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En 2012 monseñor Goic predijo el estallido social

Esta fue la portada del 2 de octubre de 2012

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En el marco de la carta pastoral Pastoral “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile” el en ese entonces obispo de Rancagua, manifestó que “si no se es capaz de responder a las demandas sociales justas, se puede crear un proceso de ingobernabilidad”.

Luis Fernando González-Gisela Abarca

Mucho se ha hablado de lo sorpresivo que fue el estallido social que en octubre cambio Chile, sin embargo no fueron pocos los actores que ya habían advertido de la complicada situación que vive el país y lamentablemente no fueron escuchados.


La Iglesia Católica a través de la Carta Pastoral “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile” realizada por el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, CECh en septiembre de 2012 criticó las desigualdades sociales en Chile. El documento de 63 páginas, expresaba “Chile ha sido uno de los países donde se ha aplicado con mayor rigidez y ortodoxia un modelo de desarrollo excesivamente centrado en los aspectos económicos y en el lucro, sin poner atención a sus consecuentes tensiones y desigualdades escandalosas entre ricos y pobres”, señalaba el documento.


En ésta línea, la carta de 2012 agregaba que “hoy escandalosamente en nuestro país muchos trabajan y, sin embargo, son pobres y esto ha afectado el fondo de la vida familiar(…)La desigualdad se hace particularmente inmoral e inicua cuando los más pobres, aunque tengan trabajo, no reciben los salarios que les permitan vivir y mantener dignamente a sus familias”.


Siguiendo con esta idea, el documento ya en 2012 hacía referencia a las movilizaciones sociales, párrafos que podrían ser reproducidos hoy con igual contingencia “justas en sus demandas pueden poner en peligro la gobernabilidad sin adecuados canales de expresión, participación y pronta solución”.


En este sentido, el documento explicaba que existen muchos tipos de movimientos sociales donde las personas se han empoderado de los temas entre ellos el movimiento estudiantil, Aysén y Calama, donde los involucrados se organizan rápidamente para la búsqueda de soluciones; y si bien para la Iglesia estas demandas son legítimas “si no se es capaz de responder adecuadamente a las demandas sociales justas, es evidente que se puede crear un proceso de ingobernabilidad”, por esto llaman a los que tienen responsabilidades en la organización de la sociedad para buscar soluciones a los problemas que los movimientos sociales plantean.

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La Carta Pastoral extraordinariamente vigente hoy , además realiza un mea culpa a raíz de las denuncias de abusos sexuales cometidas por religiosos, reiterando “con la más profunda verdad nuestra petición de perdón a quienes hemos ofendido. La Iglesia ha perdido credibilidad por nuestras propias debilidades y faltas”. En este sentido, el documento expresa la necesidad de revisar distintos aspectos de la actividad pastoral declarando que “Nosotros somos los primeros que debemos ser evangelizados. Debemos revisar nuestros comportamientos personales y las estructuras de la Iglesia: el modo de ejercer nuestro sacerdocio, las formas de participación, el lugar otorgado a los laicos y en especial a la mujer. Será preciso revisar nuestra predicación y nuestros sistemas educativos para ver qué valores transmitimos”, subraya el documento.


En esos años, el en ese entonces obispo de Rancagua señalaba proféticamente “Creemos que el modelo económico liberal que hoy impera en el mundo occidental es un sistema que trae grandes debilidades, porque no se centra en la persona humana, sino en la economía; y una verdadera concepción cristiana es donde la economía esté al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía. En esta carta hablamos que Jesús nos ayuda a entender la centralidad y la dignidad humana en el sentido profundo de la vida, Jesús nos ayuda a reemplazar el individualismo por el amor y la solidaridad, Jesús nos ayuda a encontrar la verdadera libertad, darle verdadera dignidad del trabajo humano”.


Al mismo tiempo Goic en 2012 señalaba, “nosotros llegamos a afirmar que una sociedad donde hay trabajadores que trabajan, pero donde el fruto de su trabajo no alcanza para satisfacer sus necesidades fundamentales, significa que esa sociedad está en deuda con los trabajadores”.


Y en palabras que podrían ser dichas hoy el obispo señalaba “sostenemos, además, que la actual crisis que vive el mundo occidental, no es sólo económica financiera; es una crisis de la humanidad, porque el sistema neoliberal que dirige la marcha del mundo, permite que algunos -muy pocos- gocen de un bienestar a veces exagerado; y una gran mayoría ve que su vida está destruida, porque el sistema los hace esclavos del ansia de acumular endeudándose mucho más allá de lo que pueden pagar, porque la sociedad del consumo le hace ver que se es feliz mientras consume, porque el sistema ha instruido que la satisfacción de poseer cosas está la centralidad de la vida y no es eso. La centralidad de la vida está en las relaciones humanas, en el amor, en la solidaridad, en el espíritu de fraternidad, etc. Aquí hacemos un llamado de atención señalando que este sistema requiere correcciones muy profundas para que se convierta en un sistema que humanice y que comparta los frutos del desarrollo y que no sólo beneficie a algunos(…)Hoy día la gente tiene mayor conocimiento de los problemas, a través de las redes sociales hay una comunicación instantánea y la gente va sabiendo y se van comunicando los problemas y la búsqueda de soluciones; entonces, por un lado nos parece que muchas manifestaciones sociales que han habido, nos parecen legítimas excluyendo los momentos de violencia, pero si no se es capaz de responder adecuadamente a las demandas sociales justas, es evidente que se puede crear un proceso de ingobernabilidad y por eso la sabiduría de todos los que tienen responsabilidades en la organización de la sociedad y buscar cómo captar ese sentir ciudadano y buscar soluciones a los problemas que esos movimientos sociales plantean”. Proféticas palabras.

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