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Cuando viajar más lejos y rápido no es la única respuesta

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Juan Antonio Carrasco
Investigador Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería
Académico Universidad de Concepción

Concentrar únicamente las políticas de transportes en las necesidades de viajar más y más rápido tiene el riesgo de dejar en segundo plano la complejidad del contexto urbano en que se realizan nuestros viajes. En efecto, el sistema de transporte depende fuertemente de cómo las actividades se encuentran distribuidas en la ciudad y a qué hora ocurren, lo que implica que debemos superar distancias e invertir tiempo en realizarlas. Aún más, la relevancia del sistema de transporte va más allá de los viajes al trabajo, en donde la educación, compras y entretención son importantes propósitos acorde con los datos chilenos, tocando una gama variada de políticas públicas en la ciudad.
Por ejemplo, la alimentación saludable también tiene una mirada de transporte, y se manifiesta en cuán accesible se encuentran los lugares de venta de frutas y verduras. En ese sentido, poner en valor las ferias libres en la provisión de alimentos accesibles en precio y distancia a muchos hogares es también una política de transporte. Lo anterior implica revalorizar estos espacios vecinales como alternativas claves no solo para la promoción de la venta de frutas y verduras, sino para la promoción de viajes de este tipo en modos no motorizados. Un segundo ejemplo corresponde a la educación primaria y secundaria, cuya cantidad de viajes en las mañanas son mayores que los de propósito de trabajo en varias ciudades chilenas. Por lo anterior, promover una oferta educacional de calidad que permita que las escuelas preferidas por las familias se encuentren en el mismo barrio de sus hogares, no solo es una medida de justicia educacional, sino que también espacial. Más aún, es una medida no solo eficiente, sino que promueve la caminata y la bicicleta en los más jóvenes, aspecto clave para influenciar de manera positiva sus actitudes hacia modos de transporte más sustentables.
Finalmente, una mirada más integral de políticas de transporte no solo implica concentrarnos en el espacio, sino que el tiempo. En efecto, muchas decisiones de transporte no se relacionan únicamente con las distancias, sino que con variables temporales, relacionadas, por ejemplo, a horarios rígidos de actividades fundamentales. De esta forma, promover la flexibilidad en horarios a actividades tan variadas como salas cunas, trámites, y servicios, es también una manera de aumentar la accesibilidad y justicia a bienes y servicios en nuestras ciudades. Por ello, el desafío implica ir más allá de la mirada sectorial del transporte, entendiendo que viajar más lejos y rápido no es la única respuesta para mejorar nuestro sistema de transporte y, por ende, nuestras ciudades.

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El balón no tiene género

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Catalina Rozas Facuse

Lo que está pasando con la selección de fútbol femenina en Chile es tremendo, no sólo porque es primera vez en la historia que estamos ahí, sino porque ese escenario no nos será ajeno nunca más. Por años nos identificamos con las historias de esfuerzo del fútbol masculino, nos encariñamos con ellos y su entorno, explotamos con la alegría que nos significó la Copa América y la Centenario, me recuerdo pensando en cómo los niños crecerían con esa sensación que en Chile también se puede ganar.

Pero hoy son las mujeres las que nos hacen reunirnos y soñar más fuerte aún, ahora no pienso sólo en niños, pienso que, aunque falte tanto por hacer, el hecho que sean ellas las que están ahí rompe con las creencias limitantes con las que crecimos y pavimentan por fín el camino de las niñas. Hoy nos hacen disfrutar una alegría distinta, una alegría nueva que sabe a triunfo a pesar de ir abajo en el marcador, es la apología de la lucha por la igualdad, nuestros referentes hoy son mujeres y tenemos que ser quienes aprovechen esta fuerza que nos regala el fútbol femenino para potenciar todo lo que el deporte puede otorgarle a la infancia y la sociedad.

En Fútbol Más esto que ocurre nos ilusiona y nos anima, pues nuestras sesiones sociodeportivas siempre incluyeron a niñas y niños, papás, mamás, vecinos y vecinas, la idea que toda persona pueda ser parte del fútbol nos acompaña desde los cimientos en nuestra organización: el fútbol como herramienta y catalizador social no puede ni debe discriminar. Así empezó hace 11 años nuestra revolución y hoy es parte de nuestra responsabilidad nombrar estas causas para pelearles de frente. “El balón no tiene género” es una de ellas, que al reconocerla y verbalizarla no sólo hace visible un problema, si no que ayuda a resolverlo, disminuye las injusticias en lo injusto y nos permite trabajar a partir de ello.

Vamos caminando en la dirección de mayor igualdad, pues entendemos que las mayores diferencias las ha hecho la sociedad, que niñas y niños tienen iguales capacidades y es clave, en este sentido, no sólo empoderar a las niñas, sino entender que ellas tienen derecho a estar en el espacio público, disfrutar sin miedo, sin discriminación, ni violencia y que para eso necesitan lugares protegidos donde puedan desenvolverse y que ese lugar que construimos debe considerar la perspectiva de género para que otorgue, a niñas y niños, la libertad de descubrir y decidir quiénes son y quienes quieren ser.

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El Indisoluble Matrimonio entre el Agua y la Tierra

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Por Giovanni Calderón Bassi
Director Ejecutivo de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático

Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Esta efeméride ambiental fue establecida hace 25 años por Naciones Unidas para recordar la aprobación de la Convención para Combatir la Desertificación, el único acuerdo internacional jurídicamente obligatorio que vincula el desarrollo económico con la gestión ambientalmente sostenible de la tierra.


Este año, la reflexión se ha centrado en la relación entre tres temas claves para la subsistencia humana: la sequía, la seguridad de la especie y el clima. La desertificación y la sequía son problemas de dimensión mundial, porque que afectan a todas las regiones del mundo, con mayor o menor intensidad y de manera permanente o circunstancial.


Contrariamente a lo que podríamos pensar, cuando se habla de desertificación no se trata de la expansión de los desiertos, sino de la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, principalmente como resultado de las actividades humanas y las variaciones climáticas.


La desertificación tiene su origen en la vulnerabilidad de los ecosistemas de las zonas secas que cubren un tercio de la superficie del planeta y se debe a la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra. La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente la productividad del suelo.


Según Naciones Unidas, el 33% de los suelos del planeta están siendo degradados por la erosión, la contaminación, la acidificación y el agotamiento de los nutrientes, lo que hace que el mundo cada año pierda 24.000 millones de toneladas de suelo fértil, algo así como 30 canchas de fútbol por minuto.


A ese ritmo, para el 2025, es decir en tan solo seis años más, dos tercios del mundo vivirán en condiciones de «estrés hídrico», es decir la demanda de agua superará la oferta durante ciertos períodos, y 1.800 millones de personas en todo el mundo, podrían experimentar una escasez absoluta de agua.


Como estos fenómenos producen ciertas reacciones en cadena en el comportamiento de las personas, la desertificación será la causa de que 60 millones de personas tengan que desplazarse del lugar que habitan en la actualidad. Una realidad muy próxima que podría ser inevitable si como humanidad no mejoramos sustancialmente la gestión de la tierra y los recursos hídricos.


Una de las metas de la Agenda mundial de Desarrollo Sostenible es, precisamente, luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, de manera que los países puedan mantener el crecimiento económico, pero con una degradación neutra del suelo o, dicho de otro modo, logrando que el desarrollo económico no incida en la degradación del suelo.


Porque hasta ahora la degradación de la tierra puede revertirse, mediante la rehabilitación y la aplicación masiva de planes de gestión sostenible de las tierras, siempre que seamos capaces de implementar soluciones con una participación comprometida de las comunidades y el compromiso real de los gobiernos y el sector privado.


El uso de la tierra representa casi el 25% del total mundial de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que la restauración de las tierras degradadas tiene el potencial de absorber hasta tres millones de toneladas de carbono al año. Por lo tanto, frenar la degradación de nuestros suelos es una de las mejores formas de lograr una mayor capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y, por cierto, el tan ansiado equilibrio ecológico.


En Chile, la mitad de los suelos ya se encuentran en algún nivel de degradación. Las escasas precipitaciones y una normativa aún insuficiente para el correcto cuidado de los suelos, nos han llevado lenta pero sistemáticamente a una situación preocupante. La mitad del país está erosionado y el desierto avanza hacia el sur a un ritmo aproximado de tres kilómetros por año.
Si sumamos los efectos adversos del cambio climático, como el aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, la situación se vuelve aún más preocupante.


La sequía que afecta actualmente a una extensa zona del país, es la más extensa registrada en nuestra historia, no sólo en cuanto a su extensión geográfica, sino también en lo que se refiere a su duración en el tiempo, afectando a importantes sectores productivos vinculados al uso de la tierra. Es la sequía más severa registrada en la historia de Chile, y algunos estudios sostienen que el 25% de su extensión en el tiempo se debe al calentamiento global.


Todo esto, que puede parecernos datos muy preocupantes, pero muy técnicos, no deben hacernos olvidar lo fundamental: la vida, no solo del ser humano sino de todas las especies, depende del agua y de los recursos que provee para su subsistencia.


Si no entendemos la urgencia de proteger y restaurar la tierra, utilizándola de una forma ambientalmente sostenible, nos llevará inexorablemente a grandes migraciones forzadas y afectará irremediablemente la seguridad alimentaria y el crecimiento económico que, a su vez, es el único camino para la superación de la pobreza y bienestar de las personas.


Tal como hace siglos lo comprendieron nuestros pueblos originarios, tierra y agua se encuentran indisolublemente unidos. Volvamos a conectarnos con los hechos fundamentales de la naturaleza, o nuestros hijos y nietos llegarán a creer que las frutas crecen en los supermercados

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COTIZAR PARA COSECHAR

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Miguel González Pino

Abogado y Asesor Previsional

Aunque está dirigido a todos quienes están interesados en conocer el sistema previsional, este y los próximos tres suplementos están especialmente dirigidos a quienes se encuentran en el grupo de edad entre 55 y 65 años, es decir, que ya están en la antesala del momento de su jubilación.

Para ello comenzaremos repasando un tema que en realidad la mayoría lo ha vivido, pero que quizás no conocen las explicaciones de su contenido, que es el de las cotizaciones, es decir, del dinero que han debido aportar para generar sus fondos previsionales.

Las preguntas que pretendemos contestar a través de este suplemento son:

¿Quiénes tienen que cotizar?

Aunque la mayoría de las prestaciones previsionales estuvieron originalmente dirigidas a las personas que trabajan para el sector público o privado, con un contrato de trabajo o en una planta funcionaria, actualmente los grupos de personas obligados a ingresar este sistema son cada vez más amplios.

¿Cómo se distribuyen las cotizaciones?

La seguridad social se ha ido organizando en diferentes áreas o ramas: pensiones de vejez e invalidez; accidentes del trabajo y enfermedades profesionales; prestaciones familiares; prestaciones de salud entre otras. En cada caso, las leyes hay señalado distintas formas de financiamiento, por lo que las personas cotizantes tienen que aportar para distintos objetivos previsionales.

¿Aparte de las cotizaciones obligatorias, cómo puedo cotizar para aumentar mis beneficios previsionales?

Especialmente en el área de las pensiones, es posible mejorar la expectativa de una jubilación, realizando aportes voluntarios, que son de distintos tipos, y que tienen también distinto tratamiento, especialmente respecto a si se pueden o no retirar, o si pagan impuestos o están exentos. También en el área de salud se pueden mejorar las prestaciones, a través de los contratos individuales que se celebran con las Isapres.

¿Dónde cotizo?

Aquí explicaremos brevemente qué son las AFP, cuáles son las que están actualmente ofreciendo la administración de sus fondos previsionales, y especialmente qué factores debe tomar en cuenta para elegir una u otra, salvo cuando ingresa por primera vez al sistema, en que debe hacerlo en una determinada. También hay que saber cómo me puedo cambiar de una a otra AFP.

¿Qué autoridad controla el sistema previsional?

Así como existen distintas áreas o ramas previsionales, también existen distintas instituciones del Estado que tienen que regular y fiscalizar el funcionamiento de los servicios o empresas que administran los beneficios. Entre ellas, especialmente las Superintendencias: de Pensiones, de Seguridad Social, de Salud.

¿Cómo controlo o me informo si están pagadas mis cotizaciones y cuánto tengo ahorrado?

Es muy importante saber cuáles son las alternativas a través de las cuales yo puedo acceder a la información sobre el pago de mis cotizaciones por parte de los empleadores o instituciones encargadas, para lo cual daremos información práctica y concreta.

Si efectivamente hay cotizaciones adeudadas, explicaremos dos mecanismos que tiene el beneficiario para reclamar sus derechos: el reclamo previsional y la protección ante el despido, conocida como “Ley Bustos”

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