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Editorial

EDITORIAL: El centralismo en Fiestas Patrias

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Estas fiestas patrias nuevamente será un gran feriado, seguramente una vez más miles de personas aprovecharan la festividad para salir de la ciudad. Seguramente como cada año, las autoridades llenaran espacios en los medios mal llamados nacionales -pero que responden al sentir santiaguino- dando a conocer una serie de medidas para prevenir los atochamientos en la carretera, y lamentablemente –una vez más- los habitantes de O´Higgins seremos victimas del centralismo, con medidas solo pensadas para la comodidad de los habitantes de la región metropolitana.

Seguramente serán grandes los esfuerzos que desde el gobierno central e incluso desde nuestra región los que se desplegaran para garantizar a los santiaguinos una rápida salida de la capital.
Estamos ciertos que la carretera no da abasto para la gran cantidad de usuarios que la utilizan en estas fechas, pero tal como los habitantes de la capital tienen derecho a utilizar la principal carretera del país los habitantes de la región de O´Higgins tenemos derecho a viajar hacia el norte en estas fiestas patrias, pero vemos coartado este derecho al restarse una vía a la carretera. Incluso a veces se piensa en un 4×0 en todo el by pass Rancagua.


Si las carreteras no dan abasto, o si las plazas de peaje se convierten en cuellos de botella que causan tacos, esas dificultades debe resolverlas el Estado y/o las Concesionarias y no pagar los costos quienes utilizamos estas vías. Una mayor tecnología que evite los cobros manuales o pensar en ampliar las rutas son soluciones, pero no es entendible que nuestras autoridades regionales, cuya misión es trabajar por el bien de esta zona, deban destinar largas horas y explicaciones a facilitar a los capitalinos el abandonar Santiago, complicando a quienes supuestamente representan viajar hacia el norte. En la práctica muchas veces nuestras autoridades nos prohíben viajar al norte, solo para la comodidad de los santiaguinos, olvidando que ellos se deben a su región y no a la capital. Por situaciones como esta es que urge el tener una autoridad ejecutiva regional electa popularmente, que responda ante sus electores y no ante su ministro en Santiago, pero necesitamos que esta autoridad tenga atribuciones reales para ejercer su cargo.


Otro punto a considerar es la eventual ocurrencia de un accidente, bomberos hay ubicados en todas las comunas pero las ambulancias del SAMU saldrán necesariamente desde Rancagua, si el accidente ocurre al norte de la capital regional el servicio de urgencia necesariamente verá incrementado su tiempo de respuesta al tener solo una pista para dirigir todo el tráfico hacia el norte, desde de Rancagua, y si es que por la contingencia se decide dejar en la ruta a las ambulancias ya de por si escasas, ¿Quién velará por la salud de los rancagüinos que puedan sufrir alguna emergencia ?.


El centralismo se vive y se siente, no se termina con anuncios o leyes sino es una actitud hecha de señales como la que acabamos de manifestar. Esperamos este año estar profundamente equivocados.

Luis Fernando González
Sub Director

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Editorial: Asamblea Constituyente

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En medio de esta crisis social que actualmente vivimos en el país con fuerza se ha instalado la idea de un cambio constitucional, como si una nueva constitución cambiase de un día a otro las crueles realidades contra la que la gran mayoría de los chilenos marcha.

Si bien un cambio en la Constitución, o incluso el realizar una nueva Constitución, no debiese ser de por sí símbolo de caos, Chile ha tenido varias constituciones a lo largo de su historia, el problema radica cuando este cambio se plantea más allá de la institucionalidad. Sea cual sea el mecanismo que se elija, si es que se opta por este camino, necesariamente debe pasar por el congreso -electo democráticamente- y terminar con un plebiscito que apruebe o rechace el texto. Ya sea un congreso constituyente que proponga una nueva carta magna, o una modificación constitucional votada por nuestro parlamentario para la realización de una “asamblea constituyente” u otro el mecanismo consensuado. Pero es en esta palabra donde radica el mayor dilema, el que sea no solo una constitución consensuada, sino que también sea fruto de un mecanismo consensuado sino se podría caer en los mismos vicios de origen que cuestionan la actual carta magna, que pese a llevar actualmente la firma de Ricardo Lagos se le cuestiona el haber sido escrita entre 4 paredes.

El problema que vemos es que este proceso que necesariamente tomará tiempo, pueda terminar siendo el detonante de un descontento aún mayor. Ya que, pasado el tiempo constituyente, sin cambiar no solo las leyes sino también la cultura y muchas otras urgencias, las grandes desigualdades persistirán y con cierta razón se podrá decir que no se ha entendido nada.

 Hay medidas más urgentes que tomar ahora, el mostrar que las personas -no los consumidores ni los ciudadanos- han sido escuchadas y comenzó un proceso de cambio, por ejemplo el que nuestro adultos mayores tengan buenas pensiones o los hospitales los insumos básicas para salvar vidas, o que las pymes que están en el suelo puedan levantarse y seguir generando empleos. Cuidado con los cantos de sirena que hablan de cambio constitucional y que hacen olvidar las urgencias del hoy, aunque también es cierto que es factible avanzar en paralelo en ambos caminos. De hecho esa debiese ser la formula.

Chile tiene la oportunidad de resolver el problema del cambio constitucional en un marco de convivencia cívica e institucional, donde no todos estarán de acuerdo en una Asamblea Constituyente, pero tener diversas visiones respecto al mecanismo óptimo de diseño de la nueva Constitución es legítimo y enriquece el debate.  La democracia solo se resuelve con más democracia.

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Columnas

Chile despertó… debe abrir los ojos

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Por Sofía Villavicencio
Directora ejecutiva de Fundación Luz

Hemos oído la descripción transversal de sensación de abuso, injusticia, exclusión que manifiestan las personas y que las autoridades están intentando canalizar de la mejor forma que puedan.
Y esa descripción nos resulta familiar, porque venimos enfrentándola desde el 1924, año en que fue creada Fundación Luz. Por razones que escapan a esta columna, el relato se nos hace conocido; es el de todos y cada una de las personas que pasan por nuestro colegio y los programas de estimulación temprana, de rehabilitación, de capacitación e inclusión laboral, entre otros. Somos pocas las instituciones en Chile que llevan tanto tiempo tratando de construir un país más justo, solidario e inclusivo.


La experiencia de las instituciones que trabajamos por la inclusión de las personas en situación de discapacidad puede servir para iluminar el camino. Si Chile despertó, todavía no abre los ojos. Y las personas con discapacidad visual pueden ayudarnos a ver. ¿Ver qué? Que los efectos sociales, económicos y laborales de las distintas formas de discapacidad son muy similares a las que provocan las distintas formas de exclusión que se han expresado en las marchas que hemos visto en nuestras ciudades.


Ante lo cual, y a raíz de lo que está sucediendo en nuestro país, hago un pequeño recuento para entender cómo lo están viviendo las personas con discapacidad.

• Ceguera y pérdida de visión son las dos formas de discapacidad más comunes en Chile. El 72,7% de la población adulta en situación de discapacidad declara sufrir de ceguera o pérdida de visión.
• La discapacidad afecta en mayor medida a los más vulnerables económicamente, a las mujeres y a la tercera edad:
o La mitad de la población adulta en situación de discapacidad se encuentra en los quintiles I y II de ingreso autónomo per cápita.
o Casi 1 de cada 4 adultos en situación de discapacidad no terminó la educación básica. A eso debemos agregar el 7,4% que no tuvo acceso a la educación formal.
o El 24,9% de las mujeres en edad adulta tiene algún tipo de discapacidad, frente al 14,8% de los hombres. El 14,3% de las mujeres declara una discapacidad leve (8,9% de los hombres) y 10,6%, una discapacidad severa (frente al 10,6% de los hombres).
o El 38,3% de la población adulta en situación de discapacidad tiene 60 años de edad o más. Y si sólo medimos la discapacidad severa, la desigualdad es aún más aguda, pues alcanza al 20,8% de los adultos mayores, casi triplicando al grupo entre 45 y 59 años.

Por nuestra parte, con el actual contexto nacional, hemos aprendido a abordar esta situación articulando al sector público, privado y toda una red de fundaciones, generando conocimiento, incluyendo a nuestros beneficiarios en el proceso, visibilizándolos e influyendo en la construcción de mejores políticas públicas. Reitero: no hemos solucionado el problema, no nos ha ido mucho mejor que al resto de los chilenos, pero al menos avanzamos en un ambiente más inclusivo, solidario y justo.


Finalmente, quiero regalarles una frase creada por una persona con discapacidad visual, integrante de la Orquesta Sonidos de Luz: “La inclusión no es una palabra que está de moda, es una forma de vivir en sociedad, aceptando al otro tal cual es, minimizando las barreras y ampliando las oportunidades, para que tengamos una sociedad mucho mejor. Si queremos incluir hagámoslo de corazón…” ¿Les hace sentido este mensaje el día de hoy?

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Columnas

Abandono, abuso y angustia

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Esta trilogía explica la actual crisis social. No reconocer que entre un 30 y un 40% de la población del país se siente abandonado, abusado y angustiado por un sistema profundamente desigual es haberse quedado con que somos el país con el mayor ingreso per cápita de Latinoamérica y no haber leído la “letra chica”: somos también el con mayor desigualdad del continente.


O’Higgins es buen ejemplo de esto: en nuestro territorio hay más de 100 mil personas viviendo en pobreza extrema. Hoy más de 8 mil niños y jóvenes están fuera del sistema escolar en nuestra región; 400 mil familias viven como allegadas; y 8 de cada 10 adultos mayores tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza. La indignación frente al aumento de 30 pesos en la tarifa del metro de Santiago fue la chispa que encendió un pasto muy seco a lo largo de todo Chile, que ahora debemos entre todos hacer reverdecer.


Hogar de Cristo, Fondo Esperanza y Techo trabajamos en los territorios más excluidos y conocemos esta realidad de vulneración permanente. Ahora nos hemos unido en una iniciativa de participación inédita que denominamos “Círculos Territoriales” para dar voz a las poblaciones con que trabajamos: jefas de hogar, adultos mayores, jóvenes fuera del sistema escolar y/o laboral, personas con discapacidad mental, habitantes de campamentos… Ellos, con ayuda de una metodología y una aplicación digital probada, harán el diagnóstico de lo sucedido, levantarán sus problemas más urgentes y darán sus propuestas de solución para cada uno. Nosotros entregaremos el sentir y el pensar de 60 mil personas de Arica a Punta Arenas a las autoridades a fines de diciembre, aspirando a que los invisibles y mudos esta vez sí sean considerados.


Por Monserrat Duarte, Jefa de Operación Social de Hogar de Cristo.

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