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Editorial

Redes sociales y opinión pública rancagüina

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Mucho se ha hablado de la difusión de ideas a través de las redes sociales, de cómo la aparición de esta web 3.0 viene a profundizar un cambio que ya se había comenzado con la web 2.0 en cuanto a la labor informativa de los medios.


Si bien todo lo anterior es cierto y da para muchas páginas de comentarios, también es cierto –en un fenómeno poco estudiado- que cada red social, vista en su individualidad y no como fenómeno en general, responde de manera distinta ante los mismos hechos; desde este punto de vista no sería correcto hablar de “redes sociales” como un todo, sino que se hace necesario diferenciar quienes son los usuarios de cada plataforma.


No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que está en internet es verdad. Pero todo lo dicho por los distintos usuarios de las redes sociales sobre un acontecimiento son opiniones válidas y que deben ser tomadas en cuenta. Sin embargo, aún, evaluar la opinión pública a través de los comentarios en una red social parece ser prematuro, de hecho, si las últimas elecciones presidenciales se hubiesen realizado via twitter lo más probable es que el resultado hubiese sido muy distinto al que legítimamente arrojaron las urnas y nuevamente queda de manifiesto que ante la súper abundancia de información que existe en la web, los medios tradicionales en sus diversas plataformas somos fuentes de credibilidad que le dan un respaldo de certidumbre a los hechos sobre los cuales la gente opina en redes sociales.

Luis Fernando González V.
Sub Director

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Recordando

Las muy viejas promesas de un muelle para Pichilemu

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Hace más de sesenta años, a mediados del siglo pasado, más precisamente el 7 de diciembre de 1950, en un día como hoy, fue dado a conocer, a través de este diario, el texto de una nota oficial enviada por el Ministro de Obras Públicas don Ernesto Merino Segura.
Se refería a la reiterada petición que se hacía al Gobierno para construir un muelle pesquero en Pichilemu. El Ministro decía, en su nota, que el Gobierno estaba “estudiando la construcción del muelle pesquero en Pichilemu”… Pasaron dos años, vino un cambio de Gobierno, el Presidente radical don Gabriel González Videla dejó su cargo, el ministro también y el resultado del estudio “nunca se supo”…

No se trata de una cosa curiosa, porque ya desde comienzo del siglo XX, distintos gobiernos, de diferentes colores, habían acogido la petición de los vecinos de Pichilemu y de las provincias de O’Higgins y Colchagua, para que se construyera el anhelado  muelle y que Pichilemu  recobrara su calidad de Puerto Menor. 

Hace algunos años, se obtuvo una especie de avance, con la construcción de una Caleta Pesquera, que fue destruida por el terremoto y tsunami de febrero del 2010 y fue reconstruida.
Pero no era esa la aspiración. Lo que se quería era la construcción de un nuevo muelle, que reemplazar el que fue intencionalmente destruido durante la sangrienta furia de la Guerra Civil de 1891.Era una obligación de los Gobiernos que se sucedieron, reparar ese gran daño causado a Pichilemu por la catástrofe guerrera. 

Personalmente, en mi niñez, en los veraneos en Pichilemu, en la década de los años20 y 30, conocí  los restos  que aún quedaban de ese viejo muelle desaparecido.    La Región del Libertador Bernardo O’Higgins, a pesar de tener más de cien kilómetros de costa, no tiene ningún muelle marítimo.  Antes tuvo dos: el otro fue el de Matanzas, que también desapareció.

Hector Gonzalez

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Columnas

OPINION: ¿Cómo seguir?

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Han pasado casi dos meses de estallido social y no logramos recuperar la paz, lo que tiene muchísimas consecuencias negativas en diferentes dimensiones y que a estas alturas son muy graves. ¿Cómo seguimos? Se han generado muchos diálogos en los que la ciudadanía ha podido ir expresando su malestar, sin embargo, pareciera que nada cambia.


Sería interesante poder tener todos esos diálogos sistematizados para hacerse cargo de lo allí planteado, que es el sentir ciudadano. Al interior de las empresas se observa lo mismo, diálogos con los trabajadores y la disposición de los empresarios a escuchar, predominando la reflexión personal sobre nuestras responsabilidades y los compromisos que podemos asumir para generar un cambio. Lo anterior, más allá de los beneficios de haber hecho la catarsis y lograr algunos acuerdos puntuales, parece ir quedando encapsulado en ese pequeño ambiente restringido y controlado. Para entender los efectos, vale recordar las encuestas que muestran que cerca del 80% de las personas encuestadas opinan que las empresas tratan mal y abusan de sus trabajadores, sin embargo, en un porcentaje similar, también opinan que la empresa en la que trabajan no es así.


Necesitamos seguir dialogando con apertura de nuestra mente y corazón para que, en una escucha empática, podamos entender lo que sucede desde lo profundo. Pero este tiene que ser mucho más amplio y tiene que tener por objeto producir cambios, generar acciones y/o proyectos que contribuyan a mejorar el ecosistema. Las empresas no pueden limitar el diálogo a sus trabajadores sino que tienen que extenderlo a cada uno de sus stakeholders y generar también diálogos más amplios con el conjunto de ellos.


Hoy este diálogo debe ser un mecanismo de construcción de una visión compartida del ecosistema que formamos, donde la empresa no es el centro ni el gestor de todas las iniciativas, sino que un actor más que aporta con todas sus capacidades, al igual que el resto de los actores, a generar actividades y proyectos que contribuyan a dar mayor bienestar. Este tipo de relacionamiento requiere de abandonar la soberbia y abrazar la humildad, de abandonar los prejuicios y dejarnos sorprender por los demás, de privilegiar el bien común y el valor de las personas. Como Symnetics creemos que estos espacios de conversación permiten construir un proyecto futuro de empresa, pero también de país, con una visión establecida, objetivos y valores comunes.


¿A qué le tienen miedo los empresarios y ejecutivos que no lo han hecho aún si de esto venimos hablando desde hace tanto tiempo? Pareciera que estuviéramos esperando que se cumpla el lema de nuestro escudo nacional: “Por la Razón o la Fuerza”.


Ese no es el camino. Estamos en el momento perfecto para explorar y reflexionar sobre las posibles evoluciones del entorno y atreverse a abandonar viejos paradigmas para emprender diálogos horizontales y de confianza con todos. Es más, debemos -entre todos- buscar caminos para hacernos cargo de las demandas y/o necesidades que se desprenden de dichos diálogos. Este tipo de instancias implican escuchar, pero también asumir responsabilidades.

Se debe aprender a hacer organizaciones de una forma nueva, con una mirada hacia el nuevo ciudadano 2.0. ¿Cómo seguir? ¿En qué fijarnos? Propósito; Personas; Bien Común. Porque si logramos construir un sueño compartido por cada uno de los actores, podremos también involucrarlos a todos ellos en su construcción y así hacerlo posible.

Ignacio Cruz Zabala, Director Asociado Symnetics

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Editorial

EDITORIAL: El pueblo y su religión

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Hay tradiciones que no mueren con el paso del tiempo, este 8 de diciembre seguramente pese a estallido social, varios miles de personas marcharán. Pero lo harán sin violencia, para pedir por ellos mismos, por su gente y por nuestro país. Miles de personas seguramente llegaran hasta Lo Vásquez, a La Compañía o a Puquillay a rendir homenaje a la Inmaculada Concepción, a pedir el consuelo, compañía y algún favor a la madre de Dios.


En un tiempo que se dice que Dios no tiene cabida en la sociedad y que al mismo tiempo que con justicia la Iglesia está cuestionada por los crímenes de algunos de sus miembros, y se llama a guardar silencio frente a diversos temas que no agradan a algunos grupos especialmente activos en redes sociales, cientos de miles de chilenos dicen que los temas del espíritu no pueden estar ajenos de la discusión social. Cuanto extrañamos a esa Iglesia activa que en los tiempos más duros de la dictadura daba refugio, consuelo, contención. Que hablaba de justicia y de paz.


Hoy muchas veces con razón las confianzas no están con aquellos religiosos que ocultados por una cultura del secreto tanto daño causaron, con la jerarquía a la que le faltó empatía, amor y misericordia para actuar con la misma firmeza que se plantaron frente a la dictadura contra aquellos consagrados que violaron lo más sagrado, que es la inocencia de un niño.


Pero igualmente miles de personas llegaran a los santuarios este domingo, tal vez muchos de ellos no sean seguidores de la Iglesia, pero creen en Dios y en María.


Al mismo tiempo no necesariamente estas miles de personas que asistan a los templos tienen un mismo pensamiento político, ni menos votarán todos al unísono por un determinado líder, sino simplemente son una muestra de una gran diversidad de personas, unidas por una fe, por una esperanza y por múltiples problemas por los que piden el auxilio divino.


Si bien es cierto que la confianza en la Iglesia institución ha decaído considerablemente, no así lo ha hecho la religiosidad. Es innegable que la religión está y seguirá muy íntimamente ligada con las fibras más profundas de nuestro pueblo.

Luis Fernando González V
Sub Director

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