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Más democracia, más participación ciudadana

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La primavera del año 2019, será recordada en la historia de Chile, como la época en que se verificaron las mayores y más grandes manifestaciones ciudadanas reclamando respeto y dignidad.
Este fenómeno social, multitudinario y espontáneo, hizo temblar a un gobierno, cambió sus planes y programas, modificó la agenda social e impulsó un acuerdo parlamentario, refrendado por el Presidente para redactar una Nueva Constitución, estableciendo, en los hechos un plazo de caducidad a la carta impuesta desde tiempos de la dictadura.

Entonces cabe preguntarse ¿Es este gran y pacífico movimiento social verdaderamente “Participación Ciudadana”?. Para los expertos, el presupuesto de la justificación liberal de la participación política o participación ciudadana es un derecho intrínseco del ser humano, es la ponderación de la dignidad y autonomía de las personas, así como el reconocimiento mutuo de la existencia de ciudadanos libres e iguales. En esta inteligencia, la participación en un Estado democrático de Derecho se articula bajo un presupuesto central del contractualismo clásico (Hobbes, Locke y Rousseau): la existencia de personas libres e iguales consideradas racionales que acuerdan un determinado contrato social.


Por lo tanto, todo lo que hemos vivido y presenciado es un fenómeno, político y jurídico, y nos lleva a revisar los datos de “Participación Ciudadana” en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, verificadas en noviembre y diciembre de 2017.


Recordemos que bajo el segundo gobierno de M. Bachellet, se hicieron varias modificaciones al sistema electoral, tales como voto voluntario, nuevo sistema de elección de congresistas, asignación de cuota de género y voto en el extranjero, las cuales, según los expertos, iban a ser capaces de movilizar o convocar a una mayor cantidad de personas en edad de votar, en la última elección presidencial celebrada en Chile, tanto en el territorio nacional como en el extranjero.


Al efecto, revisando los datos que nos entrega el SERVEL se contabilizó un total de 14.308.151 electores que se encontraban habilitados para sufragar en las Elecciones 2017. Mientras, en el extranjero, el Padrón Electoral Definitivo estaba compuesto por 39 mil 137 chilenos que residen en 70 países alrededor del mundo, arrojando un universo electoral de 14 millones 347 mil 288, posibles votantes.


Pero la realidad fue que, en segunda vuelta, solo 49% de los votantes concurrieron a sufragar, y en el extranjero, esta cifra se elevó al 54% de las personas legalmente habilitadas.


Entonces, a la luz de estos datos, cabe preguntarse ¿si las personas que se movilizaron durante este último mes concurrirán a votar libremente en los plebiscitos y demás elecciones que se van a verificar el próximo año 2020? ¿aumentará espontáneamente la participación ciudadana?.


Por lo pronto, propongo a las autoridades y parlamentarios, hacer modificaciones a las leyes electorales como, por ejemplo, rebajar la edad para sufragar a los 16 años, y permitir que se amplíe el universo electoral y se escuche a las personas de ese rango etario que tienen mucho que aportar, y serán la generación que vivirá en plenitud la Nueva Constitución, que esperamos surja del acuerdo político. Lo anterior, simplemente es establecer un principio de coherencia en el ejercicio de derechos y obligaciones, ya que recordemos, las personas mayores de 14 años son responsables penalmente, y a los 17 años ya pueden optar a una licencia de conducir.


Estas y otras ideas que circulan, como reforzar la cuota de género, pero efectiva al momento de elegir; la reserva de cupos para los representantes de los pueblos originarios; los incentivos sociales para los votantes y vocales de mesa; volver al voto obligatorio y una adecuada reasignación de la representación por cada parlamentario elegido, podrían ser algunos de los incentivos necesarios, para cautivar a todos aquellos que han marchado en las últimas semanas y no participaron en los actos electorales formales.


Hay que recordarles a todas las personas que votar, es un acto jurídico formal y solemne, es esencial para la democracia, es personal e intransferible, y representa el compromiso del ciudadano con su país.


Hay que reencantar el “acto de votar”, hay que vigorizar la democracia, esa la consigna.
Deseamos más participación ciudadana, más democracia real y efectiva, más representantes sometidos a un mejor escrutinio y control público y social.

MARCO ANTONIO PONTIGO DONOSO
Magister en Derecho Público
Instituto Chileno de Administración y Derecho Público

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El necesitado fortalecimiento de la responsabilidad de las personas jurídicas

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Una de las demandas sociales que se han visualizado en los últimos cincuenta días, es la falta de justicia en la aplicación de penas efectivas a la hora de condenar a altos ejecutivos por comisión de grotescos delitos económicos. En el orden de preferencia de las reivindicaciones exigidas por la ciudadanía, figuraba en la posición número tres «Cárcel efectiva para delitos de colusión», en la número cinco de esta priorización se señalaba «cárcel efectiva para delitos de soborno y cohecho» y en la número trece «cárcel efectiva para delitos tributarios», apareciendo recién en el número veinte el aumento del sueldo mínimo.

Solo basta con rememorar casos como La Polar, Penta, SQM o más recientemente las colusiones de «confort», farmacias y precios en los pollos frescos, para entender que delitos de millones de pesos no pueden ser simplemente reparados -a los ojos de la ciudadanía- con clases de ética en una Universidad.

Ante esto, el Gobierno anunció una agenda contra abusos y delitos económicos al inicio de esta semana, pero, al igual que otras demandas sociales, tardará un tiempo en tomar forma.

En nuestro país, ya existe una normativa penal con altas penas para gerentes y directores, que bien podría ser reforzada, considerando que el marco regulatorio está avanzado, con causas en desarrollo pero aún sin sentencias ejemplificadoras por parte de los tribunales de justicia.

Esta ley data de hace 10 años. Con fecha 02 de diciembre de 2009, se publicó en el Diario Oficial la ley 20.393, que establece la responsabilidad penal para las personas jurídicas. Con esta norma, Chile cumplía con uno de los requisitos para su ingreso a la OCDE.


Hoy esta ley cuenta con un catálogo de doce delitos, entre ellos cohecho, administración desleal, apropiación indebida, corrupción entre privados y negociación incompatible.

Casos recientes como el conflicto de interés de Nelson Pizarro, ex- presidente de Codelco por la adjudicación de un millonario contrato en la División Salvador a un ex-socio de su hijo; la formalización de Gerardo Varela, ex-ministro de Educación, en su rol de Presidente del Directorio de Soprole como imputado por administración desleal; la querella de Eduardo Frei contra su propio hermano por apropiación indebida y administración desleal, o la formalización de ejecutivos de ENAP por contaminación de aguas, dan cuenta de la vigencia de esta ley, por pocos conocida y por escasas empresas correctamente aplicada a través de modelos de prevención de delitos.

La máxima administración de la empresa (sin distinción de tamaño), que históricamente estaba protegida de las consecuencias de actuaciones irresponsables de gerentes y directores, cambia radicalmente con esta legislación que impone un deber de dirección y supervisión superior y que es totalitaria en cuanto a su aplicación. El establecimiento de un sistema de prevención de delitos al interior de las empresas debe ser una norma incorporada a reglamentos internos, contratos de trabajo y contratos comerciales, para todos los trabajadores de la empresa, máximos ejecutivos, contratistas y proveedores.

La obligatoriedad de esta norma es alarmantemente desconocida y disminuida, considerando los posibles efectos penales para aquellos socios, directores y gerentes que, por su posición dentro de la organización, pueden comprometer penalmente a la empresa -y comprometerse individualmente- a través de sus actos y decisiones.

Tal vez el descontento social no sería tal, si nuestros Tribunales de Justicia emplearan de manera rigurosa esta normativa legal, aplicando las penas altas y efectivas ante la presencia de los denominados delitos de cuello y corbata.

El Gobierno ahorraría bastante tiempo si esta ley fuera fortalecida en sus penas, aumentando el catálogo de delitos (varios en tramitación como accidentes del trabajo, abuso sexual de menores, actos de discriminación y otros delitos ambientales), y con una apropiada difusión.

Isabel Avilés & Mariangela Pontigo
Abogados
compliance@avilesypontigo.cl

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OPINION: Inversionistas, este es el momento

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Por Gonzalo Kirberg CEO de Cumplo.

Los hechos ocurridos las últimas semanas en Chile han impactado en todos los sectores de la sociedad, generando turbulencias en los ámbitos económico, laboral, legislativo y social. Sin duda, uno de los más afectados han sido nuestras pequeñas y medianas empresas, que como sabemos son un importante motor de la economía.

Sin embargo y más allá de las dificultades que estamos enfrentando, creemos que este momento es crucial para seguir fortaleciendo una cultura empresarial que promueva el emprendimiento, el desarrollo sustentable y el apoyo a pymes locales. Como empresas B, hace tiempo entendimos las dificultades a las que se enfrentan y ese ha sido nuestro propósito facilitando el acceso a capital para que puedan seguir creciendo.

Creemos que iniciativas como flexibilizar los plazos de pago de las Pymes, favorecer el pago al contado u oportuno por parte de las grandes empresas, agilizar el cobro de seguros, como también invertir en pymes, son sólo algunas de las tareas que debemos empujar desde el sector público y el mundo privado.

La situación actual puede representar inseguridad, pero es también la oportunidad de reafirmar el compromiso que tenemos como sociedad para apoyar a las pequeñas y medianas empresas, abriendo las puertas a inversiones que hoy tienen el doble impacto de potenciar a las pymes y levantar al país. En esta tarea, todos son bienvenidos.

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OPINION: Busque la paz y sigala

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“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”
Isaías 26:3.


El profeta Isaías era un hombre acostumbrado a tener profundas experiencias con Dios. Le había sido encomendada la difícil misión de anunciar su mensaje en una época muy conflictiva para la nación. Fue criticado, perseguido, amenazado y si pudo estoicamente soportar todo eso, no se debió a sus fuerzas sobrehumanas sino porque Dios, su Creador lo ayudaba. Este servidor fiel, mantenía una relación de tan íntima amistad con Dios, que podía disfrutar de paz aún en medio de las tormentas más intensas de su vida. Es por eso que, con toda certeza y plena convicción, alienta a sus lectores con esta maravillosa promesa. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.


La confianza de un hombre en el poder de Dios, el meditar de continuo en su fidelidad y llenarse el corazón y la mente con sus promesas, permiten alcanzar la tan anhelada paz.


La sociedad actual está sometiendo a las personas a un nivel de presión cada vez mayor y eso le está haciendo perder la paz y nos está enfermando. Chile ha sido declarado el segundo país a nivel mundial con un altísimo nivel de depresión en su población. Las consultas a centros de atención psicológica, la venta de psicofármacos, han aumentado en los últimos años de un modo alarmante. El insomnio, fobias diversas, ataques de pánico, parecen constituirse en verdaderas endemias. La tranquilidad, la paz se ha perdido ¿Qué hacer frente a esta situación? La Biblia como Palabra de Dios tiene la respuesta, y esta es Jesucristo. En el Evangelio según San Juan Jesucristo hizo esta declaración:


“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden” – Juan 14:27.


La paz que Cristo ofrece no es la que nosotros conocemos como paz. Para el ser humano, la paz es únicamente ausencia de guerra, de conflicto y de lucha exterior. Lo podemos ver en las manifestaciones populares en favor de la paz, viene multitudes portando banderas y carteles con la consigna: “Queremos paz”; “No a la guerra”; “No más sangre de inocentes”.


Pero, en medio de esa multitud se puede observar rostros enardecidos, ojos llenos de odio, gente atormentada por conflictos interiores, esposos que abandonaron a sus esposas e hijos, quienes no respetan a sus padres. Pero, quieren paz. ¿Qué tipo de paz, es esa? Esta es la paz que el mundo ofrece: solo ausencia de guerra exterior, y nada más.


La Paz que la Palabra de Dios nos ofrece, por medio de Nuestro Señor Jesucristo, es ausencia de perturbación dentro de nuestra alma, es perfecta armonía reinante dentro de nosotros aun en medio de las adversidades de la vida. Para poder obtener esta paz se requiere de fe.

El Señor Jesucristo procuró la paz para nosotros en la cruz del Calvario, y esta paz se transmite a nuestros corazones y mentes por medio de su Espíritu Santo. La Palabra de Dios en la carta a los Gálatas nos dice: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad.” (Galatas 5:22).


No es posible tener paz entre los hombres, si no hay primero paz con Dios.
Los títulos que el profeta Isaías da a Jesucristo son:»…y se llamará su nombre, admirable, consejero Príncipe de paz» (Isaias 9:6). Busque a Jesús el “Príncipe de paz” y él le dará la paz que sobrepasa todo entendimiento.


Pastor: Alejandro H. Cabrera C.

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