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Recuerdos de la vida en un hogar de niños y el reencuentro 35 años después

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Entre 1933 y 1997 funcionó el Hogar de Menores N°1 de Rancagua, que atendió a cerca de 180 pequeños y adolescentes. Pese a sus difíciles orígenes, ex alumnos destacan que allí adquirieron valores y disciplina, logrando doblarle la mano al destino. En 2017 se contactaron a través de redes sociales, luego de más de tres décadas sin verse las caras.

Marcela Catalán

A los 8 años, Eduardo Almuna (58) quedó huérfano de padre y su mamá se convirtió en viuda con tres hijos que alimentar y mantener. Luis (51) apenas tenía 8 meses. “El núcleo familiar se quebró. Sufrimos trágicamente la pérdida de mi papá y por lo mismo ella salió con un niño al lado y los otros dos repartidos en cada brazo, caminando por la calle”, recuerda Eduardo. A todo esto, Leontina sumaba la responsabilidad de ser el principal sostén de hermanos y otros parientes; necesitaba con urgencia encontrar un empleo.

En esas circunstancias ingresó a trabajar al Hogar de Menores N°1 de Rancagua, donde fue manipuladora de alimentos y sus hijos encontraron un techo bajo el cual vivir. Entre 1933 y 1997 funcionó dicha entidad, fundada por la masonería debido a la no existencia de una organización de este tipo en la zona. Su fin fue atender y cobijar a pequeños y adolescentes que se encontraban en situación de vulnerabilidad y/o cuyas familias se hallaban en condición de pobreza. Mientras estaban allí, todos debían estudiar. Por ende, concurrían a clases en recintos educativos cercanos, como el Liceo Óscar Castro, la Escuela Industrial y la extinta N°3, entonces emplazada en las actuales dependencias del Liceo de Adultos Francisco Tello, en Estado.

Cada uno se iba por su lado a su establecimiento. “Teníamos chipe libre, había una gran confianza de parte del director”, señala Eduardo, a lo que Luis agrega que “las rejas del hogar siempre estaban abiertas y nadie era obligado a quedarse. Quien quisiera, fácilmente podía irse”.

Eduardo sostiene que el ingreso de ellos dos y de su hermano José fue diferente al de la mayoría, cuestión que ratifica Óscar Moreno, profesor que dirigió la institución por casi tres décadas. “Es nuestro papá, le guste a quien le guste”, contesta Sergio Cifuentes (53), quien también vivió en el hogar. Al comienzo éste funcionó en el sector de Membrillar y más adelante fue trasladado a Avenida Cachapoal N°220, donde hoy opera el Colegio La República.

El conducto regular para internar a un niño consistía en que su familia contactaba a la entidad, en vista de su difícil panorama económico. Otra gente que conocía de la situación de un pequeño también hacía el nexo, rol que solían cumplir sus profesores, conversando con asistentes sociales que evaluaban las circunstancias. El Juzgado de Menores también intervenía, dice el ex director. El educador residía las 24 horas del día en la construcción, donde alcanzó a vivir con sus padres y esposa.

“Mi casa estaba al centro del patio. El compromiso era que yo me venía con mi familia, lo que significó que fui el más interno de todos. Para mí no había festivos, vacaciones, nada. Siempre andaba con los niños”, comenta tras llegar a El Rancagüino. Eduardo Almuna arriba pronto para acompañarlo.

Otro caso que califican como atípico fue el de un pequeño —su nombre ha sido reservado— que dormía bajo el puente de Cachapoal. Los recuerdos en torno a él son confusos. “Se ponía un apellido, pero no sabemos si en realidad tenía parientes que lo apoyaran. Llegó con Carabineros”, comenta Luis. “La historia es un poco nebulosa, porque fue difícil detectar quién lo encontró. Una familia lo tomó e hizo las gestiones para que ingresara”, relata Moreno.

La institución operaba bajo el patrocinio de la Asociación Protectora de Menores (Apromen). El maestro agrega que en un primer momento el recinto fue financiado sólo por particulares y la masonería, pero en la década del 90 ya recibía subvención del Servicio Nacional de Menores (Sename), según la propia entidad gubernamental.

A CLASES CON COLONIA INGLESA

A las 6:30 de la madrugada despertaban. Quienes tenían clases por la mañana se arreglaban para salir pronto al colegio, partiendo luego a hacer el aseo y a las duchas. “El cálefon se prendía 10 ó 15 minutos, durante un tiempo limitado”. Luego de vestirse, desayunaban juntos en el comedor común.

“Siempre servían leche con arroz, avena o harina tostada. Siempre leche”, agrega Cifuentes. “Por eso somos todos maceteados”, expresa entre risas Eduardo Almuna. Antes de que los primeros se fueran a sus escuelas, hacían una larga fila para que quien estuviera a cargo comprobara que se iban bañados y bien vestidos. “El tío revisaba si andabas con corbata, calcetas, cinturón… Recuerdo un detalle: cuando estabas listo, te echaba colonia inglesa”. Sergio y los hermanos sueltan fuertes carcajadas. “Los portones estaban abiertos y nos íbamos a estudiar por distintos lados. Muchos estaban en el Industrial, por lo que caminaban desde Cachapoal hasta República”, revela el primero.

A media jornada, los que permanecían en el lugar escuchaban la campana que anunciaba la colación. “Traían un plátano, cualquier cosa. Pero también gritaban ‘¡hay que ir a trabajar!’ Debíamos ordenar el patio tres, por ejemplo. En septiembre raspábamos y pintábamos los arbolitos de blanco con cal, las piedras, o sacábamos la maleza”, relata Luis. Su hermano comenta que los más grandes debían lavar su ropa en artesas, hacer pan y ayudar a cocinar.

“Aprendimos de todo. No conozco a alguno de nosotros que no sepa coser un botón”. Terminadas estas tareas y en canchas que en su minuto fueron construidas para ello, el grupo podía jugar fútbol, básquetbol o vóleibol. Los niños aprendían sus técnicas gracias a asociaciones deportivas que les enseñaban su práctica, luego de que Apromen consiguiera lo anterior.

En los tiempos libres también podían correr por el lugar junto a Moreno o realizar otras actividades, como ver la pantalla chica. En Semana Santa miraban películas, el sábado el programa de ‘Don Francisco’, otras veces disfrutaban de espacios deportivos, en el verano cantaban con el Festival de Viña y en otras ocasiones se entretenían con cintas policíacas o de pistoleros, como ‘El llanero solitario’. Eduardo Almuna hace una salvedad: “En esos tiempos no había mucha televisión que ver y no disponíamos de recursos como para tener uno bueno”.

Incluso hubo quienes participaron en competencias de ajedrez, entre hogares de menores.

Los campeonatos deportivos “eran las citas más ansiadas y esperadas por ellos”, garantiza el ex director. Durante su realización en noviembre, vendían bebidas, helados y empanadas en un quiosco que instalaron para sumar dinero, con tal de financiar paseos y vacaciones. También vendían entradas, con el mismo fin. “La galería se repletaba los sábados y domingos”, describe el maestro.

Tras este espacio de distensión, debían estudiar en una estancia común por cerca de dos horas, en mesas de a cuatro o cinco niños. Un adulto pasaba por cada una, vigilando sus avances. Cifuentes asegura que “los materiales necesarios para ir al colegio, la cartulina, los lápices, la regla, si bien no eran los mejores, siempre estaban”. Quienes entendían más, apoyaban al resto.

El almuerzo solía consistir en legumbres y no había espacio para mañosos. “No eran espectaculares, pero siempre teníamos qué comer”, añade Sergio. Por la noche y después de tomar once, se bañaban para luego dormir. Las luces debían estar apagadas a las 22 horas. Aunque la institución fue fundada por la masonería, Luis Almuna dice que se permitía la visita de grupos que pretendían dar orientación religiosa.

VIAJES EN CAMIONES CON COLCHONES

Grupos de familiares y amigos de la masonería apadrinaban a los niños, contribuyendo a que pudieran celebrar diferentes actividades. De este modo se lograba festejar los santos, dividiéndolos en grupos según las fechas en que el calendario destacaba sus nombres. Así se realizaban completadas ansiadas por los chicos. “¡Tomar bebida, uf! ¡Era maravilloso!”, rememora Eduardo, en tanto su hermano recuerda que taxistas del Mercado se organizaban para darles vueltas por la plaza de Rancagua, “cuando todavía se podía transitar en vehículo. Después nos íbamos a Machalí”.

“¡Nos paseaban por dos o tres cuadras y nosotros éramos felices!”, agrega Cifuentes. Trabajadores de la entonces Pullman hacían lo propio.

Cada tres meses también celebraban los cumpleaños de manera grupal, “porque no habían tantos recursos ni tiempo” para festejar de modo individual.

Por otro lado conseguían los medios para llevar a los niños de vacaciones por 15 días, con el fin de entusiasmarlos a permanecer en el hogar y amenizar sus vidas. En las Termas de Cauquenes disfrutaron de onces y baños en piscinas, además de ir a Pichilemu y San Antonio. Algunos conocieran por primera vez la playa. “¡Cargábamos las colchonetas en los camiones y partíamos!”, afirma Eduardo Almuna con alegría. “Para nosotros, era lo último de bueno”. Los viajes iluminaban la existencia de los niños, pero también podían remover sentimientos y complicar las cosas.

En una ocasión uno se negó a retornar a Rancagua: el lugar donde estaban reflotó la imagen de su casa. “Cuando fuimos a Mostazal, hacia Pilay de O’Higgins, recordó su vida en el campo y nos costó una barbaridad regresar con él. Además hubo un enamoramiento que desembocó en matrimonio. “Fui padrino del casamiento, fue una cosa grandiosa”. Óscar Moreno se enternece.

Los almuerzos de los domingos igualmente eran esperados, pues ese día podían comer platos que no eran la regla. “Puré con pollo y bebida… carne”, ríe Luis. “Conversando sobre esto, me acuerdo de tantas cosas. Me emociono con tantas historias y situaciones”, dice Cifuentes.

ROMPER LA BURBUJA”

Cuando se evaluaba que uno de los chicos estaba preparado para salir a solas, los sábados o domingos podían ir a las casas de sus padres o visitar a otros parientes cercanos. “La idea era que no perdieran la comunicación con sus familias, para que los reconocieran al egresar de la institución”, argumenta Moreno.

El ex director afirma que ciertas despedidas impactaban en gran medida a quienes partían. “Algunos eran muy emotivos; otros sencillamente se iban cuando los venían a buscar. Antes hablábamos sobre su caso con el resto de los jóvenes”, para explicarles sobre su ida. Durante el periodo que estuvo a cargo, cree que por el hogar pasaron alrededor de 180 menores de edad.

También ocurría que los parientes solicitaban el retiro de un muchacho de la institución, para que comenzara a trabajar. Conforme con Moreno, debido a sus complejas circunstancias, pocos alcanzaban la enseñanza media.

Una vez que abandonaban el hogar, debían vérselas por sí mismos y las dificultades eran sorteadas de modo desigual, dependiendo de si contaban o no con apoyos externos. La suerte les era disímil. El caso de los hermanos Almuna fue complicado, porque a la temprana pérdida de su padre, sumaron pronto la de su madre: al ser el primero de los tres en salir de la institución, Eduardo no tuvo adultos a los cuales recurrir. “Cuando ella falleció, nosotros quedamos a la deriva y tuvimos que batallar afuera. Se rompió la burbuja. Yo no estudié mucho, entonces tuve que buscar trabajo con menos herramientas”, explica.

No obstante, destaca que pudo salir adelante: “Fue difícil, porque con poca educación hay escasas posibilidades, pero logré ingresar a una empresa donde me dieron oportunidades y pude surgir. Hoy tengo dos hijas universitarias y un hijo con empleo estable. Es mi orgullo, porque de chico me dieron orden (en el hogar), con horas para estudiar y acostarse”, relata.

La familia de Sergio Cifuentes era de Valdivia y a los 13 años fue internado en el recinto. Sus buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) le permitieron continuar contando con el respaldo de la masonería e ingresar a Ingeniería Mecánica en La Serena. Desde tercero medio recibía la Beca Presidente de la República. En 1986 y debido a su acceso a la educación superior con otros tres jóvenes del recinto, los cuatro fueron entrevistados y fotografiados por El Rancagüino —en la imagen en blanco y negro, él y otro pupilo rehúyen al lente de la cámara, como se puede ver foto—. Superaron “las dificultades y limitaciones que su situación les imponía”, destacó la bajada de la nota. Respecto a los demás, accedieron a Pedagogía Básica en el Instituto Blas Cañas de Santiago, y a las carreras de Mantención de Equipos Industriales e Ingeniería en Minas en Copiapó. “Del hogar a la universidad”, enfatizaba el titular de la época.

En su caso, tras abandonar la entidad, Cifuentes regresó para demostrar su gratitud por la ayuda recibida. “Cada cual se iba a la vida a aplicar lo aprendido, las pocas o muchas herramientas que teníamos. Yo tuve la fortuna de poder seguir estudiando. Tras titularme devolví la mano siendo tío por un par de años, enseñando a los muchachos distintas cosas”. Aunque Sergio recuerda con alegría su paso por la institución y ríe con las historias, evita referirse acerca de su arribo. También protege a otros compañeros. “Siempre evitaremos dar nombres”, explica.

Sobre el cierre de la entidad, Moreno argumenta que fue producto de los cambios instaurados por el Estado. “Desde Santiago aceptaban la salida de un chico, pero mandaban a otro. En Graneros se creó un sistema de internación, con muchachos con problemas delictivos que empezaron a enviarnos. Llegó un minuto en que ellos no ajustaron su manera de ser y todo fue un fracaso. Surgieron conflictos con el vecindario, porque se arrancaban saltando la reja. Eso no había ocurrido jamás de los jamases”.

El profesor relata que advirtieron de la situación a Sename, pero la respuesta fue que no había marcha atrás. Fruto de ello, los socios del hogar resolvieron que el recinto dejara de operar. Es así como enviaron la petición respectiva al organismo gubernamental, “a través del Tribunal de Menores. Varios meses después nos dieron el sí, aunque el compromiso fue que reubicáramos, dentro de otra institución en la provincia, a los niños sin parientes o cuyos familiares no querían encargarse de ellos. De a poco se fueron… uno o dos por mes. A algunos los fueron a buscar; para otros, debimos pedir amparo a entidades de Rancagua y de afuera”.

LUCHÁNDOLE A LA VIDA”

No recuerdan qué alumno del hogar envió el primer mensaje, pero los contactos fueron retomados en 2017 y gracias a las redes sociales, desde el principio con el fin de hacer algo colectivo. De este modo, después lograron reunirse alrededor de 40 ó 50 de ellos. “Estábamos todos dispersos, por lo que muchos de nosotros no sabíamos qué había sido del resto. Sin embargo, a través del boca a boca se consiguió sumar gente y el encuentro se produjo aproximadamente 35 años después de haber egresado. Ni siquiera pudimos reconocernos. Fue bien emotivo ver a gente que conocimos de niños y sin pensar que quizá volveríamos a estar juntos”, sentencia Eduardo.

Al salir el hogar se fue de Rancagua y vivió 8 años en Los Ángeles. “Me había perdido un poco”, dice sobre el impacto del reencuentro. Aunque la primera reunión fue en el marco de un asado, tanto los hermanos Almuna como Cifuentes coinciden en que lo más importante pasó cuando se reunieron en el ex hogar de menores, el actual Colegio La República, en Avenida Cachapoal N°220.

Hacía frío y Eduardo llegó en colectivo. Desde el auto intentó divisar a antiguos compañeros para reconocer sus rostros. “Me bajé y empecé a mirar… ‘Allá está él, y allá él…”. Lo que siguieron fueron “abrazos de hermanos”. “Quien nos reunió, quizá no dimensionó lo que esto significaba”. “Los muchachos habían envejecido, tenían poco pelo, pero mantenían las facciones”, señala Sergio. Muchos se sorprendieron y lloraron, porque volvían a su casa. “No hay palabras para poder explicar esa experiencia”.

En la ocasión recorrieron todos juntos el lugar y visitaron los dormitorios y diferentes estancias, acompañados por el ex director Óscar Moreno y trabajadores del recinto, “otros tíos”, como los siguen llamando. Esa vez realizaron una ceremonia y recordaron momentos y personas relevantes para los presentes. Al finalizar la tarde, se fotografiaron en grupo.

En junio de 2018 se constituyeron legalmente como la Agrupación de Ex Alumnos del Hogar de Menores N°1 de Rancagua. Su fin es reunir fondos para apoyarse entre ellos, en consideración de las desiguales condiciones en que quedaron y viven hoy. En la actualidad son 17 socios y les interesa que sepan sobre su reunión quienes ignoran el reencuentro.

“Algunos no tienen idea sobre nosotros. Las circunstancias son diversas. Unos barren las calles, trabajan en la minería, al norte, otros son camioneros, pero todos estamos luchándole a la vida”, afirma Cifuentes. Los integrantes de la entidad desean contar con una sede, donde reunirse y coordinar sus planes sin molestar a terceros. Si alguna entidad gubernamental, edilicia y/o privados desea respaldarlos, puede contactarlos al +569 98408920.

La agrupación hoy ayuda a compañeros que atraviesan por problemas. Marcos Lagos sufre de hemofilia y en enero fue a visitar a su hija a la Región del Maule, pero en la playa se cayó y golpeó la cabeza. Quedó con la mitad del cuerpo sin movimiento y vive como allegado con una hermana en Machalí, quien debió dejar de trabajar para poder cuidarlo. Por motivos de movilidad era necesario que estuviera en el primer piso, de ahí que le construyeran una pequeña pieza con recursos propios y donados. Sin embargo, como recibe una mínima pensión, desean auxiliarlo en el pago de sus importantes gastos médicos.

Otro que se crió con ellos fue ‘Papallina’ —su nombre se mantiene bajo reserva, por motivos de privacidad—. “Supimos que estaba de allegado y con aportes nuestros le hicimos una pieza de dos por tres. Es un cuarto pero a él le sirve mucho, porque entre comillas pudo sacar a su familia del mayor hacinamiento en que estaban. Un socio le consiguió trabajo en Agrosuper y gracias a Dios firmó contrato indefinido, por la responsabilidad demostrada en su pega”, destaca Cifuentes.

Como agrupación también desean transmitir sus experiencias a niños que por estos días viven en hogares, en pro de impulsarlos a esforzarse por revertir sus circunstancias. “Queremos abrazarlos y decirles que nosotros estuvimos en las mismas. Tenemos historias duras, sin embargo, si quieren, ellos también pueden superarse. No somos los mejores, pero no cualquiera se para al lado nuestro”.

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Mineros, Bomberos y Carabineros aprueban curso de Rescate minero

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Gracias al financiamiento de la Seremi de Minería con recursos del FNDR, se ejecutó el curso “Recate Minero”, a través de un convenio firmado entre la Asociación Gremial de Mineros de la Sexta Región, Asomin, y la OTEC BRIE del Cuerpo de Bomberos de Rancagua, con el fin de resguardar la seguridad de las faenas en el Distrito Minero de Chancón.

Los módulos que formaron parte del Curso “Rescate Minero” se realizaron en la Escuela Mina Planta de Chancón, minas de este distrito y las instalaciones de la Academia de Bomberos, con el fin de que los ejercicios prácticos fueran lo más cercano a la realidad posible.

El curso de capacitación contempló tres simulacros y un módulo con relatoría por parte de ONEMI, además de otras clases a cargo de los relatores y rescatistas Mauro Pantoja, Manuel Kuwahara, Mauricio Bravo, Juan Aros y Diego Rojas.

El Seremi de Minería, Manuel Cuadra Lizana, sostuvo que “la seguridad en la pequeña minería es un tema fundamental para el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera y como sociedad tenemos que estar preparados para atender estos temas vitales. Y digo vitales en el estricto sentido de la palabra, porque está involucrada la vida de las personas”.

En este sentido agregó que los conocimientos impartidos en este curso han dotado a los participantes de “esa capacidad de reacción, conocimientos y destrezas que pueden hacer la diferencia entre la vida de una persona o -Dios no lo quiera- su deceso, dentro de una faena minera. Por este motivo, hay que destacar que tanto el Gobierno como toda la industria minera, hace enormes y permanentes esfuerzos en temas de seguridad”.

El presidente de Asomin, Michael Jiménez Obreque, comentó que “las brigadas siempre se forman en base a la voluntad, al igual que los Bomberos. Es una pasión por estar ayudando cuando hay una emergencia, entonces es doble mérito de ustedes, los mineros de Chancón y las instituciones que nos acompañaron, por hacer este curso que fue intensivo. Ustedes ya están preparados para cuando -Dios no lo quiera- pase una eventualidad. Este tipo de capacitaciones las necesitamos y como Asomin vamos a estar preparados para prestar una mejor colaboración cuando ocurra algún suceso inesperado”.

El Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Rancagua, Juan Carlos Field Bravo, comentó que ante las emergencias, a veces puede resultar complejo el funcionamiento del sistema del Comando Incidente, porque los estamentos involucrados no se conocen, razón por la cual, este tipo de capacitaciones mejora el trabajo de coordinación entre los involucrados en emergencias mineras.
Agregó que “la brigada está ya formada y tenemos que mantener la capacitación en el tiempo, para que podamos hacer el trabajo lo más rápidamente posible al rescatar a esa víctima que quedó atrapada, ojalá sin mayor peso sobre él”.

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El hombre que se aburrió de ser pacifico oyente y se transformó en personaje de la ciudad histórica

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-La nueva vida del conocido personaje está enfocada en la comuna de Requínoa, dedicada a trabajos esporádicos en carpintería junto a su señora. Sueña sacar un libro que reunirá todas las peripecias de este oriundo de Cautín que llegó para ser parte del paisaje urbano y testigo inminente en cada hecho relevante.

Gina Pérez Orellana
Fotos: Marco Lara- Héctor Vargas

Con la cuenta ya perdida de los carteles que ha confeccionado, Bernardo Cordoba Palma nos cuenta de su nueva vida. Con ya 78 años de edad este hombre conocido por todos como “el viejito del cartel”, “El señor de las pancartas” no posee segundo nombre. Casado con cinco hijos ya grandes. Abuelo.


Sus hijos, señala, ya están con sus vidas hechas, situación que le permite poder hacer lo que más le gusta, aunque nos aclara que antes nunca fue impedimento para que él demostrara su disconformidad en diversos temas.


Tampoco lo fueron el frio, la lluvia, el sol, el paso de los años, su salud que ha estado marcada por el diagnóstico de un cáncer que le detectaron hace dos años no ha sido impedimento para seguir encarando a la clase política en las calles. Su última reaparición fue el que tuvo que ver el caso de los ministros hace menos de un mes en el lugar de siempre frente al juzgado de Garantía de Rancagua. De contextura delgada, quien se hiciera famoso por golpear al ex subsecretario Patricio Tombolini frente a los tribunales, en el marco del denominado “Caso Coimas”, ha sido noticia tras distintas apariciones tanto en Rancagua como en Santiago, iniciando siempre su decálogo con “¡Corruptos!” de la cual no han escapado ni hombres ni mujeres, por nombrar algunos; Guido Girardi, Juan Pablo Letelier, José Miguel Insulza, Ricardo Lagos, Sebastián Piñera, Michelle Bachelet, Sebastián Dávalos.


Hoy su vida se traslada a la comuna de Requínoa, allí hace trabajos esporádicos y vive junto a su señora de nombre Pilar a quien define como una mujer muy buena “mi señora es un pan de Dios (…) Yo estoy bien casado oiga tengo cinco hijos cuatro mujeres y un hombre y ya soy abuelo. Mi señora tenía 21 años y yo 30 años”. Con orgullo y nostalgia recuerda de cómo se dio inicio a todo lo que es hoy “un personaje de la ciudad histórica” recuerda que estaba en su casa viendo televisión cuando sintió la necesidad de actuar “me aburrí de ser pacifico oyente y no actuar … no podía quedarme en casa sin hacer nada (…) Es que me colmó la paciencia en acto de segundo recordé que había un afiche político colgado aún en un poste y lo tomé dibujé un baúl como una caja de pandora abierta y con flechas que decía coimas, corrupción”. Así de esta forma se convirtió en el personaje que hoy es reconocido por muchos. Córdoba, deja en evidencia que no descansará y que seguirá hasta cuando las fuerzas le dé. Tal decisión es firme y la conoce su familia.


“Ellos no están muy contentos pero yo les dije ya los críe ahora ustedes deben dejarme a mi tranquilo. Ustedes tienen su vida. Esto lo hago en mi tiempo libre mientras no les falte nada a su madre. No hay problema. Con esto yo soy libre”. Toma aliento y suspira para agregar que “Esta es mi misión. Yo me baso en la biblia y no tengo miedo. He estado hasta en el Transantiago yo viajé y me enfrenté hasta a Zamorano”.

Y ¿ Qué lo mueve?
R: A mí me mueve la rabia… la impotencia

Palabras cargadas con emoción que hacen flaquear por un momento a este hombre que se ha ganado tanto por una parte el cariño de quienes lo ven como héroe, mientras otros lo consideran un “buscador de problemas”. Si hasta en un momento hasta pensó en dedicarse a la política para lo cual creó estatutos en lo que dio vida a lo que él llamó “ciudadano republicano” para lo cual reunió firmas y fueron más de 500, sueño que quedó truncado ya que requería “entrar en gastos” y hasta allí quedó.


Pero eso no lo hace sentir menos pues hoy ostenta el reconocimiento desde el más humilde al más conocido haciendo aseverar que “todos quieren tenerme de amigos me quieren tener en buena. Es que yo soy un hombre con convicción. Una vez más de alguno me ha dicho todos quisiéramos ser el hombre del cartel. Nadie me sigue juicio pues no soy insolente”.


Consultado sobre lo que sabe hacer para mantener el día a día nos comenta con orgullo y sonrisa fácil que se dedica a labores de construcción, dejando fuera la electricidad. Trabajo que no lo aleja de su sueño sacar un libro donde de cuenta de todas sus historias y pueda plasmar sus vivencias, y dejar en evidencia lo orgulloso que se siente por su familia, por los hijos que tiene y los logros obtenidos “Mi hija mayor es misionera cristiana en Concepción, casada. La segunda es ingeniera en Antofagasta. Otra vive conmigo con mi nieto ella es soltera. Otra está en Copiapó casada y el único varón trabaja en la mina La Escondida vino a verme para el día del padre y me regaló estos bototos”, los muestra con emoción mientras sus ojos se humedecen para luego sonreírnos. Este alto y delgado hombre oriundo de Cautín insiste en hacer resaltar que algún día sueña con sacar un libro, apoyado en ideas donde más de alguna vez ha sentido el apoyo de muchos que lo ven a él como un súper héroe, algunas veces montado en su bicicleta, otras acompañado de su perro, pero nunca abandonado de su cartel y su casco que lo defendió en sus tiempos más revolucionarios de carterazos e improperios, pues como él mismo define “ Nadie puede adoctrinarme” .

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Cientos de rancagüinos llegaron a tradicional desfile

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En la previa de la gran parada militar que se desarrolla mañana jueves 19 de septiembre en el Parque O´Higgins en Santiago; en Rancagua también tuvimos nuestra pequeña parada este 18 de septiembre.

El acto realizado en la Plaza de Los Héroes de Rancagua se desarrolló de manera impecable, el que inició con un pie de cueca que fue zapateado por parejas de cueca de O’Higgins, las que fueron animadas por el conjunto folclórico Telar de Rancagua. 

Tras eso el Comandante de la Brigada de Aviación Ejército, General de Brigada, Jorge Jaque Falcón dio un emotivo discurso en el que recordó el trascendental rol que el ejército ha desempeñado y sigue efectuando en los 209 años de historia del país.

Con un radiante sol que acompañó la jornada, cientos de rancaguinos y vecinos de diferentes comunas se apostaron en los alrededores de la plaza para disfrutar del evento militar que estaba dispuesto a comenzar. 

De este modo, el desfile fue seguido por una gran cantidad de personas, que aplaudieron la presentación de las unidades del Ejército presentes en nuestra región donde desfilaron en tropas sobre 400 personas y un contingente de Carabineros.

Al término de la ceremonia el Intendente Juan Manuel Masferrer destacó la solemnidad del desfile. “Felicitar al Ejército y Carabineros por una impecable presentación en el desfile que fueron parte de las celebraciones y tradiciones que tenemos como patria. Quiero rescatar el mensaje al diálogo de Monseñor en el Tedeum que buscan que los que todos los que somos parte país, estemos enfocados en mejorar la calidad de vida”. 

Mientras que el Comandante de la Brigada de Aviación Ejército, General de Brigada, Jorge Jaque sostuvo “agradecer a la comunidad que estuvo presente en el 209 aniversario de la creación de la primera junta nacional, inicio de nuestro proceso de Independencia y por lo tanto, nace la patria y nace el Ejército”. 

En tanto, el alcalde de Rancagua, Eduardo Soto apuntó “Comenzamos el día con la entrega de ofrendas florales a los pies del monumento al Libertador Bernardo O’Higgins, luego el tradicional tedeum, para terminar en el desfile donde estaban invitadas las agrupaciones cuequeras. Este es un desfile bastante breve, muy solemne, muy importante que este año contó con un gran marco de público, con una grata compañía, así que nuestras felicitaciones a quienes lo organizaron y de forma muy especial a las agrupaciones cuequeras que dieron el toque necesario de chilenidad en la Plaza Los Héroes de Rancagua”.

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