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La rutilante estrella de Navidad


Esta noche, como en cada 24 de diciembre, una grande y rutilante estrella aparecerá en el cielo. Pero, desde el planeta Tierra solamente podrá contemplarse con los ojos cerrados, mientras los labios modulan una oración.


Es la estrella de Navidad. La que hace más de dos mil años, descendió sobre el pequeño pueblo de Belén, para asombrar a un grupo de pastores, y para guiar a Tres Reyes Magos. Su luz indicaba que un extraordinario acontecimiento ocurría en ese lugar. Esa luz penetraba al interior de un humilde pesebre en donde, recostada en un improvisado lecho de paja, una dulce y joven mujer se había convertido en madre de un hermoso niño.


Todo era pobreza a su alrededor. No podía ser de otra manera. Ese establo era la habitación de algunos animales de campesinos pobres. Pero, no hubo otro lugar para el cansado viajero que llegó esa noche, conduciendo a su esposa que iba sobre un asno y que estaba próxima a dar a luz.


La joven María reflejaba en su rostro puro una natural angustia. Se acomodó sobre el lecho de pajas y cerró sus ojos para encomendarse a Dios. La estrella la iluminó a través de los intersticios de la pared de rústicas maderas. Se intensificó para mostrarle al mundo que el milagro se produjo. Allí, envuelto en el manto de su madre, estaba el Niño recién nacido.


El asno lo miraba con curiosidad y sus grandes ojos se humedecieron. Una vaca, que rumiada indiferente, extendió su cabeza para observarlo, y también a sus ojos asomaron lágrimas de emoción. Algo le dijo en su interior que ese pequeño merecía tanto cariño como el hijo suyo, que tuvo su cuna en el mismo pesebre, y le lanzó su aliento para darle calor.
La estrella seguía iluminando la escena. El mundo, indiferente, seguía su marcha. Solamente el grupo de pastores llegó con su humilde ofrenda de leche, fruta y harina de trigo para el niño y la madre. Más tarde, guiados por la luz estelar, se hicieron presentes los Tres Reyes Magos con sus regalos. A lo lejos, en lo Alto, voces angelicales cantaban a la paz entre los hombres de buena voluntad!…

En aquel rústico establo donde nació el Niño, se iniciaba una Nueva Era para nuestro mundo. Una nueva Doctrina y un nuevo Sentido de la Vida estaban encarnados en ese Niño, que tenía alrededor de su cabecita un halo divino, que brillaba con la estrella de Navidad.

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