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Editorial

Agosto: mes de la reflexión

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Ya en el segundo semestre del año “se nos apareció agosto”, y “hay que pasarlo”, como dice el dicho popular chileno. Sabemos que, en Chile para algunos, y especialmente los adultos mayores, es un periodo que- medio en broma y medio en serio-deben enfrentarse aún a las enfermedades o achaques típicos de un inverno que aún no nos abandona.

Sin embargo, y para terminar con estos malos augurios, agosto se ha convertido en mes de celebración oficial de los Adultos Mayores, del Corazón, de los Gatos, de la Juventud, de la Solidaridad, de la Montaña, e incluso de nosotros, nuestro mes de Aniversario al cumplir ya 104 años de existencia. Pero con tantas celebraciones es necesario convertirlo en un mes de reflexión, la cual a mitad de año se nos hace muy necesaria.

Así es, pensar en la condición en que siguen viviendo día a día muchos de nuestros abuelitos, que algún día fueron nuestros padres. El estado de abandono de muchos nos debe hacer reflexionar sobre lo que queremos también para pasar y vivir nuestra propia vejez. A su vez, al ser el mes de la Juventud debemos promover su actitud de personas esenciales en los procesos de cambio y que generan una importante conciencia sobre los desafíos y problemas de su sociedad, como por ejemplo la vida de los adultos mayores en abandono. Se produce aquí un circulo virtuoso que puede generar grandes avances que tenemos que debatir, especialmente en este el mes de la Solidaridad, donde los jóvenes de nuestro país siguen teniendo un amplio rol y voz de mando.

Por nuestra parte, y en nuestro rol de comunicador social, valoramos estas acciones sociales y las buscamos para plasmarlas en nuestro diario. También queremos “pasar agosto” y para eso es necesaria la ayuda de todos y la motivación que nos dan para estar día a día buscando las noticias que competen a la comunidad local, a las instituciones, a las autoridades y a las grandes empresas y las pymes. Por eso, Vamos por más agostos!.

Ximena Mella Urra
Editora

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Columnas

La trascendencia en cuidados del pie: del error al horror

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Por: Patricia Olavarría Ochoa
Jefa de Carrera Técnico en Podología Clínica
CFT Santo Tomás Rancagua

Las enfermedades y dolor de pies afectan la calidad de vida y movilidad de millones de personas alrededor del mundo, especialmente cuando se trata de adultos mayores, diabéticos, obesos o personas con patologías de base.


Hoy se entiende que existe una relación directa entre la salud de nuestras extremidades inferiores y el bienestar general que podemos llegar a tener como personas y nuestra calidad de vida. Por esta razón, es fundamental tener los cuidados y seguir los consejos que especialistas nos proporcionen.
Si pensamos en conceptos tales como equivocación, inexactitud, confusión, descuido, nos referimos definitivamente a la comisión de un error, en algunos casos involuntariamente. Si este error correspondiera a una situación susceptible de ser corregida, entonces podríamos realizar un ejercicio que nos permita evitar nuevamente esa conducta o actitud y el tema se resuelve.


Distinto es cuando conscientemente caemos en situaciones difíciles y delicadas que no sólo afectan al individuo, sino que traspasa a su núcleo familiar, entorno y también al país. De tal manera, estamos hablando de errores que pueden llegar a la consternación, espanto y horror, porque no hemos asumido nuestra condición, no hemos seguido las indicaciones médicas y de especialistas y nos vemos envueltos en graves e irreversibles estados de salud.


La pretensión de este artículo no es asustarlos, es simplemente intentar crear conciencia, especialmente apuntando al autocuidado, no sólo a pacientes diabéticos, sino a toda la población. Los pies deben ser tratados por especialistas, es decir, un Técnico de Nivel Superior en Podología Clínica, único profesional facultado por el Ministerio de Salud para atender podológicamente los pies de pacientes diabéticos compensados, sin realizar tratamientos invasivos. Es relevante el control mensual con estos profesionales para mantener la salud de sus pies.


No es desconocido que una de las pandemias mundiales es la Diabetes Mellitus, cuyo destino inevitable, si no se siguen las indicaciones médicas y especialistas, puede llegar a la amputación de sección o totalidad de la extremidad inferior. Esto impide una vida normal para el individuo, familia y entorno, afectando su situación laboral, económica y autoestima, debido a largos tratamientos para recuperar un estado de salud que permita volver a ser un trabajador activo. Por lo tanto, también afecta directamente a la economía del país, dado que estos recursos podrían ser utilizados en otros beneficios que la ciudadanía pudiera requerir. Los pies sanos, nos proporcionan poder “pasearnos por la vida” con seguridad, tranquilidad y felicidad, además de mejorar nuestra calidad de vida y autoestima.

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Columnas

La deuda presupuestaria con la salud mental de los chilenos

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Los trastornos que afectan la salud mental de las personas se encuentran estrechamente relacionados a los estilos de vida y las condiciones de riesgo psicosocial, las cuales son desiguales según nivel socioeconómico, edad, sexo y etnia, entre otros variables.


Sabemos que las inequidades en el acceso al bienestar se acumulan para los grupos más vulnerables en cualquiera de estas dimensiones. Por ejemplo, las condiciones de acceso a la salud serían considerablemente menores para una mujer de 70 años que vive en la comuna de Hualaihué (Región de Los Lagos) que para un hombre de 30 años que vive en la comuna de Santiago. De ahí la importancia de generar instancias que permitan tomar conciencia sobre los diversos modos de enfermar de la población y eliminar el estigma social asociado a este tipo de desórdenes.


En ese sentido, abordar los trastornos anímicos y mentales, y reflexionar acerca de su ligazón con los estilos y la calidad de vida de las personas es primordial. Por otra parte, realizar actividades que contribuyan a la comprensión de las necesidades de las personas que padecen este tipo de perturbaciones, ya es un imperativo como sociedad.


Se espera que un mayor conocimiento acerca de este tipo de enfermedades, vaya aparejado de mayor conciencia acerca de las condiciones de vida que acompañan el surgimiento de determinados modos de enfermar y de la importancia de contribuir como sociedad a mejorar las condiciones de vida de la población, orientando el trabajo de los equipos y las comunidades a la prevención, tal como lo propone el Plan Nacional de Salud Mental (Minsal, 2017).


Sin embargo, más allá de estas modificaciones culturales, se hace urgente que el Estado de Chile aborde su histórica deuda con la salud mental de los chilenos.


En un artículo de Errázuriz, Valdés, Vöhringer y Calvo (Revista Médica de Chile, 2015) se revisan cifras que revelan un deficiente financiamiento de la salud mental, el cual tampoco ha aumentado de acuerdo a los objetivos del Ministerio de Salud. Por otra parte, según el Informe Anual Estadísticas de Licencias Médicas y Subsidio por Incapacidad Laboral de la Superintendencia de Salud (2019), las licencias médicas tramitadas por afecciones de salud mental encabezan el gasto nacional en coberturas de salud y han aumentado 12,3% entre 2017 y 2018.


Considerando la intención de otorgar una atención digna a los pacientes que padecen trastornos de salud mental, sería deseable aumentar el porcentaje del presupuesto público de salud a este ítem, así como estudiar qué patologías mentales requieren ser incluidas dentro de las nuevas enfermedades del plan AUGE/GES. Sin embargo, se requiere también avanzar con mayor propósito en las promesas del Plan Nacional de Salud Mental, orientadas desde figura de derechos humanos, especialmente en la perspectiva de participación en salud y que implica un cambio cultural importante en la comunidad.


En este sentido, el abordaje de este tipo de enfermedades no puede ser en la misma lógica de las afectaciones somáticas, dado que su curso depende, en una buena parte, de las condiciones de vida de quien las padecen. Se requiere, entonces, de presupuestos orientados a impulsar cambios en los hábitos, transformaciones culturales y relacionales orientadas a la integración social y la inclusión, tareas en las que nuestro país recién se inicia.

María Ester Buzzoni
Psicóloga y docente Universidad San Sebastián

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Columnas

OPINION: 11 de Septiembre, el nunca más es tarea de todos

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Nicolás Yáñez Garrido
Socio de Stone, Rodríguez & Yáñez, Asesorías Legales

  Esta semana se conmemoró el aniversario número 46 del Golpe de Estado ocurrido el 11 de septiembre de 1973, una fecha que no es ajena para ningún chileno, y que trae aparejado una serie de actos, homenajes y reflexiones propias de la histórica fecha. Dentro de todos los recuerdos que dicha época trae para algunos, incluido el dolor, el perdón, e inclusive la resignación, siempre queda en la palestra del lector y del ciudadano común la frase “Para que nunca más”. 


  Pero antes de que nos reunamos a través de este texto, y logremos el apotegma propio de esta situación, siempre es bueno ser sincero, lo que me obliga a mencionar que escribir respecto de esta fecha siempre trae un poco de temor aparejado, toda vez que en calidad de ensayista es muy difícil dejar de lado las emociones y sentimientos respecto de una fecha que aún tiene a sus protagonistas y testigos caminando por las calles. Me disculpo anticipadamente en caso de incurrir en una ofensa para el lector.


  Así las cosas, siempre es bueno recordar que el quiebre democrático del 11 de septiembre de 1973 no fue un hecho inesperado, sino que fue una encadenación de hechos y circunstancias que concluyeron en un hecho detonante como el conmemorado. Es precisamente este punto donde es necesario profundizar; porque siempre recordamos que la dictadura duró 17 años, que existieron alrededor de 3.500 asesinatos, que existieron 100.000 casos de torturados, que inclusive ocurrió el Magnicidio del Ex Presidente Eduardo Frei Montalva (confirmado como tal este año), y obviamente son actos delictuales de lesa humanidad, absolutamente reprochables, por lo que los culpables están pagando y deberán seguir haciéndolo, toda vez que la dictadura deberá cargar con la muerte de todos aquellos inocentes asesinados y también respecto de aquellos culpables que no fueron sometidos a un juicio justo.  

  Pero nuestro deber como ciudadanos y al tenor de la consigna “Para que nunca más”, es tener en cuenta las circunstancias previas al Golpe de Estado, y esto nos debe remontar a un contexto histórico mucho mas antiguo que Allende y Pinochet, sino mas bien a todos aquellos condimentos que formaron el plato de fondo de este menú, porque en estas circunstancias ya no son los militares los responsables, sino que fueron todos los chilenos de aquella época, tanto políticos como ciudadanos. Así debemos recordar la polarización de la población en dos bandos antagónicos e irreconciliables políticamente, los discursos de odio de parte de la clase política, las posturas autoritarias tanto de la derecha como de la izquierda, la incapacidad de la clase política de sentarse a discutir y llegar a un acuerdo, las mentiras, la corrupción de las instituciones, y además la carencia de lealtad que sufrió el Presidente Allende de parte de sus propios partidos políticos; ¡Así es!, es fácil compartir el sacrificio del Presidente Allende y hacerlo propio, pero es ingrato ver que muchos de ellos, fueron los mismos que lo traicionaron. 


  Es tarea nuestra ser responsables del futuro de nuestro país, las decisiones que cada uno tome respecto de su visión política, trae consigo una responsabilidad monumental a futuro. Debemos ser responsables con nuestra democracia, que si bien no es un sistema perfecto, es el único donde todos podemos participar abiertamente, pero esto debemos cuidarlo, no siguiendo discursos de odio ni separatistas, sino más bien velando cada uno, por el debido comportamiento democrático de quienes nos representan. La historia, es una ciencia que nos permite no cometer los errores del pasado, pero la experiencia nos ha enseñado que la historia también es cíclica, por lo que esa consigna “Para que nunca más” debe dejar de ser una consigna, sino una política de vida de cada ciudadano, que busque cuidar la democracia que tanto costo recuperar. 

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