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Tiempo libre y espíritu humano

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Juan Pablo Espinosa Arce
Académico Facultad de Teología PUC
Académico Universidad Alberto Hurtado

Una de las cuestiones características del ser humano es su reconocimiento como criatura que trabaja, como animal laborans en palabras de la filósofa judío-alemana Hannah Arendt. Esto marca nuestra condición humana. Trabajamos para obtener un salario, que debe ser justo, por medio del cual podemos “salir adelante” y ayudar que otros también salgan adelante. Con nuestro trabajo nos dignificamos, construimos una sociedad más justa, más humana. Hasta aquí todo parece que va bien, pero si miramos más detenidamente podremos comprobar que la situación laboral puede caer en determinados excesos que atacan directamente al espíritu humano. No buscamos demonizar la actividad laboral, al contrario; se busca verificar sus dimensiones ético-antropológicas para pensar cuál es la importancia de tener un tiempo libre que le “haga bien” al espíritu.


Uno de los filósofos que actualmente están proponiendo reflexiones interesantes es el surcoreano Byung-Chul Han. Éste autor ha formulado una categoría central en su filosofía, a saber, La sociedad del cansancio. El axioma es simple: hoy, si te cansas más trabajando eres más feliz. Es una sociedad del excesivo rendimiento, de la aceleración, del agotamiento. Byung-Chul Han sostiene que hoy los elementos que atacan al ser humano no son externos, como sí lo fueron los virus y enfermedades del siglo XIX. Hoy la causa de la gran enfermedad, sobre todo psicológica, es un mal que proviene desde dentro del mismo ser humano. Esto provoca fatiga, cansancio, hastío. Quizás Kafka lo previó cuando al comienzo de La Metamorfosis – y en palabras de su protagonista Gregorio Samsa – nos decía: “¡Dios mío! -pensó-. ¡Qué profesión tan dura he elegido! Un día sí y otro también de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacén de la ciudad, y además se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relación humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jamás llega a ser cordial. ¡Que se vaya todo al diablo!”. Que Gregorio Samsa aparezca convertido en un insecto es una representación estética de la profunda deshumanización que determinados sistemas de trabajo provocan sobre el ser humano. Gregorio Samsa es hijo de la sociedad del cansancio.


En climas laborales como los descritos por Kafka y sistematizados filosóficamente por Han, se pierde el sabor del tiempo libre, del buen tiempo libre que nos ayuda a desarrollarnos auténticamente. De hecho, los filósofos griegos le daban tal valor al ocio que consideraban que éste tiempo era el patrimonio de los que practicaban la filosofía. El teólogo Karl Rahner, y a propósito de unas notas que escribió en 1959 sobre el tiempo libre, consideraba que este tiempo nos ayudaba en nuestra plena realización. Él habla de las cosas que “no tienen ninguna utilidad inmediatamente material”. Incluso más adelante escribe: “la reducción del tiempo de trabajo económicamente útil es, por lo tanto, el autohallazgo del espíritu para su propia realización existencial en lo ya no útil económicamente, un elemento de la constitución libre del espíritu que se realiza a sí mismo por encima de lo material y económico”. Pareciera que el ser humano se encuentra consigo mismo en esos espacios donde lo económico – y sus muchas veces dictadura – impera.
Nuestra sociedad le teme a lo no útil económicamente, pero es necesario aprender a valorar estas “inutilidades” que plenifican el espíritu. ¿Qué elementos nos ayudan en este descubrimiento de nuestra interioridad? La música, la poesía, las artes en general son espacios de creación y creatividad. Con las artes el ser humano ejercita lo estético, la sensibilidad por la belleza, por la bondad y la verdad. En las artes el espíritu se rebosa de elementos “inútiles”. El filósofo y educador japonés de tradición budista Diasaku Ikeda reconoce que las artes tienen un poder que hace estremecer en nosotros un deseo de lo superior, de lo trascendente. La belleza es una experiencia de lo místico y lo sublime. Cuando tenemos un tiempo libre es bueno deleitarnos (con sentido de eros-placer-deseo) con una buena composición, ver una buena película, contemplar un paisaje, ver los ojos del ser amado. Esto, en realidad, no ofrece bienes materiales pero permite que nuestra alma se impregne de lo nuevo. Esto es una verdadera revolución espiritual que debemos tomar en serio.


Cuando tenemos y nos damos tiempo libre estamos “aromatizando” el espacio en el cual convivimos con otros. Esto del aroma es otra categoría filosófica presente en Byung-Chul Han. La revolución espiritual del tiempo libre es la invitación a lo gratuito, al “destiempo”, a “perder el tiempo” en cuestiones que nos hacen más felices, en las cosas que por el mismo ritmo del trabajo no podemos realizar. El tiempo libre tiene la forma de ritos, de experiencias que nos renuevan. El rito tiene la función de traer al presente elementos del pasado. Rito no es rutina, el rito da vida, la rutina en muchos casos mata. El tiempo libre de estas vacaciones, para los que pueden disfrutar Enero y Febrero como receso, y si pueden hacerlo en otros momentos del año también, deben ser espacios aromáticos, placenteramente aromáticos.


Resumiendo: En medio de la sociedad del cansancio, de la autoexplotación, es bueno dar tiempo a otras cosas que normalmente no realizamos. La positividad del tiempo libre radica en que nos hace más humanos. De la afanosa vida activa en la que todos estamos involucrados de alguna u otra manera hemos de pasar a lo contemplativo como revolución espiritual. En la experiencia del arte, del estar con la familia, los amigos, con uno mismo, estamos tocando formas que nos invitan a superar lo rutinario y adentrarnos en lo trascendente. Y, de alguna manera y con el tiempo libre también tocamos a Dios, es adentrarnos en el gran sábado, en el descanso de Dios que también debe ser nuestro propio descanso.

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El balón no tiene género

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Catalina Rozas Facuse

Lo que está pasando con la selección de fútbol femenina en Chile es tremendo, no sólo porque es primera vez en la historia que estamos ahí, sino porque ese escenario no nos será ajeno nunca más. Por años nos identificamos con las historias de esfuerzo del fútbol masculino, nos encariñamos con ellos y su entorno, explotamos con la alegría que nos significó la Copa América y la Centenario, me recuerdo pensando en cómo los niños crecerían con esa sensación que en Chile también se puede ganar.

Pero hoy son las mujeres las que nos hacen reunirnos y soñar más fuerte aún, ahora no pienso sólo en niños, pienso que, aunque falte tanto por hacer, el hecho que sean ellas las que están ahí rompe con las creencias limitantes con las que crecimos y pavimentan por fín el camino de las niñas. Hoy nos hacen disfrutar una alegría distinta, una alegría nueva que sabe a triunfo a pesar de ir abajo en el marcador, es la apología de la lucha por la igualdad, nuestros referentes hoy son mujeres y tenemos que ser quienes aprovechen esta fuerza que nos regala el fútbol femenino para potenciar todo lo que el deporte puede otorgarle a la infancia y la sociedad.

En Fútbol Más esto que ocurre nos ilusiona y nos anima, pues nuestras sesiones sociodeportivas siempre incluyeron a niñas y niños, papás, mamás, vecinos y vecinas, la idea que toda persona pueda ser parte del fútbol nos acompaña desde los cimientos en nuestra organización: el fútbol como herramienta y catalizador social no puede ni debe discriminar. Así empezó hace 11 años nuestra revolución y hoy es parte de nuestra responsabilidad nombrar estas causas para pelearles de frente. “El balón no tiene género” es una de ellas, que al reconocerla y verbalizarla no sólo hace visible un problema, si no que ayuda a resolverlo, disminuye las injusticias en lo injusto y nos permite trabajar a partir de ello.

Vamos caminando en la dirección de mayor igualdad, pues entendemos que las mayores diferencias las ha hecho la sociedad, que niñas y niños tienen iguales capacidades y es clave, en este sentido, no sólo empoderar a las niñas, sino entender que ellas tienen derecho a estar en el espacio público, disfrutar sin miedo, sin discriminación, ni violencia y que para eso necesitan lugares protegidos donde puedan desenvolverse y que ese lugar que construimos debe considerar la perspectiva de género para que otorgue, a niñas y niños, la libertad de descubrir y decidir quiénes son y quienes quieren ser.

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El Indisoluble Matrimonio entre el Agua y la Tierra

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Por Giovanni Calderón Bassi
Director Ejecutivo de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático

Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Esta efeméride ambiental fue establecida hace 25 años por Naciones Unidas para recordar la aprobación de la Convención para Combatir la Desertificación, el único acuerdo internacional jurídicamente obligatorio que vincula el desarrollo económico con la gestión ambientalmente sostenible de la tierra.


Este año, la reflexión se ha centrado en la relación entre tres temas claves para la subsistencia humana: la sequía, la seguridad de la especie y el clima. La desertificación y la sequía son problemas de dimensión mundial, porque que afectan a todas las regiones del mundo, con mayor o menor intensidad y de manera permanente o circunstancial.


Contrariamente a lo que podríamos pensar, cuando se habla de desertificación no se trata de la expansión de los desiertos, sino de la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, principalmente como resultado de las actividades humanas y las variaciones climáticas.


La desertificación tiene su origen en la vulnerabilidad de los ecosistemas de las zonas secas que cubren un tercio de la superficie del planeta y se debe a la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra. La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente la productividad del suelo.


Según Naciones Unidas, el 33% de los suelos del planeta están siendo degradados por la erosión, la contaminación, la acidificación y el agotamiento de los nutrientes, lo que hace que el mundo cada año pierda 24.000 millones de toneladas de suelo fértil, algo así como 30 canchas de fútbol por minuto.


A ese ritmo, para el 2025, es decir en tan solo seis años más, dos tercios del mundo vivirán en condiciones de «estrés hídrico», es decir la demanda de agua superará la oferta durante ciertos períodos, y 1.800 millones de personas en todo el mundo, podrían experimentar una escasez absoluta de agua.


Como estos fenómenos producen ciertas reacciones en cadena en el comportamiento de las personas, la desertificación será la causa de que 60 millones de personas tengan que desplazarse del lugar que habitan en la actualidad. Una realidad muy próxima que podría ser inevitable si como humanidad no mejoramos sustancialmente la gestión de la tierra y los recursos hídricos.


Una de las metas de la Agenda mundial de Desarrollo Sostenible es, precisamente, luchar contra la desertificación y rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, de manera que los países puedan mantener el crecimiento económico, pero con una degradación neutra del suelo o, dicho de otro modo, logrando que el desarrollo económico no incida en la degradación del suelo.


Porque hasta ahora la degradación de la tierra puede revertirse, mediante la rehabilitación y la aplicación masiva de planes de gestión sostenible de las tierras, siempre que seamos capaces de implementar soluciones con una participación comprometida de las comunidades y el compromiso real de los gobiernos y el sector privado.


El uso de la tierra representa casi el 25% del total mundial de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que la restauración de las tierras degradadas tiene el potencial de absorber hasta tres millones de toneladas de carbono al año. Por lo tanto, frenar la degradación de nuestros suelos es una de las mejores formas de lograr una mayor capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y, por cierto, el tan ansiado equilibrio ecológico.


En Chile, la mitad de los suelos ya se encuentran en algún nivel de degradación. Las escasas precipitaciones y una normativa aún insuficiente para el correcto cuidado de los suelos, nos han llevado lenta pero sistemáticamente a una situación preocupante. La mitad del país está erosionado y el desierto avanza hacia el sur a un ritmo aproximado de tres kilómetros por año.
Si sumamos los efectos adversos del cambio climático, como el aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, la situación se vuelve aún más preocupante.


La sequía que afecta actualmente a una extensa zona del país, es la más extensa registrada en nuestra historia, no sólo en cuanto a su extensión geográfica, sino también en lo que se refiere a su duración en el tiempo, afectando a importantes sectores productivos vinculados al uso de la tierra. Es la sequía más severa registrada en la historia de Chile, y algunos estudios sostienen que el 25% de su extensión en el tiempo se debe al calentamiento global.


Todo esto, que puede parecernos datos muy preocupantes, pero muy técnicos, no deben hacernos olvidar lo fundamental: la vida, no solo del ser humano sino de todas las especies, depende del agua y de los recursos que provee para su subsistencia.


Si no entendemos la urgencia de proteger y restaurar la tierra, utilizándola de una forma ambientalmente sostenible, nos llevará inexorablemente a grandes migraciones forzadas y afectará irremediablemente la seguridad alimentaria y el crecimiento económico que, a su vez, es el único camino para la superación de la pobreza y bienestar de las personas.


Tal como hace siglos lo comprendieron nuestros pueblos originarios, tierra y agua se encuentran indisolublemente unidos. Volvamos a conectarnos con los hechos fundamentales de la naturaleza, o nuestros hijos y nietos llegarán a creer que las frutas crecen en los supermercados

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COTIZAR PARA COSECHAR

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Miguel González Pino

Abogado y Asesor Previsional

Aunque está dirigido a todos quienes están interesados en conocer el sistema previsional, este y los próximos tres suplementos están especialmente dirigidos a quienes se encuentran en el grupo de edad entre 55 y 65 años, es decir, que ya están en la antesala del momento de su jubilación.

Para ello comenzaremos repasando un tema que en realidad la mayoría lo ha vivido, pero que quizás no conocen las explicaciones de su contenido, que es el de las cotizaciones, es decir, del dinero que han debido aportar para generar sus fondos previsionales.

Las preguntas que pretendemos contestar a través de este suplemento son:

¿Quiénes tienen que cotizar?

Aunque la mayoría de las prestaciones previsionales estuvieron originalmente dirigidas a las personas que trabajan para el sector público o privado, con un contrato de trabajo o en una planta funcionaria, actualmente los grupos de personas obligados a ingresar este sistema son cada vez más amplios.

¿Cómo se distribuyen las cotizaciones?

La seguridad social se ha ido organizando en diferentes áreas o ramas: pensiones de vejez e invalidez; accidentes del trabajo y enfermedades profesionales; prestaciones familiares; prestaciones de salud entre otras. En cada caso, las leyes hay señalado distintas formas de financiamiento, por lo que las personas cotizantes tienen que aportar para distintos objetivos previsionales.

¿Aparte de las cotizaciones obligatorias, cómo puedo cotizar para aumentar mis beneficios previsionales?

Especialmente en el área de las pensiones, es posible mejorar la expectativa de una jubilación, realizando aportes voluntarios, que son de distintos tipos, y que tienen también distinto tratamiento, especialmente respecto a si se pueden o no retirar, o si pagan impuestos o están exentos. También en el área de salud se pueden mejorar las prestaciones, a través de los contratos individuales que se celebran con las Isapres.

¿Dónde cotizo?

Aquí explicaremos brevemente qué son las AFP, cuáles son las que están actualmente ofreciendo la administración de sus fondos previsionales, y especialmente qué factores debe tomar en cuenta para elegir una u otra, salvo cuando ingresa por primera vez al sistema, en que debe hacerlo en una determinada. También hay que saber cómo me puedo cambiar de una a otra AFP.

¿Qué autoridad controla el sistema previsional?

Así como existen distintas áreas o ramas previsionales, también existen distintas instituciones del Estado que tienen que regular y fiscalizar el funcionamiento de los servicios o empresas que administran los beneficios. Entre ellas, especialmente las Superintendencias: de Pensiones, de Seguridad Social, de Salud.

¿Cómo controlo o me informo si están pagadas mis cotizaciones y cuánto tengo ahorrado?

Es muy importante saber cuáles son las alternativas a través de las cuales yo puedo acceder a la información sobre el pago de mis cotizaciones por parte de los empleadores o instituciones encargadas, para lo cual daremos información práctica y concreta.

Si efectivamente hay cotizaciones adeudadas, explicaremos dos mecanismos que tiene el beneficiario para reclamar sus derechos: el reclamo previsional y la protección ante el despido, conocida como “Ley Bustos”

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