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Editorial

El Cementerio de Rancagua

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RECORDANDO Por… Héctor González V.

 ¿Desde cuándo existe el Cementerio Numero 1 de Rancagua?… La pregunta se la formulan muchos de los rancagüinos en cada primero de noviembre, cuando acuden al más antiguo de los camposantos para visitar las tumbas y recordar a sus seres queridos.

Este primer Cementerio no tuvo un “día de inauguración”. No es posible imaginar una “fiesta inaugural”, con champaña, canapés, etc. solo podemos recordar que comenzó a prestar servicios a mediados del siglo XIX, es decir alrededor del año 1850.

Veinte años antes, el 28 de julio de 1830 se planteó por primera vez en el Cabildo la necesidad de construir un cementerio laico. Como primera medida, los regidores o cabildantes acordaron solicitar la autorización  del señor Obispo de Santiago, bajo cuya jurisdicción religiosa estaba la parroquia de Rancagua.

Vinieron después largos trámites para encontrar una propiedad adecuada para la sepultación de los cadáveres. Todos estaba de acuerdo en que tendría que estar alejada de la ciudad y con amplitud suficiente, con miras al futuro. No era tarea fácil, ya que nadie quería tener un cementerio dentro de un fundo o propiedad agrícola, como lo eran las que rodeaban el pueblo y no tan retirado para que no fuera muy molesto ir a sepultar los cadáveres.

A nadie le pasó por la mente que un siglo más tarde el cementerio ya estaría prácticamente en medio del recinto urbano de Rancagua.

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Recordando

O’Higgins elegido Director Supremo

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RECORDANDO… Por Héctor González V.


El 16 de febrero de 1817, de un cálido verano, a pocos días de la gloriosa batalla de Chacabuco. En el ambiente se respiraba la euforia del triunfo conseguido tras el temerario pero valiente ataque de la división al mando de Bernardo O’Higgins, convertida en ese momento, improvisadamente, en vanguardia del Ejército Libertador de los Andes comandado por San Martín La avasalladora carga de O’Higgins, obligó a los realistas a retroceder. Fue apoyada por la división del brigadier Soler que, descendiendo de los cerros, atacó por el costado a los desconcertados españoles. ¡EL TRIUFO DE LAS ARMAS PATRIOTAS FUE DECISIVO!… Santiago quedó despejado de enemigos armados.


Llegó el momento de elegir a un Director Supremo para que organizara la recuperada República. Muchos pensaron en el General San Martín, pero éste no aceptó, reafirmando su anhelo de seguir en la lucha por la libertad de América y pidiendo que se designara como Director al general Bernardo O’Higgins.


La gente aceptó con entusiasmo y todos salieron de la sala del Cabildo en donde se efectuaba la reunión para trasladarse a la casa de don Mateo de Toro y Zambrano, que era donde moraba provisoriamente O’Higgins.


Llevado por la multitud que lo avivaba, llegó hasta el Cabildo, en donde fue solemnemente consagrado como Director Supremo, prestando el juramento de rigor, aceptando el cargo: “¡Por Dios, nuestro Señor, sus Santos Evangelios y mi palabra de honor!”.


Se inició así la difícil tarea de reconstruir el Estado, declarar formalmente la Independencia de Chile, crear e impulsar la creación de la primera Escuadra Nacional y el Ejército Libertador del Perú, realizar una admirable labor de progreso y dejar al país libre de las fuerzas hispanas que lo dominaron durante tres siglos.

A través de seis años, se dedicó intensamente a reconstruir la Patria libre y soberana, hasta el día en que, en 1923, abdicó del mando y decidió marcharse al Perú, en donde vivió el resto de su vida.

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Editorial

EDITORIAL: El nacimiento del periodismo en Chile

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“Vosotros no sois esclavos: ninguno puede mandaros contra vuestra voluntad. ¿Recibió alguno patentes del cielo que acrediten que debe mandaros? La naturaleza nos hizo iguales, y solamente en fuerza de un pacto libre, espontánea y voluntariamente celebrado, puede otro hombre ejercer sobre nosotros una autoridad justa, legítima y razonable. Más no hay memoria de que hubiese habido entre nosotros un pacto semejante. Tampoco lo celebraron nuestros padres […] Estaba, pues, escrito, ¡oh pueblos! en los libros de los eternos destinos, que fueseis libres y venturosos por la influencia de una Constitución vigorosa y un código de leyes sabias; que tuvieseis un tiempo, como lo han tenido y tendrán todas las naciones, de esplendor y de grandeza; que ocupaseis un lugar ilustre en la historia del mundo, y que se dijese algún día: la República, la potencia de Chile, la majestad del pueblo chileno”. Ésta es parte de la proclama escrita por Fray Camilo Henríquez en 1811. El futuro director de la Aurora de Chile se convertía en una de las primeras voces en hablar de libertad e independencia.

En Chile ya había una Junta Nacional de Gobierno, creada el 18 de septiembre de 1810. Pero el objetivo era preservar el reino para su majestad Fernando VII y no era aún la independencia el norte a seguir. Poco después, al asumir José Miguel Carrera el poder, tras un golpe de estado, la idea comienza a tomar forma. Si bien faltaba mucho para la democracia, por lo menos se habla abiertamente de autodeterminación y es la Aurora de Chile, nuestro primer periódico, la voz que difunde las bondades del voto.

De este objetivo informativo, igualitario y, por qué no político, nace el periodismo en Chile. Eso hace más de 200 años.

Con el correr de los tiempos, este nobel oficio al servicio de las ideas, el periodismo, se profesionaliza. Al hacerse universal la revolucionaria idea del voto, se hace indispensable el estar informado y así, responsablemente, tomar decisiones que afectarán el devenir de toda una nación. Aparecen nuevos medios, primero la radio y luego la televisión. Pero si bien la forma de hacer periodismo cambia, la esencia sigue siendo la misma. La de informar libre y objetivamente sobre el acontecer.

Hoy, con internet y las redes sociales, parece que nuevamente la forma de hacer periodismo está cambiando. A las exigencias de objetividad y veracidad se suma la de inmediatez. Pero las normas éticas siguen siendo las mismas para 140 caracteres que para el titular de portada. No quiere decir que no nos equivoquemos, pero la intención debe ser siempre la de informar y rectificar, cuando por la premura del tiempo un error se cometa.

Luis Fernando González, Sub Director

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Columnas

Coronavirus: Mascarillas y calidad

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Cuando ocurren fenómenos mundiales relacionados a infecciones, tanto virales como bacterianas, comienzan voces a exigir medicamentos (y vacunas) e insumos para la población. El problema de estas exigencias es que muchas veces provienen de poca evidencia científica, y en otros casos gatillan lo peor del ser humano: la codicia. Por mecanismos de mercado, ya que el medicamento y los insumos médicos son tratados como tal, aumenta los precios por temas de demanda. Esto no es exclusivo del área sanitaria, no hay que hacer mucha memoria para recordar la exigencia de los chalecos reflectantes para los autos. El problema es que en el caso de salud tenemos otro problema de fondo, especialmente en relación a la calidad de los dispositivos médicos en el país, dentro de los cuales se encuentran las tan demandadas mascarillas.

Más allá de las aprensiones del uso limitado de las mascarillas (en términos de tiempo de uso) para su eficacia, su calidad no necesariamente esta resguardada por el Instituto de Salud Pública (ISP). Hoy solo se encuentran bajo control obligatorio en el ISP los guantes de examinación, guantes quirúrgicos, preservativos, agujas y jeringas hipodérmicas estériles de un solo uso. Esto se está abordando en la Ley de Fármacos 2. Sin embargo, aún no se concreta su discusión parlamentaria, y por lo tanto sigue estando bajo la voluntad del proveedor.

El sistema sanitario chileno tiene muchas cosas buenas, comenzando por los técnicos y profesionales que trabajan en él, pero es imprescindible que avancemos más rápidamente en temas de calidad, tanto de medicamentos, insumos médicos y servicios farmacéuticos en Chile, ya que en un mundo globalizado como el actual este tipo de situaciones como el coronavirus no serán ni la primera ni la última.

Jorge Cienfuegos
Académico Escuela Química y Farmacia U. Andrés Bello

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