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Editorial

Redes sociales y opinión pública rancagüina

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Mucho se ha hablado de la difusión de ideas a través de las redes sociales, de cómo la aparición de esta web 3.0 viene a profundizar un cambio que ya se había comenzado con la web 2.0 en cuanto a la labor informativa de los medios.


Si bien todo lo anterior es cierto y da para muchas páginas de comentarios, también es cierto –en un fenómeno poco estudiado- que cada red social, vista en su individualidad y no como fenómeno en general, responde de manera distinta ante los mismos hechos; desde este punto de vista no sería correcto hablar de “redes sociales” como un todo, sino que se hace necesario diferenciar quienes son los usuarios de cada plataforma.


No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que está en internet es verdad. Pero todo lo dicho por los distintos usuarios de las redes sociales sobre un acontecimiento son opiniones válidas y que deben ser tomadas en cuenta. Sin embargo, aún, evaluar la opinión pública a través de los comentarios en una red social parece ser prematuro, de hecho, si las últimas elecciones presidenciales se hubiesen realizado via twitter lo más probable es que el resultado hubiese sido muy distinto al que legítimamente arrojaron las urnas y nuevamente queda de manifiesto que ante la súper abundancia de información que existe en la web, los medios tradicionales en sus diversas plataformas somos fuentes de credibilidad que le dan un respaldo de certidumbre a los hechos sobre los cuales la gente opina en redes sociales.

Luis Fernando González V.
Sub Director

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Columnas

La capacidad productiva chilena para la edificación acelerada en escenarios de catástrofe

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Por Marcos Brito A., gerente de Construye202

China es hoy, sin lugar a dudas, un referente mundial en desarrollo industrial en la producción masiva de productos de todo tipo. Pero, donde ha venido destacando en los últimos años es en la edificación acelerada. Así lo demostró frente a la rápida expansión del COVID-19, originado en Wuhan, al construir dos hospitales de emergencia en tiempos extremadamente acotados.


Solo 10 días bastaron para que China edificara dos hospitales, uno con mil camas y otro con 1.600 camas en 25.000 m2 y 36.000 m2, respectivamente. El mundo entero quedó impresionado por este gran logro, fruto del esfuerzo humano que, según diversos expertos, no requirió de más innovación que la capacidad de planificación y experiencia productiva industrial.


Pues bien, en Chile está la tecnología y la capacidad productiva industrial para edificación acelerada como la que se hizo en China. De hecho, el país tiene vasta experiencia en campamentos mineros y cuenta con redes internacionales de colaboración con otras industrias. Esto nos lleva a pensar en la urgente necesidad de conectar el knowhow con los servicios públicos que requieren dar respuesta rápida y eficiente que exigen escenarios de catástrofe.


El Consejo de Construcción Industrializada, impulsado por Construye2025 de Corfo, está preparado para ser el referente experto -desde la industria y la academia- para asesorar y brindar todo el apoyo para que el país pueda dar una calidad de respuesta de clase mundial frente a emergencias. Por lo tanto, ambas partes deben trabajar en conjunto para posicionar a Chile es como referente mundial en rapidez y eficiencia en la construcción.

¿Cómo edificar hospitales en 10 días?
En China, los dos recintos levantados para enfrentar la crisis del COVID-19 fueron basados en diseño y planificación, tal como sucedió cuando se construyó en solo siete días el hospital Xiaotangshan, en Beijing (2003), para afrontar la emergencia sanitaria del virus SARS. Desde entonces, los modelos pudieron ser mejorados en cuanto a sus procesos de logística y suministros, además de corregirse elementos de funcionalidad, en base a la experiencia de haber operado el primer modelo.
Además, China consideró factores concretos de aceleración en obra, como el uso intensivo de maquinarias, incluyendo 100 equipos de trabajo para lograr nivelar el terreno en solo 48 horas. Para esto, se organizaron turnos 24/7 con una alta participación de técnicos especialistas en montaje que, a pesar del mayor costo (150USD/día), logran importantes ahorros en tiempo gracias a su experiencia.

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Editorial

EDITORIAL: Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo.

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Mañana como cada 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, para poner de relieve la necesidad de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas con autismo, para que puedan llevar una vida plena y gratificante como parte integrante de la sociedad, según lo pide la declaración de Naciones Unidas.


El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida. Afecta cómo una persona se comporta, interactúa con otros, se comunica y aprende.


Rompamos las barreras sociales a través de la información, porque ellos y ellas también requieren de necesidades específicas de desarrollo. Pero también es menester comprender cuáles son esas barreras, para permitir una mejor adaptación a sus necesidades y reforzará la inclusión de estas personas en todos los ámbitos de la sociedad.


El llamado entonces, especialmente en días de Teletón y de Pandemia, a romper con los mitos y trabas en torno a esta condición, que muchos equivocadamente llaman enfermedad formando una imagen estereotipada del Autismo. Nos queda mucha tarea por delante, comencemos entonces por informarnos sobre lo que les sucede a las personas en esta condición, aceptarlos e integrarlos.

Ximena Mella Urra
Editora

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Columnas

OPINION: No es tiempo para individualismos

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Juan Carlos Jobet, ministro de Energía.

Vivimos la peor pandemia en siglos. Vemos en Chile y en tantos otros lugares del mundo cómo una nueva enfermedad, para la que todavía no hemos descubierto vacuna ni tratamiento, se expande a gran velocidad.

Una crisis de esta envergadura demanda esfuerzos de todos. La mayoría del país ha entrado en un ritmo más lento. Hay comunas en cuarentena obligatoria, se recomienda el teletrabajo, hay ciudades y zonas con cordones sanitarios.

Todo esto es necesario para proteger vidas, especialmente de los más frágiles, los mayores y los que sufren de enfermedades que podrían complicarse con el coronavirus.

Tenemos que quedarnos en casa, todos los que podamos hacerlo. Y para quedarnos en casa, necesitamos contar con los servicios básicos. Muchas familias estarán en dificultades para pagarlos. Por eso, el Presidente Sebastián Piñera, junto a ministros sectoriales, anunció un plan de ayuda al que podrán acceder siete millones de habitantes, alrededor del 40% de la población de Chile.

Para el sector eléctrico, este plan dispone que durante el Estado de Catástrofe las empresas no podrán cortar servicios básicos por deudas impagas; esa deuda se prorrateará en doce meses, sin intereses; y quienes tengan el servicio cortado, podrán solicitar su reposición.

Estas medidas –dirigidas a las familias del 40% más vulnerables- también estarán a disposición de personas que, durante el Estado de Catástrofe, demuestren su vulnerabilidad o imposibilidad de pagar servicios debido a las medidas que promueven o exigen el aislamiento social: mayores de sesenta años, personas que han perdido su trabajo, y otros casos excepcionales.

El Gobierno ha conseguido un acuerdo de las compañías y cooperativas del sector, grandes y pequeñas, para impulsar estas medidas sin costo fiscal y los parlamentarios de todos los sectores hicieron sus aportes para su diseño. Juntos debemos poner el cuidado mutuo en el centro.

Cuando hablamos de cuidado no se trata solo de proteger la salud de otros, se trata de buscar una mirada compartida sobre lo que nos está ocurriendo. La solidaridad no implica solo el aislamiento para no afectar a otros, sino también una solidaridad activa.

¿Qué significa esto en el caso de la energía? Que los que puedan pagar, paguen. Eso también es un acto de solidaridad con la marcha general del país. Estamos funcionando con mayor lentitud, pero, en sectores como el de energía que provee un servicio fundamental para la vida en sociedad, no podemos detenernos.

Y para eso es necesario que quienes pueden mantener el pago de sus cuentas, lo hagan. Esos recursos van a pagar los sueldos de los casi 100.000 trabajadores del sector y permiten financiar la operación que sustenta el suministro de electricidad.

Necesitamos esa electricidad para el funcionamiento del transporte, de los hospitales, clínicas y centros médicos, de nuestros electrodomésticos, de las redes que nos permiten seguir comunicados e informados.

Tenemos que mirar hacia el futuro. La crisis del COVID-19 es muy dura, pero pasará; y creo que una gran lección de la crisis será recordarnos la necesidad de la solidaridad mutua para salir adelante. Otro país emergerá de esta crisis, un país más consciente de que cada uno es responsable del bienestar de todos.

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