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Las dos caras de la lucha por el medio ambiente

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El gobierno se ha mostrado en el último tiempo como un protector del medio ambiente: la masiva compra de buses eléctricos para Santiago y Concepción, la ley que prohíbe el uso de bolsas plásticas en el gran comercio y la organización de la COP25, lo están posicionando como un actor clave en la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, esto no se condice con otras acciones que ha tomado, que apuntan a facilitar aún más el uso del principal contribuyente a la contaminación: el avión. Desde la baja de impuestos y las tasas de embarque, hasta la masiva inversión en infraestructura para aeropuertos, nada de eso incentiva a las personas a buscar otros medios de transporte interurbanos más limpios como los buses o los trenes.

Esto va contra la corriente mundial. Hoy vemos muchos países, sobre todo en Europa -donde incluso hay un movimiento llamado “Flygskam” o “vergüenza de volar”- que están trabajando para desincentivar el uso de los aviones como principal medio de transporte, sobre todo en las distancias más cortas. ¿Cómo? A través del aumento de impuestos.

Decisiones así debería tomar Chile. Pero también se deberiá trabajar para las industrias de transporte que menos contaminan, como los buses. Lamentablemente, hoy solo vemos trabas para este rubro. No hay nuevas concesiones para terminales de buses, existe una iniciativa que busca prohibir los buses de dos pisos y, además, es el rubro con control de jornadas laborales más exhaustivo, incluso aplicando multas automáticas con cero tolerancia.

Es importante que el gobierno empareje la cancha para todos los actores del rubro del transporte. Pero aún más crucial es que se promuevan las industrias más limpias como los buses interurbanos, para así ponerse a tono con los países que están tomando conciencia del problema que implica la contaminación del medio ambiente.

Simón Narli
Co fundador de Recorrido.cl

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Chile despertó… debe abrir los ojos

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Por Sofía Villavicencio
Directora ejecutiva de Fundación Luz

Hemos oído la descripción transversal de sensación de abuso, injusticia, exclusión que manifiestan las personas y que las autoridades están intentando canalizar de la mejor forma que puedan.
Y esa descripción nos resulta familiar, porque venimos enfrentándola desde el 1924, año en que fue creada Fundación Luz. Por razones que escapan a esta columna, el relato se nos hace conocido; es el de todos y cada una de las personas que pasan por nuestro colegio y los programas de estimulación temprana, de rehabilitación, de capacitación e inclusión laboral, entre otros. Somos pocas las instituciones en Chile que llevan tanto tiempo tratando de construir un país más justo, solidario e inclusivo.


La experiencia de las instituciones que trabajamos por la inclusión de las personas en situación de discapacidad puede servir para iluminar el camino. Si Chile despertó, todavía no abre los ojos. Y las personas con discapacidad visual pueden ayudarnos a ver. ¿Ver qué? Que los efectos sociales, económicos y laborales de las distintas formas de discapacidad son muy similares a las que provocan las distintas formas de exclusión que se han expresado en las marchas que hemos visto en nuestras ciudades.


Ante lo cual, y a raíz de lo que está sucediendo en nuestro país, hago un pequeño recuento para entender cómo lo están viviendo las personas con discapacidad.

• Ceguera y pérdida de visión son las dos formas de discapacidad más comunes en Chile. El 72,7% de la población adulta en situación de discapacidad declara sufrir de ceguera o pérdida de visión.
• La discapacidad afecta en mayor medida a los más vulnerables económicamente, a las mujeres y a la tercera edad:
o La mitad de la población adulta en situación de discapacidad se encuentra en los quintiles I y II de ingreso autónomo per cápita.
o Casi 1 de cada 4 adultos en situación de discapacidad no terminó la educación básica. A eso debemos agregar el 7,4% que no tuvo acceso a la educación formal.
o El 24,9% de las mujeres en edad adulta tiene algún tipo de discapacidad, frente al 14,8% de los hombres. El 14,3% de las mujeres declara una discapacidad leve (8,9% de los hombres) y 10,6%, una discapacidad severa (frente al 10,6% de los hombres).
o El 38,3% de la población adulta en situación de discapacidad tiene 60 años de edad o más. Y si sólo medimos la discapacidad severa, la desigualdad es aún más aguda, pues alcanza al 20,8% de los adultos mayores, casi triplicando al grupo entre 45 y 59 años.

Por nuestra parte, con el actual contexto nacional, hemos aprendido a abordar esta situación articulando al sector público, privado y toda una red de fundaciones, generando conocimiento, incluyendo a nuestros beneficiarios en el proceso, visibilizándolos e influyendo en la construcción de mejores políticas públicas. Reitero: no hemos solucionado el problema, no nos ha ido mucho mejor que al resto de los chilenos, pero al menos avanzamos en un ambiente más inclusivo, solidario y justo.


Finalmente, quiero regalarles una frase creada por una persona con discapacidad visual, integrante de la Orquesta Sonidos de Luz: “La inclusión no es una palabra que está de moda, es una forma de vivir en sociedad, aceptando al otro tal cual es, minimizando las barreras y ampliando las oportunidades, para que tengamos una sociedad mucho mejor. Si queremos incluir hagámoslo de corazón…” ¿Les hace sentido este mensaje el día de hoy?

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Abandono, abuso y angustia

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Esta trilogía explica la actual crisis social. No reconocer que entre un 30 y un 40% de la población del país se siente abandonado, abusado y angustiado por un sistema profundamente desigual es haberse quedado con que somos el país con el mayor ingreso per cápita de Latinoamérica y no haber leído la “letra chica”: somos también el con mayor desigualdad del continente.


O’Higgins es buen ejemplo de esto: en nuestro territorio hay más de 100 mil personas viviendo en pobreza extrema. Hoy más de 8 mil niños y jóvenes están fuera del sistema escolar en nuestra región; 400 mil familias viven como allegadas; y 8 de cada 10 adultos mayores tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza. La indignación frente al aumento de 30 pesos en la tarifa del metro de Santiago fue la chispa que encendió un pasto muy seco a lo largo de todo Chile, que ahora debemos entre todos hacer reverdecer.


Hogar de Cristo, Fondo Esperanza y Techo trabajamos en los territorios más excluidos y conocemos esta realidad de vulneración permanente. Ahora nos hemos unido en una iniciativa de participación inédita que denominamos “Círculos Territoriales” para dar voz a las poblaciones con que trabajamos: jefas de hogar, adultos mayores, jóvenes fuera del sistema escolar y/o laboral, personas con discapacidad mental, habitantes de campamentos… Ellos, con ayuda de una metodología y una aplicación digital probada, harán el diagnóstico de lo sucedido, levantarán sus problemas más urgentes y darán sus propuestas de solución para cada uno. Nosotros entregaremos el sentir y el pensar de 60 mil personas de Arica a Punta Arenas a las autoridades a fines de diciembre, aspirando a que los invisibles y mudos esta vez sí sean considerados.


Por Monserrat Duarte, Jefa de Operación Social de Hogar de Cristo.

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Capacitación

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Debido a la contingencia y a los temas que se están tratando a nivel nacional, es que siento el compromiso y deber de reforzar en la opinión pública la problemática que existe en el presente en materia de capacitación.


Desde marzo pasado se presentó el proyecto de Modernización del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), donde se presentan al menos dos problemáticas que valen la pena tratar.


En primer lugar, la inconveniencia del uso de la franquicia tributaria que se está concentrando en las grandes empresas, dejando fuera del sistema laboral a más de cinco millones de trabajadores chilenos que no han terminado sus estudios de cuarto medio.


Por otra parte, la carencia de flexibilización del SENCE, donde muchas veces no se permite la implementación de metodologías innovadoras y efectivas, como una propuesta a aquellas formaciones presenciales y/o e-learning, que si bien son muy conocidas dentro del mundo educativo, estarían generando un impacto menor al esperado.


Si evaluamos la evolución a la fecha, desde 2012, el número de capacitaciones realizadas al año en Chile ha bajado un 17%. Ahora hay un segundo “Proyecto de Ley SENCE” que enfrentamos en nueve años, y cabe preguntarse qué acciones tomará el Gobierno para seguir capacitando a todo ese universo de personas que no tiene estudios superiores y que necesita especializarse. Por el momento, se hace necesario considerar al menos un diálogo con los principales actores del sistema, como lo son organismos de capacitación -OTEC-, organismos técnicos intermediarios de capacitación- OTIC-, gremios y trabajadores.

Patricio Reyes
Gerente general OTEC R-yes

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