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La venganza de los mayas: el contagio con tabaco

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            Desde que algunos aborígenes de América descubrieron cierto placer en aspirar el humo del tabaco quemado, moviendo a los conquistadores a imitarlos, el cigarrillo y el uso del tabaco en diferentes formas, comenzó a extenderse como una plaga por el mundo. Curiosamente, fueron los mayas, en Centroamérica, los que le dieron nombre al cigarro, con la palabra que sonaba como “siyar”.

            Se ha dicho que se trató de una venganza de los nativos americanos, en especial de los sabios mayas, contra los extraños que llegaron a quitarles sus tierras y a contagiarlos con enfermedades de transmisión sexual. Desde entonces, hombres y mujeres, movidos por el afán simiesco imitatorio, han continuado fumando y causándose a sí mismos y a los que los rodean, los más grandes daños en su salud.

            Los últimos Gobiernos de Chile han impulsado campañas contra el cigarrillo. Se ha obligado a las empresas tabacaleras a imprimir en las cajetillas rostros de  enfermos de tabaquismo, como así mismo, frases advirtiendo del peligro que contienen. Se ha prohibido casi al máximo las propagandas del cigarrillo y se han limitado los espacios en los cuales es permitido fumar.

           Pero pareciera que nadie hace caso de esas advertencias Las Naciones Unidas, por intermedio de la Organización Mundial de la Salud, han realizado campañas universales contra el tabaquismo, pero la enfermedad sigue creciendo en el mundo.

            La “maldición  de los mayas”, muchos la han interpretado como el anuncio del fin del mundo. Tal vez ellos, cuya civilización fue muy avanzada, especialmente en astronomía, pensaron que inculcando a los invasores el vicio del tabaquismo, éste se extendería de tal manera, que terminaran todos fumando, envenenando el medio ambiente y produciendo, por último, el “acabo de mundo”, inhalando un aire irrespirable y muriendo todos en medio de azulejas volutas de humo!…

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Historiador Gonzalo Bulnes fue diputado por Rancagua

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Es difícil que alguien lo recuerde, porque se trata de una figura humana casi olvidada. Nos referimos al historiador y político, Gonzalo Bulnes Pinto, cuya obra más difundida fue su “Historia de la Guerra del Pacífico”.


Pero conviene recordar hoy que también fue diputado por Rancagua, en 1884, cuando tenía 33 años de edad. Antes fue Intendente de Tarapacá, en 1883 y años más tarde, en 1912, senador por Malleco, hasta 1924.


Gonzalo Bulnes nació en Santiago el 19 de noviembre de 1851. Realizó sus primeros estudios en el colegio de los Padres Franceses, continuándolos en el Instituto Nacional en Santiago.
Cuando tenía 20 años de edad, sus padres lo enviaron a continuar estudios en Europa, en donde permaneció por algunos años.


Al producirse la Guerra Civil de 1891, militó en el bando contrario al Presidente José Manuel Balmaceda. El conflicto bélico lo movió a unirse con otros anti balmacedistas, para intentar cruzar la Cordillera de los Andes, lo que no pudieron realizar por el pésimo estado del tiempo. En una de las más recias tormentas resultó muerto Demetrio Lastarria hijo del rancagüino don José Victorino.
En 1898 fue nuevamente elegido diputado y posteriormente designado Embajador de Chile en Alemania e Italia, tareas que cumplió en los siguientes cinco años.


Su labor como escritor, la inició colaborando en periódicos y publicando sus libros con temas históricos.

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Primer periódico en Rancagua fue fundado el año 1868

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En varias ocasiones me he referido al nacimiento del primer periódico que tuvo nuestra ciudad de Rancagua. Se llamaba “El Agricultor” y fue fundado en 1868.


Ahora, cuando en “El Rancagüino” ya cumplimos 103, queremos repetir un breve recuerdo de ese olvidado antepasado periodístico, que en esa época causó en Rancagua parecida sensación a la que experimentó Santiago con la aparición de “La Aurora de Chile”. ¡Por fin los habitantes de este pueblo tendrían un vocero de sus inquietudes y un medio para expresar sus pensamientos.


“El Agricultor” era un periódico de formato pequeño, con cuatro páginas en las que estaban distribuidos la “Lectura” y los “Avisos”. Sus titulares poco destacados, como en todos los periódicos de ese tiempo. Su precio era un poco alto: 15 centavos el ejemplar.


Su vida fue breve, pero tuvo el gran mérito de demostrar que esta ciudad era capaz de tener su propio vocero periodístico.

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O’Higgins elegido Director Supremo

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RECORDANDO… Por Héctor González V.


El 16 de febrero de 1817, de un cálido verano, a pocos días de la gloriosa batalla de Chacabuco. En el ambiente se respiraba la euforia del triunfo conseguido tras el temerario pero valiente ataque de la división al mando de Bernardo O’Higgins, convertida en ese momento, improvisadamente, en vanguardia del Ejército Libertador de los Andes comandado por San Martín La avasalladora carga de O’Higgins, obligó a los realistas a retroceder. Fue apoyada por la división del brigadier Soler que, descendiendo de los cerros, atacó por el costado a los desconcertados españoles. ¡EL TRIUFO DE LAS ARMAS PATRIOTAS FUE DECISIVO!… Santiago quedó despejado de enemigos armados.


Llegó el momento de elegir a un Director Supremo para que organizara la recuperada República. Muchos pensaron en el General San Martín, pero éste no aceptó, reafirmando su anhelo de seguir en la lucha por la libertad de América y pidiendo que se designara como Director al general Bernardo O’Higgins.


La gente aceptó con entusiasmo y todos salieron de la sala del Cabildo en donde se efectuaba la reunión para trasladarse a la casa de don Mateo de Toro y Zambrano, que era donde moraba provisoriamente O’Higgins.


Llevado por la multitud que lo avivaba, llegó hasta el Cabildo, en donde fue solemnemente consagrado como Director Supremo, prestando el juramento de rigor, aceptando el cargo: “¡Por Dios, nuestro Señor, sus Santos Evangelios y mi palabra de honor!”.


Se inició así la difícil tarea de reconstruir el Estado, declarar formalmente la Independencia de Chile, crear e impulsar la creación de la primera Escuadra Nacional y el Ejército Libertador del Perú, realizar una admirable labor de progreso y dejar al país libre de las fuerzas hispanas que lo dominaron durante tres siglos.

A través de seis años, se dedicó intensamente a reconstruir la Patria libre y soberana, hasta el día en que, en 1923, abdicó del mando y decidió marcharse al Perú, en donde vivió el resto de su vida.

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