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Editorial

La rutilante estrella de Navidad

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Esta noche, como en cada 24 de diciembre, una grande y rutilante estrella aparecerá en el cielo. Pero, desde el planeta Tierra solamente podrá contemplarse con los ojos cerrados, mientras los labios modulan una oración.


Es la estrella de Navidad. La que hace más de dos mil años, descendió sobre el pequeño pueblo de Belén, para asombrar a un grupo de pastores, y para guiar a Tres Reyes Magos. Su luz indicaba que un extraordinario acontecimiento ocurría en ese lugar. Esa luz penetraba al interior de un humilde pesebre en donde, recostada en un improvisado lecho de paja, una dulce y joven mujer se había convertido en madre de un hermoso niño.


Todo era pobreza a su alrededor. No podía ser de otra manera. Ese establo era la habitación de algunos animales de campesinos pobres. Pero, no hubo otro lugar para el cansado viajero que llegó esa noche, conduciendo a su esposa que iba sobre un asno y que estaba próxima a dar a luz.


La joven María reflejaba en su rostro puro una natural angustia. Se acomodó sobre el lecho de pajas y cerró sus ojos para encomendarse a Dios. La estrella la iluminó a través de los intersticios de la pared de rústicas maderas. Se intensificó para mostrarle al mundo que el milagro se produjo. Allí, envuelto en el manto de su madre, estaba el Niño recién nacido.


El asno lo miraba con curiosidad y sus grandes ojos se humedecieron. Una vaca, que rumiada indiferente, extendió su cabeza para observarlo, y también a sus ojos asomaron lágrimas de emoción. Algo le dijo en su interior que ese pequeño merecía tanto cariño como el hijo suyo, que tuvo su cuna en el mismo pesebre, y le lanzó su aliento para darle calor.
La estrella seguía iluminando la escena. El mundo, indiferente, seguía su marcha. Solamente el grupo de pastores llegó con su humilde ofrenda de leche, fruta y harina de trigo para el niño y la madre. Más tarde, guiados por la luz estelar, se hicieron presentes los Tres Reyes Magos con sus regalos. A lo lejos, en lo Alto, voces angelicales cantaban a la paz entre los hombres de buena voluntad!…

En aquel rústico establo donde nació el Niño, se iniciaba una Nueva Era para nuestro mundo. Una nueva Doctrina y un nuevo Sentido de la Vida estaban encarnados en ese Niño, que tenía alrededor de su cabecita un halo divino, que brillaba con la estrella de Navidad.

Columnas

El Indisoluble Matrimonio entre el Agua y la Tierra

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Por Giovanni Calderón Bassi
Director Ejecutivo de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático

Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Esta efeméride ambiental fue establecida hace 25 años por Naciones Unidas para recordar la aprobación de la Convención para Combatir la Desertificación, el único acuerdo internacional jurídicamente obligatorio que vincula el desarrollo económico con la gestión ambientalmente sostenible de la tierra.


Este año, la reflexión se ha centrado en la relación entre tres temas claves para la subsistencia humana: la sequía, la seguridad de la especie y el clima. La desertificación y la sequía son problemas de dimensión mundial, porque que afectan a todas las regiones del mundo, con mayor o menor intensidad y de manera permanente o circunstancial.


Contrariamente a lo que podríamos pensar, cuando se habla de desertificación no se trata de la expansión de los desiertos, sino de la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, principalmente como resultado de las actividades humanas y las variaciones climáticas.


La desertificación tiene su origen en la vulnerabilidad de los ecosistemas de las zonas secas que cubren un tercio de la superficie del planeta y se debe a la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra. La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente la productividad del suelo.


Según Naciones Unidas, el 33% de los suelos del planeta están siendo degradados por la erosión, la contaminación, la acidificación y el agotamiento de los nutrientes, lo que hace que el mundo cada año pierda 24.000 millones de toneladas de suelo fértil, algo así como 30 canchas de fútbol por minuto.


A ese ritmo, para el 2025, es decir en tan solo seis años más, dos tercios del mundo vivirán en condiciones de «estrés hídrico», es decir la demanda de agua superará la oferta durante ciertos períodos, y 1.800 millones de personas en todo el mundo, podrían experimentar una escasez absoluta de agua.


Como estos fenómenos producen ciertas reacciones en cadena en el comportamiento de las personas, la desertificación será la causa de que 60 millones de personas tengan que desplazarse del lugar que habitan en la actualidad. Una realidad muy próxima que podría ser inevitable si como humanidad no mejoramos sustancialmente la gestión de la tierra y los recursos hídricos.


Una de las metas de la Agenda mundial de Desarrollo Sostenible es, precisamente, luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, de manera que los países puedan mantener el crecimiento económico, pero con una degradación neutra del suelo o, dicho de otro modo, logrando que el desarrollo económico no incida en la degradación del suelo.


Porque hasta ahora la degradación de la tierra puede revertirse, mediante la rehabilitación y la aplicación masiva de planes de gestión sostenible de las tierras, siempre que seamos capaces de implementar soluciones con una participación comprometida de las comunidades y el compromiso real de los gobiernos y el sector privado.


El uso de la tierra representa casi el 25% del total mundial de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que la restauración de las tierras degradadas tiene el potencial de absorber hasta tres millones de toneladas de carbono al año. Por lo tanto, frenar la degradación de nuestros suelos es una de las mejores formas de lograr una mayor capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y, por cierto, el tan ansiado equilibrio ecológico.


En Chile, la mitad de los suelos ya se encuentran en algún nivel de degradación. Las escasas precipitaciones y una normativa aún insuficiente para el correcto cuidado de los suelos, nos han llevado lenta pero sistemáticamente a una situación preocupante. La mitad del país está erosionado y el desierto avanza hacia el sur a un ritmo aproximado de tres kilómetros por año.
Si sumamos los efectos adversos del cambio climático, como el aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, la situación se vuelve aún más preocupante.


La sequía que afecta actualmente a una extensa zona del país, es la más extensa registrada en nuestra historia, no sólo en cuanto a su extensión geográfica, sino también en lo que se refiere a su duración en el tiempo, afectando a importantes sectores productivos vinculados al uso de la tierra. Es la sequía más severa registrada en la historia de Chile, y algunos estudios sostienen que el 25% de su extensión en el tiempo se debe al calentamiento global.


Todo esto, que puede parecernos datos muy preocupantes, pero muy técnicos, no deben hacernos olvidar lo fundamental: la vida, no solo del ser humano sino de todas las especies, depende del agua y de los recursos que provee para su subsistencia.


Si no entendemos la urgencia de proteger y restaurar la tierra, utilizándola de una forma ambientalmente sostenible, nos llevará inexorablemente a grandes migraciones forzadas y afectará irremediablemente la seguridad alimentaria y el crecimiento económico que, a su vez, es el único camino para la superación de la pobreza y bienestar de las personas.


Tal como hace siglos lo comprendieron nuestros pueblos originarios, tierra y agua se encuentran indisolublemente unidos. Volvamos a conectarnos con los hechos fundamentales de la naturaleza, o nuestros hijos y nietos llegarán a creer que las frutas crecen en los supermercados

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Destacada

Hoy recordamos la muerte de Carlos Gardel

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La noticia estremeció al mundo. El querido y popular cantante Carlos Gardel, había muerto en un accidente de aviación, en Medellín (Colombia). Era el 24 de Junio de 1935, en un día como hoy.


Alcanzó fama internacional como intérprete de tangos, sus discos llegaban a numerosos países, al igual que las películas en las que actuó como protagonista, especialmente “Luces de Buenos Aires” filmada en 1928 y “Tango Bar” producida poco antes de su trágico fallecimiento, en 1935. Están también “Volver”, “El día que me quieras”, “Volvió una noche”, “Mi Buenos Aires querido”, “Silencio”, “Melodías de arrabal” y muchas más.


La vida de Gardel estuvo siempre rodeada de misterios y de mitos que hasta hoy están en la penumbra.


Tres países fueron mencionados como lugares de su nacimiento. Uruguay y Argentina, siempre se lo disputaron, pero la mayor parte de sus biografías señalan Toulouse en Francia con más certeza y como su verdadero nombre el de Charles Gardés, hijo de Berthe Gardés y su nacimiento habría ocurrido en Tacuarembó en Uruguay, el 21 de Noviembre o el 11 de Diciembre de 1883. A la fecha de su trágico fallecimiento contaría 45 años de edad.


La madre francesa de Gardel se trasladó a vivir en Uruguay con su hijo pequeño.
Hay numerosas versiones sobre quién fue el padre de Carlitos. Pero fue ella la que lo crió y guió en sus primeros pasos y lo alentó en el canto y la música.


Lo cierto es que el muchacho comenzó a demostrar sus innatas condiciones que fueron apreciadas por la gente que lo conocía y que ayudó para que se abriera camino como artista, hasta llegar a la consagración como un ídolo.


Se le conoció también con algunos cariñosos sobrenombres, como “El morocho del abasto” o “El zorzal criollo” y otras denominaciones.

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Destacada

Don Ramón del Valle Inclán y el Teatro Experimental de la “U”

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La fecha del 22 de junio del año 1941 marcó un hito en la historia del Teatro en nuestro país. Fue el día en que nació el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, presentando en público dos obras desconocidas en el país: un “entremes” de don Miguel de Cervantes y un “esperpento” de don Ramón del Valle Inclán.


El público que concurrió a la sala estaba formado casi en su totalidad por jóvenes universitarios. Los artistas estudiaban en la Escuela de Derecho y en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En ambas escuelas existían grupos de aficionados al Teatro, que trataban de extender sus actividades a todas las Facultades de la Universidad.


No todos sabían qué era un “entremés” (“obra de teatro dramática cómica, de un solo acto que solía representarse entre una y otra jornada de una comedia”). Menos conocían la palabra “esperpento” (”título que les dio Valle Inclán a sus obras caracterizadas por un sentido trágico de la vida”).


El entremés que presentó el Experimental fue “La guarda cuidadosa” y el esperpento “Ligazón”. Esta velada teatral tuvo un éxito tan grande que no se lo esperaban siquiera sus organizadores, y que los movió a continuar de inmediato con el desarrollo de sus ideas. En poco tiempo se fueron presentando diversas nuevas obras y aumentando el público ansioso de conocerlas.


No es necesario añadir que bien pronto el Teatro Experimental de la Universidad de Chile adquirió fama en todo el país. La Universidad Católica, por su parte, creó el “Teatro de Ensayo” y así, ambas instituciones se constituyeron en los dos pilares fundamentales de un nuevo concepto de teatro y del progreso dramático en Chile.

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