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Oscar Castro y un poema poco conocido: “Romance  de la Pascua Triste”

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Nuestro poeta rancagüino escribió más de una poesía relativa a la navidad . Una de ellas fue publicada en nuestro diario a principios de los años sesenta y que al parecer no fue recopilada posteriormente en libros .

Es por eso que he traído hasta esta columna del recuerdo, la menos recordada:

 

ROMANCE DE LA PASCUA TRISTE

Era la noche de Pascua,

noche de amor y de sueños;

de pitos y de campanas

el viento traía el eco.

En lluvia de oro caían

Los voladores del cielo.

Sobre el corazón del mundo

un niño estaba naciendo.

Subía, grande, la luna

de lirios y nardos frescos.

Un ángel iba cantado

Por jardines de silencio,

Un ángel que con sus manos

va encendiendo luceros.

Un ángel pasó sin ver

un niño triste, en el suelo,

Un niño que estaba solo

Con sus ojos muy abiertos;

Un niño que no tenía

Juguetes, risas ni besos..

En el conventillo pobre,

Sin luz ni rosas de viento,

El niño estaba callado

Con un sollozo en el pecho.

Con sus ojos en la luna

Se fue durmiendo el pequeño,

Cerró sus párpados suaves

El sueño de finos dedos.

Vino entonces un caballo

Galopando por el cielo.

Un caballo de madera

Con sus lucientes arreos.

Se fue el caballo llevando

Al niño en su lomo negro.

Se lo llevó por caminos

De juncos y jazmineros

Y con él cruzó volando

Por el país de los cuentos.

El niño tubo un avión

Con hélice de luceros,

Una corneta rosada

Hecha con flores de almendro,

El trompo azul que bailaba

Sobre las púas del viento

Y un globo grande y dorado

Como las lunas de enero.

El niño dejó el caballo

Para pasar a un velero

Que hacia la tierra venía

Lleno de juguetes nuevos.

Velero blanco y celeste

Sin timón ni marineros.

La luna junto al muchacho

Inflaba su globo inmenso.

El niño queria cogerlo

Y se despertó en el suelo.

Estaba allí el conventillo

Sin luz ni rosas de viento.

El niño sintió la angustia

Como una garra en el cuello.

Su sollozo sobre el mundo

Tembló como un río negro.

Sobre el corazón la pena

Le apretó su nudo ciego.

La noche sangraba estrellas,

La luna quebró su espejo por el niño que no tuvo

Juguetes, risas ni besos.

 

Afuera, reía el mundo

Con claro cascabeleo.

en el conventillo el niño

Con sus lágrimas de fuego.

 

 

 

 

–Oscar Castro

 

 

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