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Depresión en niños y adolescentes: ¿Cómo detectarla?

– La depresión es una de las enfermedades con mayor prevalencia en la salud pública en nuestro país. En Chile un 6 % de la población entre 4 y 18 años sufre este trastorno.

 

Gisella Abarca

 

“Dignidad en Salud Mental” es el lema con que la Federación Mundial de Salud Mental  ha llamado a conmemorar hoy, 10 de octubre un aniversario más del Día Mundial de la Salud Mental. Celebración a la que adhieren Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de Salud, la Organización Internacional del Trabajo y muchas otras organizaciones gubernamentales y ONGs a lo largo y ancho del globo.

En Chile y en el mundo, los trastornos neuropsiquiátricos, y dentro de estos, los cuadros depresivos, están liderando la carga global de enfermedad. Con una prevalencia anual cercana al 10% y una prevalencia de vida cercana al 17%, se estima que la depresión será la segunda causa de incapacidad a nivel mundial para el 2020 (OMS, 2001), y la mayor responsable de carga de enfermedad para el 2030 (OMS, 2008), cifras en las que no están exentos los infantes.

 

DEPRESIÓN EN NIÑOS

Y es que aunque se asocie la depresión a una enfermedad de “personas grandes”, en Chile un 6 % de la población entre 4 y 18 años sufre este trastorno, mientras que un 10% ha afectado a los adolescentes, donde en las tasas de suicidio lidera nuestra región.

“Lamentablemente más de la mitad de ellos, no recibirá atención de ningún tipo y ésta, sumada a la desesperanza, soledad e historias de intentos anteriores, aumenta 20 veces la posibilidad de presentar conductas suicidas”, explica la psicóloga y académica de Enfermería de la Universidad San Sebastián, Claudia Moya.

Mientras que Carolinne Román, psiquiatra del Centro de Salud Mental (Cosam N° 1 y 2), pertenecientes al Hospital Regional Libertador Bernardo O’Higgins, declara “he visto cómo han empeorado los cuadros en niños y la sintomatología psiquiátrica. La vida actual, con sus prioridades en lo económico, y la labor femenina, ligada a trabajos fuera de casa, ha empeorado la situación”, detalla la experta.

La psiquiatra, recalca que “cuando hablamos de depresión, es cuando tenemos a un niño triste la mayor parte del día. Cuando ha perdido el interés por las cosas que antes gozaba de hacer, además de sentirse decaído, con falta de energía, y sus pensamientos se vuelven negativos”.

Roman agrega que “un niño o adolescente depresivo, también puede mostrarnos alteraciones cognitivas; es decir, va estar menos atento en clases, más desconcentrado, poco motivado, puede bajar sus notas. Si a esto sumamos que sus ritmos biológicos van a estar alterados -dormirá menos o tendrá un sueño poco reparador- podríamos agregar que puede volverse irritable, malhumorado, agresivo y más inquieto. Y ojo en este contexto, porque profesores y padres pueden confundir estos síntomas simplemente con un déficit atencional o con un problema conductual, pero no conocen lo que hay en el trasfondo”, aclara.

La psiquiatra infanto juvenil, manifiesta que “también hay otros síntomas que pueden aparecer de carácter físico, como cansancio fácil, dolores de estómago, nauseas, dolor de cabeza. Aclarar que además estos síntomas pueden formar parte de una fobia, que además se puede presentar junto a un cuadro depresivo”.

La experta en salud mental indica que hay que tener presente que “estos síntomas son una voz de auxilio y hay que escucharlos. Mirarlos, y preguntarles, cómo se sienten, o qué les pasa”.

La especialista recomienda que hay que “recordar que los niños son ‘esponjitas’ y desde que están en nuestro vientre, captan y entienden todo. Si como padres no estamos bien, tratarnos, debemos estar lo mejor posible y con capacidad de autorregularnos antes de nosotros contener  a nuestros hijos. No traspasar o mostrar los problemas de adultos (ellos se angustian sin necesidad, ya que además no pueden resolver nuestros conflictos). No formar triángulos con ellos y nuestra pareja, los niños no son palomas mensajeras. No comentar nada negativo del otro progenitor, ni de ningún familiar que el niño quiera”, concluye la psiquiatra.

Pero lo más importante de todo es darles tiempo, en cantidad y calidad, así como también es muy importante y fundamental como en toda relación humana, conocer a nuestros hijos, saber sobre sus gustos y sus emociones. La depresión es un mal de nuestros días, pero es nuestro deber como personas maduras y responsables, hacer algo por nuestros niños y adolescentes.

EL CAMBIO DE COMPORTAMIENTO ES DECIDOR

Para diagnosticar un cuadro depresivo es necesario que se presenten casi todos los días, durante las últimas dos semanas, al menos, dos de los siguientes síntomas explica la psicóloga y académica de Enfermería de la U. San Sebastián, Claudia MoyA: pérdida de interés y de la capacidad para disfrutar y aumento de la fatigabilidad. En tanto, en los niños el cambio del comportamiento es decidor.

 

ALERTAS

-Apariencia y corporalidad: aparecen quejas somáticas como dolores corporales, de cabeza u otros, letargo.

-Afectividad: Ansiedad de separación, baja autoestima, temor, labilidad emocional (respuestas emocionales desproporcionadas), emociones fluctuantes.

-Cogniciones: Bajo rendimiento escolar, problemas de concentración e ideas de muerte.

Conductas: Inhibición o aumento de la actividad motora, deseos de no ir al colegio, pérdida de interés por los juegos habituales, problemas conductuales o rabietas.

-Ritmos biológicos: Bajo apetito/peso, trastorno en el sueño, retraso en el desarrollo psicomotor y en el emocional, problemas en el control de esfínteres.

En el caso de los jóvenes, la depresión se expresa a través de conductas como ansiedad por comer y dormir más como forma de evadir.

Para evitar este trastorno, la especialista USS, sostiene que se debe desarrollar la autoestima positiva en los niños y jóvenes a través de la familia, por lo que recomienda:

-Acentuar experiencias positivas que ayudarán a forjar una identidad positiva en jóvenes.

-No debe presionarse constantemente a los jóvenes para hacer más y mejor.

– No es suficiente que los adultos manifiesten que quieren a los jóvenes, éstos tienen que sentirse queridos.

– Sentirse especiales sólo por el hecho de existir.

– A los niños y jóvenes se les debe enseñar a tomar sus sentimientos con seriedad y alentarlos a confiar en sus padres y otros adultos que atiendan en la institución a la cual pertenecen.

 

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