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Una bofetada al buen momento

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La opinión de Manuel Polgatiz
Periodista y comentarista deportivo

Más de 7 mil personas en las gradas (quizás una de las mejores asistencias en el año). Día tibio sin obligación de primeras capas ni calzoncillo largo. Entradas rebajadas a la mitad y accesibles incluso para los no hinchas celestes. Horario post siesta en domingo con escaso panorama.


O´Higgins en la tercera ubicación, como hace mucho no ocurría en un torneo nacional y con la posibilidad de meterse segundo si Colo-Colo pensaba más en el récord de Paredes, que en el partido con Cobresal (que terminó cediendo). Sin embargo, todo ese auspicioso panorama quedó en el olvido cuando terminados los primeros 45 minutos, el equipo local ya caía por dos tantos a cero.
En medio del encuentro un justo premio para el ex defensa rancaguino, Juan Fuentes, no sirvió para elevar los ánimos de los fanáticos, que iniciado el complemento, otra vez observaron al portero Ureta caminar cabizbajo a su propia puerta para recoger el tercer y definitivo gol forastero.


Surgieron así, nuevamente los fantasmas de Antofagasta. Se veía venir el saco lleno, la vergüenza y la desilusión. Pero nada de eso ocurrió, aunque el despertar fue lento y sin sentido. Los protagonistas estaban desconectados y con miserables ganas de dar vuelta el marcador. Las líneas desacomodadas y ampliamente distantes, impidieron hilvanar jugadas de eventual peligro. Los delanteros se aburrieron de quedar fuera de juego y la defensa abierta en el centro, posibilitó sin oposición las tres llegadas y los tres goles de Huachipato.


Un equipo tan bipolar como O’Higgins, con ese despliegue y nulo arrepentimiento, no puede pelear más arriba, porque desnuda infantilmente sus errores. El sueño de una mejor campaña está lejos del objetivo cuando los sueños se derrumban por falencias tácticas y técnicas. El techo de rendimiento es probable que ya se haya alcanzado y eso no deja de ser un problema y una desilusión. Se volvieron a sacar el overol y lo cambiaron por un fino traje burgués, que en el fútbol solo sirve para llegar a la fiesta, pero no es eficaz para pelear en la batalla de los 90 minutos.


Una bofetada al buen momento, que entierra la quimérica opción de estar en Copa Libertadores. A recuperar la humildad. ¡Entiéndalo bien!

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Valor patrimonial de la paya en Chile

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En mayo de 2016, en la ciudad de Colonia del Sacramento, Uruguay, la paya chilena fue inscrita en la Lista del Patrimonio Cultural del Mercosur sumándose así a la payada argentina y uruguaya, que ya contaban con este reconocimiento.

Un año más tarde, un decreto presidencial publicado el 03 de agosto de 2017, estableció que el 30 de julio de cada año sería celebrado como el Día Nacional del Payador, en atención a que fue en esa fecha que se creó la Asociación Gremial Nacional de Trabajadores de la Poesía Popular, Poetas y Payadores de Chile, AGENPOCH.

Ambos reconocimientos daban cuenta de la relevancia que esta expresión cultural tiene para el país y también para inscribir esta tradición en el gran marco de la poesía oral improvisada iberoamericana.

La paya forma parte de una gran vertiente llamada canto a lo poeta que tienen entre sus afluentes al canto a lo humano, a lo divino y, según algunos payadores, incluso a la cueca. Los payadores y payadoras (que cada día son más, dando cuenta de uno de sus principales rasgos: su versatilidad) están dispersos en gran parte del territorio nacional adoptando formas propias muy ligadas a sus localidades.

En apretada síntesis, una paya es siempre un duelo poético entre dos o más payadores que improvisan sus décimas haciendo gala de su destreza poética, su ingenio y también, a un nivel más profundo, de su sabiduría y su capacidad de representar la voz del pueblo.

La práctica de la paya requiere largos periodos de formación, habitualmente con maestros más avezados. Muchos payadores son, además, grandes ejecutores del guitarrón chileno lo cual suma un elemento adicional a las destrezas que requiere ser un payador.

Año tras año en este mes de septiembre diversos sectores recuerdan a la paya, pero se aprecia un desconocimiento sobre el inmenso aporte a la cultura y al patrimonio presente. Es importante que también en nuestro país respetemos y valoremos a nuestros payadores y payadoras, tal como se hace en el resto del continente, con sus decimistas, repentistas, o en Brasil pajadores.

Carlos Maillet A.
Director
Servicio Nacional del Patrimonio Cultural

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Excesos diechiocheros

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Una de las características más distintivas de la semana en que celebramos las fiestas patrias, es el inconfundible aroma de los alimentos sobre la parrilla. Ese estímulo no solo es capaz de fragilizar las voluntades de los más convencidos y aplicados en su plan de alimentación, y de todos quienes sueñan con un “verano sin polera”, sino que también es una guía que nos conduce hacia el más valorado punto de encuentro dieciochero con familia y amigos, la parrilla. Es ahí donde en un intento de autoconvicción, frente a la oferta de preparaciones que “rebosan en riesgo cardiovascular”, se comienzan a escuchar frases características, como: “una probadita no más”, “si total, no como esto todos los días…”, las que luego de varias probaditas de alimentos altamente calóricos, se sustituyen por “hay que vivir la vida” y “de algo hay que morir”. Sin negar que todas esas afirmaciones son válidas, y que también es válido comer lo que se quiera en el ejercicio de la libertad. El conflicto se genera cuando el comportamiento alimentario pasa a ser una consecuencia espontánea de impulsos que conducen a daños acumulativos en la salud, y cuando la ingesta, más que un complemento a los encuentros sociales en torno a la celebración patria, se constituye como un factor capaz de dominar a la razón y con ello anular conocimientos y compromisos de autocuidado. Iniciando con placer y terminando en disconfort y culpa, al punto de dar origen a los “comí tanto, que no me puedo ni mover”, y a públicas y aplaudidas promesas de “el lunes me pongo a dieta y me inscribo al gimnasio”. Frente a esto surge la pregunta con tono de réplica para los nutricionistas: ¿y entonces no podemos comer nada?, la respuesta es: Sí se puede!!!, y entre los muchos típicos consejos, recordando que la ingesta promedio adecuada para un adulto, es de 2000 Kcal/día, invito a que al menos decidamos respecto a las siguientes 4 sugerencias y datos: prefiera pebre y no mayonesa (20 Kcal v/s 80 Kcal por cucharada), prefiera bebidas sin azúcar (bebidas azucaradas aportan 110 Kcal por vaso de 250 ml), coma anticucho sin chorizo ni vienesa (puede evitar más de 200 Kcal por unidad, además de mucha grasa y sodio), baje la cuota de ingesta alcohólica (1 solo vaso de piscola puede aportar 250 Kcal). Solo con estas medidas se puede celebrar a la patria y compartir comiendo rico y más sano, evitando un importante exceso calórico y sus indeseables y conocidas consecuencias.

Stefanie Chalmers E.
Nutricionista, Fisiopatóloga.

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Cuando nadie lo espera aparece el fútbol

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La opinión de Manuel Polgatiz
Periodista y comentarista deportivo

La derrota como local ante Huachipato en la fecha pasada, caló hondo en Rancagua, pues, era la oportunidad precisa para alcanzar el segundo puesto del torneo nacional. Sin embargo, esas ambiciones se vieron truncadas por el errático juego de O’Higgins, que hizo todo para que el rival de turno se llevara los tres puntos.


Por eso y en el marco del desenfreno en que está la tabla de posiciones (ganas un partido y subes tres puestos, o pierdes y te asustas por el descenso), el enfrentamiento con Universidad Católica se avizoraba como uno de alta complejidad, no solo considerando la irregular campaña celeste, sino también, por pelear palmo a palmo ante el líder en su casa del barrio más ABC1 del país.


No fue extraño, por tanto, que Marco Antonio Figueroa tomara los resguardos para impedir la conexión entre los referentes “Cruzados”. Armó una línea bien marcada de cuatro defensores y un volante central. A ellos se sumó la presencia constante de los punteros, que colaboraron para detener los avances de ambas bandas. En resumen, cuando los rancagüinos no tenían el balón, eran siete los hombres que obstaculizaban el tránsito por las calles del volante creativo y el mixto.


Pero lo interesante de este cerrojo, es que la visita no abandonó el ímpetu de ataque y cada vez pudo, con sus propias armas o por errores del local, logró construir opciones de peligro, que se hicieron más visibles en el complemento, cuando Pol, López y Acevedo, pudieron abrir el marcador. Solo la impericia y falta de paciencia, determinaron que ninguno de esos contragolpes terminaran en la red, justo en el arco donde los hinchas celestes repletaron como siempre las aposentadurías.
Un empate digno y que otorga confianza. O’Higgins mostró fortaleza y sapiencia. Encuentro sabio y de hombres experimentados, que consiguieron plasmar un sistema táctico necesario para una fecha de alto impacto, que podía mandarte al grupo de abajo, donde pelea incluso un equipo azul con aroma a potrero.

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