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Educación inicial y Ética profesional: ¿Un tema olvidado?

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Ética profesional ¿dónde te fuiste? ¿En qué recodo del camino te perdiste? Si aceptamos que el propósito fundamental de toda educación es preparar a las personas para la vida.


Si consideramos válido el planteamiento de Julieta Laudadío en “Ética y horizontes del quehacer educativo” que expresa: “el fin de la educación es formar personas íntegras, capaces de mantener una identidad personal y ética frente a las circunstan­cias cambiantes”.


Si concordamos con Silvestre Manuel Hernández (“Educación y Ética,) en que “el objetivo de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad humana, ética, cognitiva, artística, así como el forta­lecimiento de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Entonces es bueno preguntarnos ¿cuán preparados están los futuros Educadores de Párvulos para contribuir a ello? .


Educar implica abrir mentes y corazones, reconocer y potenciar la dignidad y unicidad del ser humano. Por ello todo acto educativo encierra una conducta ética. Sin embargo, al parecer, en esta sociedad convulsionada y en constante cambio, la ética profesional ha perdido el rumbo.
No sólo educamos con palabras sino, principalmente, con acciones: gestos, tonos de voz, movimientos, forma en que nos expresamos y, además, con lo que hacemos o dejamos de hacer. Lo que un Educador hace es más poderoso y significativo que lo que dice, por lo que siempre debe existir coherencia entre su decir y su hacer.


En el proceso educativo vamos haciendo consciente lo inconsciente y ello convierte la educación en un compromiso vivencial. El compromiso profesional de un educador supone tener claridad de lo que significa “el pleno desarrollo de la personalidad humana”, en toda su dimensión: cognitiva, afectiva y ética.


Debemos valorar al ser humano como persona y actuar en consecuencia ciñendo nuestra conducta a principios y normas morales basadas en el bien personal y social, lo que se expresa en el respeto y la aceptación del otro.


En el ámbito educativo hablamos de ética profesional, entendiendo por ella las pautas de conducta que orientan el desarrollo de las funciones propias del profesional de la educación en un marco ético.


Augusto Hortal en “Ética profesional de profesores y maestros” afirma que «Un profesional ético es aquel que hace el bien en su profesión haciendo bien su profesión». Debe tener siempre presente que su conducta sirve de modelo y, en consecuencia, su horizonte es el reconocimiento de la dignidad del otro, como otro.

Su compromiso con el educando exige respeto, responsabilidad, honestidad, empatía, tolerancia y solidaridad. Asimismo, requiere reunir condiciones tales como: generosidad, congruencia, capacidad de autocrítica, equilibrio emocional, capacidad reflexiva, creatividad y autonomía. Esta última para ser capaz de tomar decisiones correctas en momentos en que los valores morales sean cuestionados o simplemente ignorados.

Valores

Los valores morales permiten diferenciar lo correcto de lo que no lo es y sirven de guía al profesional de la educación quien es responsable de incentivar su desarrollo en los educandos”
Los primeros seis años de vida constituyen una etapa única y fundamental en la vida del ser humano. La responsabilidad y el compromiso ético del educador, en esta etapa, es apoyar el desarrollo y el aprendizaje de cada niño, reconociéndolo como un ser único, respetando su identidad, sus características personales, sus necesidades e intereses; facilitándole su descubrimiento del otro y ayudándole a aprender a convivir en armonía con el entorno.
En este encuentro interpersonal los afectos y las emociones juegan una función preponderante. Lamentablemente lo que se observa en la práctica, en muchos casos, no refleja ese compromiso ético ni esa responsabilidad profesional que se explicitaba más arriba. Algunas de las situaciones que se repiten en el trabajo con párvulos son ejemplos de que no existe congruencia entre el decir y el hacer.

Rol de la educadora

La educadora ignora al niño o niña que le está hablando. Les ordena callar “porque no es momento de hablar”. Les retira la hoja en que están dibujando “porque se acabó el tiempo.”
Cuando algunos niños se levantan de la silla les exige sentarse y “quedarse quietos”. Los ubica de 4 por mesa, en una mesa cuadrada, lo que implica que solo algunos pueden verla cuando habla.
Cuando algún niño o niña da una respuesta o entrega un “trabajo” que no se ajusta a su expectativa lo descalifica. Comenta con la Técnico, frente a los niños:

  • ¡Mira qué tonto!
  • ¡Ese negro de ahí!
  • ¡Esa anda siempre sucia!
  • ¡No le hagas caso es una pesada!
  • ¡Su mamá es una ordinaria!
  • ¡Llegó insoportable!

Cuando los niños lloran, especialmente, aunque no exclusivamente en sala cuna, se les deja llorar e incluso la Educadora ordena que no se le acoja “porque está manipulando”. En el caso de sala cuna, la Educadora impide que se les tome en brazos “porque se acostumbrará.”
Estos ejemplos son una muestra indiscutible de que algo está fallando en la formación ética de los profesionales en Educación Parvularia y eso no sólo es una asignatura universitaria, la que sí considero indispensable pero no suficiente. Es mucho más que eso. Es comprender el significado de amar lo que se hace, lo que antes se denominaba “vocación”.
El amor es la herramienta más poderosa de la educación y es la principal fuerza que impulsa el desarrollo de la persona y, como afirmaba la gran pedagoga y creadora de la Carrera de Educación Parvularia en Chile, Matilde Huici: “La formación del profesional requiere, primero, la formación de la persona”.

Ivonne Fontaine Pepper
Magíster en Educación
Académica de la carrera de Educación Parvularia.
Universidad San Sebastián.

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Estallido Social versus Felicidad

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Pareciera que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Pero están relacionadas. La felicidad es un concepto muy variable, depende de cómo, cada uno, lo mire. Pero lo concreto es que todos los seres humanos buscamos ser felices, la Felicidad. Mientras más resolvemos nuestros problemas cotidianos, aparentemente somos más felices. Pero esto no es así, es paradojal, porque en la medida que resolvemos nuestras necesidades básicas, simultáneamente van apareciendo otras necesidades superiores. Lo que pasa, es que la persona va tomando conciencia de que existen otras cosas que le sirven para ser más felices. Esto lo podemos traducir en un ejemplo.


Si Usted le pregunta a cualquier persona común y corriente, si es feliz, lo más probable, es que le conteste que más o menos. Que le falta para ser feliz, le pregunta . La respuesta es, ganar un poco más de dinero. Cuanta gana Ud.?, como 300 mil pesos. ¿Y con cuánto cree UD, que sería realmente feliz? Yo creo que con unos $ 500 mil pesos sería muy feliz. Tome, de ahora en adelante usted ganará los 500 mil. Al año siguiente, le pregunta nuevamente, y , como estamos, es ahora feliz? Sí, pero me anduve quedando corto, creo que con un millón, podría ser feliz. Y así sucesivamente podría llevar a ésta persona a valores muy altos.


Lo que pasa, es que , en la medida que uno tenga mayores ingresos, va aumentando, su espectro de conciencia de las cosas. Al tener mayor conciencia, tiene más necesidades. La necesidad, se define como la falta o carencia de algo en forma consciente. Si tuviste algo y lo dejas de tener, esto constituye una necesidad a cubrir. También, si observas algo en la sociedad, que te pueda servir, ese algo, también se transforma en una necesidad. Aquí, está la madre del cordero. Si tus necesidades son muchas, es decir, la brecha que hay entre lo que tienes y te gustaría tener es muy grande, es decir, tu conciencia, en vez de ser, éstas expectativas una motivación, éstas se transforman en frustración. Eso es lo que ha pasado con la sociedad chilena. El crecimiento económico ha sido muy veloz en estos últimos 30 años y los cambios sociales, si bien es cierto han crecido, pero a un ritmo mucho menor que el económico y cada año la brecha , de lo que uno tiene versus lo que le gustaría tener, se distancia cada vez más.


El desarrollo pareciera que le llega a algunos pocos, pero no es así. El desarrollo le ha llegado a todos, casi todos tenemos autos, internet, celulares, viajes y muchos otros bienes materiales, pero queremos más y mucho más y ojalá gratis, porque nuestros recursos no alcanzan para pagar todo. La política económica del capitalismo neoliberal, es buena, porque permite el desarrollo de las personas y sus libertades, pero es peligrosa a mediano plazo, porque no todos tienen la capacidad de adecuarse al desarrollo y muchos se quedan atrás, sin ser beneficiarios del modelo. Por ello, hay que tener cuidado con la liberación absoluta del mercado, no todos tienen la capacidad para adaptarse, a no ser que lo hagan con malas prácticas. Es decir, eludiendo impuesto, colusiones,etc, etc. Hay que propiciar el desarrollo del país, pero debe ser, un desarrollo controlado, para que todos tengamos el tiempo necesario de adecuarnos. En caso contrario, como está sucediendo hoy, las necesidades insatisfechas son muchas, lo que provoca un alto grado de frustración, que lleva a una estampida social para aquellos que son altamente infelices y están dispuestos a provocar mucho daño para mostrar su gran frustración..


Alejandro González González

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Chile despertó… debe abrir los ojos

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Por Sofía Villavicencio
Directora ejecutiva de Fundación Luz

Hemos oído la descripción transversal de sensación de abuso, injusticia, exclusión que manifiestan las personas y que las autoridades están intentando canalizar de la mejor forma que puedan.
Y esa descripción nos resulta familiar, porque venimos enfrentándola desde el 1924, año en que fue creada Fundación Luz. Por razones que escapan a esta columna, el relato se nos hace conocido; es el de todos y cada una de las personas que pasan por nuestro colegio y los programas de estimulación temprana, de rehabilitación, de capacitación e inclusión laboral, entre otros. Somos pocas las instituciones en Chile que llevan tanto tiempo tratando de construir un país más justo, solidario e inclusivo.


La experiencia de las instituciones que trabajamos por la inclusión de las personas en situación de discapacidad puede servir para iluminar el camino. Si Chile despertó, todavía no abre los ojos. Y las personas con discapacidad visual pueden ayudarnos a ver. ¿Ver qué? Que los efectos sociales, económicos y laborales de las distintas formas de discapacidad son muy similares a las que provocan las distintas formas de exclusión que se han expresado en las marchas que hemos visto en nuestras ciudades.


Ante lo cual, y a raíz de lo que está sucediendo en nuestro país, hago un pequeño recuento para entender cómo lo están viviendo las personas con discapacidad.

• Ceguera y pérdida de visión son las dos formas de discapacidad más comunes en Chile. El 72,7% de la población adulta en situación de discapacidad declara sufrir de ceguera o pérdida de visión.
• La discapacidad afecta en mayor medida a los más vulnerables económicamente, a las mujeres y a la tercera edad:
o La mitad de la población adulta en situación de discapacidad se encuentra en los quintiles I y II de ingreso autónomo per cápita.
o Casi 1 de cada 4 adultos en situación de discapacidad no terminó la educación básica. A eso debemos agregar el 7,4% que no tuvo acceso a la educación formal.
o El 24,9% de las mujeres en edad adulta tiene algún tipo de discapacidad, frente al 14,8% de los hombres. El 14,3% de las mujeres declara una discapacidad leve (8,9% de los hombres) y 10,6%, una discapacidad severa (frente al 10,6% de los hombres).
o El 38,3% de la población adulta en situación de discapacidad tiene 60 años de edad o más. Y si sólo medimos la discapacidad severa, la desigualdad es aún más aguda, pues alcanza al 20,8% de los adultos mayores, casi triplicando al grupo entre 45 y 59 años.

Por nuestra parte, con el actual contexto nacional, hemos aprendido a abordar esta situación articulando al sector público, privado y toda una red de fundaciones, generando conocimiento, incluyendo a nuestros beneficiarios en el proceso, visibilizándolos e influyendo en la construcción de mejores políticas públicas. Reitero: no hemos solucionado el problema, no nos ha ido mucho mejor que al resto de los chilenos, pero al menos avanzamos en un ambiente más inclusivo, solidario y justo.


Finalmente, quiero regalarles una frase creada por una persona con discapacidad visual, integrante de la Orquesta Sonidos de Luz: “La inclusión no es una palabra que está de moda, es una forma de vivir en sociedad, aceptando al otro tal cual es, minimizando las barreras y ampliando las oportunidades, para que tengamos una sociedad mucho mejor. Si queremos incluir hagámoslo de corazón…” ¿Les hace sentido este mensaje el día de hoy?

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Abandono, abuso y angustia

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Esta trilogía explica la actual crisis social. No reconocer que entre un 30 y un 40% de la población del país se siente abandonado, abusado y angustiado por un sistema profundamente desigual es haberse quedado con que somos el país con el mayor ingreso per cápita de Latinoamérica y no haber leído la “letra chica”: somos también el con mayor desigualdad del continente.


O’Higgins es buen ejemplo de esto: en nuestro territorio hay más de 100 mil personas viviendo en pobreza extrema. Hoy más de 8 mil niños y jóvenes están fuera del sistema escolar en nuestra región; 400 mil familias viven como allegadas; y 8 de cada 10 adultos mayores tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza. La indignación frente al aumento de 30 pesos en la tarifa del metro de Santiago fue la chispa que encendió un pasto muy seco a lo largo de todo Chile, que ahora debemos entre todos hacer reverdecer.


Hogar de Cristo, Fondo Esperanza y Techo trabajamos en los territorios más excluidos y conocemos esta realidad de vulneración permanente. Ahora nos hemos unido en una iniciativa de participación inédita que denominamos “Círculos Territoriales” para dar voz a las poblaciones con que trabajamos: jefas de hogar, adultos mayores, jóvenes fuera del sistema escolar y/o laboral, personas con discapacidad mental, habitantes de campamentos… Ellos, con ayuda de una metodología y una aplicación digital probada, harán el diagnóstico de lo sucedido, levantarán sus problemas más urgentes y darán sus propuestas de solución para cada uno. Nosotros entregaremos el sentir y el pensar de 60 mil personas de Arica a Punta Arenas a las autoridades a fines de diciembre, aspirando a que los invisibles y mudos esta vez sí sean considerados.


Por Monserrat Duarte, Jefa de Operación Social de Hogar de Cristo.

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