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La Gruta de Lourdes de Baquedano.

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            Hace 160 años, en Massabielle, en los roqueríos que bordean el río Gave, la Virgen María se apareció a una humilde pastorcita, María Bernarda Soubirous. Era el 11 de febrero de 1858. La Virgen se apareció a Bernardette dieciocho veces entre febrero y el 16 de julio de ese año. El párroco del lugar pidió a la vidente que preguntara a la celeste aparición cuál era su nombre. En la visión del 25 de marzo, la Virgen le dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Las palabras de María venían a corroborar el dogma que San Pío IX había proclamado solo cuatro años antes. Nació así no solo uno de los más famosos y concurridos santuarios del mundo, (cada año 80 mil enfermos acuden a Lourdes en busca de salud espiritual y corporal) sino también una de las advocaciones marianas más populares del mundo católico.

            En Chile, esta devoción a la Madre de Dios bajo la advocación de Lourdes se debe al Pbro. José Jacinto De la Arriagada, Capellán del Monasterio del Carmen de San Rafael. En 1878, el señor Alejandro Vigoroux (francés) donó el terreno en el cual hoy se alza el Santuario (Gruta y Basílica) más grande después del que se edificó donde Bernardette recibió los mensajes de la Virgen. El  Pbro. De la Arriagada encargó a Francia una imagen de Ntra. Señora de Lourdes, de madera policromada, la misma que fue solemnemente entronizada en el templo construido para ella en 1887. En 1919 (en Quinta Normal) se bendijo la primera piedra de la magnífica basílica estilo bizantino moderno y de la nueva gruta, que imita en lo posible a la de Massabielle. La nueva basílica solo se vino a inaugurar en 1958. (Cf. Miguel Laborde. Templos históricos de Santiago. 1967) La belleza y magnificencia de este templo, añadimos, hizo que desde su inauguración se le diera el tratamiento de Basílica. Fue el cardenal Carlos Oviedo (1990-1997) quien descubrió que nunca se había tramitado ante la Santa Sede el título de Basílica, situación que él se encargó de regularizar. Entre tanto, a lo largo y ancho de Chile fueron muchas las “grutas de Lourdes” que fueron surgiendo, no solo en torno o al costado de los templos, sino también en los patios y antejardines de las casas particulares. En muchos lugares, la fe del pueblo alzó grutas de Lourdes en paisajes rocosos, en algún cerro vecino o en espacios aptos para peregrinar o recogerse a orar.

            No nacía todavía la diócesis de Rancagua cuando se alzó la gruta de Lourdes de Baquedano. Funcionaba allí la Capilla de San Pedro Apóstol, desde 1915, y en la esquina de lo que hoy es Baquedano con Lourdes, el 11 de febrero de 1923, se inauguraba la Gruta de Lourdes que ahora está a punto de caer (usando un gastado lugar común) bajo la picota del progreso. Las generaciones nuevas rancagüinas, ignoran que todo lo que hoy es el Pequeño Cottolengo fue el Seminario Cristo Rey. El 30 de octubre de 1927 se bendijo solemnemente la Primera Piedra del seminario. La construcción se inició el 7 de marzo de 1928. El 30 de octubre de 1933 se bendijo el nuevo edificio y el 7 de mayo de 1934 se iniciaron las clases con 13 alumnos. Fue su primer Rector D. Eduardo Larraín Cordovez, que sería el segundo obispo de Rancagua. El Seminario tuvo primeramente el rango de seminario menor. La viceparroquia de S. Pedro (hoy Parroquia Cristo Rey) y la gruta de Lourdes adjunta, eran parte del seminario, edificado en terrenos que donó la Sra. Adela Errázuriz Salas al arzobispado de Santiago. Al crearse la diócesis, Monseñor Lira reclamó esa propiedad para la iglesia de Rancagua.

            El Seminario, como edificio, prestó sus servicios hasta 1972, año en que el Rector, Mons. Alfredo Salas traslada su domicilio a la casa parroquial de El Sagrario. (Catedral) Para entonces, en el edificio de Baquedano se alojaban 115 niños del Hogar Don Guanella, damnificados por la nevazón del 21 de junio de 1971. El 10 de mayo de 1972, los alumnos de la Universidad Técnica del Estado (Campus Rgua.) se tomaron el Seminario. El tema alcanzó ribetes internacionales porque se consideró que los religiosos y religiosas a cargo de los niños estaban secuestrados puesto que eran todos italianos. Se apeló al Subsecretario de Justicia (José Antonio Viera Gallo) y finalmente los universitarios depusieron la toma. En 1974 se creó la Parroquia Cristo Rey y el domingo 16 de marzo de 1975 se inauguró allí el Pequeño Cottolengo.

            En el pasado reciente, años 70, esta propiedad de la Iglesia que tantos servicios ha prestado a la sociedad rancagüina, fue violentada por las “tomas”. Mal endémico chileno. A la vergonzosa invasión de los universitarios hay que sumar las tomas que los pobladores hicieron por el costado sur de la propiedad. Nunca sabremos quiénes fueron los vándalos que en dos ocasiones consecutivas pusieron fuego al templo; una construcción que constituye todo un historial del arte de edificar en Chile. Gracias  al ahínco y fortaleza del Padre Giácomo Valenza, hoy luce restaurado. No obstante, pesa ahora sobre la ya casi centenaria gruta, la orden de expropiación, la que necesariamente lleva su demolición en todo o en parte. Lamentamos que así sea. Lo lamentamos, no por sentimentalismos nostálgicos, ni por remar contra la corriente. Sucede que, con frecuencia, se recurre a estas remodelaciones, ampliaciones o como quiera que se llamen y para eso se daña severamente el patrimonio. Porque, queramos o no, el ex Seminario Cristo Rey, con su templo y su gruta son un conjunto arquitectónico valioso para la Historia de Rancagua. Auténtico patrimonio, construcciones de la primera mitad del siglo XX de las cuales casi nada es lo que va quedando. Que no pase como en la Estación de Ferrocarriles. Pocas estaciones de provincia tenían un andén tan amplio, extenso y señorial como el de nuestra estación. Se lo intervino bárbaramente para hacer más expedito el paso de los viajeros. Y ahí está ese andén truncado, despilfarrada la primera belleza, inútilmente, porque casi no hay trenes. Lamentable esta expropiación de Baquedano porque además, aunque se construya una gruta nueva, igual o casi igual, (las “reconstrucciones” me hacen temblar) tendrá que pasar un tiempo para eso. Entre tanto ¿dónde irá a parar todo ese cúmulo abigarrado de ex-votos, dónde encenderán los fieles sus velas y adónde volverán sus ojos si ya no está la imagen que los acogía en esa gruta donde la ampelopsis compite por el espacio con esa vieja buganvilia? Es más importante que los vehículos tengan por donde circular. Una vez más el pobre sale perdiendo. El pobre fiel tendrá que esperar una nueva gruta. Los pobres de la calle, que en los bancos de la gruta dormitan sin que nadie los moleste y los pobres que allí se refugian buscando en la oración, en la promesa que se ilumina con una vela ofrecida con simple esperanza o en la flor que efímera muere con el sol de la tarde, todos ellos tendrán que esperar. Quiera Dios que me equivoque, cuando venga la nueva versión, se echará de menos la vieja gruta, con sus viejas enredaderas, con sus acacias apestadas y sus rejas enmohecidas. Porque, lo nuevo será más estrecho, más exiguo y si ahora la contaminación acústica todo lo invade, entonces será peor. Pobre futuro le aguarda a la única gruta de Lourdes (pública) que tenemos en Rancagua. Termino con un recuerdo. Yo no estuve allí. El 14 de noviembre de 1948, el obispo diocesano Mons. Eduardo Larraín C., bendecía la Gruta de Lourdes de Sewell. Eso de gruta de Lourdes, me cuentan, era algo sobremanera extraño para los norteamericanos de Braden. Nunca he ido a Sewell y no sé aún se conserva esa gruta que si Ud., saca la cuenta cumple 70 años. Quizás, ya hay muchos que, imbuidos por las nuevas formas de vida, se pregunten qué cosa será eso de gruta de Lourdes. Puede ser. Hoy, la fe vive su exilio en Babilonia. En 1858, el agua que brotó de la roca y la vela que ardía en las manos de Bernardita renovaron los corazones de muchos. Para todos aquellos que ven como se les cierran las puertas, la gruta de Lourdes (la de aquí, la de Santiago, la de Rengo, de donde sea) es como un remanso de paz. Allí Jesús, por medio de su Madre nos dice: “No temas. Tan solo cree”.

                                                                                  Mario Noceti Zerega       

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Educación y elección

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Según las últimas informaciones del Ministerio de Educación, en enseñanza media los estudiantes podrían “elegir” si hacer o no ciertas asignaturas.


Entonces, ¿se puede comprender que la educación de nuestros niños y adolescentes es realmente una “elección”?


Creo que es preocupante que un país tenga interés de que sean los estudiantes los que tengan elecciones en ciertas áreas y que tengan posibilidad de desechar ciertos conocimientos.


Si esta es la filosofía del Gobierno, ¿por qué a un menor con dificultades del lenguaje se le hace tanto problema por no hacer inglés, que es una asignatura que le es compleja desde sus necesidades educativas? o ¿por qué un niño con síndrome de Down no puede “elegir” aquellas asignaturas que le son más afines y desechar otras en un colegio regular?


Asimismo, ¿por qué tenemos limitado el acceso a niños con trastornos del desarrollo (Autismo) al currículo si bastaría con que hiciera lo que “elige”?


Por tanto, el MINEDUC se equivoca en el camino, al creer dar una libertad para algunos, pero da cuenta de la gran segregación para otros.

Claudia Figueroa

Académica Escuela Fonoaudiología U. Andrés Bello

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COP25: señal de un problema que debemos enfrentar

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Por Alfredo Zepeda, Director Ejecutivo de Sistema B y miembro G100


Si bien Chile representa un bajo porcentaje a nivel global de las emisiones totales de CO2 que se generan, cumple con siete de los nueve criterios de vulnerabilidad frente al cambio climático; por lo tanto, el ser sustentable y cuidar nuestro medio ambiente es un tema urgente y relevante para nuestro país. Una problemática que nos afecta a todos, pero en el que las empresas juegan un rol fundamental ya que son uno de los principales actores que pueden formar parte activa en la solución gracias a sus capacidades de innovación y cambio.

Es importante recordar siempre que las empresas estamos llamadas a dar soluciones a los problemas que nos aquejan y no a generarlos. Sin embargo, en Chile, en general, no visualizamos la gravedad del problema, lo vemos como algo lejano y, justamente ahí, está la importancia de la realización a finales de este año, de la COP 25, cumbre sobre el cambio climático más importante del mundo y en la que 197 países impulsarán políticas activas para cuidar y proteger el planeta.

Creo firmemente que esta será una plataforma extraordinaria para sensibilizar al Estado, empresas, sociedad civil, academia y a todos los actores que se necesitan para trabajar en pos del Medio Ambiente. Porque ahí está uno de los mayores desafíos: trabajar en conjunto. El problema de fondo no es solamente medioambiental. Hay un enorme impacto negativo para la vida humana que conllevan estos cambios. No es solo cuántos millones de hectáreas de bosque van a desaparecer o miles de especies se van a extinguir. Es cuántas vidas humanas se van a perder. Por lo tanto, este no es un tema de ambientalistas, es un tema realmente de todos.

En la lucha contra el cambio climático, la tecnología puede ser muy relevante para tener procesos más sustentables, pero creo que sin duda, lo más importante está en considerar las alianzas y cooperaciones entre actores público-privado-academia que se necesitan. Esto es algo habitual en países desarrollados, pero aún muy incipiente en Chile. Estar unidos enfrentando este desafío, no olvidándonos que es mejor estar juntos que estar de acuerdo.

Pero estamos avanzando. Organizaciones como CORFO ya se comprometieron con apoyar el triple impacto, algo que vemos como una excelente señal. En la academia también hay cada vez más interés y somos testigos de cómo más empresas buscan certificarse como Empresa B, midiendo y gestionando sus impactos ambientales, comprometiéndose con transparentar sus resultados y mejorar continuamente sus indicadores socio ambientales.

En Sistema B entendemos que los problemas que hoy enfrentamos como humanidad son de tal magnitud, que es imposible resolverlos solos o entre algunos pocos. De ahí la importancia de motivar a las empresas a que midan sus impactos, pero también es importante incentivar al capital y que miren con interés este tipo de empresas. Hace algún tiempo Hortifrut, una empresa chilena y abierta a la bolsa, se certificó como Empresa B, a pocos días de este hito, negoció un crédito con RaboBank, a muy buenas tasas gracias a sus impactos certificados. Porque ser sustentable es bueno en todos los sentidos: es cuidar el medio ambiente y reducir riesgos de largo plazo, eso ya lo están valorando algunas instituciones financieras.

Hoy, debemos celebrar iniciativas como la COP25, el ingreso durante el segundo semestre del proyecto de ley de Cambio Climático y la realización del GSG Summit, uno de los más importantes eventos de Inversión de Impacto a nivel global, en el que se reunirán más de 20 países y cientos de líderes globales en torno a este tema. Estas son claras señales de que hay un problema que debemos enfrentar.

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El primer “autobús” en Rancagua: 1927

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	El 22 de junio de 1927, fue promulgado un Decreto de la Municipalidad de Rancagua, autorizando la circulación de un “autobús” urbano por las calles de la ciudad. Fue una gran  noticia para los rancagüinos, que se alegraron de la aparición de ese primer vehículo motorizado, de movilización colectiva. 

	Ese tipo de vehículos se conocía popularmente como “góndola” y se pintaban de color blanco, por lo cual la gente la bautizó como “La paloma”.

	Hasta entonces, solo existía el tranvía eléctrico, sobre rieles, pero con recorrido fijo del que no podía salirse: Estación, Brasil, Independencia, Plaza, Estado norte hasta, la Alameda y viceversa.

	También había un automóvil de arriendo que generalmente se estacionaba en la Plaza, de los Héroes, precursor de los taxis. Y existían más de cien coches ”victorias”, tirados por caballos, que eran una de las características de la ciudad y se encontraban en todas las calles.
	“La Paloma”, tenía también un recorrido fijo: desde la Estación de Ferrocarriles del Estado, partía hasta detenerse en Avenida Millán frente a la Estación del Ferrocarril a El Teniente. Seguía hasta calle del Estado hacia la Plaza, para doblar por Germán Riesco, atravesar Freire y el canal conocido como “Acequia grande”,  y llegar a estacionarse frente a la Fábrica de Conservas de Nicolás Rubio en el camino a Machalí (actual Avenida Membrillar).

	Varias veces he recordado en estas páginas a ese vehículo que conocí en mi niñez y juventud. Como desde sus comienzos era “de segunda mano”, ya en la década siguiente comenzó notoriamente a envejecer. Su motor hacía un tremendo ruido, por lo que era fácil saber cuándo se acercaba.

	 Pocos años después, murió de vejez y tuvieron que retirarlo de las calles. Pero tiene hasta hoy el gran mérito de haber sido el primero, antecesor de las “micros” y que prestó evidentes servicios públicos.
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