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Abusos

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Concepto recurrente que ha colmado muchas páginas, estos últimos años. Se trata, en definitiva, de hacer un uso excesivo e injusto de algo o de alguien. Y, lo peor: de personas de menor experiencia, fuerza o poder. El abusivo es quien, sabiendo de su condición, hace uso de ese “poder”, pues lejos está de la autoridad. Sabemos bien que, en ocasiones, podemos “agachar el moño”, es decir, aceptar, callar, sometiéndonos sin protestar, pero eso no acredita que, el abusador, tenga la autoridad para influir sobre nosotros y, mucho menos, por sobre nuestra conciencia.


El que abusa -de seguro- arrastra alguna falencia: cariño, comprensión y, tal vez, un trauma de proporciones, pues, las más de las veces, este tipo de conductas y/o actitudes constituyen una consecuencia hoy que, en su momento, pudo haber sido una de las experiencias más nefastas de ese abusado que, hoy, es otro abusador.


Los años de los abusos; quizás los últimos dos, nos han hecho tambalear nuestra axiología a tal punto que, los más radicales, han vociferado un auto excomulgar toda creencia, pues se han sentido defraudados, quizás, de una de las pocas entidades que podían seguir teniendo algo de credibilidad, entendiendo -claro está- que donde mete la mano el hombre es posible que, también, meta la pata…


Sea como fuera, “los abusos”, han estado en la palestra de nuestro país, develando “el lado podrido de la luna” que, al menos en Chilito, ha sido tal su transversalidad que no ha habido entidad que no haya aportado su granito de hez. Abusos de todo tipo que, usted, los conoce perfectamente y es preferible dar chipe libre a sus experiencias y/o conocimientos previos que, sí y sólo sí, serán más significativos que mis palabras…


Lo que es más que evidente es que, los abusivos, están en cada lugar y parte; no sólo de nuestro país, sino que, en todas partes del mundo, pues, al parecer venimos medio fallados en ese aspecto: en creer que, usando la prepotencia se lograrán más y mejores objetivos; en creer que siendo altaneros o soberbios llamaremos la atención de los demás, exhortándolos a hacer no su voluntad, sino la voluntad de los altivos y facinerosos.
Años atrás, tras echar la caballería encima, las víctimas, reverenciaban a sus victimarios, pues era tanto el horror tras las embestidas que -de seguro- paralizaban completamente al ser humano que tenían al frente; mas hoy, las cosas han cambiado mucho, pues la agresividad; tan propias de los controladores -patrones de fundo, abusadores y, en suma, de esas personas que aún creen que con un par de palabrotas o el caracho van a influir sobre los demás- ya no constituye una “estrategia” válida para someter a la gente.


Estimado lector: ¡Y, usted, no crea que estos abusivos antisociales son sólo el producto de aquellas entidades, organizaciones y/o agrupaciones verticales en donde, la mayoría de las veces la antigüedad constituye grado! ¡No! Usted los encuentra en cada esquina de cualquiera ciudad, pues su involución es inminente, ya que su atrofia cerebral no los deja evolucionar. Seguirán pasando a llevar a la gente; la diferencia es que, ahora, la gente es completamente insensible a sus arbitrariedades, pues saben que son o están enfermos.


Cuando se enfrenta a un abusador, es decir, cuando se le desafía, también el desafío es a su integridad, pues lo que éste espera no es una respuesta, sino una sumisión y, cuando ésta NO llega, pues la imagen mental de dominio se desajusta. Así, el llamado es a enfrentarlos, denunciarlos y evidenciar ese abuso; sea cual fuese éste. No porque no nos demos cuenta, las cosas continúan ocurriendo. El tema es que hemos de estar de lado de la denuncia y con los ojos bien abiertos, pues estamos en el s.XXI; época que no debiera -bajo ningún aspecto- azuzar a que estas arbitrariedades se sigan cometiendo. Han caído los grandes; los más grandes e ingentes, ¿por qué no podría caer ese abusador que todos conocen? Sé muy bien que, usted, está pensando en uno. Y yo también.

Santiago Vasconcello Uchida
Profesor de Castellano PUC
Magíster en Educación PUC

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Historia y ciudadanía

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En los últimos días asistimos al rechazo general de la propuesta que afectará a la historia en 3º y 4º medio. Revisando los programas vigentes, y asumiendo que el abordaje de la ciudadanía no puede escindirse de su carácter histórico, no estaríamos frente a un cambio sustancial, sino más bien ante una readecuación. A la reforma se integran, además, tres asignaturas electivas que fortalecen la historia en la formación humanista. El problema con estas conclusiones es que resultan de suposiciones, mas no de la declaración de las intenciones del cambio, de su operatividad ni de los programas de las asignaturas. En este contexto, el cuestionamiento al plan de estudios y la respuesta de los académicos suscitan profundas reflexiones sobre el rol que la historia debe cumplir en la formación escolar. Estamos ante una discusión pública que debiera centrarse en la educación en general, por lo que las perspectivas disciplinarias deben concebirse más en ese propósito que en su particular punto de vista. La educación ciudadana no puede obviar los procesos histórico-sociales que han devenido en el presente. Su enseñanza debe considerar la temporalidad que posibilita el desarrollo de una ciudadanía crítica que se comprende a sí misma en procesos de cambio. Cabe preguntarse, entonces, ¿De qué manera la historia, entendida en su conjunto y en sus múltiples experiencias, permite formar ciudadanos para el siglo XXI? ¿qué educación necesitamos para nuestro tiempo? ¿Cómo aporta la historia al proceso educativo?, ¿cómo debe enseñarse la historia en el contexto escolar?, ¿cuál es el rol social de la historia en la formación ciudadana?, y ¿de qué manera la institucionalidad pública educativa integra la historia, y su importante aporte, en la reflexión de la sociedad? El currículo actual no parece cumplir las necesidades ni anhelos de nuestra sociedad. El cambio parece inevitable. Concebidos apartadamente y sin relaciones suficientes, los planes actuales no desarrollan el pensamiento histórico necesario a un ciudadano reflexivo, atento a su presente ni a las complejidades de la vida social. Un curriculum que omita esta necesidad no contribuirá a la educación ni a la historia. Un cambio adecuado debe resultar de una reflexión sobre la comunidad que deseamos construir y el carácter de sus miembros. No son, por tanto, cambios de forma o contenidos, sino de la concepción de una educación que perfile una comunidad crítica, reflexiva, libre y responsable. La propuesta curricular en discusión abre un proceso de perfeccionamiento quizá incompleto, pero no del todo errado desde los actuales enfoques educativos. Nos parece, así, una oportunidad para abordar seriamente la educación. Un debate que en la actual efervescencia de opiniones se ha omitido y que, por lo mismo, invitamos a desarrollar.


Daniel Nieto
Aldo Casali
Francisco Orrego
Fabián Pérez
Fernando Castillo
Académicos Licenciatura en Historia
Universidad Andrés Bello
Viña del Mar

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Trabajo infantil: Un factor que perpetúa la pobreza

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Por Alejandra Fuenzalida, Directora Ejecutiva de United Way Chile.

Ayer  conmemoramos el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, fecha que se encuentra instituida desde 2002 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para así unir fuerzas para enfrentar esta realidad y concientizar a la población mundial acerca de la magnitud del problema.

Si bien Chile presenta una de las tasas más bajas de esta problemática en Latinoamérica, datos de la OIT dejan en evidencia que, al menos 220 mil niños, se encuentran realizando algún tipo de labor a cambio dinero. Y, algo no menor, son las labores que estos jóvenes desempeñan: del total, un 26% de entre 15 y 17 años realiza actividades en almacenes familiares, comercio ambulante, siembra, desmalezado, corte de pasto, cosecha, fumigación, entre otros.

El término “trabajo infantil” suele definirse como todo aquel trabajo que priva a los niños de su “niñez”, su dignidad y su potencial, y que es perjudicial para su desarrollo psicológico y físico. Y, si analizamos bien este panorama a nivel país, es impactante que, situándonos en el siglo XXI, esta problemática siga teniendo cabida en la contingencia nacional.

Es urgente que, a pesar de que el Ejecutivo ha presentado importantes avances en esta materia, todos comencemos a tomar cartas en el asunto, ya que tan sólo la suma de 220 mil niños son 4 estadios nacionales llenos. Es un hecho que erradicar de la noche a la mañana esta problemática no será una tarea fácil, ya que el daño que causa el trabajo infantil va desde frenar el pleno desarrollo de las capacidades y afectar su desempeño académico, hasta aumentar la precariedad en su inserción en el mercado laboral y afectar sus oportunidades de superar condiciones de pobreza y vulnerabilidad en su vida adulta.

Entonces, para no seguir perpetuando la pobreza, como United Way Chile creemos que el gran desafío de todos radica en empezar con un cambio de mentalidad, donde la familia y los establecimientos educacionales de cada niño estén fuertemente ligados. Debemos ser capaces de trabajar todos, tanto el sector público como privado, en la ampliación de las expectativas y aspiraciones en la educación formal, como herramienta que generará una mejor calidad de vida a nivel individual y familiar.

Con este punto de partida, podremos comenzar a ver cambios, ya que como lo señaló el Premio Nobel de la Paz de 2014, Kailash Satyarthi, “no se puede erradicar la pobreza y el desempleo en adultos, hasta que el trabajo infantil sea completamente abolido”.

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Educación Física electiva: ¿Por qué los profesores de Educación Física la defendemos tanto como asignatura base?

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Hace algunos días se hizo público el decreto del CNED que aprueba el nuevo plan de estudios para tercero y cuarto medio a partir de 2020.

Entre muchas medidas, una de las que ha acaparado la atención es el carácter opcional que tendrá la asignatura de Educación Física, a diferencia de la obligatoriedad que tiene hasta hoy en los establecimientos científico–humanistas. Una gran cantidad de asociaciones ha salido a declarar su enfático rechazo a esta medida, la mayoría desde una mirada asociada a la salud, donde el mayor argumento nace de la alta prevalencia de sobrepeso, obesidad e inactividad física. Si bien, esto es cierto, los profesores de Educación Física tenemos una opinión que se basa en otros elementos esenciales al momento de argumentar sobre la defensa de nuestra disciplina, a la que consideramos como asignatura base en la formación escolar. El CANEF, Consejo Académico Nacional de Educación Física, ha declarado un manifiesto que destaca el artículo 2 de la Ley General de Educación: “la educación es el proceso de aprendizaje permanente que abarca las distintas etapas de la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas”.

Entonces, si nuestra propia ley general de educación declara que la finalidad es alcanzar el desarrollo integral del ser humano, ¿por qué “los expertos” toman decisiones que dejan afuera el desarrollo del propio cuerpo? ¿Se puede alcanzar el desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual y físico sin una asignatura que a través del juego y el deporte, desarrolle el conocimiento y la valoración del propio cuerpo, el trabajo en equipo, la tolerancia a la frustración, trabaje las emociones, la resolución de conflictos y la buena convivencia escolar? .

Los profesores de Educación Física hemos podido constatar en las aulas que el valor de la Educación Física va mucho más allá del desarrollo de la condición física y del combate contra la obesidad. Tanto es su valor, que algunas universidades ya han incluido en sus mallas curriculares, la aprobación de créditos de Educación Física. Que paradójico resulta que escolares puedan egresar sin haber tenido Educación Física en sus últimos dos años, y sin embargo, sí sea obligatorio para ellos, la aprobación de asignaturas de Educación Física para obtener su título universitario.

La evidencia científica es clara: los estudiantes que realizan Educación Física y deporte tienen mejor autoestima, salud física y mental, tienen mayor rendimiento cognitivo, trabajan mejor en equipo y valoran una buena convivencia con sus pares. La educación chilena no puede caer en una educación instrumental para el mundo del trabajo, es fundamental la educación integral y para ello, el conocimiento de lo que somos, de nuestro propio cuerpo, de cómo cuidarlo, quererlo y respetarlo es parte esencial de la formación. Debemos reaccionar rápido, una medida así perpetuará las diferencias que hoy tienen en esta materia los colegios públicos y privados, que dejará en manos de los directores de turno en los establecimientos educacionales, la importante decisión de dictar una asignatura fundamental para el desarrollo integral de nuestros jóvenes.


Juan Pablo Zavala Crichton
Director Carrera Pedagogía en Educación Física
Universidad Andrés Bello Viña del Mar

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