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Los Poemas olvidados de Oscar Castro (parte 3)

Un joven Oscar Casto en 1929 publica por primera vez un texto con su nombre llamado “Poema de tu Ausencia”, pero estos versos no fueron su obra inicial, sino que la con que asume su identidad poética, ya que hace varios años anteriores escribía en nuestro medio “La Semana” periódico antecesor de El Rancagüino.

El siguiente proyecto llamado “Los Poemas olvidados de Oscar Castro”, busca rescatar y republicar los poemas del insigne rancagüino con el fin de que las nuevas generaciones puedan conocer los inicios del poeta y sus primeras palabras.

La iniciativa es financiada por el Fondo de Medios de la Región de O`Higgins 2018 del Ministerio Secretaría General de Gobierno de Chile y del Consejo Regional.

El  historiador Héctor González,  periodista y director de Diario El Rancagüino, en la época de 1990 realizó una recopilación de poemas escritos por Oscar Castro bajo el seudónimo de Raúl Gris, a continuación la historia de algunos de estos versos.

En esa época Don Héctor señalaba: durante un tiempo se alternaron en las páginas del periódico las poesías firmadas por Raúl Gris y las que firmaba Oscar Castro. Pero, poco a poco las del triste y melancólico Raúl Gris fueron escaseando al mismo tiempo que aumentaban los versos con mayor vida de Oscar Castro.

 

La última poesía de Raúl Gris, titulada

 

DESESPERACIÓN

Porque yo sé que no me quiere,

me mataré piadosamente

en una noche gris cualquiera,

con el retrato de la ausente

sobre mi enfermo corazón.

 

Ella me miente por no hacerme

triste la vida sin su amor;

pero yo sé que no me quiere:

¡dolor inmenso del amor!

 

Cuando después que me haya muerto

lea estos versos angustiados

¿resbalarán por sus mejillas,

como lavando su pecado,

lágrimas tibias de dolor?

 

Yo no lo sé, pero presiento

-presentimiento redentor-

que irá al encuentro de mi madre

y llorarán juntas las dos.

 

 

Transcurrió el tiempo y el nombre de Raúl Gris no volvió a aparecer en el periódico. Más de alguien debe haber pensado: ¿Se mató efectivamente, como anunciaba en su triste y último poema?

 

Pero hay una curiosidad más. Raúl Gris había desaparecido en 1930. Pero, repentinamente, catorce años más tarde, en 1944, en la Página Lite­raria de «El Rancaguino», reaparece con una esporádica poesía con la firma de Raúl Gris.

 

CAMINO DEL OLVIDO

Aquel caminito de álamos

ahora será de oro.

Irán cayendo las hojas

en un vuelo de abandono

para cubrir las pisadas

que dejaremos nosotros.

 

Mi corazón se ha quedado

dormido en aquel recodo

en que una tarde se unieran

nuestros labios temblorosos;

sobre él se irá amontonando

la mortaja del otoño

¡pero el brillo de mis sueños

será una estrella en el polvo!

 

Zarzales de los senderos,

montes de suave contorno

que nos miraron pasar

en nuestros sueños absortos…

Campesinas de ojos mansos

que, con rubor en el rostro

veían desde los huertos

el amor que iba en nosotros…

¡Todo es en mi corazón

sólo un recuerdo glorioso!

 

Dulcemente, dulcemente

irá cantando el arroyo.

Serán azules las tardes

en el campo rumoroso

y florecerá, como antes,

un lucero tembloroso,

sobre el caminito de álamos

todo cernido de oro.

 

En 1932 el 16 de agosto, «La Semana» publica en su edición de aniversario la poesía:

 

NOVIA

Eras una canción tañida entre las rosas.

Perfuma mi jardín tu corazón fragante.

La mañana de azules pupilas milagrosas

aproxima el temblor de tu mano distante.

 

Pintas con el fulgor de un oro atardecido

cada cosa que besas con tu limpia mirada.

Dejaría en tu voz mi poema dormido

para que amaneciera tibio de madrugada.

 

Huelo tu corazón caído entre las rosas.

En la luz matinal va desnuda tu pena,

y una abeja que pasa zumbando melodiosas

oraciones, te trae, pequeñita y morena.

 

Sonámbula tu voz por mi senda lunada.

La noche, lirio azul entre las mariposas

te refleja desnuda en mi agua iluminada.

Duerme el color de tus ojeras en las cosas.

 

Regazo de canción para la milagrosa

cabeza del Amor, va tu ensueño de seda

recogiendo una lumbre de fragancia gloriosa

en la calma de alguna dormida rosadela.

 

Luna de tu piedad en mi sombra. Armonía

del recuerdo que pasa con la planta desnuda

deshojando perfumes en mi melancolía

¡suave reino interior de tu caricia muda!.

 

 

El 25 de febrero de 1933, se publica:

 

LA VOZ QUE CANTA

Lluevan las mariposas y los atardeceres

hacia la mano suya, que llegó mi canción.

Otoño de oro crucen, maravillosamente

por lunados caminos, sobre su corazón.

 

Vague por su tristeza la música del niño

que tenía una flauta azul y una canción

Sobre su cabellera deshójense las lunas.

Emigren golondrinas hacia su corazón.

 

Todo sea de seda. Todo floreza en ella

Tenga la Primavera llave de la canción.

Yo seguiré llorando, las manos en las sienes

como si hubiera muerto sobre mi corazón

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