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La venganza de los mayas: el contagio con tabaco

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            Desde que algunos aborígenes de América descubrieron cierto placer en aspirar el humo del tabaco quemado, moviendo a los conquistadores a imitarlos, el cigarrillo y el uso del tabaco en diferentes formas, comenzó a extenderse como una plaga por el mundo. Curiosamente, fueron los mayas, en Centroamérica, los que le dieron nombre al cigarro, con la palabra que sonaba como “siyar”.

            Se ha dicho que se trató de una venganza de los nativos americanos, en especial de los sabios mayas, contra los extraños que llegaron a quitarles sus tierras y a contagiarlos con enfermedades de transmisión sexual. Desde entonces, hombres y mujeres, movidos por el afán simiesco imitatorio, han continuado fumando y causándose a sí mismos y a los que los rodean, los más grandes daños en su salud.

            Los últimos Gobiernos de Chile han impulsado campañas contra el cigarrillo. Se ha obligado a las empresas tabacaleras a imprimir en las cajetillas rostros de  enfermos de tabaquismo, como así mismo, frases advirtiendo del peligro que contienen. Se ha prohibido casi al máximo las propagandas del cigarrillo y se han limitado los espacios en los cuales es permitido fumar.

           Pero pareciera que nadie hace caso de esas advertencias Las Naciones Unidas, por intermedio de la Organización Mundial de la Salud, han realizado campañas universales contra el tabaquismo, pero la enfermedad sigue creciendo en el mundo.

            La “maldición  de los mayas”, muchos la han interpretado como el anuncio del fin del mundo. Tal vez ellos, cuya civilización fue muy avanzada, especialmente en astronomía, pensaron que inculcando a los invasores el vicio del tabaquismo, éste se extendería de tal manera, que terminaran todos fumando, envenenando el medio ambiente y produciendo, por último, el “acabo de mundo”, inhalando un aire irrespirable y muriendo todos en medio de azulejas volutas de humo!…

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Miguel González Navarro, el fundador

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Al celebrarse hoy un nuevo aniversario de este medio de comunicación, no podemos, dejar de mencionar el nombre del fundador de este diario y de la Empresa Periodística que lo edita.

            Miguel González Navarro, que fuera designado “Hijo Ilustre de Rancagua” y que recibiera la Condecoración Municipal “Medalla Santa Cruz de Triana”, nació en Rancagua el 23 de febrero de 1889, en el hogar de don José del Carmen González y de doña Agustina Navarro de González.

            Realizó sus estudios primarios en la Escuela Superior Número 1 de Rancagua (actual “Moisés Mussa”) y al obtener el título de ”mejor alumno”, recibió como premio una beca para la Escuela Normal “José Abelardo Nuñez”, de Santiago, en la cual también destacó todos los años como el mejor de su curso.

            Cumplió con su servicio militar en la Compañía Tren Número 2, en Limache, destacándose de tal manera que fue contratado por un año como Sargento Escribiente.

No era la carrera de las armas su vocación. Se retiró y posteriormente estudió Contabilidad en el Instituto Mercantil. Tras obtener el nuevo título trabajó como cajero y Agente de la “Singer”.

            Después de tres años, con el dinero ahorrado, emprendió un viaje de esfuerzo a Europa, recorriendo especialmente España,  Inglaterra y Francia. En París ingresó a la revista “Paris Select”, hasta que lo sorprendió el estallido de la Guerra de 1914. Decidió regresar a Chile y a su Rancagua, en 1915. 

            Después de varias actividades, determinó iniciar una pequeña Empresa Periodística cuyo primer periódico fue “La Semana”, que apareció el 15 de Agosto de 1915, y que se transformaría posteriormente en “El Rancagüino”.  En los siguientes años publicó también, simultáneamente, en distintas oportunidades, varios otros periódicos en Rancagua y ciudades como Rengo, San Vicente, San Antonio, Melipilla y Talagante.

            A cada una de esas publicaciones le dio una línea de absoluta independencia política y eminentemente regionalista, noticiosa  y servicial.  Fue también autor de varios libros y de algunas traducciones de obras del inglés o del francés.

            En 1918 contrajo matrimonio con una joven rancagüina de hermosos ojos verdes: Herminia Valenzuela Caviedes. Tres hijos: Héctor, Raúl y Gilda.

            En Rancagua fue miembro destacado del Rotary Club, del Club Social, Consejero de la Cruz Roja, fundador del  Círculo de Amigos del Arte y del Primer Círculo de Periodistas.

            Al cumplir 40 años de periodismo, en 1955, fue declarado Hijo Ilustre de Rancagua y la Municipalidad le otorgó la condecoración Medalla de Santa Cruz de Triana,

            El 15 de enero de 1945, un mes antes de cumplir los 70 años de edad, fue vilmente asesinado en su escritorio de trabajo, en el diario, al mismo tiempo que su imprenta y oficinas eran totalmente destruidas por el incendio provocado por las mismas manos criminales.

            Pero su gran obra, el diario que renació de sus cenizas, le sobrevive, y hoy cumple 104 años,  impulsada por su espíritu.

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Carretas en El Teniente

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En 1905 el gobierno chileno autorizó a la empresa norteamerica Braden Copper Company para iniciar la explotación del mineral El Teniente. Para poner en marcha la empresa fue necesario llevar a cabo diversas obras y para el traslado de los diversos elementos que se requerían se usaban carretas, como la que se muestra en la antigua fotografía. La segunda foto corresponde a un aviso que se publicó en esos años en La Semana -antecesor de Diario El Rancagüino- en que se solicitaba nada menos que 150 carretas.

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Catástrofe de la nieve en Sewell

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“Enormes rodados de nieve sepultaron a numerosas personas anoche en Sewell”…
Esa fue la primera noticia, en un destacado titular de “El Rancagüino”, encabezando la primera página de su edición del miércoles 9 de agosto de 1944.


El furioso temporal se había desencadenado sobre toda la zona central del País. Todas las comunicaciones con el Mineral de El Teniente estaban cortadas, pero las noticias, con retraso considerable, comenzaron a llegar a las oficinas de la Braden Copper Company. En Rancagua comenzaron a difundirse, siendo este diario el primero en dar detalles.


Nadie podía imaginar todavía los tremendos alcances de la tragedia blanca que se había desencadenado sobre el campamento minero. Noticias fragmentarias decían que algunos “camarotes” y (viviendas colectivas de los mineros) habían quedado sepultados por la nieve y que desde debajo de los escombros habían sido rescatados 17 cadáveres.


A medida que transcurrían las horas se supo de nuevas víctimas y que el primer rodado cayó a las siete de la tarde del día anterior, martes 8, aplastando los camarotes 60, 61 y 62. Otro rodado a las 10 de la noche, arrasó con cinco camarotes.


Poco a poco se fueron conociendo listas de muertos identificados que finalmente

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