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Son el alma de un equipo confuso

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La opinión de Manuel Polgatiz:

Periodista y comentarista deportivo

El abrazo con la hinchada de galería norte, siempre es el más dulce y apasionado en el estadio El Teniente. Allí están los que sufrieron descensos o amargas y humillantes goleadas en casa.

En ese lugar estuvieron los que vibraron bajo la lluvia en esa primera final del club, ante Universidad de Chile el 2012.

Ahí cantaron y expandieron la alegría por el recinto, los 16 que perdieron la vida en Tomé. En ese lugar se lloró la derrota ante Universidad de Concepción, que impidió conseguir la segunda estrella.

Y también por cierto, ahí se despidió el último gran ídolo celeste: Pablo Ignacio Calandria. Arrodillado y sumiso frente a su público, regaló con los ojos humedecidos, su final conquista en la redes nacionales en el partido con Audax Italiano el año pasado.

Y no es casualidad, créanme, que en la noche gélida de este sábado, los dos goles del triunfo fueran en esa zona del campo. Coincidencia o no, ambos son de aquellos guerreros que se disfrazan de futbolista para emocionar hasta al “Flaco Paul”, ya fallecido, que en esta ocasión los vio desde los cielos.

Maximiliano Salas y Juan Fuentes, son el alma de un equipo confuso, que se ve superado por el rival, pero que saca adelante los partidos con empuje, fuerza y el corazón de estos compañeros de profesión.

Ambos resistidos en el inicio, porque no poseen la virtud técnica de los volantes barcelonistas, ni la elegancia de los mediocampistas del Liverpool. Pero quién puede discutirles su tesón, constancia, inteligencia y disciplina para jugar.

Ya vendrán los chaqueteros de siempre para enrostrarme que elevo a jugadores de O’Higgins a lugares que aún no merecen. Pero si no lo hacemos ni los reconocemos nosotros, ¿Quién lo hará? ¿La prensa nacional? o ¿Los representantes, que ya los deben tener en la mira para ubicarlos en mejores instituciones?

Mi consejo es a disfrutarlos y aplaudirlos mientras podamos. No siempre encontramos, como en el caso de Fuentes, a un jugador-hincha. Que no besa el escudo para la foto del reportero, sino más bien, porque ama la camiseta donde se crió, formó y desarrolló.

Los goles que favorecieron el triunfo frente a Everton (muy buen equipo, pero tanto o más desequilibrado que O’Higgins) son el justo premio de una batalla que ellos encabezan y se han ganado en cancha, sin más riqueza que la entrega absoluta para conseguir el objetivo.

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Educación y elección

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Según las últimas informaciones del Ministerio de Educación, en enseñanza media los estudiantes podrían “elegir” si hacer o no ciertas asignaturas.


Entonces, ¿se puede comprender que la educación de nuestros niños y adolescentes es realmente una “elección”?


Creo que es preocupante que un país tenga interés de que sean los estudiantes los que tengan elecciones en ciertas áreas y que tengan posibilidad de desechar ciertos conocimientos.


Si esta es la filosofía del Gobierno, ¿por qué a un menor con dificultades del lenguaje se le hace tanto problema por no hacer inglés, que es una asignatura que le es compleja desde sus necesidades educativas? o ¿por qué un niño con síndrome de Down no puede “elegir” aquellas asignaturas que le son más afines y desechar otras en un colegio regular?


Asimismo, ¿por qué tenemos limitado el acceso a niños con trastornos del desarrollo (Autismo) al currículo si bastaría con que hiciera lo que “elige”?


Por tanto, el MINEDUC se equivoca en el camino, al creer dar una libertad para algunos, pero da cuenta de la gran segregación para otros.

Claudia Figueroa

Académica Escuela Fonoaudiología U. Andrés Bello

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COP25: señal de un problema que debemos enfrentar

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Por Alfredo Zepeda, Director Ejecutivo de Sistema B y miembro G100


Si bien Chile representa un bajo porcentaje a nivel global de las emisiones totales de CO2 que se generan, cumple con siete de los nueve criterios de vulnerabilidad frente al cambio climático; por lo tanto, el ser sustentable y cuidar nuestro medio ambiente es un tema urgente y relevante para nuestro país. Una problemática que nos afecta a todos, pero en el que las empresas juegan un rol fundamental ya que son uno de los principales actores que pueden formar parte activa en la solución gracias a sus capacidades de innovación y cambio.

Es importante recordar siempre que las empresas estamos llamadas a dar soluciones a los problemas que nos aquejan y no a generarlos. Sin embargo, en Chile, en general, no visualizamos la gravedad del problema, lo vemos como algo lejano y, justamente ahí, está la importancia de la realización a finales de este año, de la COP 25, cumbre sobre el cambio climático más importante del mundo y en la que 197 países impulsarán políticas activas para cuidar y proteger el planeta.

Creo firmemente que esta será una plataforma extraordinaria para sensibilizar al Estado, empresas, sociedad civil, academia y a todos los actores que se necesitan para trabajar en pos del Medio Ambiente. Porque ahí está uno de los mayores desafíos: trabajar en conjunto. El problema de fondo no es solamente medioambiental. Hay un enorme impacto negativo para la vida humana que conllevan estos cambios. No es solo cuántos millones de hectáreas de bosque van a desaparecer o miles de especies se van a extinguir. Es cuántas vidas humanas se van a perder. Por lo tanto, este no es un tema de ambientalistas, es un tema realmente de todos.

En la lucha contra el cambio climático, la tecnología puede ser muy relevante para tener procesos más sustentables, pero creo que sin duda, lo más importante está en considerar las alianzas y cooperaciones entre actores público-privado-academia que se necesitan. Esto es algo habitual en países desarrollados, pero aún muy incipiente en Chile. Estar unidos enfrentando este desafío, no olvidándonos que es mejor estar juntos que estar de acuerdo.

Pero estamos avanzando. Organizaciones como CORFO ya se comprometieron con apoyar el triple impacto, algo que vemos como una excelente señal. En la academia también hay cada vez más interés y somos testigos de cómo más empresas buscan certificarse como Empresa B, midiendo y gestionando sus impactos ambientales, comprometiéndose con transparentar sus resultados y mejorar continuamente sus indicadores socio ambientales.

En Sistema B entendemos que los problemas que hoy enfrentamos como humanidad son de tal magnitud, que es imposible resolverlos solos o entre algunos pocos. De ahí la importancia de motivar a las empresas a que midan sus impactos, pero también es importante incentivar al capital y que miren con interés este tipo de empresas. Hace algún tiempo Hortifrut, una empresa chilena y abierta a la bolsa, se certificó como Empresa B, a pocos días de este hito, negoció un crédito con RaboBank, a muy buenas tasas gracias a sus impactos certificados. Porque ser sustentable es bueno en todos los sentidos: es cuidar el medio ambiente y reducir riesgos de largo plazo, eso ya lo están valorando algunas instituciones financieras.

Hoy, debemos celebrar iniciativas como la COP25, el ingreso durante el segundo semestre del proyecto de ley de Cambio Climático y la realización del GSG Summit, uno de los más importantes eventos de Inversión de Impacto a nivel global, en el que se reunirán más de 20 países y cientos de líderes globales en torno a este tema. Estas son claras señales de que hay un problema que debemos enfrentar.

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El primer “autobús” en Rancagua: 1927

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	El 22 de junio de 1927, fue promulgado un Decreto de la Municipalidad de Rancagua, autorizando la circulación de un “autobús” urbano por las calles de la ciudad. Fue una gran  noticia para los rancagüinos, que se alegraron de la aparición de ese primer vehículo motorizado, de movilización colectiva. 

	Ese tipo de vehículos se conocía popularmente como “góndola” y se pintaban de color blanco, por lo cual la gente la bautizó como “La paloma”.

	Hasta entonces, solo existía el tranvía eléctrico, sobre rieles, pero con recorrido fijo del que no podía salirse: Estación, Brasil, Independencia, Plaza, Estado norte hasta, la Alameda y viceversa.

	También había un automóvil de arriendo que generalmente se estacionaba en la Plaza, de los Héroes, precursor de los taxis. Y existían más de cien coches ”victorias”, tirados por caballos, que eran una de las características de la ciudad y se encontraban en todas las calles.
	“La Paloma”, tenía también un recorrido fijo: desde la Estación de Ferrocarriles del Estado, partía hasta detenerse en Avenida Millán frente a la Estación del Ferrocarril a El Teniente. Seguía hasta calle del Estado hacia la Plaza, para doblar por Germán Riesco, atravesar Freire y el canal conocido como “Acequia grande”,  y llegar a estacionarse frente a la Fábrica de Conservas de Nicolás Rubio en el camino a Machalí (actual Avenida Membrillar).

	Varias veces he recordado en estas páginas a ese vehículo que conocí en mi niñez y juventud. Como desde sus comienzos era “de segunda mano”, ya en la década siguiente comenzó notoriamente a envejecer. Su motor hacía un tremendo ruido, por lo que era fácil saber cuándo se acercaba.

	 Pocos años después, murió de vejez y tuvieron que retirarlo de las calles. Pero tiene hasta hoy el gran mérito de haber sido el primero, antecesor de las “micros” y que prestó evidentes servicios públicos.
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