estudiantes me dio el documento para ser apoderada. Como alumna de Derecho, no me hicieron muchas advertencias respecto a ello, pero sí nos motivaron a estar atentos y defender los votos.

 

Llegué muy temprano al local, como a las 7:30 de la mañana. Estaba muy emocionada, sentía que era un momento muy importante para nuestro país y eso era muy motivador. Al igual que muchos, temía que hubiera un fraude, pero al mismo tiempo creía que ésa era la oportunidad de volver a una democracia que nunca conocí, porque era muy niña en 1973. Pensaba que lo mejor para Chile era tener la libertad de decidir quién debía gobernar. Mi esperanza era que ganara el No y consideraba muy relevante expresarlo mediante el plebiscito.

 

Ese día completo, significó una gran experiencia para mí. Destaco la civilidad que mostraron todos, desde quienes estaban a cargo del recinto, los distintos apoderados, hasta quienes estaban por el Sí o por el No; todos mostraron respeto y la discusión por los votos ocurrió dentro de un marco de mucho respeto. Chile estuvo a la altura y me sentí orgullosa de eso. Logramos lo que queríamos: una convivencia respetuosa entre los diferentes sectores políticos. En el transcurso, cada uno tenía altas expectativas. La gente sufragaba y se iba a su casa. Había un clima especial, sabíamos que se trataba de un momento histórico y eso flotaba en el aire.

 

Me quedé en el local hasta que se cerró el recuento de votos de la última mesa y ya se sabía la tendencia. Sin embargo, no tenía noticias de otros recintos. Al terminar la jornada, me fui a mi casa a ver la televisión y escuchar la Radio Cooperativa, aguardando junto a mi familia, y confiada en que ganaría el No y su triunfo sería reconocido, pero la espera fue tensa. Cuando finalmente esto ocurrió, fue un instante mágico y de mucha alegría.

 

Creo que en esa época teníamos ideales y pensábamos que ése era el mejor camino para nuestro país. En mi universidad teníamos dos delegados, uno representando a cada sector, y se hicieron apuestas que después debieron ser pagadas. Todos cuidamos el país y asumimos con gran responsabilidad lo que venía después: primaba la nación y esa mística se ha perdido entre los políticos actuales, quienes se mueven por intereses personales o partidistas. Sin embargo, lo anterior no ensombrece el hito de aquel 5 de octubre de 1988. Fue un gran día, que permitió vivir en la democracia de hoy.

 

Ojalá el recuerdo de esa fecha sirva para reflexionar acerca de lo frágil de la democracia y que todos somos responsables de cuidarla. Todas las posturas son trascendentales y enriquecen la discusión; debemos aprender a respetar opiniones distintas y buscar entre todos lo mejor para Chile. En tiempos de tanto desprestigio de las instituciones, debemos volver a los ideales que las fundamentan y pensar en el bien común.

 

 

“El Rancagüino y sus reporteros nos sentíamos protagonistas de un momento crucial”
Julio Moreira, periodista de El Rancagüino en 1988.

 

Ni siquiera mi guagua de dos meses pudo abstraerse del nerviosismo y tensión: vomitó a la amable vocal de mesa que la tomó en sus brazos, mientras mi esposa emitía su sufragio en el Colegio República Argentina.

 

Yo trabajaba para este diario. Los días previos al cinco de octubre, estuvieron marcados por enfrentamientos verbales y físicos entre los partidarios del Sí y del No. Yo manejaba información de uno y otro sector. Unos tenían certeza de que ganaban, y los segundos informaban que se desconocería su triunfo. Nada era oficial, pero se trataba de temores que invadían a la gente.

 

Nosotros permanecíamos expectantes. El Rancagüino y sus reporteros nos sentíamos protagonistas de un momento crucial. Todos cubríamos todo, a mí me encargaron el Sí, sabiendo que yo no era bien recibido entre algunos partidarios de éste. A raíz de lo mismo, un colega me bautizó como “Lomo Vetado”. Por lo mismo, para mí, ese día estaba cruzado por expectativas e incertezas, como sucedía con la mayoría de los rancagüinos y rancagüinas.

 

Excepto los más cercanos, muy pocos eran capaces de hacer saber sus opiniones. Diría que, pese a todo, reinó la razón. Quedaron en el ámbito privado las emociones, los sentimientos y preferencias por uno u otro bando. No obstante, más que cautela, creo que había temor y desconfianza.

 

La procesión, entre quienes registramos este acto republicano, iba por dentro. Todos teníamos algo que perder o ganar. Nos habíamos acostumbrado a vivir siempre en la vereda de enfrente. Nos costaba acercarnos. Por eso estábamos ansiosos y nerviosos. Pero a la vez, como “escribidores” de un hecho de esta magnitud, nos sentíamos importantes y responsables de manejar objetivamente el proceso. Los dirigentes políticos también estuvieron a la altura de las circunstancias.

 

Aunque los resultados locales no fueron conocidos de inmediato, en un momento ya se sabía la noticia del triunfo del No, pero nadie la comentaba en voz alta, a la espera de lo que sucediera en Santiago. Fue un día familiar, porque la gente volvió a sus hogares en cuanto sufragó. La tensión estuvo siempre, no obstante, el silencio y la prudencia también. Nadie quería decir lo que realmente pensaba.

 

Al final de la jornada, regresamos a nuestros hogares con imprecisiones y certezas. Sabíamos de los resultados, sin embargo, no teníamos seguridad sobre cuáles serían las reacciones. Fue un día para periodistas prudentes y con nervios de acero. Y nosotros estuvimos ahí. En el interior de los hogares, hubo puños en alto y celebraciones ahogadas. En otros, sorpresa e incredulidad.

 

 

 Al otro día “la calle era distinta, la nación había cambiado en una noche, como si fuera un problema de tiempo”.

Juan Ramón Núñez, presidente provincial de la DC y presidente regional del comando del No en 1988.

Trabajamos mucho tiempo para volver a tener una democracia, hasta que se anunció el plebiscito, pero fue el resultado de un proceso largo, de organizarnos y volver a generar confianzas entre quienes habíamos tenido posiciones opuestas. También debimos conseguir que la gente se inscribiera para votar, porque nuestra convicción era que la mayoría de los chilenos estaba en contra de Pinochet y que, si todos sufragaban, podíamos volver a la democracia. La duda era que, si ganábamos, nos reconocerían o no el triunfo.

 

Cinco días antes del plebiscito, como conglomerado, hicimos jurar a los apoderados que controlarían la votación, ya que habíamos estado muchos años sin elecciones. Primero juramos como DC: nosotros hacíamos la parte más fuerte, porque teníamos la mejor organización, mientras que el PS estaba dividido en varias facciones y el PR era más pequeño, los otros partidos también aportaron, pero la DC tenía una mayor solidez interna. Acordamos que ese día no se bebería alcohol, ya que si bien las horas más importantes eran las del sufragio, las más peligrosas eran las de los recuentos. Por ente, había que estar sobrios. Entonces instruimos a la gente a votar, pero a tener paciencia con las filas, porque imaginamos que habrían muchas y hacía tiempo que las personas no sufragaban. También recalcamos que todos debían estar tranquilos en la noche, porque en ese momento se vería que habíamos ganado. Sabíamos que debíamos ver la reacción de la gente del No, pero además de la del Gobierno.

 

Los días antes, viajamos por todas partes y pusimos como apoderados a gente más o menos conocida, con mucha experiencia. Realizamos un control de los resultados, creo que nunca supieron cómo los obteníamos. Teníamos un jefe por cada diez mesas, quien entregaba esos datos a una persona que iba en bicicleta a una casa. Por cada local, teníamos dos casas de seguridad, y en una tercera recopilábamos los datos que transmitían unos funcionarios de El Teniente por fax.

 

El día del plebiscito, como a las 10 de la mañana, le presentamos nuestro abogado Luis Dintrans al intendente (el brigadier general Miguel Espinoza). Al final, le dije “queda un punto pendiente: el permiso para que mañana podamos celebrar”. Sorprendido, me dijo “sí, sí, no se preocupe”. Salimos riendo: ellos ya se sentían derrotados.

 

En el transcurso del día, nos avisaron que había mucha gente en las mesas, sobre todo en las de mujeres. Fuimos a sus filas a pedirles que tuvieran paciencia, porque habíamos esperado 17 años para eso. Una fila era tan larga que cruzaba O’Carrol. La gente votaba y se iba para la casa. Cuando a uno lo conocían, le hacían gestos, dedos hacia arriba, una sonrisa, pero sólo eso. Estaban contentos por poder votar, pero había tensión. Todos pensaban que la noche sería complicada.

 

Después me fui a almorzar a la casa y dormí siesta. Me había comprado un terno nuevo para votar, porque era un acontecimiento muy importante. Además mi esposa estaba embarazada y Daniela, mi hija, estaba por nacer. Como a las 16 o 17 horas me fui al comando, en Cuevas con San Martín. Los otros dirigentes estaban enojados porque dormí, pero yo decía que la noche sería complicada y debíamos estar serenos para enfrentarla, ya que el Gobierno dilataría la entrega de los resultados. Me fui a esperarlos a Olivar, para ver cómo iba la situación en el campo. Ganamos por poquito, eso generaba una buena sensación.

 

En un programa de Canal 13, durante la noche, apareció en un debate Patricio Aylwin con Sergio Onofre Jarpa. Allí, la gente de derecha expresó que iba ganando el No. Después ocurrió algo increíble: los canales pasaban películas de dibujos animados, como si fuéramos un país de niños chicos, hasta que dieron los resultados oficiales a eso de las 3 de la mañana. Ahora, al leer la historia, uno se da cuenta de que hubo una posibilidad de un nuevo golpe.

 

El No tal vez tuvo trabajando a la gente más inteligente. Los sociólogos habían detectado que en las comunas más grandes del país, había mesas representativas de sus ciudades o de Chile. Para definirlas, se fijaron en el nivel de ingreso de los votantes, su educación, cultura, lugar donde vivían, entre otras cosas. La mesa 57 de hombres, del Liceo Comercial Diego Portales, era representativa de Rancagua. Allí ganó la oposición, por lo que de nuevo teníamos una buena sensación y a medida que continuaban dando los resultados, teníamos la convicción de que íbamos ganando.

 

Como sabemos, finalmente el Gobierno reconoció el triunfo del No. Por mi edad, he participado en dos situaciones que han sido emocionantes y tremendamente motivadoras en mi vida: la (marcha) de la Patria Joven, cuando salió Frei Montalva, y la epopeya del No. Esta última representó algo muy fuerte, porque no teníamos recursos (para hacer la campaña). El lunes, El Rancagüino nos entrevistó y salimos a las calles, fuimos a la Intendencia y nos abrazamos con los carabineros. La calle era distinta, la nación había cambiado en una noche. La gente también los abrazaba y el trato era diferente, como si fuera un problema de tiempo. Ernesto Romero era del PS y, gracias a contactos, se consiguió la visita de Quilapayún para festejar en la Alameda. Fue una cosa apoteósica. El martes El Rancagüino publicó una entrevista al intendente Miguel Espinoza, donde él reconocía que habíamos ganado porque éramos más organizados y teníamos más mística. Él, un militar, sabía que estábamos organizados, con gente llevando información en bicicleta; era un sistema arcaico que funcionó perfectamente. Aún con pocos recursos, teníamos la convicción de que ganaríamos.

 

Yo estaba convencido de que reconocerían el triunfo del No. En una entrevista que antes me hizo Ricardo Muga para El Rancagüino, le expresé que las Fuerzas Armadas no se revelarían, que habrían discusiones, pero no desconocerían algo con lo cual estuvieron de acuerdo. De lo contrario, hubiese sido impresentable. Todo el país estaba convencido de ello, porque seguramente había contactos que así lo hicieron saber y transmitieron esa sensación de seguridad. Además, el oficialismo tenía la presión global y todo el mundo estaba pendiente de Chile. Sí, había cierto temor de que Pinochet hiciera algo, pero yo creía que se impondría el criterio de las Fuerzas Armadas como institución, la idea de no mandarse un numerito, el orden… Si es que no, les cerrarían las puertas de todo el mundo.

Para la jornada siguiente, fuimos convocados a estar a las 9 en el comando, para hacer un recuento formal y a las 10 de la mañana dar una conferencia. Eran días difíciles para dormir, eran muchas las emociones. Esa noche del plebiscito, me acosté como a las 3 de la mañana. Dormí un rato, porque después mi señora debía ir al hospital. Seis días después nació mi hija.

 

Alejandro González, actual director de El Rancagüino. Jefe de redacción de este periódico regional en 1988: 

Sabíamos que quienes apoyaban el No, habían montado una red paralela para contar votos, aunque era un secreto. Acá en Rancagua manejaban tres centros de acopio de información, con computadores, y desde ahí transmitían vía telefónica a Santiago, donde harían el cómputo general. Nosotros supimos todo esto, aunque nos comprometimos a mantener el secreto y nos sirvió de referencia para contrastar los datos oficiales. La idea era hacernos un panorama de lo que iba pasando a lo largo de la jornada y en todas las comunas, pero en especial en Rancagua, haciendo contacto con las autoridades y el jefe de plaza militar, intentando cubrir la mayor cantidad posible de mesas. Igualmente hablamos con algunas radios para contrastar.

 

Partimos trabajando tipo 7 de la mañana, aunque de antes sabíamos lo que debíamos hacer. Reporteamos todos y nos ayudaron los vendedores, los de diseño… todos los trabajadores del diario, después de votar, debían contarnos qué sucedía en su escuela. Así supimos como a mediodía que habían filas largas, yendo a sufragar más gente de lo que se esperaba. Por ejemplo, en el entonces Liceo de Niñas, las colas de mujeres llegaban a la plaza. Había muchos militares, pero no hubo incidentes. Iba todo lento y las personas se preguntaban si iban a alcanzar todos a votar, porque había una hora de cierre.

 

Todos sufragaban y se iban a sus casas. No había otra opción, porque estaban prohibidos los grupos callejeros, portar insignias, o cualquier cosa que identificara a las personas con algo. Si uno andaba con una insignia del (Club Deportivo) O’Higgins, el militar que estaba en la puerta exigía que uno se la sacara. La ciudadanía tampoco se quedaba por ahí, porque los de la Concertación habían instruido evitar los conflictos e irse a las casas, así que las calles estaban casi vacías y en los locales casi no había gente mirando el conteo; sólo estaban los apoderados, los políticos y nosotros.

 

Los vocales de mesa habían sido designados por el Gobierno, por lo que muchos eran proclives a él. Por eso el comando del No, tenía apoderados propios en todos lados. Nosotros acompañamos a recorrer los locales a muchos de los políticos contrarios al Gobierno, donde el acceso era restringido. Por ejemplo, a los de mujeres no podían entrar hombres. Nuestros periodistas podían, pero les ponían problemas, debían mostrar sus credenciales, identificarse.

 

A eso del mediodía, todos se sentían ganadores. Como a las 16 o 17 horas, comenzó la tensión. Tipo 18 horas nos comenzaron a llegar resultados de la red paralela del No. Ganaba la oposición y eso era sorprendente. Es decir, pensábamos que era lo más seguro, pero igual había una dosis de incertidumbre muchos de quienes se inclinaron por el No, nunca dijeron que votarían así. Al expresarse, todos se cuidaban mucho.

 

En esa época, la Intendencia y las gobernaciones provinciales se comunicaban por equipos de radio y nosotros manejábamos un receptor. Así escuchábamos esa frecuencia y logramos oír una conversación entre el Gobernador, y subalternos de Cardenal Caro y el de Colchagua. Ellos le decían “la cosa está mal, vamos perdiendo”, le preguntaban qué hacer y él les respondía que esperaran. Lo último que les dijo, muy enrabiado, fue “hagan lo que quieran, den los resultados, pero al revés”.

 

Teníamos muchas fuentes informativas, nuestra idea era cerrar el diario lo más temprano posible, porque debíamos imprimir acá y sacarlo a la calle, considerando la posibilidad de que se produjeran desmanes al otro día del plebiscito. Sin embargo, los resultados oficiales se comenzaron a atrasar y empezamos a depender de la televisión; sólo eran válidos los resultados otorgados por el gobierno y el subsecretario (del Interior) Alberto Cardemil, quien los fue dando de a poquito. Se había oscurecido y no había nadie en Rancagua. Nosotros estábamos aquí, encerrados escribiendo, mientras que la gente afín a la oposición se juntó en sus locales. Todo ocurría de manera reservada, comunicándose por teléfono e invitándose. Más tarde pudimos procesar resultados, hasta que el Gobierno los dio después de la medianoche. Entregamos todo al taller para que imprimiera, y nos quedamos mirando entre los periodistas. Nos fuimos donde sabíamos que se reunía la gente del No, para saber qué sucedía. Cuando llegamos, casi no quedaban personas. Los presentes estaban contentos y se abrazaban. Nos dieron champaña tibia en un vaso de plástico.

 

A la mañana siguiente tampoco hubo celebraciones. La ciudadanía se empezó a mover como a mediodía, por el temor a los desmanes. En los días siguientes, el Gobierno continuó tal cual. No es que partió la democracia de inmediato, sino que hubo un proceso largo. No obstante, tuvimos más opciones para conversar y entrevistar gente. Empezaron a venir políticos al diario o hablábamos con ellos en sus casas, ya que antes existía el temor de que nos estaban vigilando. De hecho, muchas veces sabíamos que nuestros teléfonos estaban intervenidos. Levantábamos el auricular, marcábamos un número, hablábamos, escuchábamos que el otro colgaba y, dos segundos después, colgaban de nuevo. Nos oían, por lo que teníamos códigos para conversar con otros y entre nosotros. Aprovechábamos todas las instancias de hacer educación cívica en democracia, pero dentro de lo posible, porque debíamos sobrevivir y eso era lo principal.

 

 

Algunos “olvidan que la lucha fue iniciada por los trabajadores en las calles, con las barricadas y protestas”

Eugenio López, ex dirigente del cobre. Demócrata cristiano.

Entre 1981 y 1987, fui dirigente del Sindicato Industrial Sewell y Mina, y de la Zonal El Teniente. El 17 de junio de 1983, por mandato del Congreso de la Confederación de Trabajadores del Cobre (actual Federación de Trabajadores del Cobre), ante la detención y secuestro de nuestro presidente Rodolfo Seguel Molina, y el requerimiento del consejo nacional de la CTC por la ley de Seguridad Interior del Estado, los presidentes zonales, de Andina, El Salvador y El Teniente, debimos llamar a paro nacional a los sindicatos de la gran minería del cobre, restándose Chuquicamata. Hubo una adhesión de más de 90 por ciento de los trabajadores. Esto originó las represalias de Codelco, exonerando a más de 1.900 trabajadores y 23 dirigentes a nivel nacional.
Hasta 1987 seguí siendo dirigente sindical; pero sin poder ejercer la representación de los trabajadores ante la empresa, por encontrarnos en juicio laboral. Nuestra participación fue siempre activa, me correspondió dirigir las protestas locales y formamos el Comando de Trabajadores de Cachapoal, con la participación de los gremios de la locomoción colectiva, representantes juveniles de las distintas tendencias políticas, trabajadores de la construcción, profesores y estudiantes secundarios. Se convocó a todos los estamentos sociales que estaban en contra de la Dictadura.

 

El 5 de octubre de 1988, fui presidente de mesa escrutadora en el Liceo Óscar Castro de Rancagua. Soy de los militantes de la DC que hasta último día no nos registramos como tales, porque no estábamos de acuerdo con aceptar una imposición de Pinochet para legalizar el partido y someternos a sus reglas. Después de esta diferencia interna, trabajamos fuertemente por sacar a Pinochet. Fuimos muchos los militantes de partidos que estábamos convencidos de que él no reconocería los resultados.

 

Los trabajadores de El Teniente y de la gran minería del cobre, estábamos convencidos de que, con un dictador, el país no podía avanzar en derechos y libertad. Es por ello que en el congreso de la Confederación de Trabajadores del Cobre, en 1982 en Punta de Tralca, se acordó que el problema no era una ley más o una ley menos, sino que cambiar el sistema político. Ésa fue nuestra frase de lucha.

 

El 11 de mayo de 1983, fue el primer paro en protesta contra la Dictadura. Lo anterior comenzó a prepararse con la convocatoria de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), en su congreso del 21 de abril de 1983. El paro se amplió y nacionalizó, transformándose en la primera protesta nacional y que movilizó a millones de personas contra la Dictadura.

 

Los días previos al plebiscito, los viví en la calle, conversando con pobladores, dirigentes sociales, trabajadores, haciendo puerta a puerta, en las caravanas de automóviles, entre otras cosas. La jornada de votación fue muy tensa, pero estábamos convencidos de que eramos más quienes estábamos por el No. Sin duda que su franja política, emitida por televisión, generó un ambiente de mucha alegría; fue muy conciliadora y emotiva.

 

Esperé los resultados entre la casa de la DC y la del doctor Nicolás Díaz Sánchez, lugar donde se instaló una mesa general y paralela a la oficial, la que debía recoger la información de todas las mesas de Rancagua. Los datos eran entregados por los apoderados de mesa y/o integrantes de las mesas escrutadoras. Cuando me enteré de los resultados, abracé a mi esposa, hijos y familia, lloré y pensé que para nuestros hermanos se terminaban los asesinatos, secuestros, exoneraciones, relegaciones y exilios.

 

Hoy puedo decir que me siento orgulloso de mi pasado, porque lo mejor para nuestro pueblo fue luchar para conseguir la democracia. Me duele que hoy, para juntarnos a la celebración del plebiscito, salgan algunos “cara de raja” y digan que no asistirán, porque está el Partido Comunista. Olvidan que la lucha fue iniciada por los trabajadores en las calles, con las barricadas y protestas. Así se expresó el pueblo, convergiendo todas las tendencias políticas. No recuerdo haber visto políticos profesionales en la barricadas.

 

Estoy orgulloso de mi pasado, pero avergonzado y apesadumbrado por el presente. Los señores políticos deberían considerar, al celebrar el plebiscito, la sacrificada lucha del pueblo en 1983. Me siento avergonzado de las muertes en el Servicio Nacional de Menores (Sename), de la venta de nuestro cobre a las transnacionales, las leyes brujas que siguen sin sus modificaciones, los negocios del litio, la desvergüenza de las colusiones sin castigo, entre otras cosas.

Deportes

Rancagua Sur abrochó tercera victoria en línea tras superar a Municipal Mejillones

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En el estadio municipal Lourdes, los “Rojinegros” ganaron por 2-1 y siguen escalando en la tabla de posiciones.

La tercera victoria consecutiva y el sexto partido sumando seguidamente consiguió el fin de semana la escuadra de Rancagua Sur. Jugando en casa, los pupilos de Rodrigo Pérez se impusieron por 2-1 sobre Municipal Mejillones.


En el marco de la fecha 17 de la Tercera División A, los rojinegros, que en este partido fueron dirigidos por Fred Gayoso (debido a que Pérez estaba suspendido), abrieron la cuenta rápidamente.
En los 7′, un tiro libre desde la derecha por parte de Lucas Espinoza encontró la cabeza de Diego Urrutia, quien conectó para colocar el parcial 1-0.


Pero, la alegría para los hinchas de “La Sur” no duró mucho, ya que un minuto después la escuadra nortina emparejó el marcador. En una acción urdida desde terreno propio, Camilo Salazar aprovechó un pase en profundidad para batir al meta local. Así, con el 1-1 se fueron al descanso.
Posteriormente, en el complemento, los dueños de casa buscaron y buscaron el tanto de la victoria hasta que lo encontraron en los 65′, cuando el recién ingresado, Matías Guajardo, aprovechó los espacios que dejó Mejillones por derecha para concretar el 2-1 definitivo.


Con este resultado, Rancagua Sur escaló a la octava plaza con 24 unidades, y en la siguiente jornada, la 18 del torneo nacional, tendrá que cumplir con su fecha libre.

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Actualidad

Marcelo Vásquez: “ Nunca había visto una investigación tan poco objetiva”

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El suspendido ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua señala no haber cometido ninguna irregularidad, contesta a cada uno de los cargos que le fueron formulados y señala ser victima de “una reyerta mortal originada en el Ministerio Público, destapada por una disputa de egos y poder”.

Alejandra Sepúlveda- Luis Fernando González

Poco había hablado el ministro Marcelo Vásquez de la compleja trama judicial en que se ha visto envuelto, juzgado mediáticamente dice no haber recibido la misma justicia que impartió durante sus más de 30 años en el poder judicial. En momentos en que la Corte Suprema deberá debatir su destitución entrega una amplia entrevista donde detalla la pesadilla que dice estar viviendo y al mismo tiempo contesta cada uno de los cargos que le han imputado administrativamente. Recordemos que a diferencia del ministro Elgueta él no ha sido formalizado por la justicia penal.

–              ¿Cree usted que ha sido injusta la forma como se ha llevado el caso, tanto judicial como públicamente?

Sobre mi persona recayó un manto de sospecha que es muy injusto. En este caso mis argumentos no han sido ponderados, y esta fue una investigación que se resolvió metiendo a todos en el mismo saco.

Compartir sala con un colega no puede ser objeto de sospecha, ni acusaciones de atentar contra el descrédito institucional del Poder Judicial.

Mi pesadilla partió por una denuncia anónima falsa, al parecer auto generada en el interior de la Fiscalía de Rancagua, presuntamente como una pseudo represalia por dictámenes ajustados a derecho en determinadas causas. Esta es una investigación armada y todo ha sido irregular, desde el hecho que fue más importante que retirara mis cosas personales a que se descubriera el disco duro de mi computador en la casa de un fiscal, trasgrediendo con ello íntegramente el reglamento de custodia y la rigurosa cadena de custodia de una evidencia, contaminándola de manera indiscutible.

Yo creo que aquí desafortunadamente la presión mediática influyó. Nos quisieron poner como ejemplo y es paradójico, porque de haber impartido justicia durante más de tres décadas, siento que, respecto de mi persona, no se ha impartido la misma justicia que yo impartí.
Siento decepción de haber instaurado una justicia equitativa, ecuánime, con respeto a los derechos inalienables de toda persona que en mi caso, a mi juicio, se han visto afectados, por filtraciones erráticas y con despropósitos de la sustanciación, estableciendo en forma anticipada juicios de culpabilidad.

Jamás pensé vivir esta pesadilla. Nunca había visto una investigación tan poco objetiva, donde me inventan cosas que jamás he hecho. Me he visto afectado por la cantidad de mentiras que buscan enlodarme y eso obviamente ha afectado mi vida.

–              ¿Por qué cree usted que este caso tomo un revuelo nacional, tan mediático?

Acá había información que se filtraba de forma mal intencionada y que nunca pude contrarrestar. La información que ha salido es errática, desproporcionada.

Lo que se ha sabido es sobre una reyerta mortal originada en el Ministerio Público, destapada por una disputa de egos y poder. En el fuero judicial mucho antes que pasara todo esto se sabía de esta lucha de protagonismos y yo creo que he sido víctima del afán de figuración de los protagonistas de este conflicto.

–              Quisiéramos saber, ¿Cuál es su estado emocional y como se encuentra luego de saber que su colega el ministro Albornoz, tomo la decisión de suicidarse?

La muerte de Marcelo Albornoz ha sido una desgracia, que me ha afectado profundamente y ha provocado un daño irreparable a su familia, amigos y colegas.

No voy a juzgar las razones que tuvo mi colega para tomar tal drástica decisión, pero el agobio y desilusión que sentía por todo lo suscitado en una indagación de índole administrativa, era inmenso.

–              ¿Cree usted que hay alguna persecución política o de algún otro tipo hacia su persona?

No creo ser sujeto de interés político porque ese mundo no es parte de mi entorno. Pero los hechos dan para sospechar de un interés por perjudicarme.

Yo soy respetuoso de las garantías del debido proceso, pero da para pensar sobre lo que se originó a partir de una denuncia falsa y cuando todo el proceso de investigación se inicia en forma irregular.

Yo como juez tomo decisiones y siempre hay alguien que queda insatisfecho.

“Mi pesadilla partió por una denuncia anónima falsa, al parecer auto generada en el interior de la Fiscalía de Rancagua, presuntamente como una pseudo represalia por dictámenes ajustados a derecho en determinadas causa”

–              Hablando judicialmente, ¿usted acepta algunos cargos que se le han presentado o los niega todos. Señalando que es totalmente inocente?

Lo de la inocencia no lo digo solo yo. En los cargos administrativos que se me imputaron, hubo una gran cantidad de Ministros de la Excelentísima Corte Suprema que estuvieron por absolverme, considerando que no existía falta alguna en las conductas que se me cuestionan, e incluso algunos de ellos por no abrir un cuaderno de remoción.

Siento que todo el escenario que se ha generado ha sido absolutamente desproporcionado.

Soy un profesional que jamás he actuado con negligencia en el cumplimiento de mis deberes ni con desacatos legales. Nunca fui objeto de presiones de ningún tipo en mis fallos judiciales.

Es ridículo pensar que arriesgaría 30 años de carrera y mi prestigio en el Poder Judicial por un cargo de suplencia en la localidad de Litueche.

–              ¿Estima que las disidencias de los Ministros en su favor, la entidad de las faltas, conjuntamente con su extensa carrera judicial, debería ponderarse en forma justa y proporcional, evitando su remoción?

Confío en que prime la experiencia de ministros de larga carrera, con una sabiduría inconmensurable, y que se imponga la objetividad, el carácter técnico y, que se juzgue a un integrante de la Judicatura por más de tres décadas de abnegada carrera con la proporción y objetividad correspondiente, como ha sucedido en otros casos, abstrayéndose de información errática y absolutamente desproporcionada.

–              La corte declaró inadmisible el recurso presentado para evitar la apertura del cuaderno de remisión, señalando que este tramité no sería gravoso, como sí lo sería el eventual fallo contrario al ministro Vásquez es decir su destitución. ¿Insistirán en este camino?

La Excelentísima Corte Suprema lo declaró inadmisible, sustentando aquello en que la sola apertura del cuaderno no producía perjuicio, ya que debe aún analizarse en forma objetiva la procedencia o no de la remoción, situación que se concreta ponderándose los informes requeridos a la Corte de Apelaciones y al suscrito, el que presentaré haciendo valer una multiplicidad de antecedentes profesionales y personales, conjuntamente con diversos documentos que adjuntaré.

Confío que serán debidamente valorados a fin de que se adopte la decisión más objetiva, justa, ecuánime y proporcional.    

«Confío en que prime la experiencia de ministros de larga carrera, con una sabiduría inconmensurable, y que se imponga la objetividad, el carácter técnico y, que se juzgue a un integrante de la Judicatura por más de tres décadas de abnegada carrera con la proporción y objetividad correspondiente».

–              ¿Qué es lo que espera del Tribunal Constitucional? ¿En algún momento se plantean ir a tribunales internacionales?

Todo está en evaluación, pero haré todo lo que esté a mi alcance para que se respeten los derechos inalienables que ostentamos todos los ciudadanos integrantes de un Estado de Derecho.

–              La ministra Maggi levantó cargo contra USTED como responsable de haber dictado el nombramiento de su hija como consejera técnico suplente, haber prestado concejos al entonces imputado Luis Arenas y haber modificado la integración de una sala de la Corte de Apelaciones, sin motivo legal. ¿Qué opina de estos cargos?

Le respondo en cada uno de los casos:

  1. Dictamen del nombramiento de mi hija.

La Corporación Administrativa del poder Judicial recién en septiembre de 2018 estableció un criterio para designación de personas en cargos transitorios, un año después de firmar un único decreto en el que se autoriza a mi hija profesional, ejercer -en calidad de suplente- como consejera técnica del Juzgado de Letras y Garantía de Litueche.

Antes de esa circular las inhabilidades de parentesco no se aplicaban al personal transitorio, así lo declararon todos los encargados del ente administrativo encargado de su reclutamiento y habilitación, como asimismo la misma Sra. Ministro Instructora cuando propone el sobreseimiento de los demás colegas que suscriben algunas designaciones, además que como auxiliar de la administración de justicia se le aplicaba una norma especial que no establece la inhabilidad que se indica, explicación que fue de la misma manera recogida por Ministros de la Corte Suprema que estuvieron por absolverme de aquel cargo, indicando que no había falta alguna.

Mi hija es trabajadora social de profesión hace cinco años, tiene un diplomado en Mediación Familiar, y ha trabajado en el Poder Judicial 11 veces en cargos de suplencias siempre en zonas rurales como Peumo, San Vicente de Tagua Tagua, Litueche y Rengo, entre otras.

Toda y cada una de las veces que postuló a cargos de suplencia en el Poder Judicial, declaró expresamente su grado de parentesco conmigo.

Todas las veces que mi hija ha trabajado en el Poder Judicial ha sido designada por otras personas. A mí solamente me tocó firmar, en una ocasión, un decreto avalado por la Corporación Administrativa del Poder Judicial. El único decreto firmado por mí respecto al nombramiento en cuestión, fue hecho previa consulta a la Corporación Administrativa, quienes chequearon los requisitos y no advirtieron impedimentos para el nombramiento en Litueche.

Ella siempre fue seleccionada por sus excelentes calificaciones universitarias y laborales. Todos los jueces entrevistados por la ministra Maggi, señalaron que nunca recibieron presiones para su nombramiento, y que la volvieron a designar por su excelente desempeño.

Por ejemplo, la jueza Rode Ester Reyes fue la encargada de calificar la suplencia realizada por mi hija en Litueche. En todos los ítems evaluados, obtuvo nota 7 por su desempeño. En los fundamentos de su evaluación, la jueza indica lo siguiente respecto de Karla: “La funcionaria demuestra dedicación y compromiso, tanto con su trabajo como con el Tribunal, pese a ser suplente. Excelente conocimiento de la materia específica de Familia. Amable y de muy buen trato con los usuarios de este Tribunal así como en sus relaciones con el grupo de trabajo. Se la felicita por la labor desempeñada y por su vocación de servicio”.

Aquí no estoy hablando de una persona a la que se instaló en un cargo clave en una institución de una gran ciudad, hablo de una profesional que ha trabajado y ha tenido la disposición de hacerlo por más de tres años en suplencias en pueblos de zonas rurales.

Esta investigación nace de una denuncia anónima e infundada, la cual no resiste análisis sólo al considerarse la alta necesidad que tienen instituciones rurales de profesionales que no son llenados por falta de interés.

  • Supuestos concejos al doctor Arenas

En el sumario está absolutamente comprobado que no tuve participación alguna en ninguna de las causas que le afectaron y en un eventual consejo que le dice una tercera persona, le expresa que lo oriento a cumplir estrictamente su medida cautelar.

Seis Ministros de la Corte Suprema estuvieron de igual forma por absolverme de ese cargo, estimando que no existía falta alguna.

  • Integrar una sala

En mi calidad de presidente del Tribunal integré salas en 45 oportunidades distintas, solo entre marzo de 2017 y febrero de 2018. Esto indistintamente en la primera, segunda o tercera sala.

Cuando se integra una sala, como en las muchas ocasiones que lo hice, se deben ver todas las causas que existen en esa sala, cualquiera sea su relevancia o las partes que intervengan, y yo solo cumplí con tal deber. Además, esa causa no estaba radicada en esa sala.

Para mí era un caso común y corriente. Los jueces estamos para solucionar los casos emblemáticos y los comunes.

El fallo que fue compartido por todos los integrantes de la sala, pondero todos los antecedentes aportados por las partes en forma detallada y luego fue confirmado por la Excelentísima Corte Suprema cuando rechazo en forma unánime un recurso de queja deducido en su contra.

«Es ridículo pensar que arriesgaría 30 años de carrera y mi prestigio en el Poder Judicial por un cargo de suplencia en la localidad de Litueche».

–              ¿Reconoce haber cometido alguna irregularidad?

En ningún caso. La ética tiene que ir vinculada con el ejercicio profesional, pero predomina la ley. Obviamente ahora hay cosas que no volvería a hacer, no puedo quedarme incólume frente a la crítica, pero la autocrítica también tiene que basarse en un principio de buena fe y en el momento que lo hice fue así, sin pensar que estaba infringiendo una norma.


–              ¿Cómo es actualmente su relación con el Ministro Elgueta?, ¿trabajan sus abogados defensores en forma coordinada o ven el proceso de manera separada?

No tengo coordinación con el señor Elgueta. 

–              ¿Cree usted que las acusaciones hacia el Ministro Elgueta son injustas o estas si son justificadas?

No quiero referirme a lo de él en particular. La situación procesal del señor Elgueta la deben manejar sus apoderados. Solo puedo indicar a su respecto que como a todo ciudadano de un estado de derecho se le deben respetar sus garantías básicas, como la presunción de inocencia expresamente consagrada en Pactos Internacionales suscritos por nuestro país.

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Deportes

O’Higgins dijo adiós a la Copa Chile

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Los celestes no pudieron frente a Everton y tras igualar en Rancagua se despidieron del torneo. Ahora, todo se enfocará en el Campeonato Nacional que se reinicia el próximo fin de semana.

La obligación era de O’Higgins, los goles los tenía que hacer O’Higgins… todo eso quedó en nada tras el pitazo final de Eduardo Gamboa. El sábado por la noche, en el estadio El Teniente, los celestes dijeron adiós a la Copa Chile 2019 luego de igualar 1-1 frente a Everton de Viña del Mar.
El tanto de Gonzalo Freitas en Sausalito, obligó a los celestes a ganar para intentar avanzar. Las ausencias de Juan Fuentes, Roberto Cereceda y Tomás Alarcón, obligaron a Marco Antonio Figueroa a salir con todo lo que tenía desde el arranque. Miguel Pinto recuperó la titularidad, reapareció desde el minuto cero Alejandro Contreras, Diego González, Agustín Doffo, José Luis Muñoz y Renzo López.


La necesidad hizo que el equipo pareciera experimentado respecto al que había jugado en Viña del Mar. ¿Tuvo la pelota? Sí, así fue. ¿Tuvo profundidad? Escasa. ¿Tuvo gol? Uno, necesitaba más. ¿Fue sólido atrás? En grandes pasajes del encuentro sí, menos en cinco minutos que terminaron siendo fatales.


La “mala pata” para el equipo del “Fantasma” llegó antes de los 10’. Albert Acevedo, el más experimentado en retaguardia, sufrió un desgarro en el gemelo de su pierna derecha y hubo que hacer un cambio de emergencia. El canterano Antonio Díaz ingresó. “Toñito”, como le gritaban para alentarlo desde la marquesina, cumplió.


Claro está que, donde se necesitaba, en ofensiva, costó mucho generar peligro. Recién en los 30’ un tiro libre de Ramón Fernández (de bajísimo nivel en este encuentro), pasó por sobre la barrera e hizo trabajar a Cristian Campestrini.


Tres minutos después, Matías Sepúlveda intentó también de balón detenido. Esta vez, Alejandro Contreras ganó de cabeza y por centímetros no derrota al portero viñamarino.
Pero, diez minutos después, llegó el desahogo para el equipo, y para López. El charrúa conectó un centro de Fernández dejando sin opción a sus marcadores y también al meta forastero. Fue el 1-0, que a esa altura del partido igualaba la serie.

TODO SE DERRUMBÓ

Comenzó el segundo tiempo, y casi de manera repetitiva respecto a otros duelos, el equipo se fue atrás. Comenzó a tocar el balón muy cerca del área de Miguel Pinto y lo terminó pagando caro.
El primer aviso llegó en los 49’, cuando Diego González pierde un balón ante la marca de Álvaro Ramos. El “Chachito” encaró franco a la portería, opción clara de empatar, pero le erró al arco por casi un metro.


Después, en los 53’, otra pelota perdida en la salida y entre Juan Cuevas y Maximiliano Cerato pudieron anotar, pero ahí la defensa estuvo muy aplicada para cerrar los espacios.


Hasta que, en los 57’, los evertonianos aprovecharon el regalo. Pinto se equivoca en devolver el balón hacia adelante, y se lo entrega a Cerato. El nacionalizado chileno agachó la cabeza, y con pelota pegada al pie, hizo una diagonal con defensores a cuestas para gatillar cruzado y a un rincón. Golazo de la visita, y fin de la serie.


Pese a ello, de manera desordenada, O’Higgins intentó conseguir el segundo gol, pero el portero Campestrini lo evitó en los 63’, 65’ y 80’, ocasiones donde el trasandino se colocó la chapa de figura.
Y al final, un tanto anulado a Paulo Magalhaes, fue el cierre de un encuentro no feliz, donde los celestes dijeron adiós a la Copa Chile, y donde quedó en claro que el corto plantel necesita reforzarse con urgencia de cara a la recta final del Campeonato Nacional.
La llegada del charrúa Facundo Castro, la única -hasta el cierre de esta edición-, es importante, pero el equipo sigue sin peso específico, eso que en cierta medida le entregaba Maximiliano Salas (Necaxa) y Juan Fuentes (Estudiantes).

O’Higgins (1): Miguel Pinto; Paulo Magalhaes, Albert Acevedo (8’, Antonio Díaz), Alejandro Contreras, Raúl Osorio; Diego González, Matías Sepúlveda, Ramón Fernández (72’, Yerko González); Agustín Doffo, José Luis Muñoz (89’, Lucas Fierro), Renzo López. DT: Marco Antonio Figueroa.

Reapareció el personaje

El DT se enfrascó en una discusión con un productor del CDF en medio de la conferencia de prensa post eliminación. En la imagen, captada previo al encuentro, Figueroa alega por la instalación de un micrófono a un costado de su zona técnica.

Poco más de 100 segundos duró la conferencia de prensa de Marco Antonio Figueroa. El DT de O’Higgins no habla previo a los partidos y solo lo hace -porque el reglamento lo exige- tras los encuentros.

Pero, el sábado, una instrucción a un productor del Canal del Fútbol sacó de sus casillas al “Fantasma”. Mientras respondía una consulta realizada por el reportero de Radio Bienvenida, Gabriel Aros, Figueroa escucha -como todos los que estuvimos en la sala de prensa- que estaban hablando en la parte posterior. Ese diálogo, se escuchó en toda esa locación, ocasión propicia para disparar desde la testera.

“Dejemos que termine de conversar el maestro (productor CDF) allá y sigo hablando”, dijo. Tras eso, y sin esperar ni un segundo, Figueroa lanza una pregunta en un tono alto dirigida al mismo profesional: ¿Terminaste? Instantes después, y ya alterado, el DT alega nuevamente por la acción del profesional. “Es una falta de respeto huevón. Me faltan el respeto allá en la cancha y ahora aquí. ¿Entonces de qué se trata eso? Yo estoy trabajando y tú (productor) vienes a interrumpir, yo no te molesto cuando estás con la cámara, entonces ¡respeta hombre, respeta!”. Fin de la conferencia.

Ante la mirada atónita de reporteros locales y de la organización, el DT toma sus cosas y se marchó.

Cabe consignar que, previo al encuentro, el DT ya había discutido con gente de la transmisión oficial por la colocación de un micrófono a un costado de la zona técnica, el cual el propio entrenador retiró.

Everton (1): Cristian Campestrini; Bastián San Juan, Cristian Suárez, Marcos Velásquez, Camilo Rodríguez; Benjamín Rivera, Diego Orellana (46’, Sergio Vergara), Fernando Arismendi; Juan Cuevas, Maximiliano Cerato (83’, Álex Ibacache), Álvaro Ramos (77’, Matías Leiva). DT: Gustavo Díaz.

Árbitros: Eduardo Gamboa; José Retamal, Mario Lagos, Claudio Aranda.
Amonestados: Magalhaes, Contreras, Doffo (OHI); Cerato, Díaz DT, Rodríguez, Campestrini (EVE).
Goles: 1-0, 43’, López; 1-1, 57’, Cerato.
Estadio: El Teniente, Rancagua.
Público: 3.108 espectadores.

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