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OTRO 8 DE MARZO: ¿Desde qué ángulo lo vivimos?

Algunos entienden el Día Internacional de la Mujer como una celebración donde todo se convierte en flores, chocolates y números artísticos que intentan dar una alabanza, una sublimación, donde abundan las frases como: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Se da por sentado que a todas nos gusta vernos y que nos vean de esta forma. Incluso hay algunos lugares donde existen “celebraciones” con una parrilla bien nutrida de actividades, con hombres que le cantan al romance, al amor, con cuerpos sensuales cosificados que hacen gala de sus voluptuosos bíceps. Tal vez, esto pueda hacer resonancia en algunas, y se esmerarán por asistir a esos eventos con sus mejores trajes y zapatos al tono.

Sin embargo, en su origen el 8 de marzo no es precisamente una fecha para celebrar, sería más adecuado referirnos a él como una conmemoración. En el Día Internacional de la Mujer se recuerda un hecho de sangre, y una época en donde el trabajo de la mujer no tenía leyes, derechos. Decididas escribir una nueva historia en torno a la dignidad, el movimiento femenino obrero realizó una paralización laboral, una huelga. Sin embargo, el esfuerzo culminó con más de un centenar de mujeres muertas en una fábrica, calcinadas, carbonizadas, como si se hubiese querido eliminar todo rastro de emancipación.

Entonces, conmemoramos el 8 de marzo para evidenciar la precaria condición laboral de las mujeres ¿Cuántas de nosotras hemos sido vulneradas en nuestros derechos? ¿Cuántas tienen contrato de trabajo? ¿Cuántas ganan menos que un hombre por una misma labor? ¿Cuántas son maltratadas laboralmente por sus propias congéneres? ¿Cuántas tienen 2 trabajos para poder tener un sueldo digno? ¿Cuántas trabajan la tierra recogiendo los frutos que generan riqueza para otros? Etc, etc, ect.

Estar inserta en la vida significa conversar con muchas personas, tener oídos para escuchar de vejaciones, despidos injustos, acosos sexuales, persecución y humillación. Sin ir más lejos hace poco, en la única universidad estatal de esta región, despidieron a un par docentes que precisamente aportaban al trabajo de las mujeres, pero como dicen: “el poder tiene grandes tentáculos”, que finalmente terminan por lapidar a cualquiera.

La intención de mis palabras tiene que ver con algo que siempre es necesario: visibilizar, visibilizar que no siempre somos mujeres felices.

El 8 de marzo nos recuerda quiénes somos, hacia dónde queremos llegar, cómo queremos que nos reconozcan y si es posible que nos dejen a cargo de nuestro día, porque podemos hacerlo, porque necesitamos conectarnos entre todas para seguir creando el futuro que soñamos, para el presente y para las futuras generaciones.

María Eugenia Farías Espejo

Directora

Corporación Más Mujer Más Poder

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